Martes, 28 de julio de 2026
ORIENTE MEDIO

Dejemos de engañarnos con las intenciones de Israel en Gaza: limpieza étnica y complicidad de Occidente

Los profesores de la Universidad Carlos III Félix Vacas y Thomas Hansen denuncian la grave situación en Gaza y urgen a Occidente a reaccionar ante lo que describen como "la limpieza étnica de toda su población".

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Un hombre gazatí sujeta un cuerpo que será enterrado en Rafah, franja de Gaza. | BELAL KHALED (ANADOLU / GETTY IMAGES)
Un hombre gazatí sujeta un cuerpo que será enterrado en Rafah, franja de Gaza. | BELAL KHALED (ANADOLU / GETTY IMAGES)
Tras meses de bombardeos masivos de Israel contra Gaza, el debate en los países occidentales sigue centrado en los horrores del día a día causados por esa campaña militar. En cierto modo, es comprensible que así sea porque el gran número de víctimas civiles y la enorme destrucción de viviendas y demás inmuebles civiles no tienen comparación en la historia reciente, ni por su intensidad ni por la gravedad de las violaciones del Derecho Internacional que ello supone. 

"El foco en el sufrimiento diario que generan los ataques israelíes, se olvida que el desastre, mucho más profundo y duradero en sus efectos, que se está produciendo en Gaza es la limpieza étnica de toda su población"
Por supuesto que los ataques sistemáticos a edificios de viviendas y otras infraestructuras civiles —calificadas por Israel como "objetivos relevantes"— al igual que los ataques a hospitales y escuelas, así como la muerte causada a decenas de trabajadores humanitarios de las Naciones Unidas, sanitarios y periodistas palestinos, deben ser documentados y condenados en los términos más enérgicos, y los responsables deben ser enjuiciados por ello. De hecho, la demanda interpuesta por Sudáfrica contra Israel por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia muestra el camino a nivel judicial para el establecimiento de responsabilidad del Estado de Israel; camino que, es de esperar, sea seguido también por la Corte Penal Internacional, en este caso para el establecimiento de responsabilidades penales individuales. Es cierto también que, poco a poco, las críticas a Israel van en aumento; incluso sus aliados más próximos parecen estar comenzando a cansarse del intento del Gobierno israelí de "terminar el trabajo". Sin duda, es un cambio de posición que debe ser bienvenido y que, de algún modo, fue liderado por el presidente Pedro Sánchez en su visita a los Estados de Israel y Palestina en noviembre pasado.

Sin embargo, al poner el foco en el sufrimiento diario que generan los ataques israelíes, se olvida que el desastre, mucho más profundo y duradero en sus efectos, que se está produciendo en Gaza es la limpieza étnica de toda su población. En otras palabras, la muerte indiscriminada de ciudadanos palestinos y la meticulosa destrucción de Gaza —terribles en sí mismas— no son, sino, un medio para alcanzar el objetivo de vaciar Gaza de palestinos. Lo que en sí mismo, y más allá de la posible calificación de los hechos también como genocidio, supone en todo caso la comisión del crimen de lesa humanidad consistente en el traslado forzoso de población.

"Basta con escuchar a los líderes israelíes para darse cuenta de que el objetivo último que persiguen es la destrucción total de Gaza"
Basta con escuchar a los líderes israelíes para darse cuenta de que el objetivo último que persiguen es la destrucción total de Gaza, su vaciamiento de ciudadanos palestinos y, a fortiori, la expansión territorial de Israel. Por supuesto, ello eliminaría toda posibilidad de alcanzar una solución por la vía de los dos Estados, a pesar de que los países occidentales sigan formalmente apoyándola. Junto a la continua expansión de los asentamientos israelíes —y el enorme aumento de la violencia de los llamados colonos y del propio Estado de Israel contra ciudadanos palestinos— en Cisjordania, la limpieza étnica que se está desarrollando en Gaza podría acabar suponiendo la culminación de la Nakba con la expulsión de la población palestina de Gaza. Si acaba ocurriendo, tal y como líderes israelíes afirman, los países occidentales que no lo impidieron serán corresponsables, al menos en términos morales y políticos, y también posiblemente penalmente como cómplices.

