Es un hecho que la llegada de inmigrantes extracomunitarios a Europa ha aumentado en los últimos años. En España, la llegada de inmigrantes extracomunitarios ha seguido en aumento. Según el INE, en 2023 el número de extranjeros empadronados superó los 6,5 millones, con un crecimiento del 10% en los últimos tres años. Esta tendencia se ha intensificado con la crisis en el Sahel y la inestabilidad en el Magreb, lo que ha llevado a un incremento del 15% en las solicitudes de asilo en Europa, según datos de Eurostat. Además, el mercado laboral español refleja un papel clave de la inmigración en sectores como la agricultura (donde representa más del 30% de la mano de obra) y la construcción (con un 25% de trabajadores extranjeros).
"Cuando la integración falla, el populismo aflora, instrumentalizando a los inmigrantes como chivo expiatorio para buena parte de los males de una sociedad"
El incremento de inmigrantes no es de por sí algo perjudicial para el bienestar o la economía de un país. Si bien puede traer consecuencias no deseadas, como presión sobre los servicios públicos o conflictos sociales, también genera efectos positivos en la economía, como la cobertura de déficits en el mercado laboral. El centro de la cuestión no reside en cuántos inmigrantes recibe Europa, sino en cómo se integran. Cuando la integración falla, el populismo aflora, instrumentalizando a los inmigrantes como chivo expiatorio para buena parte de los males de una sociedad.
El discurso populista prospera en contextos donde se percibe que la globalización es incontrolable, la crisis económica es insostenible y la migración es masiva.
La inmigración se convierte en el síntoma de una estructura política y económica que se dice fallida, justificando medidas drásticas en nombre de la seguridad, el bienestar económico y la identidad nacional. La imagen de los centros de acogida desbordados en Lampedusa o Canarias, que superan entre diez y veinte veces su capacidad, se convierte en el icono de esta narrativa. En este marco, las respuestas proteccionistas ganan terreno.
El auge del proteccionismo es una paradoja histórica. A pesar de sus reiterados fracasos, vuelve a ser presentado como solución. Se argumenta que imponiendo aranceles y cuotas se protegerá el empleo, la economía y se reducirá la inmigración. Sin embargo, suele ocurrir lo contrario. En EE. UU., los aranceles agrícolas han reducido los ingresos de los agricultores en México, incrementando la presión migratoria hacia los propios EE. UU. En Europa, la rigidez de las normativas medioambientales ha restringido la importación de productos agrícolas y manufacturados desde África subsahariana, el Caribe y el Pacífico, reduciendo sus oportunidades económicas de desarrollo y fomentando la emigración. La reciente normativa europea sobre deforestación, que restringe la importación de productos como el cacao o la soja de países en desarrollo, podría agravar aún más este fenómeno.
El proteccionismo se expresa no solo en aranceles o cuotas de importación, sino también en barreras regulatorias. La UE, por ejemplo, mantiene estrictos estándares que encarecen el acceso de productos agrícolas de países en desarrollo. Esto afecta a los pequeños productores, limita sus ingresos y aumenta la pobreza en origen. Según el Banco Mundial, en su análisis sobre el grado de apertura comercial, la UE ha impuesto aranceles significativos a productos agrícolas y manufacturados de África, el Caribe y el Pacífico, restringiendo su competitividad en el mercado europeo y agravando la crisis migratoria.
"El efecto dominó del proteccionismo también se observa en los flujos migratorios"
El efecto dominó del proteccionismo también se observa en los flujos migratorios. En España, la inmigración extracomunitaria ha crecido notablemente, mientras la integración sigue siendo un reto. En 2023, el 16% de la población era inmigrante, y aunque el porcentaje se mantiene estable, la composición ha cambiado: en 2015, el 28,6% de los inmigrantes eran comunitarios y el 62,5% extracomunitarios; solo cuatro años después, la proporción pasó a 17% y 78,2%, respectivamente. Estos cambios están vinculados a la política comercial de la UE, que restringe oportunidades en los países de origen y acelera los flujos migratorios.
El proteccionismo no solo falla en reducir la migración, sino que contribuye al auge del populismo. En Italia, la crisis de Lampedusa fue instrumentalizada por la Liga de Salvini. En Alemania, la AfD ha capitalizado el descontento tras la política de puertas abiertas de Merkel. En Francia, Marine Le Pen ha hecho de la inmigración su caballo de batalla. En todos los casos, la narrativa populista simplifica un fenómeno complejo y lo reduce a una crisis de identidad y seguridad.
La única alternativa al proteccionismo es el libre comercio. No hay terceras vías. Hayek ya argumentó cómo las barreras comerciales limitan el desarrollo y aumentan la pobreza. La liberalización del comercio permite a los países en desarrollo aprovechar sus ventajas comparativas, reduciendo la presión migratoria. En este sentido, políticas que faciliten el comercio agrícola y manufacturero con África y América Latina serían más eficaces para reducir fenómenos migratorios que el endurecimiento de los controles fronterizos.
Las decisiones que se tomen hoy en materia de comercio y migración definirán el futuro de Europa. Es fundamental elegir entre la prosperidad compartida del libre comercio o la reacción proteccionista, cuyos efectos terminan amplificando el problema que pretenden resolver. La historia ha demostrado que
el proteccionismo no es la solución, sino parte del problema.
"Si Europa quiere mantener su estabilidad y pugnar por el liderazgo global, debería rechazar el proteccionismo y apostar por políticas que fomenten la innovación, la inversión y la integración efectiva de los inmigrantes"
La educación y la concienciación sobre los beneficios del libre comercio y la integración son esenciales. La historia económica demuestra que las sociedades abiertas y competitivas han logrado mayores niveles de paz, desarrollo y prosperidad. Si Europa quiere mantener su estabilidad y pugnar por el liderazgo global, debería rechazar el proteccionismo y apostar por políticas que fomenten la innovación, la inversión y la integración efectiva de los inmigrantes.
Debemos elegir entre productos o personas, pero no podremos impedir eternamente la llegada de ambos.