Cerca ya de sus dos primeros años al frente del gobierno de Italia,
es de interés hacer un balance general de las principales políticas de Giorgia Meloni para calibrar si encajan con la presentación oficial de las mismas que ella hace y que define como de "centroderecha".
En primer lugar,
Meloni alardea de la estabilidad de su gobierno, algo no muy frecuente en su país. Siendo esto cierto puesto que su coalición, no sin algunas diferencias internas, está bastante cohesionada, goza de cómodas mayorías en ambas cámaras (238 diputados sobre 400 y 116 senadores sobre 205) y no tiene alternativa; a causa de las divisiones y contradicciones de la oposición progresista. No puede ignorarse que dos gobiernos de Romano Prodi superaron los dos años y, sobre todo, que Silvio Berlusconi casi agotó la legislatura 2001-2005.
La gran habilidad de Meloni fue la de ser paciente y esperar su momento: no aceptó la oferta de Giuseppe Conte de formar gobierno con el Movimento 5 Stelle y la Lega en 2018 y su partido, Fratelli d’Italia (FdI), fue el único que no apoyó al gobierno técnico de Mario Draghi en 2021, un doble acierto desde su punto de vista.
"La gran habilidad de Meloni fue la de ser paciente y esperar su momento"
Meloni es presidente del
Consiglio dei Ministri (ella exige el masculino genérico para el cargo) desde el 22 de octubre de 2022, al frente del gobierno 68º al iniciarse la XIX Legislatura en la que, por fin, hay coincidencia entre las preferencias electorales mayoritarias y tal puesto. Su triunfo se ha visto además ratificado en las elecciones europeas de 2024 (28.8%), aunque se constata que el principal partido de la oposición, el
Partito Democratico ha experimentado un significativo avance (24.0%) gracias al empuje de su nueva líder, Elly Schlein. En cualquier caso, la doble victoria en 2022 y en 2024 confirma el claro sesgo conservador de la mayoría de los electores italianos y las dificultades para los progresistas de articular una alternativa fuerte.
La coalición de las derechas italianas está formada por FdI, en muy clara posición dominante, Forza Italia (FI) (Antonio Tajani), la Lega (Matteo Salvini) y el minúsculo partitino centrista Noi Moderati (Maurizio Lupi). Naturalmente la principal dificultad para Meloni es
Salvini, pero el político liguista dilapidó su extraordinaria popularidad pasada por sus incomprensibles vaivenes en el gobierno de Conte sobre la pandemia. De tal suerte, que Meloni acabó apareciendo como una política mucho más seria y confiable. Hoy en día la correlación de fuerzas es netamente favorable a FdI (28.8%) frente a la Lega (9.0%), a tenor de las elecciones europeas que han ampliado la diferencia de 2022 (26.0% y 8.7% respectivamente). Salvini está muy próximo a Viktor Orbán (comparten grupo parlamentario en la Unión Europea) y pone constantes dificultades para la ayuda militar a Ucrania dadas sus simpatías por Vladímir Putin.
"Con el gobierno Meloni no solo no se ha reducido la pobreza como prometió, sino que ha aumentado en un 4,4% y afecta a 5,7 millones de personas"
Con el gobierno Meloni no solo no se ha reducido la pobreza como prometió, sino que ha aumentado en un 4,4% y afecta a 5,7 millones de personas (datos del ISTAT, Istituto di Statistica). Esto es resultado de, tanto el recorte del 50% de las partidas dedicadas a paliarla, como por la abolición del rédito de ciudadanía que había contenido ese negativo fenómeno. Meloni ha sido hábil al haber atenuado el tradicional euroescepticismo de la derecha radical italiana y haber abrazado con claridad el atlantismo, tanto es así que consiguió aproximarse al sector más conservador del Partido Popular Europeo (Manfred Weber). Es decir, abrazar cierto europeísmo instrumental (en todo caso, opuesto a una eventual federalización política) y asumir la estrategia de la OTAN frente a la Rusia de Putin reforzaron mucho su imagen como política confiable, lo que es notable dada la tradición ultranacionalista de su partido.
Ahora bien, para Meloni fue un serio error no votar a favor del segundo mandato de Ursula Von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea y alinearse con los demás ultras. Perjudicó su propia imagen de
moderantismo que intenta ofrecer. FdI ha perdido mucha fuerza en el Parlamento Europeo al ver sobrepasado su grupo (Conservadores y Reformistas Europeos) por el más radical de Patriotas por Europa (Marine Le Pen, Orbán, Salvini y Santiago Abascal que antes era próximo a Meloni). Así pues, el gobierno Meloni se ha quedado sin puestos en el Parlamento Europeo y en la UE solo dispondrá del Comisario que le corresponde a Italia (Raffaele Fitto, nombrado vicepresidente ejecutivo de la Comisión para Cohesión y Reformas).
"Para Meloni fue un serio error no votar a favor del segundo mandato de Ursula Von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea y alinearse con los demás ultras"
Aunque, a veces, Meloni juega a presentarse como una outsider frente al sistema, en realidad está en política desde hace casi treinta años (en 1996, con 19 años, fue responsable estudiantil de Alleanza Nazionale, el partido postfascista de Gianfranco Fini) y en 2008 fue Ministra de la Juventud con Berlusconi. Por tanto, ni es una novedad ni su reciente conversión a cierto europeísmo y al atlantismo permiten ignorar que su bagaje cultural y político procede del Movimento Sociale Italiano y de su admirado líder Giorgio Almirante (Daniel Vicente Guisado y Jaime Bordel Gil: Salvini & Meloni. Hijos de la misma rabia: cómo la derecha radical se hizo con el control de la política italiana. Apostroph, Barcelona, 2021).
