
Estos datos invitan a tener cautela con las previsiones optimistas sobre el impacto del cambio tecnológico y los cambios en el comercio, que a menudo hacen referencia a un proceso de mejora ocupacional orientado hacia una economía del conocimiento. Aunque esta parte del relato sea cierta, no hay que dejar de tener en cuenta que también se espera sigan creándose empleos de baja calidad sobre todo algunos servicios no cualificados ligados a una atención personalizada-, lo que puede contribuir a generar y/o consolidar dinámicas de polarización del empleo, como bien se explica aquí.
Éste índice también permite examinar la magnitud del problema en términos comparados. La proporción de ocupaciones con un IRR alto nos habla de la menor o mayor vulnerabilidad de la estructura productiva de cada país, en tanto que refleja la medida en que se nutre del tipo de actividades que cuentan con peores expectativas de futuro. En el caso de España el diagnóstico no invita a ser optimistas, ya que se sitúa junto a otros países del sur de Europa en la cabeza con uno de los valores más altos.
Figura 2. Peso de las ocupaciones con IRR alto* en diferentes países, 2014TI-TII (% sobre el total)
* Ocupaciones con un valor localizado en el cuarto cuartil de la distribución.
Fuente: elaboración propia a partir de datos de la EU-LFS, EWCS, PIAAC y ONET.
Este diagnóstico se alinea con el de Bowles, que reprodujo en el caso de Europa los análisis del trabajo de Frey y Osborne y observó que existe una división entre el norte y el sur del continente, contando los segundos con una proporción mayor de empleos en riesgo potencial de desaparición. Estos suelen contar también con unas tasas de pobreza y desigualdad mayores, motivo por el que parece razonable señalar a la existencia de estructuras productivas débiles intensivas en bienes y servicios de baja productividad- como causa y origen de algunos de los problemas estructurales de la economía y el mercado de trabajo. Un aspecto en el que profundizan en este libro.
Pero el empleo no solo se distribuye de forma desigual entre países, sino también dentro de cada uno de ellos. Por eso finalmente muestro que en España son los hombres, los inmigrantes y especialmente las personas con un nivel educativo bajo quienes más se emplean en el tipo de ocupaciones más vulnerables. Esto indica que, de entre los ocupados no considero aquí a las personas que no trabajan-, son ellos quienes cuentan con unas expectativas laborales peores.
Tabla I. Valor del IRR para diferentes perfiles de ocupados en España, 2014TI-TII
Fuente: elaboración propia a partir de datos de la EU-LFS, EWCS, PIAAC y ONET.
En resumen, fenómenos como el cambio tecnológico y en el comercio internacional favorecen la destrucción de determinados empleos e impulsan la creación de otros. Sin embargo, no deberíamos conformarnos con beneficiarnos de sus potencialidades. Profundizar en este tipo de análisis puede resultar útil también para minimizar algunos de los riesgos que entrañan.
Al conocer cuáles son las ocupaciones y colectivos más vulnerables disponemos de una información adecuada para orientar la serie de intervenciones con que se trata de ajustar las necesidades de la oferta a los cambios en la demanda: a través de políticas activas, de reciclaje, preventivas, etc. Una estrategia dirigida a tratar de minimizar los riesgos de algunos de los principales retos a los que tenemos que hacer frente hoy día en el mercado de trabajo, y que permite compensar su impacto negativo y aliviar algunas tensiones que, de otro modo, pueden alimentar respuestas políticas indeseadas.
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