Debemos entender este objetivo del Gobierno israelí para tratar de evitarlo. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de asumir el relato que probablemente se nos presentará cuando la intensidad de la campaña militar desescale y la atención se centre en la catástrofe humanitaria. Relato que abogará por evitar un desastre humanitario mayor; esto es, para salvar a los palestinos de la muerte en masa por hambre y enfermedades, es necesario trasladarlos fuera de Gaza. Relato, en fin, que podrá apoyarse incluso en la noción de "desplazamiento voluntario", primero a Egipto y después, quizás, a otros países de la región o más allá. Tal y como explica en un artículo del 29 de noviembre, el prominente diario Israel Hayom, donde desvela el plan de desplazar un millón de ciudadanos palestinos de Gaza a Egipto, medio millón a Turquía, 250.000 a Irak y otros tantos a Yemen; esto es dos millones de palestinos, ¡la totalidad de la población de Gaza!

Y, claro está, no hace falta demasiada imaginación para darse cuenta de que una vez fuera de Gaza, el desplazamiento se convertirá en permanente. Por lo demás, cualquier insinuación de que se trataría de un desplazamiento voluntario resulta inaceptable; sería como decir que una violación no fue violación porque la víctima asintió mientras el violador le ponía un cuchillo en la garganta.

Es importante subrayar que este relato humanitario además deja de lado que esta crisis humanitaria no puede entenderse como un daño colateral de una guerra —o atribuirse a Hamás—; sino como algo buscado intencionalmente por el Gobierno israelí, quién primero ordenó la evacuación del norte al sur de Gaza y después a las reducidas áreas, cínicamente denominadas zonas seguras, próximas a la frontera con Egipto.

"No hace falta demasiada imaginación para darse cuenta de que una vez fuera de Gaza, el desplazamiento se convertirá en permanente"
En realidad, el desplazamiento forzado de la población ya ha ocurrido, puesto que prácticamente la totalidad de los ciudadanos de Gaza han sido forzados a abandonar sus hogares. El hecho de que este desplazamiento forzado interno acabe convirtiéndose en internacional todavía está por ver; y, en gran medida, que ocurra o no depende de la actitud y respuesta occidental. Para evitarlo, no basta con palabras de condena, sino que se necesitan medidas claras y firmes; entre otras, la prohibición de exportar armas a Israel o el apoyo de los gobiernos occidentales a la investigación de los crímenes cometidos. Pero esto está lejos de suceder, como muestran la posición de EE. UU. y otros países en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General.

Los gobiernos occidentales deben reconocer que su posición está generándoles importantes consecuencias negativas. La legitimidad de orden global liderado por Occidente está sufriendo un enorme daño debido al doble rasero occidental en términos de responsabilidad de proteger, Derecho Internacional Humanitario, derechos humanos o Corte Penal Internacional, cuya actuación está siendo profundamente deslegitimada al parecer que su actuación depende de si los presuntos criminales son o no apoyados por Occidente.

El precio moral y político que los países occidentales están pagando por todo ello es enorme, como claramente muestra la votación en la Asamblea General de 12 de diciembre, cuando una resolución que pedía un "inmediato alto el fuego humanitario" así como el "acceso humanitario seguro" a Gaza, fue aprobada con una aplastante mayoría de 153 votos a favor, 10 en contra y 23 abstenciones. Ello ilustra no solo la soledad de Israel y Estados Unidos, sino también la división de la Unión Europea, cuyos miembros votaron diecisiete a favor, dos en contra y ocho se abstuvieron.

"Debemos levantarnos colectivamente para evitar que el desplazamiento forzoso de la población palestina de Gaza se convierta en una realidad"
Es tiempo de dejar de autoengañarnos con las intenciones de Israel. Debemos levantarnos colectivamente para detener la masiva y sistemática violación del Derecho Internacional Humanitario y de los derechos humanos, y para evitar que el desplazamiento forzoso de la población palestina de Gaza se convierta en una realidad.
Félix Vacas Fernández
Félix Vacas Fernández
Profesor titular de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III
Licenciado en Derecho por la Universidad de València y doctor en Derechos Fundamentales por la Universidad Carlos III de Madrid. Ha sido profesor e investigador invitado en diversas universidades e instituciones internacionales, entre ellas Naciones Unidas, la Unesco, New York University, la Université Panthéon-Assas y el European University Institute.
Thomas Obel Hansen
Thomas Obel Hansen
Profesor titular en la Facultad de Derecho y miembro del Instituto de Justicia Transicional de la Universidad del Ulster, Investigador María Zambrano en la Universidad Carlos III de Madrid
Anteriormente trabajó con la Universidad Internacional de Estados Unidos en Nairobi y como consultor en tareas relacionadas con el derecho internacional, los derechos humanos y la justicia transicional en el país y en la región en general. Sus investigaciones han contribuido a presentaciones ante tribunales internacionales, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, comités parlamentarios y consultas ministeriales en el Reino Unido. Es asesor principal del Ministerio de Asuntos Exteriores danés, la OSCE y diversas organizaciones profesionales y de la sociedad civil.
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