

"Necesitamos un The Economist español para generar una conversación pública global que vaya de Barcelona y Madrid hacia Londres, París, Nueva York, Rabat, Ciudad de México o Pekín"The Economist o el Financial Times (ambos medios editados desde Londres) son dos publicaciones de referencia a nivel global. Son excelentes medios de comunicación y una larga tradición con una capacidad de influencia internacional donde trabajan muy buenos profesionales, son una referencia del periodismo político y económico y cuya audiencia no están solo en el país donde se editan, sino en lectores de medio mundo que son objeto de su influencia, condicionada tanto por unos valores determinados como por su origen geográfico. Son dos instrumentos geopolíticos de primer orden. Yo mismo soy un lector habitual con la lógica, olvidada muchas veces en España, de que la política internacional es solo la antesala de la política doméstica.
"España, y el español, no disponen de un espacio mediático de análisis político y económico consolidado con una vocación de competición en el terreno de la opinión pública internacional en general, ni entre las élites globales en particular"El País, El Confidencial o El Periódico de Catalunya son tres publicaciones de referencia, medios de comunicación generalistas españoles con muy buenos profesionales y con una capacidad de generación de información que contribuye al desarrollo de la agenda pública nacional y, en menor medida, internacional pero no de análisis político y económico. Yo mismo soy un lector habitual con la lógica de tener una visión transversal de lo que ocurre en nuestro país. Por su propia naturaleza, su objeto y los temas que pone sobre la mesa no compiten con otros medios como The Economist y el Financial Times y su audiencia global, sino entre ellos, por y para el desarrollo de una agenda pública española para españoles y en España. Sin embargo, España, y el español, no disponen de un espacio mediático de análisis político y económico consolidado con una vocación de competición en el terreno de la opinión pública internacional en general, ni entre las élites globales en particular. Y, con ello, nuestro país y nuestra lengua renuncian a jugar en igualdad de condiciones en la geopolítica del siglo XXI.
"Los espacios dirigidos a audiencias globales sirven para defender mejor los intereses nacionales de los países de sus editores porque para estar mejor preparados para todo lo que está por venir en el siglo XXI hay que competir en la agenda pública global"Hace muy pocos años, un grupo de académicos fundaron Le Grand Continent en París, una nueva publicación de la que también soy un asiduo lector. Un nuevo medio de comunicación francés, que sin competir con otras publicaciones tradicionales como Le Monde o Liberation, más centradas en la agenda política local, nació con la clara vocación de influir en la construcción de la agenda pública europea (con una edición española y la previsión de nuevas ediciones en otros países). Se dieron a conocer con una entrevista al presidente Emmanuel Macron, en un claro esfuerzo y síntoma de cómo el Estado en Francia entiende y asume la importancia de disponer de instrumentos de influencia en el mundo, que pasan, sin duda, por medios de comunicación dirigidos a lectores de terceros países. Le Grand Continent es un ejemplo muy reciente de cómo a nuestro alrededor, en otros países, surgen iniciativas que dan respuesta a la pregunta planteada en este artículo y que desarrollan lo señalado en la introducción: los espacios dirigidos a audiencias globales sirven para defender mejor los intereses nacionales de los países de sus editores porque para estar mejor preparados para todo lo que está por venir en el siglo XXI hay que competir en la agenda pública global.
"De un tiempo a esta parte la política internacional vuelve a ser un elemento conformador de las preferencias de voto en unas elecciones en España"La política internacional despertó un interés relativo de los presidentes Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero. Son 15 años, casi dos décadas, y eso tuvo consecuencias no solo para el peso de la política internacional en España, sino, especialmente, para el peso de España como actor internacional. Jordi Xuclà, exportavoz del Grupo Liberal en el Consejo de Europa, defendió hace unos meses en Agenda Pública que de un tiempo a esta parte la política internacional vuelve a ser un elemento conformador de las preferencias de voto en unas elecciones en España y ha dedicado una tesis doctoral a ello.
"Es imposible que España pueda tener un papel en el mundo, si lo que pasa en el mundo no forma parte del debate en España y es imposible condicionar lo que pasa a nivel internacional si no hay un criterio de España para el mundo"Agenda Pública inició una nueva etapa hace unos meses con una vocación clara: desarrollar una visión de España desde Barcelona y una visión del mundo desde España. Hoy, cualquier lector, de cualquier país, y a través de su propio navegador, puede leer traducido de forma automática y con una precisión muy elevada cualquier texto de un medio de comunicación editado del inglés al español, del inglés al chino, del español al francés o del español al alemán. Lo relevante para la influencia ya no es tanto la lengua del editor, sino su origen, su agenda, los temas que pone encima de la mesa, la audiencia a la que se dirige y la vocación de contribuir con sus contenidos a un debate público global. Ese es el camino en el que estamos en Agenda Pública, desde Barcelona, desde España y en español, y pese a que en nuestro país, a diferencia de en Francia o Estados Unidos, no haya una cultura tan generalizada entre las élites donde se interiorice la relevancia de priorizarlo. Si España y el español no jugamos en el terreno de la agenda pública global, otros lo seguirán haciendo por nosotros y renunciaremos, de nuevo, a participar en igualdad de condiciones el trascendental partido que está por jugar en el siglo XXI. Sabemos que no estamos solos y como lector te invito a que nos sigas acompañando en este viaje.
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