Martes, 28 de julio de 2026

Una política exterior muy interior

Jordi Xuclà Jordi Xuclà 23 de mayo de 2024
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Congreso TV
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En los primeros años del actual periodo democrático, la política internacional fue básicamente irrelevante en la conformación del criterio de voto de los ciudadanos. Aquellos años se vivieron en una fase de consenso pasivo por el que el Gobierno de turno recibía el apoyo implícito o explícito de la oposición en las grandes líneas de la política exterior. El horizonte de la entrada de España en las Comunidades Económicas Europeas operó como un gran catalizador del consenso pasivo. Se podría decir que la rectificación de la posición socialista sobre la pertenencia en la OTAN formó parte de una querella interna dentro de las izquierdas más que un gran disenso, aunque de ella salió una opción política que tuvo su recorrido: Izquierda Unida. 

Este consenso pasivo se fracturó con el apoyo o el rechazo de la participación de España en las fuerzas de aseguramiento de la ocupación de Irak en los años 2003-2004. De hecho, la fractura se produjo en los debates parlamentarios y en la calle con el sí y el no a la guerra de Irak. Por primera vez de forma relevante la política exterior -hasta el momento enclaustrada en los salones del poder- se convertía en elemento de conformación y diferenciación de las distintas opciones políticas. Desde aquel momento, y con sus altos y bajos, la política exterior ya ha entrado en la agenda política de nuestro debate político y electoral. 

La crisis diplomática entre España y Argentina presenta muchas características para convertirse en un gran tema de las próximas elecciones al Parlamento Europeo a celebrar el próximo 9 de junio. Produce una polarización entre el PSOE y Vox que deja en una tierra de nadie al Partido Popular. Las declaraciones del presidente de Argentina, Javier Milei, son imprevisibles y su voluntad de confrontar con Pedro Sánchez puede reiterarse en los próximos días. Milei no dispara sus dardos verbales contra el presidente del Gobierno español y su familia de forma aleatoria y arbitraria. Milei se postula como líder de la ultraderecha mundial con sus cinco viajes a Estados Unidos y sus dos viajes a Israel en apenas cinco meses. Un declarado deseo de una victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre y un apoyo acrítico al Gabinete de Benjamín Netanyahu – que no es lo mismo que la sociedad israelí- son los dos vectores que conectan el pensamiento de Milei con el de Vox y convierten el presidente del Gobierno español en nuevo destinatario de sus diatribas. Ya lo hizo en el pasado con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. En los tres casos, Milei aprecia discrepancias de los gobiernos español, colombiano y mexicano con la ofensiva del Gobierno de Israel en Gaza. “Todo lo que está haciendo lo hace dentro de las reglas de juego. Israel no está cometiendo un solo exceso” declaró Milei en una entrevista televisiva a finales de marzo. No debe pasar desapercibida la presencia del ministro israelí para la diáspora y de la lucha contra el antisemitismo, Amichai Chikli, en la convención de Vox del pasado 19 de mayo. Chikli fue especialmente duro contra el presidente español.

Por cierto, el Gobierno de Colombia también retiró su embajador en Argentina el 27 de enero de este año. Después, el embajador volvió, pero las críticas de Milei contra Petro se redoblaron en marzo y por segunda vez se retiró el embajador colombiano en Buenos Aires a la vez que se expulsaron diplomáticos argentinos residentes, entre ellos el embajador argentino en Bogotá. 

Esta política exterior muy interior también se está viviendo en Argentina donde los partidos y lideres de las fuerzas de oposición critican a Milei por su entrada inamistosa en la escena política española. Desde el expresidente Alberto Fernández hasta partidos de derechas opuestos a Milei como el Frente Patriota Federal. 

Todo ello coincide con el anuncio del presidente español ante el Congreso de los Diputados de la decisión del Gobierno español de reconocer el Estado de Palestina. Cabe recordar en este punto que el Congreso de los Diputados adoptó en 2014 una resolución instando al Gobierno de España a reconocer el Estado de Palestina. En aquel consenso participó activamente el Partido Popular. Aquella iniciativa fue liderada por la diputada y exministra de exteriores Trinidad Jiménez que se despidió de su actividad política institucional con un consenso que diez años después cobra una singular importancia. ¿Cuál ha sido la reacción del Partido Popular? "Lo que usted va a hacer probablemente perjudique al pueblo palestino" le ha dicho Feijóo al presidente Sánchez, y "allá su responsabilidad". ¿Se sale así el PP del consenso que ayudó a crear hace diez años?. Lo que es evidente es que Vox sigue el “manual Milei” y se opone frontalmente al reconocimiento del Estado de Palestina. Más polarización entre el PSOE y Vox en la que el Partido Popular queda algo en tierra de nadie. 

