Europa se apresta a dar un giro histórico en sus relaciones transatlánticas tras la evidente decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de poner en cuestión ochenta años de alianza con sus socios occidentales. El Zeitenwende europeo [cambio de era, en alemán], puede comenzar a materializarse este mismo jueves en Bruselas, durante la cumbre europea extraordinaria convocada por el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
"Ha bastado un mes de Trump 2.0 para que un país europeo tras otro despierte a la realidad, incluidos Polonia y los Bálticos, que figuraban entre los más apegados a Washington"
Se augura un proceso lento, de cinco a diez años, como mínimo según los cálculos más optimistas. Pero el portugués, que anunció la reunión solo un minuto después de que el cierre de urnas en Alemania apuntase claramente a la formación de un Gobierno proeuropeo en Berlín, aspira a que esta misma semana se adopten ya "las primeras decisiones a corto plazo, con el fin de lograr una Europa más soberana".
El objetivo, como ha explicitado el canciller alemán en ciernes, Friedrich Merz, sería "reforzar Europa tan rápido como sea posible para que, paso a paso, alcancemos la independencia de EE. UU.". Durante años, y en particular tras la primera victoria de Donald Trump en 2016, Europa ha columbrado la necesidad de soltar amarras respecto a su dependencia de Washington.
Pero la cómoda inercia de la postguerra fría, la inevitable tentación de gastarse el dividendo de la paz en cualquier cosa menos en armas e investigación y la incapacidad de Alemania para superar sus horrores históricos y ejercer como principal potencia europea, aplazaron el salto hacia la autonomía. Además, buena parte de los europeos se resistía a asumir que décadas de liderazgo de EE. UU. en el terreno político, militar, tecnológico y cultural, acabarían traduciéndose en una exigencia de vasallaje que Trump está comenzando a cobrarse. Nada nuevo en la historia universal de las metrópolis y sus satélites.
Ha bastado un mes de Trump 2.0 para que un país europeo tras otro despierte a la realidad, incluidos Polonia y los Bálticos, que figuraban entre los más apegados a Washington. "Creo que hoy es el momento de un despertar estratégico porque en todos los países hay un problema, una incertidumbre, sobre el apoyo americano a largo plazo", ha resumido este domingo el presidente francés, Emmanuel Macron.
"La displicencia hacia el Viejo Continente se trocó en humillación durante la visita a la Casa Blanca del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski"
Por si algún Gobierno europeo albergaba dudas sobre el talante de la nueva administración estadounidense, Trump y los suyos se han encargado de
dejar claro que miran por encima del hombro al Viejo Continente.
El presidente polaco, Andrzej Duda, que corrió a rendir pleitesía al nuevo presidente y a cultivar su ego con la oferta de una base estadounidense en territorio polaco bajo el nombre de Fort Trump, sufrió un plantón de casi una hora y Trump acabó despachándole en apenas diez minutos. El desplante fue peor para la ex primera ministra de Estonia y actual jefa de la diplomacia europea,
Kaja Kallas, que
ni siquiera fue recibida en la capital estadounidense por su homólogo Marco Rubio. Y la displicencia hacia el Viejo Continente se trocó en humillación durante la visita a la Casa Blanca del presidente ucraniano,
Volodímir Zelenski.
"No sé qué más tendría que pasar para que Europa reaccione", se pregunta una veterana fuente de Bruselas tras los continuos desprecios de Trump. El punto de inflexión europeo provocado por el 47.º presidente de EE. UU. apunta a lograr una creciente autonomía no solo en materia de defensa, sino también en geopolítica, tecnología o seguridad. Para el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, el punto de no retorno llegó tras el voto de EE. UU. en contra de una resolución de la ONU que condenaba la agresión de Rusia contra Ucrania. "Necesitamos tomar estos acontecimientos como una llamada a la acción porque las libertades que disfrutamos no pueden darse por garantizadas en este mundo más complejo y conflictivo. Para la UE esto requiere un mayor desarrollo industrial".
La cumbre europea del próximo jueves, si se cumplen los deseos de una buena parte de los líderes europeos, intentará cursar ya un mandato a la Comisión Europea para definir las grandes líneas de la futura autonomía europea y balizar el camino hacia su multimillonaria financiación. Alemania era hasta hace poco el gran obstáculo en ambos casos. Tanto por temor a desembocar en una defensa europea a la francesa como por el rechazo de un endeudamiento común.
Pero a juzgar por las señales procedentes de Berlín, ambos tabúes pueden caer con un Gobierno de gran coalición con Merz (CDU) al frente.
"Hace falta un cambio de paradigma mayor", advertía la semana pasada Thierry Breton, excomisario europeo de Mercado Interior, que fue el encargado de impulsar la aceleración de la producción de armamento europeo para responder a las necesidades de Ucrania. "Sería una ruptura existencial para Alemania y para Europa, como lo fue la decisión de renunciar al marco alemán en el momento del nacimiento del euro", pronostica el comisario francés en la primera Comisión de Ursula von der Leyen.
Breton ve ahora inevitable la creación de un fondo europeo dotado con cientos de miles de millones de euros para garantizar la interoperabilidad de la producción militar europea y para proteger el espacio marítimo, el espacial, el aéreo y el ciber. El salto cuántico hacia delante, como empieza a calificarse en Bruselas los pasos necesarios en defensa, pasa también por el desarrollo del llamado pilar europeo de la OTAN, es decir, la capacidad de los aliados europeos, incluidos Reino Unido y, probablemente, Turquía, de actuar en defensa propia sin necesidad de EE. UU.:
"La humillante incapacidad de Europa para garantizar la seguridad de Ucrania sin ayuda de Washington permitirá al presidente de EE. UU. aprovechar la actual crisis de seguridad para sacar partido en beneficio propio e, incluso, en beneficio de la Rusia de Putin"
El cambio de era también parece llamado a marcar la europeización de la potencia nuclear de Francia (y quizá, incluso, de Reino Unido) para garantizar una protección después de que la de EE. UU. haya quedado en duda. El paraguas nuclear francés para toda Europa podría disipar de paso las resistencias de Berlín a una financiación común, pues evidenciaría el ahorro acumulado por Alemania por su falta de inversión, y no solo en defensa, porque, según la Comisión Europea, también ha descuidado la inversión en infraestructuras, educación, formación, transición digital y transición medioambiental. Breton calcula que si Alemania hubiera destinado en torno al 2% del PIB a su defensa desde la creación del euro, su deuda sería ahora del 80% y no del 63%. Es decir, un ahorro equivalente a 700.000 millones de euros.
El camino europeo a medio plazo, por tanto, empieza a vislumbrarse. Pero a corto plazo, la dependencia de EE. UU. parece inevitable y, previsiblemente, cada vez más dolorosa a medida que Trump eleve su listón de exigencias. La humillante incapacidad de Europa para garantizar la seguridad de Ucrania sin ayuda de Washington permitirá al presidente de EE. UU. aprovechar la actual crisis de seguridad para sacar partido en beneficio propio e, incluso, en beneficio de la Rusia de Putin. De Europa dependerá que la actual impotencia esté superada cuando llegue la próxima crisis.