Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

La derecha y los derechos: una compleja relación de supervivencia

Los partidos de derecha, tanto en España como en Europa, han pasado de legislar en favor de la familia tradicional a apoyar el empleo femenino y la redistribución de los cuidados. En otros campos, han mantenido o reforzado posiciones conservadoras. La capacidad de la izquierda de introducir políticas que inciden en la opinión pública y la estructura económica es clave para influenciar la acción de futuros gobiernos conservadores.

Manuel Alvariño Vázquez Manuel Alvariño Vázquez 25 de septiembre de 2024
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Feijóo visita una escuela infantil de Alicante. | Joaquín Reina / Europa Press / ContactoPhoto
Feijóo visita una escuela infantil de Alicante. | Joaquín Reina / Europa Press / ContactoPhoto
¿Son los partidos fieles a su ideología, o más bien cambian con el tiempo? ¿Lo que consideramos izquierda, derecha, y centro es algo estable, o el resultado de una batalla cultural y política? Históricamente, gran parte del centro izquierda europeo ha pasado del socialismo a la tercera vía, mientras que el centro derecha ha pasado de defender la familia patriarcal a la igualdad de oportunidades laborales para las mujeres.

En este artículo defiendo, en base a un estudio publicado recientemente, que las batallas políticas no se deciden solamente por cambios estructurales, sino también por la capacidad de introducir cambios legislativos efectivos. 

Pongamos por caso las políticas relativas al género y la distribución social del trabajo productivo y reproductivo. Las derechas en Europa históricamente han tratado de desincentivar a las madres de permanecer en el mercado laboral para, en cambio, responsabilizarse del trabajo de cuidados. Los partidos cristianodemócratas que dominaron Europa continental, y las dictaduras de Franco y Salazar en la península ibérica, persiguieron este objetivo introduciendo subsidios, largos permisos de maternidad, y restringiendo las oportunidades para conciliar. La familia tradicional era un baluarte importante del régimen franquista, y no lo fue mucho menos para Alianza Popular en sus inicios. En su programa electoral de 1977, claramente lo mostraba afirmando "la concepción cristiana de la familia y sus valores permanentes".

"Para muchos puede parecer evidente que la derecha se adapte a un entorno social más moderno y progresista. Sin embargo, lo más habitual en política es que los partidos no cambien, sino que se ciñan a avanzar en sus posiciones en una batalla ideológica"
En cambio, en la Europa actual, la mayoría de los partidos de centroderecha legislan en favor de maximizar el empleo femenino e incluso de redistribuir las responsabilidades de cuidado hacia los hombres. Feijóo prometió ayudas a madres trabajadoras en el pasado, y también universalizar la educación de 0 a 3 años, y Rajoy amplió el permiso de paternidad de 2 a 5 semanas. Está claro que el PP continúa defendiendo ciertos valores conservadores y haciendo énfasis en las familias numerosas. Sin embargo, pocos negarán que han convergido con la izquierda hacia modelos familiares donde ambos progenitores trabajan, en línea con otros partidos europeos de su familia.

Para muchos puede parecer evidente que la derecha se adapte a un entorno social más moderno y progresista. Sin embargo, lo más habitual en política es que los partidos no cambien, sino que se ciñan a avanzar en sus posiciones en una batalla ideológica. Cambiar de posición implica ser incoherentes, una batalla intelectual costosa, y puede ser interpretado como una traición por militantes y votantes. Además, la convergencia que vemos en la concepción de la familia no existe en otras áreas como el mercado laboral, la inmigración, o la regulación del sector privado. 

¿Por qué ha cambiado la derecha en este ámbito, y no en otros? ¿Por qué ha cambiado en España en un determinado punto, pero no tanto en Austria o en Italia? Ciertos estudios se centran en la dimensión electoral: cuando los votantes se vuelven progresistas, la derecha cambia para sobrevivir. Otros estudios se centran en la economía: cuando los empresarios se interesan en el capital humano femenino y no se puede rechazar su contribución a las finanzas públicas, la derecha gobierna en ese sentido.

Un nuevo estudio académico en acceso abierto, trae una respuesta un tanto original a estas preguntas. La idea principal es que los cambios socioeconómicos no son solo la causa del comportamiento de los partidos que gobiernan, sino también su consecuencia. Es verdad que la opinión pública y la economía se ven influenciadas por cambios estructurales internacionales, y eso ayuda a ganar elecciones y tener la capacidad de gobernar. Pero es clave aprovechar esa oportunidad, porque las políticas y leyes repercuten en el funcionamiento de la sociedad y en la estructura de la economía, que a su vez influirá en la acción de los gobiernos futuros. Gobierno y sociedad son dos dimensiones que interactúan en el tiempo.

