Europa podría ganar o perder una guerra contra Rusia, podría independizarse de EE. UU., pero tiene que superar sus propios demonios, y visiones soberanistas. P
ara lograr una Europa militar —militarización de la UE que no todos comparten— necesita superar una serie de limitaciones.
- De Gaulle calificó a EE. UU. de "federador externo" de Europa (con ciertos límites). Trump se puede convertir en otro impulsor de la integración europea, solo que esta vez a su pesar. MAGA puede generar MEGA. La política de Make America Great Again podría estar impulsando una de Make Europe Great Again. Aunque cuidado con el again en el caso de los europeos, dado su pasado violento e imperialista. Y que ahora van a situar fuera de la UE (pagando) sus campos de deportación de migrantes, incluidos refugiados, rechazados.
- Trump hará lo posible para evitar el surgimiento de esa Europa independiente o autónoma en materia de seguridad y defensa, especialmente en industria militar. Quiere que los europeos gasten más en defensa, lo que en su visión significa más compras a EE. UU.
- De momento, lo que se despunta en el horizonte es una Europa de la industria militar, no una Europa militar, de la defensa. Sin la primera, la segunda resultaría imposible.
- Los europeos (occidentales) han vivido, a bajo precio, en la comodidad de haber externalizado gran parte de su seguridad y defensa a EE. UU. Eso se ha acabado.
- No es un final que empiece con Trump, en este mandato o en el anterior. En junio de 2011, antes de estas crisis ucranianas, Robert Gates, secretario de Defensa de EE. UU. (republicano en la Administración demócrata de Obama) afirmó en Bruselas: "La cruda realidad es que cada vez habrá menos apetito y paciencia en el Congreso de EE. UU. —y en el cuerpo político estadounidense en general— para gastar fondos cada vez más valiosos en nombre de naciones que aparentemente no están dispuestas a dedicar los recursos necesarios o a hacer los cambios necesarios para ser socios serios y capaces en su propia defensa". Alertó de "la posibilidad real de un futuro sombrío, si no funesto, para la alianza transatlántica".
- Rusia tiene un PIB comparable al de Italia o, si acaso, de Alemania. Pero en los últimos años, sobre todo con la guerra de Ucrania, ha aumentado su gasto en defensa hasta el 6,7% de su PIB, una tercera parte del conjunto de Europa. Esta lo ha incrementado un 50% desde 2014. Pero cuando se mide en paridad de poder de compra, Rusia supera ya al conjunto de toda la Europa en gasto militar (según datos del IISS).
- Macron y Starmer ponen la carreta por delante de los bueyes, el final antes que el principio. Efectivamente, es prematuro hablar de despliegue europeo de fuerzas de paz antes de conocer qué tipo de paz, aunque convenga planearlo discretamente.
- También en lo que respecta a las armas nucleares. Salvo quizás a Alemania, la extensión de la disuasión nuclear francesa a Europa no es creíble si la UE no dispone de capacidad militar convencional suficiente. Además, Francia parece carecer de armas nucleares tácticas para poder mantener el control de una eventual escalada. Que la force de frappe sea francesa e independiente (no como la británica) ya es útil. El debate sobre el arma nuclear en Europa será insoslayable.
- La UE siempre ha sido más espacio que potencia. Su poder reside en su mercado, su comercio, su industria (insuficiente) y su capacidad regulatoria con alcance global. Sus estructuras no están pensadas para la guerra, actividad que requiere "la inteligencia personificada" (Clausewitz) del sistema político. En la OTAN, EE. UU. cumple, o cumplía, ese papel.
