Se celebra en estos días el 75 aniversario de la fundación de la República Popular China. La emergencia de China, su transformación en una gran potencia mundial, es uno de los acontecimientos más relevantes de nuestro tiempo. En este artículo se pretende repasar algunos rasgos clave que permitan comprender mejor la República Popular que nació, bajo el liderazgo de Mao Tse-tung, en 1949, y que ha experimentado vaivenes importantes en su orientación a lo largo de estos 75 años.
La República Popular China es en teoría un país
comunista. El poder está efectivamente controlado por el
Partido Comunista Chino (PCCH). Pero, ¿hasta qué punto China es comunista? ¿No resulta, por ejemplo, cuanto menos algo chirriante considerar como comunista un país que se ha convertido en uno de los países con mayores desigualdades del mundo?
"El carácter comunista del Partido debe ser considerado con matices. La Revolución china fue una revolución nacionalista, más que una revolución comunista"
Por ello el carácter "comunista" del Partido debe ser considerado con matices. La revolución china fue una revolución nacionalista, más que una revolución comunista. El comunismo chino incorporó ingredientes tradicionales de la cultura china y, en concreto, de lo que constituye la médula de ésta desde hace muchos siglos: el confucianismo. Del marxismo-leninismo adoptó sobre todo el segundo componente, el leninismo. El peso del marxismo, como ideología, como doctrina política, ha sido relativamente escaso.
El nacionalismo ha sido pues un componente esencial de la República Popular. La nación china, humillada durante décadas en las que estuvo sometida a agresiones exteriores y sufrió numerosas lesiones en su soberanía, inició en 1949 una nueva etapa de su historia, en la que iba a recuperar su soberanía, y poco a poco iba a superar su debilidad y recuperar también el papel de gran potencia que por su población e historia le correspondía.
El Partido Comunista Chino es un partido
especial; no es un partido político como los que existen en otras partes del mundo.
El Partido aglutina a los funcionarios que tienen la responsabilidad de administrar el país. Existen paralelismos con el sistema de la burocracia de los mandarines de las épocas imperiales. Las tareas de gobierno corresponden a unos "profesionales", los mandarines o los cuadros del Partido, oficiales especialmente preparados para ocupar los puestos de responsabilidad en el gobierno.
La meritocracia es una de las bases de esta estructura de poder. Los cuadros van ascendiendo en la jerarquía del Partido gracias a que demuestran sus capacidades. De esta forma, el sistema genera una clase funcionarial que está, en líneas generales, muy preparada, que desarrolla sus funciones con un alto nivel de eficiencia, como han podido comprobar los que han vivido y trabajado en China.
A pesar de todos los avatares y trastornos por los que ha pasado la República Popular (el Gran Salto Adelante, la Revolución Cultural, etc.), el Partido Comunista ha logrado mantener su legitimidad ante el pueblo chino.
Esta legitimidad se sustenta en dos factores, básicamente. El primero es que el Partido, como ya hemos apuntado, devolvió a China la unidad y la soberanía nacional, le permitió superar una larga crisis que se arrastraba desde mediados del siglo XIX, transformó a China en una potencia temida y respetada en la comunidad internacional.
Desde hace muchos siglos, la filosofía política china ha considerado la unidad como un fin esencial en la labor de los gobernantes. Como dice la Cambridge History of China, "situados en una larga trayectoria histórica, los comunistas chinos pueden ser vistos como otra dinastía unificadora, equipada con un presidente imperial, una burocracia, una ideología". "Si la unidad era el legitimador de las dinastías, entonces el éxito del Partido Comunista Chino al unificar China continental, algo que Chiang Kai-shek nunca había logrado, confirió sobre el Partido el tradicional mandato del cielo".
"El Partido ha liderado un gran proceso de transformación económica, que ha convertido a China en la segunda economía del mundo y ha producido una mejora espectacular en las condiciones de vida de la población"
El segundo factor de legitimidad del PCCH está ligado a la etapa de reforma de las últimas décadas. El Partido ha liderado un gran proceso de transformación económica, que ha convertido a China en la segunda economía del mundo y ha producido una mejora espectacular en las condiciones de vida de la población. Permitió, además, durante un largo periodo de tiempo, hasta la llegada al poder de Xi Jinping, una notable extensión de las libertades personales, ampliando las oportunidades que se abren ante los ciudadanos.
La reforma china ha provocado la mayor revolución económica de la historia, en el sentido de que nunca hasta ahora un colectivo tan grande de población ha experimentado una mejora tan intensa de sus condiciones económicas y materiales de vida en un período de tiempo tan corto.
China ha demostrado además su capacidad para convertirse en una potencia global en tecnología, contradiciendo la teoría de que los países con regímenes políticos autoritarios están seriamente limitados para la innovación. China ya es líder mundial en determinados campos de las nuevas tecnologías, en comercio electrónico, vehículos eléctricos, energías renovables, etc.
Con la llegada al poder de Xi Jinping la República Popular China ha entrado en una nueva etapa, la tercera en su evolución. Las dos anteriores etapas serían las siguientes:
La etapa que podemos denominar maoísta, entre 1949 y 1977, marcada por el sello de Mao Tse-tung, una etapa en la que se sentaron y desarrollaron las bases de la República Popular, y que conoció por otra parte grandes convulsiones políticas y económicas. Existe en esta etapa un lado oscuro: las purgas y ejecuciones masivas, las campañas políticas y sociales, como el Gran Salto Adelante de finales de los años cincuenta, que provocó una gran hambruna y millones de muertes, o la Revolución Cultural, que trastornó gravemente la estabilidad del país y dio lugar a la persecución, y la muerte violenta, de cientos de miles de personas.
