

"Chile vivió una esclerosis del sistema político, que perdió su flexibilidad y capacidad de adaptación, llevándolo al estadillo de una fuerte crisis social"Sin embargo, este motor se "congeló". El sistema electoral binominal, implementado en 1990, si bien consiguió asegurar estabilidad durante los cuatro Gobiernos de la Concertación (1990-2010), detuvo esta tendencia histórica al incentivar una convergencia forzada hacia el centro entre las dos grandes coaliciones que condujeron el proceso de transición. El resultado fue una "esclerosis" del sistema político, que perdió su flexibilidad y capacidad de adaptación. Al romperse este patrón, la presión social acumulada durante años, evidenciada en las movilizaciones estudiantiles de 2006 y 2011, no encontró canales institucionales para ser procesada y terminó explotando fuera de ellos. Esta esclerosis institucional no solo acumuló presión; también alimentó la desconfianza y la indiferencia que se arraigó en el tejido social.
"El Estallido Social no se trató de una expresión de pura marginalidad y lumpen, pero evidenció una grave falla de reproducción de cultura democrática."El estallido chileno fue una fractura multidimensional —política, histórica, social y subjetiva— que no solo cuestionó un modelo de desarrollo, sino el pacto social en su totalidad, con fuerte adherencia en los ecosistemas de la marginalidad urbana. No se trató de una expresión de pura marginalidad y lumpen, pero evidenció una grave falla de reproducción de cultura democrática.

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