Martes, 28 de julio de 2026
A PLUMA Y ESPADA

La venganza del clima: crisis de tierras infinitas

"Quién gobierna a quién" se pregunta el periodista Victor Guillot en su columna semanal mientras miles de hectáreas han ardido y arden en España. El fuego, además de catástrofe, se ha convertido en un territorio donde se pone a prueba la capacidad de control y coordinación de los gobiernos autonómicos y del Estado. Pero no solo es política inmediata. La venganza del clima —olas de calor, incendios, inundaciones— recuerda que la naturaleza moldea gobiernos y sociedades. "Terremotos, huracanes o volcanes han incidido históricamente en el equilibrio de poder" afirma el autor.

Víctor Guillot Víctor Guillot 18 de agosto de 2025
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Confinan más de 30 municipios en Ourense por la evolución de los incendios forestales. | Rosa Veiga / Europa Press / ContactoPhoto
Confinan más de 30 municipios en Ourense por la evolución de los incendios forestales. | Rosa Veiga / Europa Press / ContactoPhoto
Quién gobierna a quién. Eso es lo que estamos contemplando en estos momentos, mientras arden miles de hectáreas en Orense, Asturias, León, Zamora, Ávila, Madrid, Cáceres o Badajoz. Este domingo, 14 comunidades se encuentran en alerta amarilla mientras Galicia y Castilla y León se enfrentan a 41 incendios simultáneos "fuera de la capacidad de extinción de cualquier operativo". El fuego ha dejado de ser una catástrofe y ha pasado a ser un territorio geográfico donde se pone a prueba el control de daños de los diferentes niveles de la administración pública. Estamos en el territorio de lo imposible, una tierra de crisis infinitas. A pesar de la grandilocuencia de la frase, que debería motivar la coordinación de todos los ejecutivos, en la España de las autonomías se juega otra vez el balón de la responsabilidad política sustanciada en la capacidad de sus gobiernos para la prevención y la gestión de los incendios

"En el fuego se disputa la responsabilidad y la capacidad política entre presidentes autonómicos del Partido Popular y el Gobierno de España"
Gobernar el fuego. En el fuego, ese elemento consustancial a la evolución de la humanidad, con referencias atávicas y mitológicas, se disputa la responsabilidad y la capacidad política entre presidentes autonómicos del Partido Popular y el Gobierno de España. Con fuego se ha encendido la pira en la que pueden arder Rueda, Mañueco, Ayuso y Guardiola pero también Grande Marlaska, Margarita Robles o Sara Aagesen. Fuego es el que separa a Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez. 


Quién gobierna a quién, quién gobierna qué, ese es el nuevo escenario político que nos ofrece el fuego. Según el art. 43 de la Ley de Montes, las CC. AA. tienen la competencia exclusiva de la gestión de montes. Mientras el presidente del PP reclama más efectivos militares al gobierno central, el gobierno del PSOE espera la solicitud de la declaración de emergencia de los ejecutivos autonómicos del PP en sus territorios. El fuego reverbera los efectos políticos de la pasada dana de noviembre en Valencia que ha puesto en jaque a los populares y, sobre todo, a su máximo líder, Alberto Núñez Feijóo. Nadie, en estos momentos que arde media España, quiere ser Mazón y terminar chamuscado.


Pensar el fuego. En estos momentos, 1.400 militares de la UME piensan el fuego junto a miembros de Protección Civil, alcaldes, concejales, vecinos. Los incendios y las danas se han convertido durante la última década en un proceso climatológico de orden sistémico. La venganza del clima ya está aquí. Ya no se trata de un acontecimiento. Pertenece a la nueva normalidad a la que llegamos a dar nombre y forma tras la pandemia de 2020. Normalizar los hechos extraordinarios implica racionalizarlos, descubrir su patrón, su método, su pensamiento, y también es tener el poder de actuar sobre ellos, poder tecnológico que, en definitiva, condensa el poder político. 


