Es imposible saber la dimisión de Mazón es el principio del final o final del principio de un caso del que se deberían extraer enseñanzas de todo tipo. El caso derivó en un sainete sin gracia, que evidencia fallos multiorgánicos en nuestros partidos, las administraciones y la formación de la opinión pública. Merece la pena, por tanto, entrar a valorar qué ha fallado desde el punto de vista de la administración para señalar responsables, víctimas y detectar sistemas que no funcionan como deberían.
La responsabilidad de Mazón
Delimitemos la parte de responsabilidad del president desde la perspectiva política. Carlos Mazón fue responsable de nombrar
una consejera a cargo de emergencias, la cual no supo ver la emergencia —valga la redundancia— y quedó paralizada ante lo que se venía encima. No se atrevió a hacer lo que tenía que hacer, en ejercicio de sus competencias,
ni a tomar las decisiones que debió tomar si no encontraba al president. No divisó que ante lo que se avecinaba tenía que tomar la iniciativa y luego informar a Mazón. Así varias horas,
con resultado de desastre. "La acción es la piedra de toque en que se reconoce al verdadero político", escribió Louis Barthou.
"Carlos Mazón también fue responsable de tener una administración desorganizada e inútil: las imágenes del CECOPI muestran un gran desorden"
Mazón también fue responsable de tener una administración desorganizada e inútil. Las imágenes de la reunión del CECOPI (el Centro de Coordinación Operativa Integrada) muestran desorden. Aceptando que los técnicos supieran la dimensión de lo que se avecinaba, se anulaban unos a otros. La consejera estaba abrumada por su incapacidad para poner orden en la reunión así como en sus ideas. Lo de los uniformes funcionales en la sala era de traca, a una reunión se va con indumentaria formal, no jugando a los soldados (como ironizó Azaña en sus memorias).
Una Administración no puede depender de que el número uno tome las decisiones y esté en el lugar. Y si está en Nueva Zelanda, ¿qué? La Administración
debe funcionar automáticamente según procedimientos establecidos y responsables claros. De lo contrario,
estaríamos ante uno de los monólogos de Gila, como ese ¿es la guerra?, más o menos: "Oiga, ¿está el jefe?, ya bueno, es que nos atacan, es para preguntarle qué hago, bueno,
cuando le vea dígale que me llame".
Además, hay que hablar de los responsables "elípticos". Aquellos quienes han montado comités multitudinarios incapaces de poner orden en sus reuniones,
como ahora cuando aparece una reunión del comité de crisis del Gobierno —presidida por la vicepresidenta María Jesús Montero— y resulta que no hay actas. En el momento que se diseñan organismos se debe pensar en cómo serán eficaces, no en meter a todo el mundo.
El derecho administrativo no es cajón de sastre, está para organizar, como mostraba el recordado Alejandro Nieto en
La organización del desgobierno (Editorial Ariel).
Mecanismos de demolición de las personas
Entre las víctimas morales se encuentra, sin duda,
el teniente general Gan Pampols, que
creyó que podía poner orden. Sería muy conveniente y útil que escribiera sus experiencias sobre las Administraciones Civiles y
la interferencia de los políticos. Tiene que sentirse utilizado. Más importante aún cuando
Mazón en su despedida ha dejado colgando varias interrogantes sobre la relación entre administraciones. "Me da" que no son del todo bulos y, desde luego, la relación entre Administraciones fue un desastre que ha ralentizado la reconstrucción del sur del Área Metropolitana de Valencia.
Y Maribel Vilaplana ("la periodista", en esas palabrejas en este contexto detecto retintín), víctima de quedar a comer con un presidente autonómico un mal día… y de ser mujer.
Lo que se está sugiriendo de ella es repulsivo y machismo de la peor especie. Nada de lo que se dice se dejaría caer si fuera hombre. Comidas de cuatro horas las hemos tenido todos si no teníamos nada que hacer por la tarde, acompañar al coche a un contertulio lo hemos hecho todos.
No entiendo cómo las feministas no ponen pies en pared con este tratamiento. O sí, no sé. Hay que insistir en que l
o relevante fue que mientras la consejera no localizó al presidente, esta se quedó paralizada y no supo tomar las decisiones oportunas.
Otra víctima moral y material es el antiguo director general de la Radio Televisión Valenciana. Pera justificar la entrevista anterior se filtró que Mazón ofreció a Vilaplana su dirección, que rechazó.