- Sí, hacen falta inversiones nacionales y europeas, públicas y privadas. La industria militar tiene derivadas tecnológicas muy importantes. No se trata solo de niveles de gasto, sino de superar la fragmentación de los ejércitos europeos derivadas del soberanismo industrial imperante. Europa tiene diecinueve modelos de carros de combate, EE. UU., uno. Europa tiene veintiocho tipos de cañones de 152/155 mm, EE. UU., dos. Y veinte tipos de aviones de combate tácticos, frente a siete EE. UU., entre ellos el más avanzado, el F-35. O veintisiete tipos de destructores y fragatas, y EE. UU. cuatro. (McKinsey)
- La dependencia europea en material bélico estadounidense es pasmosa. La mitad de los aviones de combate que tienen los europeos son de fabricación estadounidense, así como dos tercios de las importaciones de armamento de los países de la OTAN. Con una consiguiente dependencia en repuestos y municiones, además de comunicaciones, inteligencia, guerra electrónica, etc. Son dependencias que, salvo en caso de crisis realmente grave, Europa no puede eliminar de un plumazo. Dan a EE. UU. un derecho de veto sobre el uso de muchas de esas armas.
- Tampoco, salvo que se llegue a una situación bélica y de economía de guerra, pueden los europeos aumentar demasiado rápidamente su gasto militar, no solo porque carecen de la base industrial suficiente, lo que favorecería en primer lugar a la industria de EE. UU. También porque carecerían del personal suficiente para manejar los nuevos equipos. Y ese personal empieza a escasear. De ahí que varios países contemplan reintroducir el servicio militar obligatorio. Europa necesita tiempo. ¿Lo tiene?
- EE. UU. ha dejado de ser fiable en materia de seguridad y otras, pero le quedan muchas palancas militares, económicas y financieras.
- La OTAN seguirá como organización, aunque la Alianza Atlántica ha quedado socavada. No hay que esperar a que se produzca una rectificación después (¿Cuándo? Puede haber sorpresas) de Trump. Pero este sabe que la OTAN es, o era, un instrumento de defensa colectiva y de poder de Washington.
- La OTAN ha perdido todas las guerras en las que, directa o indirectamente, se ha implicado en lo que va de siglo (Afganistán, Irak, Libia, y ¿Ucrania?).
- La UE está dividida. Hay gobiernos que por prorrusos se oponen a su militarización, como Hungría, y, más disimuladamente, Eslovaquia. Hay otros que lo hacen para preservar su neutralidad (Irlanda, Austria, Malta). Sobre todo, las sociedades están divididas, políticamente polarizadas, a comenzar por la francesa y la alemana. Las fuerzas políticas y sociales más soberanistas tienden a crecer.
- Las visiones de los europeos sobre las amenazas que se ciernen varían según los países y sus historias. No es posible una postura militar que valga para todo. Sí, intercambiar solidaridades.
- Los europeos dicen querer defender a Ucrania sin EE. UU. Lo dicen, entre otras razones, porque piensan que Trump está imponiendo una paz, injusta, pero paz. Quieren participar en ella y garantías para el después.
- Para ser militarmente independiente, los europeos tendrán que revisar sus prioridades, lo que difícilmente se logrará sin recortar su estado de bienestar. La militarización de Europa puede forzar su desocialización (algunos es lo que buscan). Aunque los fabricantes sean en gran parte privados, el que compra, y usa es el Estado. En consecuencia, se requiere o recortar otras partidas, o subir los impuestos, o aumentar déficit y deuda nacionales o europeos. La deuda europea no es menos deuda. Es de todos.
- Si quiere autonomía o independencia de unos EE. UU. en los que no se reconoce y de los que ya no se fía, Europa necesita un gran salto adelante, desde las instituciones comunes, o al margen de ellas, con "colaciones de lo que quieren". Podría seguirse el modelo Airbus.
Europa está ante un reto mayúsculo, quizás existencial. Si no logra avanzar como potencia en lo militar, retrocederá. Ya no hay
statu quo. No hay vuelta atrás posible. Para ello, tendrá que reinventarse y adaptar sus instituciones.
No hay que pensar que Trump y el trumpismo durarán solo este mandato, que serán un paréntesis. Hay fuerzas profundas que están transformando EE. UU., Europa y un mundo en el que otros han cobrado mayor peso si Europa quiere ganar relevancia, no solo en materia de seguridad y defensa, antes que contra Putin o contra Trump, antes de
matar al padre, tiene que ganar la batalla política contra sí misma. Tiene que aprovechar el interregno en el que estamos inmersos.