"Normalizar los hechos extraordinarios implica racionalizarlos, descubrir su patrón, su método, su pensamiento, y también es tener el poder de actuar sobre ellos, poder tecnológico que, en definitiva, condensa el poder político"
En 2025 nadie, salvo los negacionistas, desvincula las danas, las olas de calor, las inundaciones, los incendios masivos y las desertizaciones del cambio climático que es la manera en la que el planeta responde a la influencia del hombre sobre el orbe desde la revolución industrial. Podemos afirmar que la conciencia política y moral prendió globalmente en la sociedad hace más de dos décadas, a partir del llamamiento internacional que hizo el exvicepresidente norteamericano Al Gore, tras su derrota electoral ante George W. Bush, cuando alertó al mundo, en el documental "Una verdad incómoda", que la humanidad tendría un serio problema en el nuevo siglo, convulso y recental. Gore había visto antes que nadie la venganza del clima, una verdad algo más que incómoda. Después de la amenaza del terrorismo, después del estallido de la burbuja inmobiliaria, después de la pandemia, la segunda guerra del Golfo, después del genocidio, después de la guerra en Ucrania, la geografía también ejecutaba su venganza. 


A lo largo de estos primeros 25 años hemos ido observando como las costuras de la democracia liberal se han ido tensando y en algunos casos roto, como consecuencia de todos estos factores. Paradójicamente, la historia del racionalismo político, ya sea desde una perspectiva material o idealista, no ha tenido en cuenta el factor que ha jugado la naturaleza en la conformación de estructuras políticas, no ha sabido estar suficientemente atenta, cuando no ha ignorado su incidencia en el análisis de la historia política de Occidente y, particularmente, de sus democracias liberales. Y es cierto: los terremotos, las pandemias, los huracanes, los volcanes, las olas de calor, las sequías son, además, factores que interactúan en la vida política, envueltos por una membrana institucional que conecta al ciudadano con su entorno, de un modo similar a las crisis económicas, las revoluciones o las guerras. Cuanto más sólida sea esa membrana, menor incidencia tendrán los desastres naturales en los cambios políticos. Cuanto más fuertes son las instituciones democráticas, cuanto más leales sean entre sí, menor daño ocasionará la venganza del clima. 


"Cuanto más fuertes son las instituciones democráticas, cuanto más leales sean entre sí, menor daño ocasionará la venganza del clima"
En el año 464 a.C., un fuerte terremoto devastó Esparta, dejando más de 20.000 muertos y gran parte de la ciudad en ruinas. En medio del caos, los ilotas (esclavos sometidos por los espartanos) se rebelaron en un conflicto conocido como la Rebelión Ilota. La gravedad de la situación llevó a Esparta a pedir ayuda a otras ciudades-estado, incluida Atenas, pero la desconfianza entre ambas llevó a que los espartanos rechazaran la asistencia ateniense. El terremoto no solo tensó las costuras entre Atenas y Esparta, sino que también aceleró la formación de bloques opuestos en Grecia, con Atenas liderando la Liga de Delos y Esparta consolidando su influencia en la Liga del Peloponeso. Se ponía a prueba la capacidad de control de daños, la potencia interna de las dos ligas. A medida que las diferencias entre sus sistemas políticos y visiones estratégicas se profundizaban, las ciudades-estado griegas comenzaron a alinearse en torno a estas potencias, intensificando las rivalidades. Este proceso desencadenó una serie de conflictos menores y tensiones acumuladas que finalmente estallaron en la Primera Guerra del Peloponeso (460-445 a.C.), un preludio a la guerra total que marcaría el siglo siguiente.


