El pasado 18 de enero, los millones de usuarios de TikTok en Estados Unidos no pudieron acceder a la aplicación. No obstante, el servicio se restauró al día siguiente, al abrir la app aparecía un mensaje de agradecimiento a Donald Trump recibiendo a los usuarios. Muchos de ellos, en señal de protesta, han migrado a Xiaohongshu, o RedNote, una plataforma china de video similar a TikTok.
A día de hoy sigue sin estar claro si TikTok conseguirá evitar su cierre en Estados Unidos. A finales del año pasado, TikTok fue protagonista en Europa al encontrarse en el epicentro de la polémica que acabó con la
anulación de las elecciones presidenciales en Rumania. Albania, por su parte, ha prohibido TikTok durante un año. Otros países han prohibido la plataforma en su totalidad —como la India— o prohíben su uso en teléfonos oficiales —como Dinamarca o Canadá—.
La supuesta capacidad de TikTok para influir el voto, su modelo de negocio y el riesgo de seguridad que puede representar al ser propiedad de una empresa china, ByteDance, representa un reto sin solución aparente. A falta de una bala de plata, las democracias deben apoyarse en dos principios fundamentales: la libertad de expresión y el Estado de derecho. Balancear ambos sin debilitar la democracia supone un desafío.
"Para abordar el reto de TikTok, las democracia deben apoyarse en la libertad de expresión y el Estado de derecho"
El primer reto que plantea TikTok es su capacidad de influir en el voto. En el centro de esta capacidad está su algoritmo, y la manera en que este tiene de amplificar ciertos mensajes. El algoritmo de TikTok —como el de otras plataformas— busca ofrecernos contenido que nos enganche para así mantenernos lo más posible en la plataforma y ponernos publicidad.
Sin embargo, cuando se trata de contenido de carácter político, lo que nos engancha es el contenido de peor calidad, el que nos indigna y nos enfada.
Cuando el debate político se mueve a TikTok —como ha sido el caso de Rumania—, son los líderes iliberales, que se apoyan en tergiversar la realidad, en la antipolítica y en soluciones simplistas a problemas complejos, los que triunfan. Sus narrativas crean una realidad alternativa para una parte de la población. No es casualidad, por ejemplo, que los movimientos conspiranoicos de todo tipo orbiten alrededor de la extrema derecha.
En Rumania, Calin Georgescu, el vencedor de la primera ronda de las presidenciales anuladas, se hizo famoso en el país por su negación de la realidad científica sobre las vacunas durante la pandemia. Aun así, es probable que la importancia de TikTok en sí en Rumania se haya exagerado.
"El gran problema reside en que no sabemos en realidad de qué manera influyen estas plataformas en los votantes"
El gran problema reside en que no sabemos en realidad de qué manera influyen estas plataformas en los votantes, ya que no tenemos acceso a los datos internos de las mismas que permitan trazar una línea causal. La respuesta a la pregunta "¿influyen las redes sociales en el voto?", es, por ahora, "no se puede saber". TikTok prohíbe la publicidad política —es decir, un anuncio pagado por un partido o candidato o candidata— pero no pone límites al contenido de carácter político y ahí es donde surgen los problemas.
En la Unión Europea, el artículo 40 del Reglamento de Servicios Digitales (DSA por sus siglas en inglés) obliga a las plataformas con más de cuarenta y cinco millones de usuarios en la Unión a dar acceso a sus datos a investigadores acreditados, pero esto aún no se ha puesto en marcha. Sin estos datos, es casi imposible saber cómo se mueve el contenido político, cómo se amplifica y cómo se distribuye. En esa oscuridad es donde la mentira, la manipulación y la tergiversación de la realidad se hacen más fuertes.
Ligado a esto, el segundo gran reto que plantea TikTok es su origen chino, y el potencial uso que se podría hacer de la misma para injerir en la política. En teoría, el Gobierno chino tendría los instrumentos legales y la capacidad suficiente para presionar a TikTok para que su algoritmo amplificara ciertas ideas, candidatos o partidos. No es técnicamente imposible que TikTok ajustara su algoritmo, a petición del Gobierno central chino, para favorecer un partido u otro.
