

"El foco en el sufrimiento diario que generan los ataques israelíes, se olvida que el desastre, mucho más profundo y duradero en sus efectos, que se está produciendo en Gaza es la limpieza étnica de toda su población"Por supuesto que los ataques sistemáticos a edificios de viviendas y otras infraestructuras civiles —calificadas por Israel como "objetivos relevantes"— al igual que los ataques a hospitales y escuelas, así como la muerte causada a decenas de trabajadores humanitarios de las Naciones Unidas, sanitarios y periodistas palestinos, deben ser documentados y condenados en los términos más enérgicos, y los responsables deben ser enjuiciados por ello. De hecho, la demanda interpuesta por Sudáfrica contra Israel por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia muestra el camino a nivel judicial para el establecimiento de responsabilidad del Estado de Israel; camino que, es de esperar, sea seguido también por la Corte Penal Internacional, en este caso para el establecimiento de responsabilidades penales individuales. Es cierto también que, poco a poco, las críticas a Israel van en aumento; incluso sus aliados más próximos parecen estar comenzando a cansarse del intento del Gobierno israelí de "terminar el trabajo". Sin duda, es un cambio de posición que debe ser bienvenido y que, de algún modo, fue liderado por el presidente Pedro Sánchez en su visita a los Estados de Israel y Palestina en noviembre pasado.
"Basta con escuchar a los líderes israelíes para darse cuenta de que el objetivo último que persiguen es la destrucción total de Gaza"Basta con escuchar a los líderes israelíes para darse cuenta de que el objetivo último que persiguen es la destrucción total de Gaza, su vaciamiento de ciudadanos palestinos y, a fortiori, la expansión territorial de Israel. Por supuesto, ello eliminaría toda posibilidad de alcanzar una solución por la vía de los dos Estados, a pesar de que los países occidentales sigan formalmente apoyándola. Junto a la continua expansión de los asentamientos israelíes —y el enorme aumento de la violencia de los llamados colonos y del propio Estado de Israel contra ciudadanos palestinos— en Cisjordania, la limpieza étnica que se está desarrollando en Gaza podría acabar suponiendo la culminación de la Nakba con la expulsión de la población palestina de Gaza. Si acaba ocurriendo, tal y como líderes israelíes afirman, los países occidentales que no lo impidieron serán corresponsables, al menos en términos morales y políticos, y también posiblemente penalmente como cómplices.
"No hace falta demasiada imaginación para darse cuenta de que una vez fuera de Gaza, el desplazamiento se convertirá en permanente"En realidad, el desplazamiento forzado de la población ya ha ocurrido, puesto que prácticamente la totalidad de los ciudadanos de Gaza han sido forzados a abandonar sus hogares. El hecho de que este desplazamiento forzado interno acabe convirtiéndose en internacional todavía está por ver; y, en gran medida, que ocurra o no depende de la actitud y respuesta occidental. Para evitarlo, no basta con palabras de condena, sino que se necesitan medidas claras y firmes; entre otras, la prohibición de exportar armas a Israel o el apoyo de los gobiernos occidentales a la investigación de los crímenes cometidos. Pero esto está lejos de suceder, como muestran la posición de EE. UU. y otros países en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General.
"Debemos levantarnos colectivamente para evitar que el desplazamiento forzoso de la población palestina de Gaza se convierta en una realidad"Es tiempo de dejar de autoengañarnos con las intenciones de Israel. Debemos levantarnos colectivamente para detener la masiva y sistemática violación del Derecho Internacional Humanitario y de los derechos humanos, y para evitar que el desplazamiento forzoso de la población palestina de Gaza se convierta en una realidad.


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