El pasado 28 de abril,
día del apagón ibérico, la historia energética de España se enfrentó a un punto de inflexión de los que definen el devenir de la historia. En esta época atropellada donde los acontecimientos se suceden a velocidad endiablada, a veces perdemos la perspectiva, pero ese mismo día 28 y en los días posteriores pasaron muchas cosas que conviene recordar.
Destacadamente, y en medio del desconcierto por lo que pasó,
se produjo una presión de altísima intensidad que pretendió culpabilizar del apagón a las energías renovables y a las políticas de transición energética, y algunos se frotaron las manos pensando que podrían paralizar el proceso de cambio en el que estamos insertos.
Lo sencillo y más cómodo políticamente hubiese sido paralizarlo todo ante la incertidumbre y el desconcierto. Frenamos y ya veremos qué hacemos. Había una salida de esta crisis que era la paralización de la transición energética, más cómoda, más fácil políticamente, pero que
hubiese sido profundamente errónea para el devenir del país.
La transición energética, y esto no me cansaré de decirlo, es una bendición para España y no debemos perder esta oportunidad que nos otorgan nuestros recursos naturales. Pero una transición tiene conflictos, ganadores y perdedores, presiones inmovilistas y, por tanto, la tentación facilona de frenar siempre está ahí.
"La transición energética, y esto no me cansaré de decirlo, es una bendición para España y no debemos perder esta oportunidad que nos otorgan nuestros recursos naturales"
Había otra salida para esta crisis:
avanzar más rápido y con más profundidad. Cualquiera que hubiesen sido las debilidades en el sistema eléctrico para desembocar en un apagón general, todas ellas tenían una posible solución en las nuevas tecnologías, regulaciones o mercados que son coherentes con el camino de la transición energética.
Es decir, y por simplificarlo mucho,
ante algo inesperado se podía optar por volver al pasado conocido, idealizado y falsamente seguro, o adoptar más rápido aquellas novedades que sabemos que funcionan y que teníamos que adoptar, pero que son más difíciles de vender cuando forman parte de un camino que, aunque sea falsamente, ha sido señalado como peligroso.
El Real Decreto-Ley 7/2025 ha optado claramente por la vía correcta y lo ha hecho, si cabe, con una intensidad extraordinaria. Este RDL no solo desarrolla cuestiones específicas para el refuerzo del sistema eléctrico, sino que
recoge multitud de cuestiones que se llevan demandando años por parte de distintos agentes, asociaciones y especialistas en transición energética.
Déjenme que les ponga un ejemplo que me atañe personalmente. A finales de 2021 presentamos en València una propuesta de regulación para comunidades energéticas en las que se pedía que pudiesen desarrollar autoconsumos colectivos en un radio de cinco kilómetros con hasta cinco megavatios de potencia, una regulación mucho más avanzada de la existente en ese momento. Esta propuesta la presentamos junto a su principal promotor, Joan Herrera, y con varios directores generales de energía de distintas CC. AA. que pertenecían, además, a distintos partidos.
Desde entonces se ha estado trabajando para conseguir este horizonte por parte de colectivos y asociaciones que defendemos el autoconsumo y las Comunidades Energéticas. Pues bien,
el RDL 7/2025 recoge por fin esta aspiración, junto con otras cuestiones como la figura del gestor del autoconsumo colectivo o el agregador independiente en la demanda.
Esta es solo una parte de este RDL. Una gran necesidad que tiene España es el almacenamiento, escasamente desarrollado y muy necesario para una mayor integración de renovables y una mejor gestión de la red. En España no sobran renovables, en España lo que falta es almacenamiento, que es muy distinto. Hasta ahora no se ha desarrollado por falta de marco jurídico y administrativo adecuado y porque los precios de las baterías eran todavía caros.
Pero desde el año pasado los precios de las baterías han comenzado a caer fuertemente y ahora han llegado al punto en el que comienzan a ser rentables y económicamente viables.
