El socio minoritario del gobierno y de buena parte del ecosistema de la izquierda acaba de implosionar. Se diría que ha estallado una bomba que alguien dejó colocada en el cajón de un despacho, preparada para ser activada en el momento más propicio. La dimisión de Iñigo Errejón, portavoz parlamentario de la formación política, y su posterior denuncia por supuestos abusos sexuales, han abierto un boquete en el casco de Sumar. A partir de ahora, se abren dos líneas de trabajo. La primera consistirá en determinar hasta dónde alcanzan los daños ocasionados y cómo se podrán reparar en todo el sistema político. La noticia ha sido específicamente un torpedo en la línea de flotación de toda la izquierda, incluido el PSOE; la segunda tarea tratará de dirimir si Íñigo Errejón es o no un monstruo y hasta qué punto, una vida particular y su comportamiento se habían convertido en una bomba de relojería que solo hacía falta observar para saber cuándo sería el momento más propicio para hacerla detonar.
"La organización que atesoraba un gran acervo en políticas feministas no ha sido capaz de observar o, peor aún, no quiso ver que tenía un problema muy serio dentro de su organización con Íñigo Errejón"
La manera en la que se ha intentado resolver la crisis en Sumar pone de manifiesto que lo de Errejón no es un fallo, sino el modelo. Y lo mismo se puede decir, extramuros, en la tarea que Cristina Fallarás ha desempeñado para destapar los casos de violencia machista que, a lo largo de los últimos meses, han denunciado sus víctimas. Estos dos elementos cuestionan la salud de nuestra democracia liberal. Por una parte, la organización que atesoraba un gran acervo en políticas feministas no ha sido capaz de observar o, peor aún, no quiso ver que tenía un problema muy serio dentro de su organización con Íñigo Errejón. A la luz de la última rueda de prensa, parece que tampoco ha sabido resolverlo todavía. El puritanismo no parece que sea la mejor de las soluciones y solo abre una puerta más hacia la polarización entre hombres y mujeres. Desde ese ángulo, el trabajo de Fallarás invita a cuestionarnos si sus resultados son el fruto de un periodismo riguroso, en el mejor de los casos, militante, o se trata de otra cosa, alejada de la información por carecer de las suficientes garantías. Sea como fuere, el caso de Íñigo Errejón se ha convertido en el arma definitiva para hacer que un gobierno se tambalee.
La onda expansiva de la bomba que acaba de estallar se extiende a todas las instituciones y pone en un serio riesgo la continuidad de un gobierno de coalición que se sostenía gracias a una débil mayoría parlamentaria. Si Sumar no resuelve con garantías el nuevo escenario, no es descabellado pensar que a Pedro Sánchez no le quede otra opción que anticipar una nueva crisis o, en el peor de los casos, unas elecciones generales.
"Si Sumar no resuelve con garantías el nuevo escenario, no es descabellado pensar que a Pedro Sánchez no le quede otra opción que anticipar una nueva crisis o unas elecciones generales"
A Sumar, su voto con el PP podría haberle salido muy caro. En la revisión de los acontecimientos que precedieron a la dimisión de Íñigo Errejón, conviene recordar que el martes Yolanda Díaz y Alberto Núñez Feijóo forjaron una extraña pareja dejando de lado al PSOE. En primer lugar, la Cámara Baja votó una iniciativa del PP que pretendía un mayor control parlamentario respecto al envío de armas a otros países. Los diputados populares consiguieron que, a partir de ahora, estas decisiones sean sancionadas por el Congreso de los Diputados. Mientras los socialistas votaron en contra, la abstención del grupo parlamentario de Errejón permitió que el PP se apuntara otra victoria en la Corte de los Leones.
Por otro lado, ese mismo martes, Sumar llevaba al Congreso una proposición de ley para facilitar la reclamación de afectados ante entidades bancarias por sus cláusulas abusivas en las hipotecas. Los socialistas votaron a favor, y a ellos se sumaron los votos del PP. Sumar obtenía el apoyo de todos los grupos parlamentarios a excepción de Vox. Errejón defendió el apoyo obtenido del PP: "Lo quiero decir muy claro, no es una cosa por la otra. Es bueno acabar con los abusos de la banca en las familias hipotecadas con cláusulas que han podido ser viciadas, y es bueno que los Gobiernos tengan que rendir más cuentas ante el Congreso cuando quieran enviar tropas al extranjero". Fue la última declaración pública del portavoz del grupo parlamentario de Sumar.
