Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

La opa de Talgo revela el grave daño de Orbán a la unidad de Europa

Sería tentador decir que Hungría está probando su propio veneno gracias al veto español a la opa sobre Talgo. Pero mejor no engañarse. El hecho de que una empresa europea de material ferroviario no pueda comprar otra empresa europea por razones de seguridad nacional muestra que la Unión Europea está mucho menos cohesionada de lo que cabría esperar después de 70 años de la "integración cada vez más estrecha" que proclaman los Tratados europeos.

Bernardo de Miguel Bernardo de Miguel 29 de agosto de 2024
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El Gobierno veta la OPA de Magyar Vagon sobre Talgo. | Alejandro Martínez Vélez / Europa Press / ContactoPhoto
El Gobierno veta la OPA de Magyar Vagon sobre Talgo. | Alejandro Martínez Vélez / Europa Press / ContactoPhoto
Talgo, el icónico acrónimo de la industria ferroviaria española parecía llamado a leerse como tren autoligero Ganz Orban. Va a ser que no. La desconfianza de Europa hacia el gobierno euroescéptico y prorruso de Viktor Orbán es de tal magnitud que un gobierno como el español no ha dudado en dar portazo a los planes de expansión de una empresa magiar. Hungría paga así años de deslealtad hacia la Unión Europea, a la que, por cierto, decidió unirse voluntariamente. Pero la frustrada opa húngara sobre Talgo revela también el grave daño de Orbán a la unidad europea. Si los vetos se generalizan, se resquebrajará el mercado interior, una de las mayores conquistas en la historia de la UE. Sería una victoria para el húngaro y sus mentores del Kremlin. Pero un golpe terrible para Europa. 

"Hace solo unos años el veto de un gobierno a una opa intracomunitaria hubiera desatado las iras de Bruselas"


Hace solo unos años, el veto de un gobierno a una opa intracomunitaria, como el de Sánchez a la empresa de Hungría que aspiraba a hacerse con el histórico fabricante español de ferrocarriles, hubiera desatado las iras de Bruselas, que enfurecida habría exigido la luz verde a una inversión empresarial entre dos Estados miembros de la UE.

Basta recordar casos cercanos como las trabas de España a la opa de la alemana Eon por Endesa o las de Portugal al Banco Santander (entonces BSCH) por el grupo Champalimaud. La reacción de la Comisión Europea fue entonces tajante a favor del derecho de los compradores a hacerse con la pieza de un país vecino.

Pero los tiempos, el mundo y la UE han cambiado. Los gobiernos en general y los europeos en particular desconfían de la entrada de capitales públicos extranjeros disfrazados de privados, sobre todo, sí proceden de países autocráticos como China, Arabia Saudí o diversos emiratos medievales. Bruselas incluso se ha dotado de instrumentos para mantener a raya a los inversores sospechosos.

"El problema es que la desconfianza se extiende ahora también hacia empresas de países de la UE, como el de la húngara Ganz Mavag interesada en Talgo"


Pero el problema es que la desconfianza se extiende ahora también hacia empresas de países de la UE, como el de la húngara Ganz Mavag interesada en Talgo. La presencia de gobiernos como el de Orbán dispuestos a jugar con sus propias reglas y a socavar la unidad de Europa en todos los terrenos posibles lleva al resto de socios a protegerse. Ante la llegada de capital húngaro, el gobierno español, y no será el último, responde al estilo de Media Markt: “no somos tontos”. 
 
Eso coloca a Bruselas en una difícil tesitura: defender a rajatabla la libre circulación de capitales, como hacia hasta ahora y como prescribe el Tratado de la Unión, o admitir que dentro del club hay peligrosos caballos de Troya al servicio de enemigos de la UE a los que conviene aplicar reglas preventivas.

Con la pandemia y con la invasión rusa de Ucrania, Bruselas ha permitido que los gobiernos impidan el asalto a empresas depreciadas por la coyuntura. Pero ese blindaje por razones económicas o bursátiles no es el invocado para rechazar que una empresa de Hungría, país miembro de la UE desde hace 20 años, controle Talgo.

España ha vetado la operación magiar aduciendo una presunta amenaza a la seguridad nacional, justificada por los aparentes vínculos de la empresa húngara con el Kremlin a través del gobierno de Orbán o de sus aliados. Una acusación muy grave que el Gobierno se niega a concretar acogiéndose al secreto de Estado, también por razones de seguridad.

"Budapest lleva años discriminando a empresas europeas y exponiéndolas a una peligrosa inseguridad jurídica en el mercado húngaro"


Hungría debería ahora poner el grito en el cielo y reclamar el derecho de sus empresas a moverse con libertad por el mercado europeo. Pero Orbán, defensor a ultranza del trumpiano "mi país lo primero", tiene difícil criticar a otro gobierno por nacionalista. Budapest, de hecho, lleva años discriminando a empresas europeas y exponiéndolas a una peligrosa inseguridad jurídica en el mercado húngaro. 

Tampoco sería muy coherente que el euroescéptico primer ministro pidiese ayuda a Bruselas, a la que acusa, un día sí y otro por qué no, de invadir la soberanía de los Estados. Orbán, si es fiel a su ideario, debería aplaudir a Sánchez y animar a sus correligionarios de Vox a defender la españolidad de Tren autoligero Goicoechea Oriol,  significado del Talgo de siempre.

El conflicto apunta hacia el tribunal europeo, en Luxemburgo. Pero más allá del desenlace judicial, el caso revela el riesgo de permitir dentro de la UE el deterioro del Estado de derecho que padecen países como Hungría o Eslovaquia y que amenaza a socios fundadores como Italia, Países Bajos y, por qué no, a Francia o Alemania si la ultraderecha euroescéptica sigue ganando posiciones. 

Sin confianza mutua entre los socios, el tinglado europeo se rompe ante cualquier movimiento que provoque un reflejo de protección, sea una amenaza terrorista, una crisis migratoria o una opa por un fabricante de trenes que, no hace tanto, hubiera pasado completamente desapercibida.

La Hungría de Orbán ha hecho gala en los últimos años de su desprecio por los valores de una Unión Europea a la que acusa de invasiva. El modelo a seguir para Budapest es Trump: nacionalismo étnico, político y económico. 

"El hecho de que una empresa europea de material ferroviario no pueda comprar otra empresa europea por razones de seguridad nacional muestra que la Unión Europea está mucho menos cohesionada de lo que cabría esperar"


Sería tentador decir que Hungría está probando su propio veneno gracias al veto español a la opa sobre Talgo. Pero mejor no engañarse. El hecho de que una empresa europea de material ferroviario no pueda comprar otra empresa europea por razones de seguridad nacional muestra que la Unión Europea está mucho menos cohesionada de lo que cabría esperar después de 70 años de la "integración cada vez más estrecha" que proclaman los Tratados europeos. Gobiernos como el húngaro contribuyen de manera constante a que la argamasa se diluya y se quiebre la unidad.

Y el peligro de un efecto dominó es evidente. ¿Cuánto tardará Orbán o algún otro gobierno euroescéptico en invocar la seguridad nacional para quitarse de encima a alguna empresa europea que le incomode? Con o sin opa, el grave daño de Orbán a la unidad de Europa es ya evidente.
Bernardo de Miguel
Bernardo de Miguel
Corresponsal para asuntos europeos
Es conocido por su labor en distintos países, como México, Tailandia o Reino Unido, y, sobre todo, por la corresponsalía que ejercía en Bruselas para el diario económico Cinco Días y para El País.
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