Como es sabido, la derecha radical occidental está atizando las un tanto impropiamente denominadas "guerras culturales" y en el caso italiano mantiene el falso mantra de la hegemonía del marxismo (sic) en la cultura y en los medios intelectuales del país. Aunque hoy no queda prácticamente resto alguno mínimamente articulado de tal enfoque (Giovanni Zagni y Carlo Canepa:
Bugie al potere; Il fact-cheking del Governo Meloni, Mimesis, Milán, 2023).
Meloni oscila entre cierto neofascismo inercial, toques populistas, iliberalismo ideológico y pragmatismo de gobierno. Sus valores mitificados se centran en la tríada "Dios, Patria, Familia", es decir, elementos identitarios religiosos, nacionalistas y tradicionalistas. Es cierto que Meloni ha entendido que debe tener relaciones fluidas con Bruselas y Washington —aunque no las ha resuelto bien con Emmanuel Macron e incluso con Olaf Scholtz—, pero no cree en la división de poderes, es ultratradicionalista en cuestiones morales (aborto, derechos del colectivo LGTBIQ+) y reaccionaria en política migratoria. Además,
el fundamento antifascista de la Constitución democrática italiana es algo que incomoda a Meloni, siempre reacia a asumir la decisiva contribución de la Resistencia a aquella.
"Meloni oscila entre cierto neofascismo inercial, toques populistas, iliberalismo ideológico y pragmatismo de gobierno. Sus valores mitificados se centran en la tríada "Dios, Patria, Familia"
Su proyecto es el de expandir los poderes del Ejecutivo, lo que implica desde una mayor intervención en la RAI para controlar su Consejo de Administración hasta su proyecto de elección popular directa del Presidente del Consiglio, algo que asume FI, pero incomoda a la Lega. Precisamente para neutralizarla Meloni le ha prometido una reforma para una autonomía regional diferenciada que ni los herederos de Berlusconi ni mucho menos los militantes de FdI comparten. En todo caso, estas dos propuestas requieren de un complicado íter legislativo que con casi toda seguridad requerirá de referéndum popular posterior y cabe recordar que Matteo Renzi sufrió un duro revés al respecto en 2016, una lección que Meloni no puede ignorar.
Al formar parte de la Eurozona, Italia no puede permitirse muchos experimentos económicos, de ahí que Meloni haya centrado su ofensiva reaccionaria en limitar los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBIQ+: su exaltación de la maternidad tradicional y de la familia clásica la ha llevado a dificultar el derecho al aborto y a no registrar a los padres no biológicos en las parejas de gais y lesbianas. La otra gran obsesión es la cuestión migratoria, pero sus políticas restrictivas no han dado los resultados esperados puesto que
los desembarcos de irregulares se han doblado desde que dirige el gobierno (140.898 emigrantes irregulares en 2023 según datos oficiales). Algunas de sus sus viejas promesas han resultado ser irrealizables (usar a la Armada), así como devolver a docenas de miles de "sin papeles". Tampoco ha funcionado la vía de las externalizaciones tras los acuerdos firmados con Túnez y Albania, en este último caso el Tribunal Constitucional albanés no ha avalado la acogida pactada entre Meloni y el Primer Ministro Edi Rama.
Además, en sintonía con la mayoría de las élites y las opiniones públicas europeas, mientras ha reconocido el derecho al asilo de los ucranianos que huyen de la guerra —lo que es impecable—, es mucho más reacia a la hora de hacerlo con sirios y afganos, lo que no es de recibo.
"Al formar parte de la Eurozona, Italia no puede permitirse muchos experimentos económicos, de ahí que Meloni haya centrado su ofensiva reaccionaria en limitar los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBIQ+"
En conclusión, el gobierno Meloni tiene pendiente varias promesas no cumplidas: apenas el 5% del PNRR (Piano Nazionale di Ripresa e Resilienza) ha sido actualizado, es incapaz de afrontar de modo operativo y humanitario las oleadas migratorias y se ha quedado aislada en la UE. Su gobierno tiene pendientes los presupuestos, la reforma de las pensiones y la cuestión escolar para los menores inmigrantes, a la vez que la lucha contra la criminalidad organizada sigue presentando carencias.
Es innegable el olfato político de Meloni, una política muy conservadora a la vez que pragmática y con un partido bastante heterogéneo al haber crecido muy deprisa: pasar del 5% al 26/28% en tan poco tiempo no ha permitido construir un grupo dirigente sólido.
La yuxtaposición de viejos ultras y de políticos con buen perfil técnico solo funciona por su firme liderazgo y por dirigir el gobierno, pero requerirá de una mayor profesionalización en el futuro. Como colofón, no deja de ser interesante la tan diferente opinión de dos ex políticos españoles de los que, a priori, no dejan de sorprender sus valoraciones: para Felipe González, antiguo líder socialista, Meloni es hoy una "estadista", mientras que, para José Mª Lacalle, un genuino liberal que estuvo en el Partido Popular, ella no deja de ser en el fondo una nostálgica del "fascismo".