2.500 años después, observamos como la catástrofe natural vuelve a ser un vector decisivo en la conformación de las fuerzas políticas en las diferentes democracias liberales. Se está produciendo un extraordinario cambio social y psicológico justo delante de nuestros ojos. Como diría Slavo Zizek, "lo imposible se está volviendo posible". El cine de catástrofes de Roland Emerich se ha convertido en una profecía autocumplida que nos explica que las leyes no están hechas para gobernar lo imposible. Quizá ese sea el valor epistemológico que esconde el séptimo arte, un particular laboratorio donde se ponen a prueba los escenarios más improbables. Un acontecimiento experimentado por primera vez como imposible pero no real, se vuelve real pero ya no imposible. Algo se ha normalizado. La brecha que hace factible estas paradojas es la que existe entre conocimiento y creencia: sabemos que la catástrofe ecológica es posible, probable incluso, pero no creemos que realmente suceda. Y en cualquier caso, lo que sí es evidente es que resulta regulable. Y en esa puerta entra la política y, particularmente, el arte de gobernar.


El terremoto más mortífero de la historia se produjo en la región de Shaanxi en la mañana del 23 de enero de 1556, con más de 830.000 víctimas según la estimaciones de la época. Devastó grandes áreas bajo el control de la dinastía Ming que profundizó las tensiones entre la población y un gobierno ya debilitado por problemas económicos y administrativos. La incapacidad de los Ming para gestionar adecuadamente la recuperación tras el desastre contribuyó al deterioro de su legitimidad. Y si bien la caída definitiva de la dinastía Ming ocurrió casi un siglo después, en 1644, el terremoto puede verse como uno de los primeros factores climáticos que marcaron el inicio de su declive. Este desastre, al reducir significativamente la población y los recursos en regiones clave, agravó la fragilidad económica y social del imperio. Aunque no fue el factor determinante, su impacto, sumado a décadas de corrupción, revueltas internas y presiones externas como la invasión manchú, ayudó a preparar el terreno para el colapso de la dinastía y el ascenso de la dinastía Qing.

"Lo que sí es evidente es que la catástrofe ecológica es regulable. Y en esta puerta entra la política y, particularmente, el arte de gobernar"
En la gestión de los desastres naturales se pone a prueba la legitimidad de los gobiernos. El clima juega con los gobiernos si los gobiernos no actúan con legitimidad. Conviene tener presente que la venganza del clima trasciende más allá de cualquier modelo de gobierno y de cualquier partido. Si el clima, tal como hoy lo observamos, incontrolado e incontrolable hace honor al inteligentísimo título de "Lo imposible", el Estado ha de actuar como lo que es, un Leviatán. El terremoto de Lisboa de 1755, seguido de un tsunami y devastadores incendios, destruyó gran parte de la ciudad y causó más de 50.000 muertes. Este desastre no solo fue una tragedia humana, sino también un golpe profundo al absolutismo portugués y a la autoridad de la Iglesia, que fueron percibidos como incapaces de gestionar la crisis. La venganza de la geografía generó un clima de incertidumbre que demandaba una respuesta eficaz y decisiva. En este contexto surgió la figura de Sebastião José de Carvalho e Mello, más conocido como el Marqués de Pombal, quien lideró la reconstrucción de Lisboa con medidas autoritarias pero modernizadoras. Su enfoque, basado en principios racionalistas e ilustrados, marcó un cambio en el modelo político, fortaleciendo un Estado centralizado y reduciendo el poder tradicional de la aristocracia y el clero. El monstruo, casi siempre, forja sus límites superando con inteligencia la peor adversidad. Y aunque no transformó por completo el absolutismo, el terremoto y la respuesta de Pombal fueron un punto de inflexión en la evolución política de Portugal.


