Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Sobre bulos y la distinción entre verdadero y falso

Existe una resistencia enorme y una reacción emocional negativa frente a la información veraz, a los hechos o, simplemente, a opiniones que no quieren ser contempladas. El autor afirma que la lucha contra la desinformación y los bulos va a ser muy difícil.

Pedro Fresco Pedro Fresco 17 de junio de 2024
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Fact-checking and Meter | Andre M. Chang / Zuma Press / ContactoPhoto
Fact-checking and Meter | Andre M. Chang / Zuma Press / ContactoPhoto
Ahora que los bulos y las Fake News se están convirtiendo en el principal tema de debate en nuestro país, me parece interesante contarles mi experiencia con las Fake News en un terreno distinto, el del campo de la energía. Como es un tema más desapasionado para la mayoría, seguramente podrán verse dinámicas extrapolables al terreno político que en otros casos nos costaría visualizar.

Les pongo en contexto. Hace menos de tres meses anuncié la publicación de mi último libro “Energy Fakes: mitos y bulos sobre la transición energética”. El libro habla de bulos, pero no señala a nadie en concreto, aunque mucha gente se puede sentir identificada con esos bulos por estar propagándolos quizá de forma involuntaria. El libro, además, agrupa los mitos por temáticas. Por ejemplo, hay un capítulo de “mitos sobre las energías renovables”, donde pueden verse identificados quienes las rechazan, u otro sobre mitos de la energía nuclear, en que se rebaten cosas que repiten sus defensores.  

Mi experiencia después del anuncio del libro creo que es simbólica de la época en que vivimos. Mucha gente se mostró alterada, quizá porque se sentían atacados por ver que algunas cosas que defendían eran identificadas como mitos o bulos en el libro. Algunos destacados influencers en temáticas energéticas en redes me han bloqueado, probablemente como manera de evitar interacciones incómodas y “contaminantes” para su tesis. Otra reacción que he observado ha sido intentar identificar como bulos algunas de mis argumentaciones en redes sociales, de forma bastante torpe todo sea dicho. Incluso han llegado a usar el hashtag #EnergyFakes aplicado a mis comentarios, que al final lo único que provocaba era el efecto Streisand y la promoción del libro, lo que desde aquí les agradezco. 

"Los colapsistas creen que la sociedad industrial colapsará por falta de energía en el corto plazo a no ser que se implante un decrecimiento material y energético muy intenso. Los pronucleares han aprendido que ellos defienden la ciencia y el progreso frente a personas incultas y asustadizas que rechazan la energía nuclear por ignorancia y miedos atávicos".


Entre los grupos que se han sentido más señalados y ofendidos por la publicación del libro destacaría dos, que por distintas razones sienten identificaciones identitarias muy intensas con sus opiniones energéticas. El primero de estos grupos son los colapsistas, aquellos que creen que la sociedad industrial colapsará por falta de energía en el corto plazo a no ser que se implante un decrecimiento material y energético muy intenso. Se trata de un movimiento muy minoritario pero que, precisamente por eso, se ha vuelto gregario, informándose y relacionándose entre ellos a través de foros, redes y materiales temáticos. Los colapsistas, como buen movimiento marginal, tienden al pensamiento conspirativo y a pensar que hay una gran verdad escondida que poderosos intereses quieren ocultar. Muchos son defensores y consumidores de otras teorías conspirativas y de pseudociencias. Ver sus “teorías” rebatidas en el libro obviamente no les ha gustado, aunque tengo que decir que no he sido el autor más atacado por este grupo. Ex colapsistas que han tenido la osadía de salirse del movimiento son mucho más odiados que yo, que nunca he sido colapsista, siguiendo la tradición de persecución del hereje.

El otro grupo que también ha reaccionado con aspavientos son los fans de la energía nuclear. Aquí opera una lógica distinta al caso anterior. Todos los que tenemos formación científica hemos sido educados en admirar el logro técnico que supone la energía nuclear. Los pronucleares han aprendido que ellos defienden la ciencia y el progreso frente a personas incultas y asustadizas que rechazan la energía nuclear por ignorancia y miedos atávicos. 

El problema es que la historia les ha jugado una mala pasada. Hace dos o tres décadas se reían de los ecologistas que defendían las energías renovables frente a la nuclear, porque estas eran caras, minoritarias e incapaces de sustituir a otras energías. Sin embargo, hoy en día la situación es exactamente la contraria, la energía nuclear está estancada en el mundo mientras las renovables crecen en un orden de magnitud muy superior y ya han superado a la nuclear en la gran mayoría de países. Esta realidad los ha descuadrado.


