

La Presidencia española del Consejo de la UE ha desempeñado un papel importante en las negociaciones del Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo. Un asunto que seguirá en el centro de los debates de la Unión.
Los principios de la Comisión y la estructura del pactoEl 4 de octubre la presidencia española logró que se llegase a un acuerdo basado en un texto consensuado del Reglamento de Crisis, el último componente legislativo del Nuevo Pacto de Migración y Asilo presentado por la Comisión Europea hace más de tres años. El Consejo de la UE había cerrado ya una serie de acuerdos que forman la arquitectura jurídica del Pacto (el Reglamento sobre los Procedimientos de Asilo, el Reglamento sobre la Gestión del Asilo y la Migración, el Reglamento Eurodac, y el Reglamento de Control de fronteras exteriores). El conjunto de los cinco reglamentos sobre migración y asilo que conforman la propuesta de la Comisión pasa ahora a las siguientes fases de negociación previstas en el procedimiento legislativo de la Unión.
Nada está acordado hasta que todo esté acordadoSi los principios se mantienen, el énfasis se pondrá ahora en la robustez de la gobernanza y en el monitoreo permanente para evitar incumplimientos. Para ello, se prioriza el reglamento frente a la directiva, una medida que estrecha el margen de actuación de los estados, y se establece un sistema de apoyo a los mismos por parte de la nueva Agencia Europea de Asilo y FRONTEX, que es a la vez un sistema de escrutinio y control. Por las mismas razones, el Pacto es prolijo en cuanto a la regulación -por primera vez ésta es común para el asilo y el control de la migración irregular-, y desarrolla planes de acción y mecanismos implementadores muy exhaustivos. Todo ello, y no solo la parte legislativa, forma el Pacto y debe acordarse en todos sus extremos, bajo el principio de que ‘nada está adoptado hasta que todo está adoptado’.
Evitar nuevas crisisNo debe extrañarnos que el acuerdo más difícil haya sido sobre el Reglamento de Crisis. Con esta estructura legislativa y de gestión, la propuesta pretende una gobernanza rígida del sistema de asilo y control de la migración irregular. Un objetivo principal es la prevención de crisis y evitar que las mismas generen caos e incapacidad de dar respuestas que deberían ser acordes con el derecho internacional de asilo. Se pretende también que la UE sea capaz de gestionar nuevas crisis migratorias sin consecuencias negativas para las relaciones entre los Estados y en la gobernanza de la Unión, como ha ocurrido sucesivamente en las últimas décadas.
Tres bloques de países, tres visionesEl escollo contra el que siempre ha chocado la política europea de migración y asilo ha sido la visión enfrentada de dos grupos de países con distintas dificultades. Por un lado, los que tienen fronteras exteriores más expuestas, como España, Italia o Grecia, a quienes el sistema otorga toda la responsabilidad de control y gestión de llegadas. Por otro, los países con sistemas de asilo tradicionalmente mucho más robustos como, por ejemplo, Alemania, quienes, efectivamente, acogen el mayor número de refugiados, muchos procedentes del primer país de llegada. Al debate se ha sumado un tercer bloque que, aun no viviendo especiales dificultades, rechaza de plano la entrada de migrantes y cualquier obligación que derive del sistema europeo de asilo, empobreciendo un debate al que añaden, si cabe, más tintes tóxicos.
La negociación continúaEspaña es uno de los estados de frontera que más compromiso ha demostrado con la política de migración y de asilo europea. En comparación con su entorno, es un país donde la política de migración se ha desarrollado con cierta flexibilidad y con un cierto consenso. Es un país con autoridad para impulsar el Pacto. Gracias a ello, la Presidencia española ha podido lograr el acuerdo entre los Estados miembro en un contexto complejo.
Los interrogantes sin resolverAnte esta situación surgen dos interrogantes. Primero, si el Pacto se va a adoptar en su conjunto y si llegará a tiempo antes de la siguiente crisis. Segundo, si a medio plazo cumplirá con las expectativas de devolver la confianza entre estados y de estos en el sistema, y si logrará impedir nuevas crisis internas que afectan a pilares centrales de la construcción europea como la libre circulación de personas, hoy muy dañado y en riesgo de quiebra.
La necesidad de nuevas miradasTal vez, mirando al interior, veríamos que la migración -sin adjetivos-, está siendo excluida de la gestión común de los asuntos europeos. España tiene mucho que aportar en este ámbito, ya que es un país con una experiencia remarcable en la gestión de flujos migratorios. El sistema español tiene varias fortalezas. Entre ellas, destaca el anclaje de la migración en el ámbito laboral y la existencia de instrumentos jurídicos que permiten lo que se podría describir como una flexibilidad ordenada. Además, España tiene un ministerio especialmente dedicado a las políticas migratorias y cuenta con la fuerte implicación de las administraciones regionales y locales.

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