La venganza del clima es la venganza de la geografía. En 2012, el periodista Robert Kaplan advirtió en su principal ensayo, de título homónimo, que la revolución digital podría hacernos pensar que ya no era necesario seguir pensando en la geografía para hablar del poder, devolviendo a la ciudadanía una mirada más simple si no más plana del mundo. Pero la geografía sigue presente. Lo vemos en Alaska, tras la reunión entre Putin y Donald Trump, lo vemos en China, influyendo en el corredor del Pacífico o diseñando la Nueva Ruta de la Seda. La tecnología, nos dice Kaplan, genera nuevas tensiones que siguen reposando en un marco geográfico. Y el cambio climático también. Mares, ríos y montañas, inundaciones y sequías, vuelven a ser decisivas en la conformación de los gobiernos. Lo fueron antes como lo son ahora


"El cambio climático vuelve a repartir cartas entre los países y los partidos políticos. No será la primera vez que alimenta revoluciones o instala nuevas hegemonías"
El cambio climático vuelve a repartir cartas entre los países y los partidos políticos. No será la primera vez que alimenta revoluciones o instala nuevas hegemonías. Los mapas cambian constantemente, al albur de los rayos del sol, el quebrantamiento de la tierra, la fuerza de los vientos o las lluvias torrenciales. Y también los volcanes. La erupción del volcán Laki en Islandia, ocurrida entre 1783 y 1784, liberó enormes cantidades de dióxido de azufre, causando cambios climáticos significativos en Europa. Las temperaturas descendieron, y las malas cosechas resultantes desencadenaron una hambruna masiva que afectó gravemente a la población. Este desastre natural tuvo un impacto social y económico devastador, especialmente en Francia, donde exacerbó las tensiones existentes entre la población y el gobierno. En el contexto francés, la hambruna y el encarecimiento de los alimentos profundizaron el descontento social hacia la monarquía, cuestionada entonces por su incapacidad para atender las necesidades básicas del pueblo. Aunque no fue el único desencadenante, la crisis alimentaria generada por el Laki fue un factor importante que, junto a problemas económicos, políticos y sociales acumulados, preparó el terreno para la Revolución Francesa en 1789.


Geografía y economía, geografía y política. Probablemente, sin el "temblor del 85", el terremoto que asoló México D.F, hoy no existiría el partido Morena. Fue su líder, Miguel de Lamadrid quien sucedió al presidente López Portillo en México y quien heredó un país dañado económicamente a finales de los años 80. El "temblor del 85" dejó un surco en la conciencia de los mexicanos. Permitió que los líderes del 68 se agruparan y abanderaran diferentes causas sociales tras el terremoto. Una tragedia de gran magnitud que desveló la ausencia de una cultura de la protección civil y de un centro de gestión de desastres. Estos factores, sin duda alguna, sirvieron para que Cárdenas formara el PDR y se posicionara a partir de 1987 en gobiernos y cámaras locales y regionales. 


El huracán Katrina, que en 2005 devastó Nueva Orleans y la región del Golfo, dejó más de 1.800 muertos y causó daños multimillonarios, convirtiéndose en uno de los peores desastres naturales en la historia de Estados Unidos. La respuesta al desastre, liderada por la FEMA (
Federal Emergency Management Agency), fue ampliamente criticada por su lentitud e ineficacia, exponiendo fallas graves en la preparación y coordinación del gobierno federal. Michael Brown, entonces director de FEMA, fue señalado por incompetencia y dimitió en medio del escándalo.

Como ya recordamos aquí, con motivo de la dana de Valencia, a lo largo de la historia política y social, hemos podido comprobar en numerosas ocasiones que las imágenes retransmitidas de las catástrofes naturales enmascaraban realmente una tragedia de orden político. Uno de los ejemplos que ha quedado grabado en la retina de Occidente fueron los estragos y muertes que, precisamente, ocasionó el huracán Katrina en Nueva Orleans. Catástrofe que David Simon,
showrunner de la magistral The Wire, dejó registrada en la serie Treme. "No es una catástrofe natural, ha sido una catástrofe humana, una tragedia política", afirmaba el venerable profesor de literatura Creighton Bernette, interpretado por John Goodman, ante el reportero de televisión encarnado por un Kevin Spacey alejado de su propia catástrofe personal, al comienzo del primer capítulo. 