Ver su propaganda señalada en mi libro les ha sacado de quicio. Ellos se ven como representantes de la ciencia y de la técnica y que los demás eran quienes usaban bulos para asustar. Verse como propagadores de bulos contra países, tecnologías o como vendedores de humo les llena de rabia. A nadie le gusta que le digan que no dice la verdad, pero si te has pensado que eres la propia representación de la verdad entonces el golpe es insoportable.

Resulta curioso como este “pro-nuclearismo” se ha convertido en una cuestión identitaria tan poderosa. Para quienes trabajan en ese sector es normal que lo sea, pero para otros no debería ser algo emocional. Sin embargo, sí lo es por dos cuestiones. Una, por esa autoidentificación como los “cultos” o los “científicos” frente a una masa inculta, que quieren mantener y que convierte la mera posibilidad de que la realidad no sea como ellos creen en una amenaza contra su estatus autoasignado. 

La segunda razón tiene que ver con la conversión de la defensa de la energía nuclear en algo mayoritariamente ideológico. Un reciente estudio del gabinete de incidencia pública BeBartlet muestra cómo en aquellos clústeres ideológicos más derechistas el apoyo a la extensión de vida de las centrales nucleares era casi total, mientras que en otros segmentos era minoritario o al menos equilibrado. Algo que presumiblemente debería ser técnico u objetivo se convierte, así, en una cuestión irracional.

"La polarización y la conversión de la opinión en identidad dificulta aún más la labor de la lucha contra la desinformación".


Esta experiencia me ha hecho reflexionar mucho sobre cómo reaccionan las personas (y, por tanto, las estructuras formadas por personas) al mostrarse que lo que dicen son bulos. El manipulador consciente lo toma mal, obviamente, estas atentando contra su negocio o intereses. Lo interesante es que quien repite bulos inconscientemente, simplemente por una mala información o un mal aprendizaje previo, también se lo toma muy mal, a veces incluso peor que el manipulador descarado. Esto claramente es un problema, porque muestra una resistencia enorme y una reacción emocional negativa frente a la información veraz, a los hechos o, simplemente, a opiniones que no quieren ser contempladas.
Yo tomé la decisión de enfrentar los bulos, porque pensé que era necesario y, además, que cuanto más tiempo perdiésemos sería peor. Intuí que muchos se enfadarían, pero lo hice y sigo pensando que fue la decisión correcta. Pero la realidad es que combatir bulos es dificilísimo. Hay muchísima gente que es capaz de insultarte y decirte de todo cuando les muestras que determinada persona o medio le está manipulando. En vez de enfadarse con quien les engaña tomándoles por incautos, reaccionan con furia ante quien destapa la situación.

La única conclusión que soy capaz de expresar sin miedo a equivocarme es que la lucha contra la desinformación y los bulos va a ser dificilísima. Hay una inercia de manipulación con descaro que lleva muchos años establecida y se han creado unos entornos informativos a la carta tan cerrados que ha hecho a gran parte de la población impermeable a informaciones que no quieren ver. La polarización y la conversión de la opinión en identidad, consecuencia en parte de lo anterior, dificulta aún más la labor. 

Esto puede ser desalentador, pero no hace más que reforzar la urgencia de hacer algo. Las soluciones no pueden ser facilonas, no se va a arreglar con un decreto ni con un cambio de responsable, es un problema enquistado en el que hay que trabajar mucho y con mucho cuidado para deshacer el daño causado. Decía Hanna Arendt que el sujeto ideal para un régimen totalitario no era el fanático convencido, sino las personas para las que la distinción entre realidad y ficción, verdadero y falso, ya no existe. Veamos en estas palabras la importancia de esta cuestión y, también, lo importante que es no tomar atajos que agraven el problema. 
Pedro Fresco
Pedro Fresco
Especialista en regulación y transición energética. Ex director general de Transició Ecològica de la Generalitat Valenciana (España).
Licenciado en Química por la Universidad de València. Profesor-colaborador en el máster en Energías Renovables de la Universidad Internacional de València (VIU). Autor de 'El futuro de la Energía en 100 preguntas' (2018), 'El Nuevo Orden Verde' (2020) y 'Energy Fakes' (2024). Director general de la Asociación Valenciana de Empresas del Sector de la Energía (AVAESEN).
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