La semana pasada conocimos la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de no oponerse a la oferta pública de adquisición (OPA) del BBVA sobre el Banco Sabadell anunciada en mayo de este año. Esta decisión del BCE supone para el BBVA haber superado un escollo más de este proceso, después de que la autoridad británica de regulación prudencial haya aprobado la toma de control indirecto por parte del BBVA de TSB Bank plc, la filial bancaria de Banco Sabadell en el Reino Unido.
Ahora queda que se pronuncien la CNMV y la CNMC para que, una vez lo hayan hecho estos supervisores, el Ministerio de Economía decida si autoriza o no la fusión, según se regula en la disposición adicional decimosegunda de la Ley de Ordenación, Supervisión y Solvencia de Entidades de Crédito.
Vivimos en un contexto en el que, desde hace décadas, se ha implantado una tendencia a la concentración bancaria. Según
datos del BCE, mientras que a comienzos de 1999 en los 11 países que inicialmente formaban la zona euro había 9844 instituciones financieras monetarias, para agosto de 2024 en esos mismos 11 países operaban menos de la mitad de bancos, 4177, que los que había 15 años antes. Este proceso es similar en el resto de países de la Unión Europea, Reino Unido y Estados Unidos. Esta concentración ocurre no sólo en el margen extenso (número de bancos) sino también en el intenso, con un número cada vez menor de entidades que copan una cuota mayor del mercado. De nuevo, de acuerdo con
datos del BCE, si bien los cinco mayores bancos en España comenzaron el siglo XXI controlando un 40.3 por ciento de los activos del sector, esta cuota aumentó al 69.5 por ciento en 2023.
Dada esta tendencia en la que se han afianzado los sistemas bancarios de nuestro alrededor, la pregunta que surge de la opa que ha hecho el BBVA sobre el Banco de Sabadell es, por tanto,
¿debemos dejar que continúe esta dinámica en el sector o debemos pararla en algún momento? Responder a esta pregunta no es fácil, al menos, en tres dimensiones.
Economías de escala
Se dice que una actividad productiva presenta economías de escala cuando el coste promedio de producción disminuye a medida que la cantidad producida es mayor. En esta situación, es, por tanto, más eficiente socialmente organizar la producción en base a pocas empresas muy grandes en lugar de una multitud de empresas pequeñas.
"Vivimos en un contexto en el que, desde hace décadas, se ha implantado una tendencia a la concentración bancaria."
Existe en economía desde hace décadas una literatura empírica dedicada a medir si existen esas economías de escala en el sector bancario y, más crucialmente, si existe un tamaño crítico en el que esas economías de escala comienzan a desaparecer. Si bien esta literatura ha evolucionado mejorando sus metodologías de estimación, se enfrenta a dos problemas fundamentales que generan incertidumbre sobre la aplicabilidad de sus conclusiones.
El primero de estos problemas se relaciona con la enorme concentración del sector al que se aludía más arriba. Esto quiere decir muy pocos bancos, muy grandes, conviviendo con una multitud de bancos pequeñitos. Dado que los bancos grandes tienen modelos de financiación, inversión y gestión muy diferentes a los bancos pequeños, estimaciones basadas en la población total de bancos pueden estar sesgadas hacia los pequeños y no dar una descripción de las economías de escala que pueden disfrutar el subgrupo de bancos grandes.
En segundo lugar, dada la profunda transformación que ha tenido el sector en los últimos años en términos de automatización y usos de nuevas tecnologías,
las conclusiones basadas en datos históricos pueden no ser informativas sobre lo que va a ser el sector en el futuro.
Efectos sobre la competencia
El segundo tema a tratar es en qué medida tener menos bancos más grandes puede afectar a la competencia en el sector y a la inclusión bancaria.
Es un hecho que el sector bancario europeo está muy segmentado, sobre todo geográficamente en el que domina un alto sesgo nacional tanto a nivel de pasivo como de activo. Que no se haya completado todavía la Unión Bancaria contribuye a esta segmentación lo que aumenta el poder de mercado de los grandes grupos nacionales en sus respectivos países.