"En España no sobran renovables, en España lo que falta es almacenamiento, que es muy distinto"
Este nuevo RDL va a permitir agilizar la introducción de baterías en los proyectos solares y eólicos ya analizados ambientalmente y corrige determinadas barreras que estaban dificultando su adopción, como la consideración de la potencia total de la hibridación o la prioridad de despacho. También se aclara el estatus de las baterías conectadas al sistema eléctrico o
stand-alone.
Todos estos cambios pueden permitir acelerar un par de años la introducción masiva de baterías en el sistema eléctrico. De hecho, es probable que, si todo va bien, ya podamos ver una cantidad decente de baterías en el sistema a finales de 2026.
Junto con esto, se ha satisfecho otra medida ampliamente demandada:
la flexibilización de los hitos administrativos para la conexión de proyectos renovables. La adopción de los hitos administrativos fue una medida que tenía sentido para intentar evitar la especulación y el acaparamiento de puntos de conexión a red y con ese espíritu se hizo. Sin embargo, ha acabado chocando con la realidad de administraciones públicas infradotadas y extremadamente lentas en la tramitación, y con estrategias obstruccionistas, aprovechando el enorme garantismo del proceso de autorización administrativa.
Hay miles de proyectos recurridos e incluso judicializados en España por estrategias de boicot masivo que no tienen más fundamento u objetivo que retrasar las cosas a ver si los proyectos mueren por no llegar a los hitos. Tal es la cuestión, que incluso han comenzado a aparecer organizaciones y despachos de abogados que han querido lucrarse de esta cuestión, llegándose incluso a casos de extorsión.
La flexibilización de los hitos permitirá no solo salvar estos proyectos, sino que provocará algo más importante todavía:
hibridarlos con baterías. Con plazos más holgados, es razonable modificar los proyectos gracias a las facilidades que ofrece este RDL. Esto permitirá que aquellos que en su momento se concibieron como plantas solares —pero que hoy se habrían ideado con baterías— se materialicen como proyectos hibridados, capaces de producir electricidad a demanda y de reducir el uso de gas en las horas sin sol ni viento.
"Muchas de las demandas que recoge el RDL han sido defendidas por los responsables de energía de las distintas CC. AA. de todos los colores políticos, por lo que su convalidación en el Congreso no debería ser problemática"
Este es el RDL técnico, sin cuestiones que entren en conflictos políticos, que recoge peticiones largamente realizadas por todas las asociaciones y entidades del sector, desde las que se dedican al almacenamiento hasta las activistas en favor de las comunidades energéticas.
Es una regulación que beneficia a las empresas electrointensivas e impulsa la electrificación, y que sin duda permitirá un sistema eléctrico más seguro y robusto del que tenemos hoy.
Muchas de estas demandas han sido defendidas por los responsables de energía de las distintas CC. AA. de todos los colores políticos, por lo que su convalidación en el Congreso no debería ser problemática. En política nunca se sabe, pero aquí no concurre ninguna de las causas que otras veces han llevado a votar en contra de la convalidación de decretos que contenían medidas inaplazables o claramente positivas.
Es un RDL limpio, aséptico y que recoge amplias demandas sectoriales y sociales.
Mientras en EE. UU. hay una lucha feroz de los estados gobernados por los Demócratas contra las restricciones al desarrollo renovable que emanan de la Casa Blanca y en Francia se vota en la Asamblea Nacional (y afortunadamente se rechaza) una moratoria para los proyectos renovables; aquí, en España, en el terreno energético, no estamos cayendo en esa extravagante tendencia de pegarnos tiros en el pie para promover batallas culturales.
Sintámonos orgullos de eso y esperemos que sus señorías nos permitan seguir creyendo que hay cosas estructurales, previsibles y estratégicas para el futuro del país que no van a ser lanzadas a la hoguera para generar momentos de fugaz inflamación.