La idea principal es que los cambios socioeconómicos no son solo la causa del comportamiento de los partidos que gobiernan, sino también su consecuencia.
Volviendo al caso de la derecha y la familia, ese cambio económico y social que empuja a las derechas a cambiar es en parte el resultado de decisiones políticas anteriores aprobadas por gobiernos de izquierda. Allí donde la izquierda es capaz de legislar en favor de la emancipación económica femenina, el empleo femenino asciende, los empresarios 'descubren' su valor, las familias se acostumbran a utilizar permisos más equitativos y servicios de cuidados, y los valores cambian. Cuando la derecha trata de recuperar el poder, todo es diferente, y ni votantes ni empresarios apoyarán un programa político que pretenda volver a un pasado conservador. Allí donde estas políticas innovadoras no existieron, estos cambios no se dieron, y la derecha no cambió.

En España, Alianza Popular era un partido muy conservador en su mirada a la familia durante la época de la transición. Las elecciones fueron inicialmente ganadas por UCD, un partido poco sospechoso de ser progresista o feminista. Sin embargo, los sucesivos gobiernos de Felipe González contribuyeron a promover las oportunidades laborales para las mujeres y a disparar la educación y luego el empleo femenino, contribuyendo al correspondiente cambio cultural. Se dio un profundo cambio social que quizás no se habría dado en la ausencia de esta acción legislativa. Ante estos cambios, en 1989 la derecha se reestructura en el Partido Popular, con Aznar a la cabeza, y se convierte en defensora de la madre trabajadora. Esto ayuda a su inmediato éxito electoral. En ausencia del cambio institucional de los años 80, es muy posible que la derecha española se hubiera podido ahorrar una compleja metamorfosis que conllevó una profunda revisión ideológica y una importante renovación de altos cargos.

Teorías políticas tan parsimoniosas son difíciles de defender con un solo caso. Solo cuando vemos que este patrón se repite también en otros países podemos ganar confianza en la idea. En Portugal, durante la misma época y bajo las mismas condiciones internacionales, el partido conservador continuó apoyando la familia tradicional. Sólo después de las leyes promovidas durante los gobiernos de Guterres entre los 90 e inicios de los 2000 la derecha cambió visiblemente. En comparación, la izquierda italiana nunca fue capaz de introducir cambios fuertes en leyes y políticas públicas debido a la inestabilidad política de los años 90. Su ausencia contribuyó a perpetuar una sociedad más conservadora, dejando a la derecha sin incentivos para llevar a cabo una revisión ideológica. El estudio revisa cómo algo similar ocurrió en Alemania, Austria y Países Bajos.

"La lección para la izquierda es que las reformas valientes y eficaces pueden contribuir a la continuidad de la misma agenda política en los gobiernos futuros"
La lección para la izquierda es que las reformas valientes y eficaces pueden contribuir a la continuidad de la misma agenda política en los gobiernos futuros. Por supuesto, esto no es siempre así. De otra forma, viviríamos en un progreso permanente y sería imposible la reacción o el recorte de derechos, como vivimos en la austeridad tras la crisis del 2008. ¿Qué determina que una senda de derechos sea aceptada, o más bien atacada, por el gobierno siguiente? 

En mi opinión, la respuesta radica en su capacidad de generar un apoyo social suficiente mediante una aplicación inclusiva. La mayoría de las políticas de apoyo a la mujer trabajadora parecen favorecer tanto a la clase trabajadora como a la empresarial. Por lo tanto, continuar en la misma senda parece sencillo. No será tan fácil con otras políticas más molestas para el empresariado, como la reducción de la jornada laboral. En este caso, sería pragmático acompañar la reducción con medidas para ayudar a las empresas a implementar los cambios organizativos necesarios para que el cambio perdure el tiempo.

En cualquier caso, es más fácil impedir la aprobación de derechos sociales que eliminarlos cuando ya existen, pero es crucial que esos derechos estén bien asentados para generar un apoyo social que los defienda. De poco sirve aprobar un ingreso mínimo vital si quien más lo necesita no tiene acceso, ya que puede convertirse en blanco de crítica sin tener un fuerte grupo de beneficiarios. En cambio, me gustaría creer que si las personas ven mejoradas sus condiciones vitales gracias a unas políticas, las defenderán y demandarán su expansión, condicionando la acción de futuros gobiernos en democracia.
Manuel Alvariño Vázquez
Manuel Alvariño Vázquez
Investigador predoctoral en el Instituto Universitario Europeo (Italia)
Actualmente realiza su tesis doctoral sobre la política del estado de bienestar, particularmente en políticas de familia y género. En Instituto Universitario Europeo (EUI), es parte del proyecto de investigación ‘Wellbeing Returns on Social Investment Recalibration’. Cuenta con un máster en Economía Política por la Universidad de Ámsterdam y un grado en Economía, Política y Filosofía por la Universidad Pompeu Fabra.
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