Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

La amenaza del narco en España: qué podemos aprender de América Latina

Tras la detención de Óscar Sánchez Gil, jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), y el arresto de catorce integrantes del cartel de Sinaloa en España, surgen interrogantes sobre el alcance del crimen organizado. Mientras su influencia opera a nivel global, ¿qué límites enfrenta frente a la soberanía estatal? Mauricio Hernández analiza el caso español en comparación con los grandes narcoestados latinoamericanos.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 19 de noviembre de 2024
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La Policía Nacional desarticula el cártel de Sinaloa en España. | Carlos Luján / Europa Press / ContactoPhoto
La Policía Nacional desarticula el cártel de Sinaloa en España. | Carlos Luján / Europa Press / ContactoPhoto
Tenía 20 millones de euros en las paredes del chalet de su pareja. También ostentaba un alto cargo en la Administración: era, nada más y nada menos, el jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF). ¿El motivo de su detención? Sencillamente que la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional ligó su nombre al de una potente organización criminal con larga trayectoria en el narcotráfico. Se llama Óscar Sánchez Gil, y su caso recuerda a la Galicia más oscura de los años ochenta. 

Su nombre salió del anonimato (y de los bajos fondos de las actividades criminales) cuando una semana antes de su detención, en Algeciras, una operación policial interceptó 13 toneladas de cocaína procedentes de Ecuador. Todo estaba disfrazado como un cargamento de plátanos: se trata de la incautación más grande de droga realizada en España.

"La detención de Óscar Sánchez Gil, jefe de la UDEF, ha saltado las alarmas de hasta qué grado se encuentra enraizado el crimen organizado en las instituciones españolas"
Cocaína y puertos, contubernio entre funcionarios policiales y criminales, dinero emparedado en un chalet, etcétera. Todos esos elementos bien vertebrarían cualquier titular referente a sitios como Sinaloa (México), Caracas (Venezuela), Rosario (Argentina), Medellín (Colombia), Miami (Estados Unidos) o Nápoles (Italia), es decir, las localidades más emblemáticas del narcotráfico. Pero en esta ocasión ha sido en un puerto andaluz y con un funcionario de Madrid. Esa detención ha hecho saltar las alarmas de hasta qué grado se encuentra enraizado el crimen organizado en las instituciones españolas.  

Sin duda alguna, el caso de Sánchez Gil no es un asunto menor: se presume que pasó, por lo menos, cinco años alertando a los narcotraficantes de los controles policiales y ayudando a burlarlos. Antes de estar al frente de la Unidad de Blanqueo de Madrid —como así lo sostiene una pieza del diario El Mundo— estuvo destinado en la sección de Estupefacientes de la UDYCO de la Brigada Central de la Policía Nacional y fue precisamente allí donde estableció los primeros contactos, lazos de amistad y negocios con los capos de esa red de narcotráfico

A pesar de la gravedad de la situación, la actuación policial evidencia que las instituciones españolas no están a merced del crimen organizado, como sí sucede en otros países o en otras regiones. De acuerdo con Transparency International, España ocupa el lugar 36 —de 180— en la clasificación de transparencia 2023 (siendo Dinamarca el país menos corrupto). Casos como este, en España, todavía resultan excepcionales, es decir, no se trata de un modus operandi sistematizado en donde los poderes del Estado y las instituciones hayan quedado supeditados a los intereses del hampa internacional. Pero hay otros países en donde casos como el de Sánchez Gil no son eventualidades. A continuación, algunos ejemplos que reflejan lo que sí es un narcoestado y la amenaza para los sistemas democráticos que eso representa.

México trágico: la sombra criminal detrás del Estado

Para comprender las camaleónicas e inverosímiles formas en las que el crimen organizado convive con las instituciones en México, es necesario siempre tener como variable de cualquier fórmula el siguiente concepto: la corrupción. Sí, la corrupción
in extremis, sin límites, sin fronteras.