Una semana después, el aludido dimitió —su única salida digna tras la filtración—.
De la exigencia de responsabilidad política y los partidos
En España, los partidos han colapsado, este caso es una de las consecuencias más refulgentes. Se acepta sin discusión que solo el presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, podría
indicar a Mazón la puerta de salida. Del discurso de Mazón se deduce, incluso, que le impidió dimitir. El español es un modelo de "partido lámpara", como esas antiguas de brazos y colgantes de cristal, todos colgados de la escarpia del techo.
Es el modelo que se ha impuesto. En las reuniones de las ejecutivas o en los estrados de las reuniones de los parlamentos internos (Junta Directiva o Comité Federal, PP y PSOE, respectivamente) aparecen personas por la sola voluntad del jefe, nadie los ha elegido: simplemente están.
Se ha asumido como natural esta forma de funcionamiento de la política por cooptación.
"En España estamos ante partidos bloqueados, incapaces de tomar las decisiones imprescindibles para la supervivencia de las propias formaciones políticas y sus cuadros"
En partidos sanos —no es el caso de los españoles—, la responsabilidad de los dirigentes y las ejecutivas se sustancia en parlamentos internos. Es decir, en una especie de comisiones permanentes de los congresos, con reuniones periódicas —trimestrales o semestrales— y votación de la gestión. Tales cosas quedaron en desuso hace lustros.
La Junta Directiva del PP de Valencia está compuesta por cargos públicos o aspirantes a serlo —más abajo se detalla su composición—. Saben desde hace meses que con Mazón sus cargos y retribuciones están en peligro.
Con las encuestas recientes saben incluso que un tercio perderá sus puestos si sigue Mazón. Lo echarían si pudieran votarlo (para botarlo). Pero estamos ante partidos bloqueados, incapaces de tomar las decisiones imprescindibles para su supervivencia —del partido y de sus cuadros—. Simplemente, a los dirigentes les conviene que no funcionen.
Quienes admiten esto dentro de los partidos también son responsables al permitir esta deriva que hacía más cómoda una política basada en "lo que quiera el jefe". En este caso, en el pecado llevarán la penitencia. Lo que ha ocurrido parece haber degenerado a partir de un cambio de criterio de Feijóo y una reunión de los presidentes provinciales del PP.
Una forma de funcionamiento que revela un partido gripado, o sea,
inservible como instrumento político más allá de elaborar listas "por cooptación". Otra variante archiconocida de este tipo de funcionamiento fue el caso Nevenka, los vicios son ya viejos. Siempre me ha sorprendido que nadie se preguntara cómo apareció en el número tres de la lista del PP de Ponferrada.
Lo lógico sería que los mecanismos del partido —de todos los partidos— funcionaran, pero están bloqueados por el cesarismo que se ha impuesto en cada una de las formaciones políticas.
Si el PP regional no puede desatascarse, el presidente y el secretario general nacional deberían tomar la iniciativa de convocar a la Junta Directiva Regional y dar una salida "democrática" mostrando que su partido sirve para algo. Si esta Junta Directiva del PP en Valencia se reuniera y votara,
seguro que Mazón hubiera acabado por dimitir antes. Y los dirigentes del PP hubieran encontrado una salida consensuada. Lo que resulta es una batalla entre tinieblas.
En fin…
Pretender seguir en política con 237 fallecidos encima de la mesa es una desvergüenza,
apoyar su continuidad, un desatino en el que acaban acercándose a la célebre frase de Mariano Rajoy: "Ese de quien me habla". Teniendo en cuenta la generalizada confusión entre Feijóo y Rajoy, a Feijóo no le convendría. Solo cabe dar el pésame a las familias.
Por último, un anexo. La Junta Directiva Regional del PP en Valencia, como todas las del PP, está compuesta por cargos públicos en su inmensa mayoría:
los parlamentarios autonómicos y nacionales, los
portavoces municipales y
presidentes locales del partido —normalmente alcalde o portavoz— en las capitales y ciudades de más de 50.000 habitantes, y unos cuantos de las menores, el
delegado del Gobierno si es del PP, los miembros de la Junta Directiva Nacional representantes de Valencia —todos cargos públicos— y unos cuantos más cargos municipales, del partido y de Nuevas Generaciones —para que aprendan malas mañas—, en fin, cargos públicos o aspirantes a serlo. Salvo un puñado, podemos estar seguros de que
ninguno quiere desembocar en las elecciones soportando a Mazón.