"El impacto político de Katrina fue significativo. La mala gestión erosionó la confianza pública en la administración de George W. Bush, afectando su reputación y debilitando al Partido Republicano"
El impacto político de Katrina fue significativo. La mala gestión erosionó la confianza pública en la administración de George W. Bush, afectando su reputación y debilitando al Partido Republicano. Este descontento contribuyó al mal desempeño del partido en las elecciones de mitad de mandato de 2006, donde los demócratas recuperaron el control del Congreso. El desastre y su gestión dejaron una marca imborrable en el legado político de Bush, simbolizando la incapacidad gubernamental frente a una crisis de gran magnitud.


El 11 de marzo de 2011, la ciudad de Fukushima se vio sacudida por el que se conocería como el gran terremoto del Japón oriental (Tohoku). A continuación, un tsunami devastador con olas de más de diez metros causó la muerte de más de 18.000 personas, provocando el colapso parcial de la central nuclear de Fukushima. Este desastre desencadenó una crisis de salud pública y medioambiental que puso a prueba la capacidad del gobierno japonés. La respuesta oficial fue lenta y opaca, lo que generó una fuerte indignación entre la población.


El primer ministro Naoto Kan asumió la responsabilidad política ante las crecientes críticas y presiones del parlamento japonés. Su cabeza rodó cinco meses después, en agosto de 2011. La tragedia de Fukushima no solo dejó un profundo impacto humano y medioambiental, sino que también marcó un punto de inflexión en la política japonesa. Expuso la necesidad de reformas en la gestión de emergencias y en la regulación de la energía nuclear, temas que todavía continúan dominando el debate público.


Está escrito a pluma y espada el auge y caída de algunos gobernantes que fueron tan frágiles y efímeros que se forjaron entre las tierras abiertas, sobre las cenizas candentes de un volcán, tras el devenir de las enfermedades que arrojaron la peste o la miseria que emergió tras las inundaciones o el fuego. Comenzamos con Tucídides y terminamos con un reciente desastre medioambiental en la tierra de los helenos. Los incendios forestales de 2021 pusieron nuevamente a prueba la resiliencia del país, evidenciando cómo los eventos naturales sin control continúan moldeando su panorama político. Ese año, incendios masivos arrasaron gran parte de Grecia, especialmente la isla de Eubea, desplazando a miles de personas y dejando una devastación considerable. La respuesta del gobierno fue ampliamente criticada por su ineficacia en la prevención y evacuación, desatando protestas públicas y presiones políticas que desembocaron en la destitución del ministro de Protección Ciudadana, Michalis Chrisochoidis.

"En el momento mismo en que somos lo suficientemente poderosos como para afectar las condiciones más básicas de nuestra existencia, tenemos que aceptar que somos sólo otra especie animal en un planeta pequeño; lo que impone esta aceptación es nuestro propio poder destructivo global"
La tierra ya no es el fondo impenetrable de nuestra actividad productiva, sino que emerge como otro objeto finito que podemos destruir o transformar inadvertidamente para hacerlo inhabitable. Esto significa que, en el momento mismo en que somos lo suficientemente poderosos como para afectar las condiciones más básicas de nuestra existencia, tenemos que aceptar que somos sólo otra especie animal en un planeta pequeño; lo que impone esta aceptación es nuestro propio poder destructivo global. Como afirmó Peter Slotordij, es necesaria una nueva manera de relacionarnos con nuestro entorno, una vez que nos damos cuenta de esto: ya no es un trabajador heroico expresando sus potencialidades creativas y de acuerdo con los recursos inagotables de su alrededor, sino un agente mucho más modesto colaborando con su entorno, permanentemente negociando un nivel tolerable de seguridad y estabilidad.
Víctor Guillot
Víctor Guillot
Periodista y analista político
Periodista y analista político, colaborador en el programa de radio 'Julia en la onda' de Onda Cero. También ha sido director adjunto del diario Nortes. Ha dirigido durante 12 años el Centro de Interpretación del Cine en Asturias y ha publicado, en 2019, el ensayo 'Ceniza a las cenizas, David Bowie y la revolución visual de la cultura pop'.
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