La voluntad del reconocimiento del Estado de Palestina no es un brindis al sol en un momento que se están produciendo discretas conversaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí en vistas a una solución estable y duradera del caso palestino. Ello pasaría por un mayor apoyo de Estados Unidos a Arabia Saudí en su confrontación con Irán y por la intervención de países árabes en la estabilización de los territorios palestinos en vistas a la futura creación de un Estado Palestino liberado de Hamas y los demás proxies de Irán. La solución del caso palestino era algo que estaba sobre las muy avanzadas conversaciones entre Israel y Arabia Saudí en vistas a establecer relaciones diplomáticas. El brutal ataque de Hamas del 7 de octubre hizo descarrilar un acuerdo ya muy maduro. Para retomar la senda de la solución del caso palestino uno de los mayores impedimentos internos es la posición frontal de Benjamin Netanyahu. En este contexto no puede pasar desapercibido el ultimátum que el general Benny Gantz, ministro del Gobierno de unidad y del gabinete de guerra y líder en las encuestas, ha lanzado contra Netanyahu con fecha límite fijada para el 8 de junio. Gantz ha lanzado un programa con “seis objetivos estratégicos de importancia nacional” que incluyen “devolver nuestros secuestrados a casa; desmantelar el régimen de Hamas, el desarme de la Franja de Gaza y asegurar el control por parte de la seguridad israelí; crear una administración civil estadounidense-europea-árabe-palestina en la Franja de Gaza y que sea la base de una alternativa en el futuro a Hamas y que no sea Mahmud Abbas”. A todo ello, Gantz apuesta por la promoción de la normalización de las relaciones con Arabia Saudí “como parte de un movimiento más amplio que creará una alianza con el mundo libre y el mundo árabe contra Irán y sus sucursales”. Finalmente, Gantz apuesta por una nueva legislación que obligue a los judíos ultraortodoxos a ser reclutados y estar obligados a hacer el servicio militar obligatorio en Israel. Como se puede comprobar, algo muy de fondo se mueve en el tablero del poder de Israel. Gantz puede salir del Gobierno presidido por Netanyahu en la víspera de las elecciones europeas. Netanyahu siempre quiso culminar los Acuerdos de Abraham con la normalización de las relaciones con Riad. Pero ahora no lo puede hacer si la condición impuesta por Arabia Saudí es avanzar hacia la solución de los dos Estados. Si el primer ministro aceptara, remotamente, esta condición, saltaría por los aires la mayoría de su Gobierno con la salida de los dos partidos ultranacionalistas que les permitieron volver al poder en noviembre de 2022. Igualmente, el Gobierno israelí puede quedar tocado con la posible salida de Gantz, que hoy por hoy se debe considerar una fuerte medida de presión coordinada con otros actores internacionales.

Milei ha fijado posición sobre todo ello en su paso por Madrid el pasado fin de semana. Milei con Netanyahu sin matices. Otros dirigentes, entre ellos Pedro Sánchez, al teléfono con Washington en la búsqueda de una solución al caso palestino que implique Arabia Saudí y medidas para frenar Irán y sus proxies. 

¿Todo ello se puede descodificar hasta el punto de calar en la campaña electoral de las elecciones europeas en España y en otros países europeos? Depende de como evolucionen los acontecimientos, sí. 

Es tal la dimensión de la partida en curso que el Gobierno español prefirió privilegiar la confrontación con Milei que destacar y significar la presencia de la líder de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, en la convención de Vox. Le Pen, según todas las encuestas, va a ganar las elecciones europeas en Francia de forma amplia en lo que puede significar un nuevo indicador del avance de la ultraderecha en Europa. En Francia las elecciones europeas se están viviendo desde hace semanas como un test muy relevante de la política nacional. La nueva victoria del partido de Le Pen, esta vez con gran diferencia, en unas elecciones europeas en el segundo mayor país de la Unión Europea es más madera para el gran dilema que tendrá el Partido Popular Europeo, probable vencedor de las elecciones europeas: pactar con el centro y la socialdemocracia o llegar a alianzas con la ultraderecha. En este panorama tan removido, es difícil asegurar hoy en día que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tenga asegurada su reelección. Alguien lo llama el gran secreto en la sala que todos conocen, pero nadie dice. 
  

En resumen: la política internacional vuelve a ser un elemento conformador de las preferencias de voto en unas elecciones en España. Y más que lo podrá ser dependiendo de cómo evolucionen los acontecimientos. No es ni ruido ni maniobras de distracción. Todos los que no quieran ser indigentemente maniqueos deberán extremar una navegación prudente en aguas procelosas. La partida se juega a muchas bandas. 
Jordi Xuclà
Jordi Xuclà
Analista de Agenda Pública
Vicepresidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo. También es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Ramon Llull. Asimismo es exparlamentario en las Cortes Generales (2000-2019)
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