Si bien la historia del narcotráfico confabulado con las autoridades mexicanas y estadounidenses data de la época de la posguerra, no fue hasta la década de los noventa del siglo pasado cuando las dimensiones de este fenómeno escalaron hasta niveles inimaginables. El asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en 1993 —uno que sigue abierto y sin responsables materiales e intelectuales— marca un antes y un después en las relaciones de poder entre las instituciones, el Gobierno, las mafias, y la Iglesia católica. Pero, para muchos expertos en la materia, es el año 2006 cuando el punto de equilibrio se rompió y el hampa decidió demostrar al entonces presidente, Felipe Calderón (2006-2012), que el poder de facto no se ejerce desde el despacho del ejecutivo sino desde las miras y los cañones de los rifles AK-47 de los sicarios y traficantes. 

"La muerte fácil (o sobre el hipócrita combate al crimen organizado de México)" es el título del primer capítulo del libro La guerra perdida (2010) del académico mexicano Felipe Curcó. Con el formato del ensayo, el autor desmenuza el fenómeno y ahonda en el intríngulis de una inútil declaración de guerra, que nació fracasada, es decir, la del Gobierno mexicano contra los principales carteles mafiosos. La obra comienza así: "México es el país donde la barbarie se ha vuelto parte del paisaje. Violencia y muerte, cuerpos abandonados, impunidad atroz. Todos los días, a todas horas, en todos los lugares. Brutalidad, crimen, intimidación, terror […] tragedia consuetudinaria […]. En cada momento y en cada espacio; las granadas contra civiles, los coches bomba, los decapitados, los quemados, los mutilados, los huérfanos, los heridos […]. La nota roja saturando los noticieros […]. México es el país donde la anormalidad se vive como algo normal". 

En términos generales, sostiene que Felipe Calderón cometió el error garrafal de declarar una guerra frontal a un enemigo de dimensiones inconmensurables. ¿La razón? Grosso modo, que el narcotráfico, según Curcó (basándose en el reconocido investigador Edgardo Buscaglia), es solo una de las más de veinte actividades ilegales del crimen organizado: además del trasiego de drogas, destacan la extorsión, la piratería, el tráfico de personas (algunas de ellas para explotación sexual, otras para esclavismo laboral), el tráfico de combustible, el tráfico de armas, la pornografía infantil y el secuestro.

¿Más argumentos? Que en el discurso de Calderón, el narcotráfico se limitaba a ser considerado como un problema local, cuando, en realidad, se trata de un fenómeno internacional. Este año, la Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas (NDTA), de la DEA confirmó que, pese a que el Chapo Guzmán se encuentra preso cumpliendo una cadena perpetua, su organización criminal,
el cartel de Sinaloa, sigue teniendo presencia y operaciones en 47 países de los cinco continentes del mundo. Entre ellos, por supuesto, España, una puerta natural para el resto de Europa. Cabe destacar que en este informe se menciona que dicho cartel sigue utilizando a empresas bananeras (una industria global muy lucrativa) de Ecuador para esconder toneladas de cocaína en barcos con destino hacia Europa y Asia Central: exactamente como en el caso de Óscar Sánchez Gil.

"En México, el narcotráfico se hace presente en todas las actividades políticas, sociales y económicas de un país que oficialmente no está en guerra, pero en el que ocurren más de 3.500 asesinatos cada año"
Esto sería tan solo la punta del iceberg de un fenómeno que se hace presente en todas las actividades políticas, sociales y económicas de un país que oficialmente no está en guerra, pero en el que ocurren más de 3.500 asesinatos cada año. País en el que cada día 20 mujeres son asesinadas, y en el que ni siquiera el 20% de los miles de cuerpos que aparecen todos los días en fosas clandestinas han sido identificados. ¿Más datos? Desde 1991, más de 80 miembros del personal de la Iglesia católica han sido asesinados en zonas sometidas por los reyes de la droga: muchos de ellos solo han denunciado la fragmentación social que el narcotráfico ha llevado a sus localidades. Todo eso sucede en un país en el que, como así lo sostiene Felipe Curcó, se celebran narcoelecciones. 

Esa es la realidad de un país en el que una prisión, como la de Piedras Negras, pudo convertirse en un centro de reclutamiento y entrenamiento de sicarios y traficantes, además de haber funcionado como punto logístico para la desaparición de cadáveres. Ese lugar fue también un centro de llamadas para efectuar llamadas extorsivas (según un informe del Ministerio de Telecomunicaciones, cada año salen, por lo menos, tres millones de llamadas de ese tipo desde los penales mexicanos), así como un punto para retener a empresarios y políticos secuestrados. En pocas palabras, ese sitio se transformó en un búnker en el que la tortura y la desaparición de personas se llevó a cabo de forma sistemática bajo el mando de Los Zetas (el cartel más sanguinario en la historia de México).

