Miércoles, 5 de agosto de 2026
INMIGRACIÓN

No basta con solo condenar: necesitamos otra política migratoria

Carles Campuzano, diputado en el Parlament de Catalunya, advierte sobre el resurgir del racismo violento en España, con ataques recientes en Torre-Pacheco y Piera, que evocan "una realidad que muchos prefieren ignorar". Frente al avance de la extrema derecha, reclama "mejores políticas migratorias y de ciudadanía", porque "el racismo no es solo un problema de los afectados, sino de toda la sociedad".

Carles Campuzano Carles Campuzano 16 de julio de 2025
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Agentes de Policía Local y Guardia Civil durante los altercados en Torre Pacheco. | Martín C. / Europa Press / ContactoPhoto
Agentes de Policía Local y Guardia Civil durante los altercados en Torre Pacheco. | Martín C. / Europa Press / ContactoPhoto
El racismo violento ha vuelto a hacer acto de presencia. En esta ocasión, se ha manifestado en la ciudad murciana de Torre-Pacheco y en la localidad de Piera, en la comarca de Anoia, cercana a Barcelona. En Torre-Pacheco, estamos siendo testigos de ataques perpetrados por grupos de agitadores de extrema derecha contra trabajadores de origen inmigrante, quienes son objeto de amenazas y agresiones que no solo buscan sembrar el miedo, sino también establecer un clima de hostilidad y división en la comunidad. En Piera, se ha producido la quema de un oratorio musulmán, un acto brutal cuya autoría aún no ha sido reivindicada, lo que añade un aire de incertidumbre y miedo entre las comunidades afectadas. A la memoria de muchos de nosotros regresan las imágenes de 1999 de Can Anglada, en Terrassa, y de El Ejido, en 2000, cuando la violencia contra los inmigrantes nos impactó de manera profunda y nos puso cara a cara con una realidad que muchos preferimos ignorar. Han pasado veinticinco años, y las cuestiones de fondo que explican esa violencia siguen presentes, pero de forma aún más preocupante.

"Hace un cuarto de siglo, la extrema derecha era prácticamente inexistente en el ámbito político; sin embargo, hoy tiene una presencia relevante en parlamentos y ayuntamientos, desde donde propaga discursos de odio y racistas"
Hace un cuarto de siglo, la extrema derecha era prácticamente inexistente en el ámbito político; sin embargo, hoy tiene una presencia relevante en parlamentos y ayuntamientos, desde donde propaga discursos de odio y racistas que legitiman la violencia física contra la diversidad e influyen en políticas que atentan contra los más elementales derechos humanos de los inmigrantes y las minorías. Las condenas a estos actos de racismo deben ser rotundas; las actuaciones legales son imprescindibles y deben ir acompañadas de consecuencias políticas serias para las fuerzas de derecha democrática. No podemos permitir que los pactos políticos con la extrema derecha legitimen un discurso que deshumaniza a quienes tienen un color de piel diferente o practican una religión distinta a la mayoritaria. La deshumanización es una amenaza a un valor fundamental de nuestras sociedades: la dignidad de todas las personas, que debe ser defendida por todos. Los discursos en los parlamentos no son palabras vacías que se lleva el viento; al contrario, avivan odios y malestares de todo tipo. Quienes los pronuncian lo saben perfectamente y, en muchos casos, son conscientes del impacto que sus palabras pueden tener en la sociedad.

Ahora bien, el racismo y el discurso del odio contra lo diferente se alimentan de las fallas en las políticas de gestión de los flujos migratorios y de ciudadanía en estos veinticinco años. Un modelo migratorio tan vinculado a la irregularidad administrativa no solo dificulta la integración social de los inmigrantes y sus familias, sino que también frena un crecimiento económico basado en bienes y servicios de alto valor añadido, ya que limita la capacidad de los inmigrantes para contribuir plenamente a la economía y la sociedad. Esta falta de integración no solo afecta a los inmigrantes, sino que también repercute en la cohesión social y en la confianza general que tiene la ciudadanía en las instituciones encargadas de gestionar las migraciones. Si además el Estado abandona a las comunidades autónomas y a las administraciones locales, no financiando adecuadamente las políticas de acogida, integración y ciudadanía compartida, el drama está servido. Desde la crisis financiera de 2010, el fondo estatal para políticas de integración ha estado inactivo, un grave error que ha dejado un vacío en la atención y el apoyo que necesitan las iniciativas locales. También ha sido un error no haber apoyado adecuadamente a comunidades autónomas como Catalunya, que han realizado un esfuerzo singular en la acogida de jóvenes migrantes solos, a menudo enfrentándose solos a esta responsabilidad.