"Que no se haya completado todavía la Unión Bancaria contribuye a esta segmentación lo que aumenta el poder de mercado de los grandes grupos nacionales en sus respectivos países"
Existen, por tanto, serias preocupaciones a que la disminución de la competencia resultante de tener bancos más grandes pueda contrarrestar los posibles beneficios de explotar las economías de escala asociadas a un mayor tamaño. Máxime cuando esas economías de escala también se puedan ver limitadas precisamente por la segmentación geográfica existente en el sector en Europa. Dado que los comportamientos no competitivos se basan en disminuir la cantidad producida para poder aumentar el precio y los beneficios, una consecuencia adicional de la disminución de la competencia puede ser dejar de ofrecer productos financieros a aquellos sectores de la población con bajos niveles de rentabilidad con el consiguiente perjuicio a la inclusión financiera.
Para evaluar esta cuestión, se debería calcular en qué medida las ganancias en productividad asociadas a las economías de escala derivadas de un tamaño mayor se trasladan a los costes del pasivo y a la remuneración del activo en relación a la cuenta de resultados de la entidad. De nuevo, en un contexto con pocos jugadores realmente grandes con un modelo de negocio diferente y donde la tecnología de producción está cambiando significativamente, ésta no es una tarea precisamente fácil de hacer.
Demasiado grande para caer
Por último, tenemos el problema de que la fusión creará una entidad más grande y, por tanto, en principio, más sistémica. Esto quiere decir que,
en el caso que la nueva entidad quiebre, las repercusiones sobre el resto del sector pueden ser de tal magnitud que las autoridades públicas decidan salvarla inyectando dinero público. Es lo que se llaman bancos demasiado grandes para caer (
too big to fail, en la denominación anglosajona).
Esta situación puede generar incentivos para que el banco acumule un exceso de riesgo en su modelo de negocio, ya que el subsidio público implícito asociado a ser sistémico hace que los accionistas y gestores del banco vean limitados el coste de las pérdidas si la entidad quiebra mientras que mantienen los beneficios si las cosas van bien.
"Esta situación puede generar incentivos para que el banco acumule un exceso de riesgo en su modelo de negocio"
Los costes sociales derivados de la Gran Crisis Financiera de 2007 y 2008 renovó la discusión para diseñar políticas que limitaran el tamaño de los bancos de forma efectiva.
Curiosamente, a pesar de estas discusiones, salimos de esa crisis con entidades más grandes y más sistémicas, como recogen los datos que se han mostrado más arriba. En vez de promover leyes que limitaran el tamaño de los bancos,
la estrategia política buscó una regulación que fortalecieran los niveles de solvencia y los procesos de resolución de las entidades fallidas. El argumento implícito fue que la cuestión no era el tamaño sino diseñar un sistema que promoviera en los bancos los incentivos para tomar decisiones de inversión y financiación adecuadas y que creara un mecanismo de resolución que no afectara al erario público.
Sin embargo, como hemos visto recientemente con la
quiebra de Silicon Valley Bank, el problema de este argumento reside en la potencial inconsistencia temporal por la que una vez que una entidad considerada sistémica quiebra, se puede decidir no aplicar el mecanismo de resolución acordado si se considera que aplicarlo sería más oneroso para el erario público que no hacerlo. O se puede reclasificar una entidad no sistémica como sistémica, para precisamente aplicarle el mecanismo de resolución de las segundas, aunque no toque aplicarlo en ese caso.
Obviamente, estas decisiones discrecionales contienen un ingrediente de subsidio público para el banco quebrado y, por tanto, son una versión más del demasiado grande para caer con el riesgo moral que ello comporta.
En resumen, hay muchas incertidumbres sobre los efectos de aprobar esta opa. No es de extrañar, por tanto, que puedan cambiar los vientos que han estado empujando esta operación hasta ahora.