Finalmente, para Curcó, la única manera en que el Estado mexicano puede hacer frente a ese monstruo de dimensiones inimaginables es, como reza el dicho en inglés, follow the money (siguiendo el dinero). Pero no hay Gobierno alguno que se haya interesado en echar a andar los mecanismos legales y jurídicos para golpear al hampa donde más le duele: en sus finanzas, en sus recaudaciones, en los blindajes que tiene su arquitectura de blanqueo de capitales. 

Entonces, ¿México es un narcoestado? Felipe Curcó responde para Agenda Pública: "Sí, y ahora mucho más que antes. Es algo palpable, es evidente".   

Venezuela: de la bonanza petrolera a ser un narcoestado mafioso

Aquí no hay duda de que el narcoestado pasó a ser directamente un estado mafioso. Esa fue la dura sentencia de Mike Vigil, exjefe de Operaciones Internacionales de la DEA (
Drug Enforcement Agency), en 2019, cuando el derrumbe institucional, económico y social en Venezuela ya era inminente. 

"Parece increíble que lo que hoy es una dictadura en la que diecinueve millones de personas necesitan asistencia humanitaria por la falta de un servicio de salud digno y de acceso a alimentos de calidad hace cincuenta años fue un país con una economía boyante"
Parece increíble que lo que hoy es una dictadura en la que diecinueve millones de personas necesitan asistencia humanitaria por la falta de un servicio de salud digno y de acceso a alimentos de calidad hace cincuenta años fue un país con una economía boyante. Venezuela es una nación de la que casi ocho millones de personas han huido, creando una de las mayores crisis migratorias contemporáneas. Un país que la Corte Penal Internacional tiene en la mira por crímenes de lesa humanidad, y en la que la libertad de expresión de no ser una utopía da como resultado una imprudencia que tiene como precio la libertad o la propia vida.

Pero entre el desastre que es hoy y aquella década dorada de los años setenta, hubo un progresivo empobrecimiento debido a los niveles insospechados de que permitieron que las mafias y las organizaciones criminales permearan, como la humedad, poco a poco, hasta la médula de las instituciones. De acuerdo con
Transparency International, Venezuela es el país más corrupto del mundo después de Somalia —que, dicho sea de paso, está considerado como un estado fallido—.

Para entender el colapso venezolano es necesario mirar hacia el inicio de la década de los noventa, cuando nació el cartel de los Soles, una organización criminal compuesta con miembros de la Guardia Nacional, funcionarios y altos mandos del ejército de ese país. Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello (un autoproclamado "chavista radical", y que desde agosto tiene el cargo de ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz) son de los líderes de dicho cartel, por ser herederos naturales del chavismo. Para Mike Vigil, las cantidades de cocaína que han sido traficadas desde Venezuela hacia Estados Unidos, Europa, y México, bajo el mando de esa organización a la que acusa de haber tenido relación con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y con el ELN (Ejército de Liberación Nacional) del vecino país de Colombia, son incalculables.

Venezuela ha sido considerada como el hub de la cocaína de occidente. Y el súmmum de las narco-operaciones institucionales de ese país queda ejemplificado con el caso de 'Aeroterror'. Entre 2007 y 2012, la aerolínea venezolana Conviasa transportó semanalmente toneladas de cocaína, dinero no declarado, armas y guerrilleros, entre Venezuela e Irán (con escala en Siria), de acuerdo con Emanuele Ottolenghi, investigador del FDD (Foundation for the Defense of Democracies) y experto en Hezbollah. Los precios de los vuelos, a pesar de que estaban a la venta al público, alcanzaban los 25.000 dólares para que la gente no los pudiera comprar. Se trataba, básicamente, de una línea directa entre Teherán y Caracas que servía para los negocios turbios entre Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadinejad.  