"Como cualquier fenómeno social y político, la inmigración es, en buena medida, lo que decidimos hacer con ella. Puede ser una oportunidad o un problema, dependiendo del enfoque político que se adopte"
Pero, además, y más aún después de más de veinticinco años de profunda transformación demográfica, la cuestión ya no es solo cómo gobernamos los flujos migratorios, sino cómo garantizamos que los hijos y los nietos de estos inmigrantes puedan prosperar en nuestras sociedades. Es fundamental desarrollar políticas integrales que no solo se limiten a la llegada de nuevos migrantes, sino que aborden la inclusión de las generaciones futuras. La educación, el acceso al mercado laboral y la participación cívica son aspectos cruciales que deben ser considerados si queremos construir una sociedad cohesiva y justa. Los datos sobre pobreza infantil y abandono escolar entre determinadas comunidades inmigrantes son alarmantes y deben ser objeto de atención urgente por parte de los gobiernos y de la sociedad en su conjunto. La marginalización de estos grupos no solo es una injusticia social, sino que también representa una pérdida de oportunidades valiosas para el desarrollo económico y cultural del país.

Se necesita gobernar los flujos migratorios con vías de acceso al mercado de trabajo legales y seguras, y de común acuerdo con los países de origen; se urge mano dura contra la economía en negro y vías inteligentes para aflorar ese empleo; se requiere invertir en cohesión social en barrios y comarcas, dedicando más y mejores recursos a la educación, los servicios y las infraestructuras sociales, y también, cuando se exija, con mayor presencia policial y más seguridad en los barrios populares. Finalmente, se necesita una política activa que reconozca la mayor diversidad de nuestra sociedad, ataque los prejuicios racistas y promueva y facilite la vida en un espacio común, con reglas cívicas compartidas.

Las personas inmigrantes, y sus hijos, aportan una riqueza cultural, social y económica que debe ser valorada y fomentada. La diversidad no es una amenaza, sino una oportunidad para enriquecer nuestra sociedad. Esto implica realizar un esfuerzo conjunto desde todos los sectores: educativo, político, empresarial y social. Se deben implementar programas que fomenten el diálogo intercultural, la educación en valores de respeto y equidad, y el apoyo a emprendimientos liderados por personas de origen inmigrante.

"Combatir el discurso del odio de la extrema derecha no exige principalmente un mejor relato público ni solo condenas públicas, sino mejores políticas migratorias y de ciudadanía"
Sabemos quién va a recoger la fruta, quién va a cuidar a los mayores, a servir los menús y cafés, a trabajar en las obras y limpiar las habitaciones de los hoteles, en un contexto de una sociedad que envejece, con bajísimas tasas de fertilidad y que en los próximos años va a continuar recibiendo migrantes. Pero hay que hacerlo bien.

Y es que combatir el discurso del odio de la extrema derecha no exige principalmente un mejor relato público, ni solo condenas públicas, sino mejores políticas migratorias y de ciudadanía.

Es hora también de reconocer que el racismo no es solo un problema de los afectados, sino que es un problema de toda la sociedad. Debemos unirnos para combatirlo activamente, no únicamente con palabras, sino también con acciones contundentes que aseguren un futuro donde cada persona, independientemente de su origen, pueda aportar y beneficiarse de nuestra sociedad plural. Solo así podremos construir un futuro común más justo y equitativo, basado en el respeto y la dignidad de todas las personas.
Carles Campuzano
Carles Campuzano
Diputado en el Parlament de Catalunya desde 2023.
Anteriormente, había sido consejero de Derechos Sociales (2022-2024) del Govern de la Generalitat de Catalunya.
Participación