Futbolísticamente, la selección española de fútbol masculino ha pasado en dos décadas de la furia al juego vertical, pasando por el tiki taka. El fútbol evoluciona rápidamente por ensayo y error: igual que la sociedad que refleja, es un sistema complejo que no se puede planificar.
Desde Luis Aragonés, hemos pasado por una época de grandes éxitos, seguida de las decepciones de los mundiales de Brasil y Rusia. La Eurocopa postpandemia con Luis Enrique (un buen entrenador, que en Qatar cometió el error de dedicar demasiado tiempo a
Twitch en lugar de preparar las tandas de penaltis) fue un anticipo de resurrección, así como lo han sido las dos últimas ediciones de la Liga de Naciones, la última ya ganada con Luis de la Fuente como entrenador.
"Los jugadores de la selección masculina reflejan una España muy distinta de la que reflejan sus rancios directivos"
La selección de Aragonés y del Bosque ya hacía presagiar algunos rasgos de la eclosión actual, combinando jugadores de los grandes clubs españoles (especialmente, del mejor Barça de la historia), con profesionales que nutrían algunos de los mejores clubs de Europa, y en especial de la Liga inglesa. Pero ha sido en el último año, con la consolidación de Rodrigo (el mejor centrocampista del que quizás sea el mejor equipo del mundo en los últimos años, el Manchester City) y la incorporación de Nico Williams y Lamine Yamal, en que el modelo de un equipo con una gran variedad de ingredientes (futbolísticos, étnicos, culturales) ha cuajado en un conjunto armónico que ha triunfado en la Eurocopa de 2024.
Los jugadores de la selección masculina reflejan una España muy distinta de la que reflejan sus rancios directivos, algunos de ellos asociados con casos de corrupción o abusos.
Los jóvenes talentos de origen inmigrante han despertado la admiración y el apoyo de muchos sectores (incluidos los cánticos de Estopa),
como hace un año las mujeres recibieron un movimiento de simpatía al ganar el Mundial y ser víctimas al mismo tiempo del abuso y el estilo lamentable del entonces presidente de la Federación.
La
selección cada vez es más parecida a otras selecciones de Europa occidental (incluida la selección rival en la final, Inglaterra), que son las dominantes, con un
porcentaje elevado de jugadores que juegan en ligas extranjeras (como Rodri, Dani Olmo, Cucurella, Fabián),
algunos jugadores nacidos en otros países (como Laporte y Le Normand),
hijos de inmigrantes africanos de origen muy humilde (Nico Williams y Lamine Yamal),
representantes de la periferia del país (como Unai Simón y otros jugadores vascos). Unas selecciones muy distintas a sus propios hooligans, quienes en ocasiones y aunque no mayoritariamente ofrecen una imagen nacionalista y sexista que a muchos nos avergüenza. Y también distintas a las selecciones de Europa oriental, mucho más homogéneas étnicamente: todos los jugadores de Serbia tenían el apellido con la misma terminación (-ic), y todos los de Georgia llevaban barba.
"La ola de apoyo a la selección de Nico Williams y Lamine Yamal ha cogido con el pie cambiado tanto a los haters de Vox y aledaños, como a algunos indepes catalanes que no entienden que sus hijos vibren con La Roja 2.0"
Es una selección con jugadores vascos y catalanes, aunque esto creo que ha ocurrido siempre, con varios representantes de la cantera del Barça, algunos todavía en el club. Sucede que
algunos de estos vascos y catalanes no son precisamente del modelo que deseaban Sabino Arana o Heribert Barrera. La ola de apoyo a la selección de Nico Williams (nacido en Pamplona de padres africanos y trasladado a Bilbao a los 11 años) y Lamine Yamal (dos jóvenes que se expresan con naturalidad en varios idiomas) ha cogido con el pie cambiado tanto a los
haters de Vox y aledaños, como a algunos indepes catalanes que no entienden que sus hijos vibren con La Roja 2.0, cuando estos hijos sí van entendiendo que las personas no se pueden reducir a una sola identidad.
Los jugadores o técnicos españoles no se han pronunciado de forma tan elocuente por causas sociales y políticas como otros colegas suyos (el entrenador inglés Southgate llegó a enfrentarse públicamente a la extrema derecha), ni defendieron mucho a sus compañeras en su justa campaña contra Rubiales. De momento, no han ido más allá que Lamine Yamal reivindicando sus orígenes, y mostrando cuando marca con sus manos los dígitos finales del código postal de su barrio (Rocafonda, un “estercolero multicultural” según Vox). Cuando sean más veteranos, algunos serán embajadores de Qatar o Arabia Saudí, entrando en flagrante contradicción con el mensaje de variedad e inclusión que hoy representan. Esperemos que la mayoría no olviden los mensajes de apoyo que reciben estos días, y el signo de estos mensajes.
"No se puede pedir más a los jugadores de la única selección cuyo himno no tiene letra, en un país donde a sus líderes políticos les cuesta vertebrar un relato que dé proyección a su diversidad, balbuceando conceptos etéreos como la España plural y diversa (una obviedad) o la plurinacionalidad"
Pero quizás no se puede pedir más a los jugadores de la única selección cuyo himno no tiene letra, en un país donde a sus líderes políticos les cuesta vertebrar un relato que dé proyección a su diversidad, balbuceando conceptos etéreos como la España plural y diversa (una obviedad) o la plurinacionalidad.
Cuando se entienda que personas como Nico Williams o Lamine Yamal se deben reír cada vez que les preguntan si se sienten más vascos/catalanes que españoles o al revés, etc., quizás entenderemos que de lo que se trata es de construir el relato de una España europea, postnacional y federal, reflejo político de la fraternidad, la diversidad y el respeto. De una España europea orgullosa de sí misma y de su capacidad integradora, como estamos orgullosos de nuestras fantásticas selecciones de fútbol, tanto la masculina como la femenina.
En menos de veinte años, hemos pasado de las lamentables imágenes de Luis Aragonés arengando a un jugador con gritos racistas, a sentirnos orgullosos (por lo menos una gran mayoría de españoles y catalanes) de un adolescente hijo de padres africanos, que creció en un barrio humilde de Mataró. La increíble historia de la foto de Messi con Yamine Lamal, elegido por sorteo entre familias pobres cuando era un bebé para fotografiarse con el llamado astro argentino, muestra el potencial para sacar de madre cualquier relato, como si se tratara de la fundación de una religión milenaria.
La victoria de la selección en la Eurocopa es pues, por encima de todo, una gesta deportiva. Pero también es
la puesta de largo de una España mejor, con la que una gran mayoría se siente identificada. Una España prometedora que también se reflejará en la diversidad de las y los deportistas que nos representarán en los Juegos Olímpicos de París, y que no tiene vuelta atrás.