Miércoles, 7 de octubre de 2026
MOMENTO ESPAÑA

Por qué Sánchez ha elegido ahora las elecciones

Para el analista político Eduardo Bayón, el adelanto llega cuando la vivienda concentra la principal preocupación ciudadana y el bloque progresista necesita movilizar a un electorado más reticente a acudir a las urnas. La apuesta de Sánchez consiste, a su juicio, en convertir el 29N en una elección sobre el bloqueo a las políticas sociales antes de que el desgaste del Gobierno domine la campaña.

Eduardo Bayón Eduardo Bayón 7 de octubre de 2026
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Moncloa. | Francesco Militello Mirto / Zuma Press / Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Moncloa. | Francesco Militello Mirto / Zuma Press / Europa Press
A las nueve de la mañana del pasado lunes, en las escalinatas del edificio del Consejo de Ministros, Pedro Sánchez anunció la convocatoria de elecciones generales para el 29 de noviembre, tras cocinar la decisión a lo largo del fin de semana. La precipitación de acontecimientos se produce después de la votación del viernes en el Congreso, en la que PP, Vox y Junts impidieron la convalidación de los dos decretos de vivienda nacidos del desahucio de Maricarmen. La lectura inmediata muestra que el presidente del Gobierno ha disuelto las Cortes Generales en el mejor momento posible que se atisbaba de aquí a julio de 2027. Las movilizaciones por la vivienda y la tensión electoral atesoran una oportunidad para el bloque progresista de activar a un electorado que hasta ahora se ha mostrado "dormido" en las encuestas.

Que se vote sobre el bloqueo a las políticas sociales

El malestar generado entre sectores progresistas por el rechazo a los dos decretos de vivienda permite poner el foco en esta cuestión a modo de ejemplo sobre los dos modelos en contienda, el del bloque de la derecha y el del actual Gobierno de coalición. Además, evita que las elecciones versen en exclusiva sobre la gestión del Ejecutivo y el desgaste que este pueda acumular tras ocho años. En este sentido, el 29N funciona de otra manera, por las razones que se exponen a continuación. La primera de ellas es el momento elegido, marcado por la vivienda. No son solo los hechos de las últimas semanas: esta problemática encabeza el barómetro del CIS desde hace casi dos años. En enero la citaba el 42,6% de los encuestados y en mayo ascendía hasta el 48,8%, su máximo histórico. Hace quince años, lo que concentraba la preocupación de la ciudadanía era el desempleo; hoy es tener una casa, y entre los jóvenes la preocupación es aún mayor. Ningún otro asunto reúne a la vez tanta preocupación, tanta movilización en la calle y una votación parlamentaria tan reciente que la represente.

"Ningún otro asunto reúne a la vez tanta preocupación, tanta movilización en la calle y una votación parlamentaria tan reciente que la represente"
La segunda razón es la propiedad del tema. Las campañas acostumbran a ganarlas quienes consiguen que se vote sobre los asuntos en los que el electorado les considera más creíbles, más próximos a sus posicionamientos y mejores gestores de esa problemática. La vivienda es uno de los asuntos en los que la posición del Gobierno —protección frente a los desahucios, contención de los alquileres, límites a los fondos— coincide con la de la mayoría social que estas semanas se constata en las calles y en los datos. La alternativa del PP, menos impuestos y más oferta de mercado, no responde a la urgencia de quien tiene una orden de desahucio para el mes que viene. Por el contrario, en inmigración o en la crisis de Ceuta, la conversación favorece a la derecha.

La tercera razón es la atribución de responsabilidades. Partir el paquete en dos decretos tenía como objetivo asegurar la aprobación del primero, con las medidas más básicas, tras el impacto del desahucio de Maricarmen y la acampada en Sol. El rechazo final a ambos, propiciado por Junts en una votación nominal, ofrece un registro de quién votó contra la protección frente a los desahucios hasta 2030 y contra los límites a las compras especulativas. Lo ocurrido el pasado viernes en el Congreso permite al Ejecutivo plantear una elección retrospectiva sobre la oposición, al atribuirle la responsabilidad de la falta de medidas sobre la vivienda. Así, la pregunta pasa a ser quién lo ha impedido.

A todo ello se suma la decisión del Gobierno de volver a aprobar los dos decretos en el Consejo de Ministros para que entren en vigor de inmediato y se convaliden en la Diputación Permanente, cuya aritmética, con las Cortes disueltas, no requiere el apoyo de Junts. Se abre así un escenario en el que la vivienda no solo inaugura la campaña, sino que volverá a votarse en mitad de ella, mientras las movilizaciones y la acampada en Sol siguen su curso.