Eso sí, no existe ninguna prueba de que esto haya sucedido, pero la simple posibilidad técnica preocupa enormemente en Bruselas y Washington. Lo que parece haber sucedido en Rumania, y probablemente en otros lugares, es la utilización de TikTok como arma de influencia por parte de gobiernos extranjeros para amplificar ciertas narrativas y partidos, pero a través de bots, perfiles falsos y acciones coordinadas. Lo que se conoce como
comportamiento coordinado inauténtico.
"La gran mayoría de la injerencia extranjera se basa en amplificar y apoyar debates y narrativas ya existentes a nivel doméstico"
De nuevo, existen muchas dudas sobre la capacidad de influencia que tienen estas operaciones. El impacto de la famosa operación rusa Doppelganger fue principalmente la alarma que generó, ya que nunca consiguió la interacción, la viralidad y la influencia que el Kremlin buscaba. Asimismo, la gran mayoría de la injerencia extranjera se basa en amplificar y apoyar debates y narrativas ya existentes a nivel doméstico, ya sea a través de amplificarlos de manera ilícita por internet o utilizando a sus aliados en cada país para repetir esos mensajes. Por sí solo, salvo en algunos contextos muy particulares —Moldavia, Taiwán o Ucrania, por ejemplo— existen
muy pocas pruebas de que la injerencia extranjera sea capaz de alterar el voto de manera decisiva, aunque haya pruebas de sobra de Rusia, China o Irán intentándolo constantemente.
Cualquier solución a estos dos retos plantea un difícil equilibrio. Atajar la injerencia extranjera —incluso si su influencia es cuestionable— requiere al mismo tiempo una protección de la libertad de expresión y una defensa de la integridad del proceso democrático. Cualquier medida dejará a un sector de la población descontenta, ya sea por haber erosionado demasiado la libertad de expresión o por haber desprotegido la integridad del proceso democrático y electoral en exceso.
Lo que sí tienen a su alcance las democracias es el Estado de derecho y su capacidad para alinearlo con los derechos humanos. En Europa, todas las plataformas digitales con más de cuarenta y cinco millones de usuarios deben llevar a cabo auditorías para entender los riesgos sistémicos que pueden representar para la democracia y los derechos humanos. De nuevo, este apartado del Reglamento de Servicios Digitales no se ha empezado a aplicar. En un futuro, TikTok no podrá jugar la carta de no haber visto venir el riesgo que su plataforma planteaba para un proceso electoral.
"La realidad se manipula con información falsa, pero también interpretando la realidad desde un prisma o ángulo concreto"
Del mismo modo, tanto la sociedad civil como las autoridades deben repensar su lucha contra los intentos de influenciar el voto de manera ilícita. Hasta ahora, el mayor esfuerzo se ha puesto en chequear el contenido, y no los mecanismos ilícitos que hacían posible que ciertas narrativas e ideas crearan una realidad paralela para muchos ciudadanos.
Sabemos lo suficiente sobre la manipulación online de la información para entender que el efecto del fact checking, aunque necesario, es, cuanto menos, limitado. La realidad se manipula con información falsa, pero también interpretando la realidad desde un prisma o ángulo concreto.
Luchar contra la subversión de nuestro ecosistema informativo, ya sea en TikTok o en cualquier otra plataforma, significa que como sociedad podemos tener ideas diferentes, pero compartimos una realidad común. Para ello necesitamos defender la libertad de expresión, y la integridad del mejor mecanismo que tenemos para dirimir desacuerdos: las elecciones. Utilizar el algoritmo de TikTok como arma provoca que las elecciones dejen de ser un combate justo de ideas, si no que se convierta en una ciénaga comunicativa donde ganan los partidos que menos escrúpulos tengan en manipular a la población. Aunque no existan soluciones fáciles, la inacción es la peor de ellas.