Draghi pide más integración europea para compensar los aranceles de Trump
Si las negociaciones en marcha entre Bruselas y Washington no lo impiden, el presidente de EE. UU., Donald Trump, lanzará a partir del próximo mes de marzo un ataque sin precedentes contra las exportaciones europeas (en forma de aranceles o cuotas), poniendo en peligro el espacio económico transatlántico, que es la mayor área de libre comercio del mundo. La Comisión Europea sopesa contraatacar con una primera batería de aranceles, pero su alcance inicial es tan limitado que es como responder con un arcabuz a un lanzamiento de misiles.
"La UE dispone de un potencial interno de crecimiento económico y comercial suficiente para capear la ola proteccionista de Trump, según el diagnóstico de Mario Draghi"
Sin embargo, más allá de entrar en una escalada arancelaria de peligroso recorrido, la UE dispone de un potencial interno de crecimiento económico y comercial suficiente para capear la ola proteccionista de Trump, según el diagnóstico de Mario Draghi. El expresidente del Banco Central Europeo, en un discurso pronunciado este lunes en la sede del Parlamento Europeo, subrayó que, según el FMI,
las barreras internas equivalen a unos aranceles del 45% para el sector manufacturero y del 110% para el sector servicios, es decir, mucho más elevados que los gravámenes previstos por Trump (de entre el 15% y el 20%).
Draghi se ha mostrado convencido de que una mayor integración y estandarización de los mercados europeos, incluido el energético, y un lanzamiento de políticas favorables a la innovación pueden desencadenar un círculo virtuoso que eliminaría el daño infligido por las barreras internas y compensaría el posible daño de los aranceles trumpianos.
El italiano cree que su fórmula permitiría retener buena parte de los 300.000 euros del ahorro de los europeos que cada año buscan rentabilidad en EE. UU. Se frenaría también la fuga de cerebros, con científicos y académicos, acogiéndose la libertad imperante en el Viejo continente frente al creciente dirigismo de otros gobiernos, en particular, los de Pekín y Washington.
La receta Draghi pronostica también un incremento de la demanda continental de productos europeos, lo que reforzaría el efecto multiplicador de los estímulos fiscales y de la inversión pública. Resultado: un fortalecimiento del sector manufacturero europeo, que todavía ocupa a treinta millones de personas frente a los trece millones de EE. UU.; un abaratamiento de los costes energéticos que facilite la transición digital y medioambiental y la creación de un espacio favorable para que las empresas más innovadoras crezcan en Europa sin necesidad de emigrar al otro lado del Atlántico.
¿Cuento de la lechera o el salvavidas frente a Trump? La capacidad de análisis de Draghi parece fuera de toda duda. Y la Comisión Europea, aunque con mucha cautela, ya está dando los primeros pasos para seguir las recomendaciones que el italiano incluyó en un reciente informe, elaborado por petición de la presidenta de la Comisión Europea, y en el que abogó por transformar la economía europea con una inversión adicional de hasta 800.000 millones de euros anuales.
"No se puede descartar que el diagnóstico y las recetas de Draghi sean acertadas, aunque quizá dejan fuera de foco la responsabilidad del sector privado en la vulnerable situación de Europa"
Pero no se puede descartar que el diagnóstico y las recetas del italiano sean acertadas, aunque quizá dejan fuera de foco la responsabilidad del sector privado en la vulnerable situación de Europa. Draghi, como viene haciendo la Comisión Europea desde hace más de veinte años, atribuye a las presuntas barreras del mercado interior los problemas de la economía y la competitividad europea. Y como viene siendo habitual en Bruselas, se plantean soluciones regulatorias para potenciar una integración que, al parecer, no acaba de producirse.
Pero la supuesta fragmentación del mercado europeo no ha impedido a las empresas estadounidenses operar y lucrarse en los veintisiete países de la Unión y en casi todos los sectores. Amazon o Netflix se han enseñoreado de sus respectivos mercados (paquetería y audiovisual) sin haber notado las barreras infranqueables que parecen sufrir las compañías europeas. Millones y millones de teléfonos móviles y de ordenadores europeos funcionan con los sistemas operativos de Google, Microsoft o Apple sin que las tecnológicas estadounidenses se topen con ninguna traba ni en el sector minorista ni en el de licitación pública. Hasta un mercado tan local y regulado como el de los taxis se ha visto alterado por la irrupción de un nuevo modelo de servicio impulsado por la estadounidense Uber. Y los únicos servicios financieros auténticamente paneuropeos y disponibles para todos los consumidores son las tarjetas de crédito Visa y Mastercard, ambas de origen estadounidense.
Las empresas europeas, en cambio, han dejado pasar en gran parte las oportunidades ofrecidas por un mercado tan gigantesco como el europeo, cuyo tamaño es similar al de EE. UU. En algunos casos, sí, por trabas regulatorias, fiscales o, incluso, políticas. Pero también por falta de innovación y de audacia o por la mera comodidad de conformarse con mercados nacionales más o menos cautivos o compitiendo en mercados internacionales en áreas tradicionales, como infraestructura o energía.
"La estructura industrial de la UE es estática", lamentaba la semana pasada la Comisión Europea en un documento sobre el futuro marco presupuestario de la Unión. "Ninguna de las compañías de la UE con una capitalización bursátil de más de 100.000 millones de euros ha sido creada en los últimos cincuenta años, mientras que en el mismo período se crearon seis compañías en EE. UU. con una valoración por encima de un billón de euros", detalla la Comisión. Y añade que en 2023, las compañías europeas invirtieron en investigación y desarrollo 270.000 euros menos que sus rivales estadounidenses.
"Un vistazo a los principales índices bursátiles europeos, desde el DAX o el CAC al Ibex, basta para comprobar que las grandes compañías tecnológicas brillan por su ausencia"
El propio Draghi incide en esa aparente falta de ambición de las empresas europeas por competir en las nuevas fronteras de la economía mundial, como la inteligencia artificial. "Ocho de los diez mayores modelos actuales se han desarrollado en EE. UU. y los otros dos, en China", apunta el italiano. "Por ahora, la mayor parte del progreso [en IA] tiene lugar fuera de Europa".
El expresidente del BCE también recuerda que desde 2012 los sectores con mayor crecimiento de productividad han sido los llamados mid-tech (de tecnología media), como automoción y maquinaria, y no en los de tecnología punta. Un vistazo a los principales índices bursátiles europeos, desde el DAX o el CAC al Ibex, basta para comprobar que las grandes compañías tecnológicas brillan por su ausencia.
Quizá el mercado interior con el que Draghi quiere responder a Trump ya exista. Y solo falta que gobiernos y empresas europeas se decidan a explotarlo con la ambición y urgencia que recomienda el italiano.