Una carrera todavía abierta

Las encuestas publicadas antes de la convocatoria muestran a una derecha hipermovilizada, lo que se traduciría en una clara mayoría parlamentaria. Ahora bien, conviene analizar todos los datos que ofrecen, porque la foto no es tan sencilla como se intuye a primera vista. El bloque progresista no ha perdido terreno porque sus votantes se hayan trasladado a la derecha. No es tanto que el electorado que en 2023 se decantó por el PSOE o por Sumar tenga ahora intención de votar al PP o a Vox, sino que una parte de él se muestra reticente a acudir a las urnas. Conviene recordar en este punto que se trata de barómetros realizados antes del anuncio de elecciones y que, por tanto, la pregunta carecía de una fecha concreta.

"El bloque progresista no ha perdido terreno porque sus votantes se hayan trasladado a la derecha"
La prueba de que las formaciones que conforman el Gobierno conservan capacidad para revertir las encuestas se encuentra en los propios datos brutos que estas ofrecen. Cuando se pregunta directamente a los entrevistados por su intención de voto, el PSOE aguanta mucho mejor de lo que reflejan los titulares o las estimaciones de las propias casas demoscópicas. El problema de la izquierda, por tanto, no es de preferencia, sino de intensidad.

Ese es precisamente el terreno que la convocatoria busca transformar en el contexto de las movilizaciones por la vivienda. La ventaja de la derecha en los sondeos, construida sobre la abstención del adversario, puede resultar mucho más frágil que una construida sobre la conversión de sus votantes, porque depende de la desmovilización. En esa línea, la caída de los decretos de vivienda, con el asunto que más preocupa a los españoles derrotado por la suma de PP, Vox y Junts, es exactamente el tipo de episodio capaz de generar en el votante el estímulo de acudir a las urnas para que su participación influya en la realidad política y social del país.

El precedente invita a no dar nada por cerrado. En julio de 2023, Sánchez adelantó las generales tras perder las autonómicas y municipales, con las encuestas augurando una derrota holgada, casi un futuro escrito e inevitable, y los socialistas acabaron por encima de lo que les daban casi todas. En aquella ocasión, la idea de cambio se invirtió. Aquel resultado no se explica por votantes que la izquierda le ganara a la derecha, sino más bien por electores propios que decidieron volver a participar y respaldar a los partidos del Gobierno. La pregunta de estas semanas vuelve a ser, en el fondo, la misma: si la vivienda consigue que quienes todavía se dicen progresistas se movilicen y participen como tales el 29 de noviembre. Si lo hacen, la carrera electoral estará abierta.

"La ventaja de la derecha en los sondeos, construida sobre la abstención del adversario, puede resultar mucho más frágil que una construida sobre la conversión de sus votantes"
Hay, además, una variable que no se juega en España. Veintiséis días antes del 29N, Estados Unidos celebra sus elecciones de medio mandato, a las que los demócratas llegan varios puntos por delante en intención de voto al Congreso y con la aprobación de Donald Trump por debajo del 40%. Una derrota clara del trumpismo rompería la sensación de ola reaccionaria inevitable sobre la que se relata buena parte del relato conservador, y demostraría que esa ola puede frenarse en las urnas. Hay otra alternativa: que el presidente se niegue a reconocer un resultado adverso, lo que, con el asalto al Capitolio de enero de 2021 como precedente, devolvería al centro del debate el eje democrático, que sigue activando al electorado progresista. Para un bloque cuyo problema es esa intensidad, noviembre puede traer desde fuera otro estímulo agregador.

Convocar cuando todavía se puede elegir

Nada de lo expuesto garantiza la victoria del bloque de la izquierda, pero la contienda sí se desarrollará en el terreno más favorable de los posibles. Las alternativas pasaban por unos presupuestos que caerían en el terreno de Junts o por nueve meses de imposibilidad parlamentaria para sacar adelante políticas de calado social. Frente a esos escenarios, Sánchez ha elegido votar sobre el asunto que más preocupa a los españoles, la vivienda, con un adversario retratado en una votación nominal, con la calle todavía movilizada y con unos partidos de la derecha a los que la decisión les cambia el ritmo. Por todo ello, el momento responde a aquel en el que la elección todavía versa sobre algo más que el desgaste de gobernar. Queda por saber si quienes se han activado a favor de la vivienda, en las plazas y en sus casas, ante las imágenes del desahucio de Maricarmen y de la acampada de Sol, llenarán también las urnas. Lo que sí parece claro es que Sánchez ha visto la oportunidad del momento.
Eduardo Bayón
Eduardo Bayón
Analista político y consultor en comunicación pública
Autor del libro 'Lucha de tribus' (La Esfera de los Libros, 2024), en el que analiza las dinámicas identitarias y emocionales del debate político contemporáneo. Colabora habitualmente en medios de comunicación y es docente en programas de posgrado en comunicación política y asuntos públicos.
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