También está el caso de Tareck El Aissami, el exvicepresidente venezolano con ascendencia siria y libanesa, que ha sido acusado de convertir a Venezuela en un trampolín mafioso entre Sudamérica y Medio Oriente. Lavado de dinero, narcotráfico, y venta de pasaportes venezolanos en Irak entre 2013 y 2015, son algunos de los delitos que manchan su nombre. Para él, resulta indiferente que Estados Unidos haya ofrecido hasta 10 millones de dólares por información que lleve a su captura. Su peor delito es el de haber abierto la puerta de su país a miembros de Hezbollah. 

Si uno entra en las noticias del portal InsightCrime respecto a este país, los titulares son: "Las sumas no cuadran en decomisos de droga reportados en Venezuela", "Incautación de tres toneladas de cocaína ilustra rutas hacia Asia", "Mafioso denuncia conexión Venezuela-Turquía para traficar cocaína". 

Entonces, ¿es Venezuela un narcoestado? Las condiciones actuales del país no dejan lugar a dudas de que las instituciones han quedado doblegadas a la voluntad del crimen organizado local y al internacional.

Italia, Argentina, y otros casos
 
Un apartado dentro de esta pieza no sería suficiente para entrar de lleno en el tema de Colombia. Su historia es larga, y la complejidad de personajes como Pablo Escobar no admite generalidades y son meritorias de un texto aparte. Pero, en efecto, Colombia fue un narcoestado durante los años ochenta y noventa. 

"En Italia, 'Ndrangheta tiene nexos con el cartel Jalisco Nueva Generación (uno de los más poderosos en México) para entrar en el negocio del fentanilo. De ser así, ese combo criminal podría recomponer el mapa de las narco-operaciones mundiales"

Argentina, por otra parte, no está considerada como un narcoestado, pero tiene un punto caliente: Rosario. Esta ciudad, conocida como ilustre y patriótica en otros tiempos, y asociada a figuras mediáticas como Messi, el Che Guevara o Fito Páez, hoy es sinónimo de crimen y violencia. Es, con diferencia, la ciudad argentina más violenta (tiene una tasa de crimen cuatro veces más alta que la villa miseria más peligrosa de Buenos Aires, la Villa 31). La clave para entender esa situación es que se ha convertido en un territorio disputado por bandas de narcotraficantes, siendo la de Los Monos la más conocida de ellas. Dicen, expertos en el tema, que la ciudad y el país ya viven un proceso de mexicanización.

Italia, igual que Colombia, merecería una pieza exclusiva, solo por la complejidad de las grandes mafias que operan en el país: Camorra (Nápoles), Cosa Nostra (Sicilia), 'Ndrangheta (Calabria), Sacra Corona Unita (Apulia). La noticia más reciente al respecto es que la 'Ndrangheta tiene nexos con el cartel Jalisco Nueva Generación (uno de los más poderosos en México) para entrar en el negocio del fentanilo. De ser así, ese combo criminal podría recomponer el mapa de las narco-operaciones mundiales.

Por otra parte, está Nápoles, uno de los focos del crimen organizado en el país. Roberto Saviano ya nos contó desde hace dos décadas cómo fue que la Camorra logró enraizarse en todas las capas de la sociedad italiana y del Gobierno. Sin duda, la situación de ese país respecto a convertirse en un narcoestado es muy alarmante. 

"La gran amenaza, si es que vale la generalización, es la oscuridad en la que operan los carteles: porque mientras las autoridades y la sociedad civil sigan creyendo que se trata de organizaciones locales, con un ámbito de acción limitado a ciertas zonas o países, poco se podrá hacer al respecto"
Para finalizar, es necesario destacar que el hampa internacional se mueve a un ritmo más rápido que las acciones gubernamentales de cada nación, y es por eso que sus actividades no tienen patria y circulan con mayor fluidez (y opacidad) que cualquier mecanismo nacional o internacional para frenarlas. La gran amenaza, si es que vale la generalización, es la oscuridad en la que operan los carteles: porque mientras las autoridades y la sociedad civil sigan creyendo que se trata de organizaciones locales, con un ámbito de acción limitado a ciertas zonas o países, poco se podrá hacer al respecto. La clave para combatir a las organizaciones criminales, como Roberto Saviano y Felipe Curcó han sugerido, es: seguir el dinero sucio, porque solo golpeando sus finanzas será posible hacerle frente a un enemigo sin rostro y de dimensiones incalculables. 
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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