La etapa de la reforma, a partir de 1978, marcada por el sello de Deng Xiaoping, que impulsó un cambio radical de orientación, convirtiendo la modernización de la economía y la apertura al exterior en el objetivo prioritario (frente al énfasis de Mao en la lucha de clases, las campañas políticas).
En política, Deng promovió un ejercicio más colectivo en el ejercicio del poder. Anteriormente el poder había tenido un carácter personalista muy acusado, centrado en la figura de Mao. A la muerte de éste tomó el poder, también con un fuerte componente personal, Deng Xiaoping, que impulsó un sistema de relevo en los puestos clave del Partido y el Estado. Los dirigentes iban cambiando cada cierto tiempo, de acuerdo con unos plazos establecidos y conocidos de antemano.
La tercera etapa se inicia en 2012 con la llegada al poder de Xi Jinping. En la nueva etapa de Xi Jinping se ha producido una involución. Ha retornado el culto a la personalidad. El poder se ha concentrado en Xi, quien se ha convertido en el nuevo gobernante supremo de China, con unos poderes muy amplios que recuerdan a los de Mao. La tendencia anterior hacia un mayor grado de libertades se ha frenado. Ha aumentado la represión de disidentes y defensores de los derechos humanos, Hong Kong ha perdido buena parte de su autonomía y libertades, está el tema de Xinjiang, y la política crecientemente agresiva sobre Taiwan, etcétera.
En política exterior China ha adoptado una política agresiva, que la está llevando a enfrentamientos con numerosos países. Las diferencias y conflictos con Estados Unidos, India, Australia, la Unión Europea, los países asiáticos con los que mantiene disputas territoriales en el mar del Sur de China, han aumentado de manera alarmante.
En el campo económico se ha promovido un cambio en el modelo económico, pasando del modelo que caracterizó las primeras décadas de la reforma, basado en la inversión, las exportaciones, el ahorro, a un modelo que potencia el consumo, los servicios, el decidido impulso a la tecnología. En todo caso, el Estado, el poder político (es decir, el Partido Comunista Chino) mantienen un control estrecho sobre los sectores económicos más relevantes.
¿Y qué perspectivas se pueden perfilar hacia el futuro? Durante décadas la tendencia dominante ha sido analizar el sistema político chino en base a la teoría según la cual existe una correlación entre desarrollo económico y democratización. Se pronosticaba así que el crecimiento económico terminaría provocando una convergencia del sistema político chino con un sistema democrático. China se convertiría en una democracia tal como se entiende en Occidente, con multipartidismo, libertades, elecciones libres, alternancia en el poder.
"Se pronosticaba así que el crecimiento económico terminaría provocando una "convergencia" del sistema político chino con un sistema democrático"
La base de esta teoría, de forma simplificada, es que la modernización y el crecimiento traen consigo un aumento de las clases medias y acomodadas, que reclaman una participación en la gestión de los asuntos de la sociedad. Por otro lado, la mayor complejidad de una economía avanzada requiere mecanismos democráticos de participación para mantener su eficiencia.
Esta convergencia no se ha producido. Más bien, en los últimos años se ha registrado una involución en la tendencia hacia una mayor liberalización.
Conviene precisar que en China, cuando se habla de democracia, reformas democráticas, etc., no se está hablando normalmente de multipartidismo, elecciones libres o alternancia en el poder. Más bien se está hablando de profundizar en la extensión y el respeto a las leyes, de la responsabilidad de los gobernantes ante los ciudadanos, de tomar medidas para frenar los abusos, las arbitrariedades y la corrupción, de reducir las desigualdades.
Es decir, cuando en China se habla de democracia y de la necesidad de llevar a cabo reformas democráticas, ello no implica que debe desaparecer el papel dominante del PCCH y establecerse un régimen multipartidista.
Una de las grandes cuestiones que se plantean cara al futuro es: ¿se democratizará China?
En los tiempos actuales, a corto plazo, con la involución que se ha registrado en la etapa de Xi Jinping, las perspectivas no parecen muy alentadoras en lo que se refiere a un avance en las libertades y una eventual democratización.
"Gestionar el ascenso de China, facilitar su acoplamiento en el mundo, es imprescindible para la estabilidad internacional"
Ahora bien, tras Xi Jinping vendrán otros dirigentes políticos, que podrán, en teoría, impulsar una orientación distinta, abrir una nueva etapa en la evolución de la República Popular. A pesar de las características culturales y sociales de la sociedad china, Taiwan ha demostrado que la democracia liberal es compatible con éstas. A largo plazo el futuro está —posiblemente— abierto a los cambios. En su historia la República Popular ha conocido cambios bruscos en su evolución y en su política.
Para finalizar, solo cabe decir que lo que pase en China, lo que haga China, condiciona al mundo entero. Gestionar el ascenso de China, facilitar su acoplamiento en el mundo, es imprescindible para la estabilidad internacional. Es uno de los grandes retos de la comunidad internacional, que debe buscar un acomodo con China, dado su peso demográfico, económico, militar. Por supuesto, se debe ser firme a la hora de defender, con la mayor unidad posible de los países democráticos, los derechos humanos y el respeto las normas internacionales.