Los de Yolanda Díaz estaban enviando una señal al PSOE en una frecuencia alterna: Sumar podía ser su socio de gobierno pero nada le impedía votar con el PP. El aviso a navegantes llegaba mientras los socialistas continúan negociando con Junts el techo de gasto y los Presupuestos Generales del Estado. La dosis de incertidumbre colmaba el vaso de la paciencia la misma semana que Pablo Iglesias primero y Ione Belarra, Secretaria de Podemos, después, condicionaban su apoyo a las cuentas generales del Estado a una consulta con su militancia sobre el embargo de armas a Israel y la rebaja de un 40% de los precios del alquiler de la vivienda.
"La máscara de cordura de Íñigo Errejón se cayó el pasado jueves y la política española ya no volvió a ser la misma desde entonces. ¿Qué vendrá a partir de ahora?"
Bajo ese ruido de fondo, el jueves la izquierda descubría a su particular Patrick Bateman, el personaje protagonista de la novela American Psycho escrita por Brett Easton Ellis hace 33 años. En esta ocasión con líderes embebidos de una superioridad moral que ha terminado derrumbándose y llevándose por delante la confianza de diez millones de votantes. Dirigentes, sofisticados, inteligentes y vanidosos, encarcelados en el mundo de oro que, aparentemente, dicen querer transformar. La máscara de cordura de Íñigo Errejón se cayó el pasado jueves y la política española ya no volvió a ser la misma desde entonces.
Conviene repasar el mapa político español de los últimos días si queremos hacer una proyección mínimamente racional de lo que vendrá a partir de ahora. La dimisión de Íñigo Errejón se produce con el permanente asedio judicial al presidente del Gobierno y un caso de corrupción que se extiende a su exsecretario de organización y ministro de Transportes, José Luis Ábalos. También se produce en vísperas de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2025 y con tres congresos pendientes de resolver el futuro del PSOE, de ERC y de Junts en las próximas semanas que podrían acelerar un proceso de refundación de la izquierda. La ensoñación del 35% adquiere cierta materialidad impelida por los últimos acontecimientos.
"La máscara de cordura de Íñigo Errejón se cayó el pasado jueves y la política española ya no volvió a ser la misma desde entonces y es a esta hora una estructura formal que ha sido barrida por el feminismo y que deja una enorme sensación de incertidumbre a su alrededor"
La dimisión de Errejón cierra un ciclo de diez años para una generación de políticos que quiso asaltar los cielos, que estaba por encima de las izquierdas o de las derechas o que venía a revolucionar la derecha inyectándole el ímpetu españolista y heroico de otras épocas: Albert Rivera, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y ahora Íñigo Errejón. Todos hombres blancos de más de cuarenta años. De aquella gavilla de líderes solo quedan en activo tres: Pedro Sánchez, Gabriel Rufián y Santiago Abascal.
Con un Feijóo más fuera que dentro del PP parece que la política española es a esta hora una estructura formal que ha sido barrida por el feminismo y que deja una enorme sensación de incertidumbre a su alrededor. Diez años después de que se fundara Podemos, la salida de Errejón y la futura celebración de tres cónclaves políticos abren las puertas a una profunda e intensa reflexión sobre lo que debe ser la política española y que debe marcar las directrices y el devenir de un país robusto económicamente y absolutamente volátil en sus instituciones. Lo de hoy es un punto de inflexión político más que interesante, protagonizado por el feminismo. Esto solo acaba de comenzar.
Víctor Guillot
Periodista y analista político
Periodista y analista político, colaborador en el programa de radio 'Julia en la onda' de Onda Cero. También ha sido director adjunto del diario Nortes. Ha dirigido durante 12 años el Centro de Interpretación del Cine en Asturias y ha publicado, en 2019, el ensayo 'Ceniza a las cenizas, David Bowie y la revolución visual de la cultura pop'.