Martes, 28 de julio de 2026
CONVERSACIONES

Collboni: "El Estado tiene que apoyar a Barcelona como ciudad global de España"

La vivienda, el turismo o el poder de las ciudades protagonizan buena parte de esta entrevista con el alcalde de Barcelona. Jaume Collboni reivindica a las ciudades como el nuevo centro de poder del siglo XXI, así como la necesidad de que el Estado en España apoye también a Barcelona a partir del principio de neutralidad como la otra gran ciudad global. Una conversación fuera de los habituales temas que ocupan nuestra actualidad política y económica, porque Agenda Pública quiere contribuir a poner sobre la mesa aquellas cuestiones de fondo que, en el fondo, son las que más nos afectan.

Agenda Pública Agenda Pública 1 de septiembre de 2024
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Marc López Plana entrevistando a Jaume Collboni, alcalde de Barcelona. | Agenda Pública / Tsun Ho
Marc López Plana entrevistando a Jaume Collboni, alcalde de Barcelona. | Agenda Pública / Tsun Ho
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, estrena el curso en Agenda Pública. Collboni es, tras Pedro Sánchez y Salvador Illa, el dirigente socialista con más poder institucional en España. No es de extrañar, pues es la máxima autoridad de una ciudad global que compite en la liga mundial de París, Nueva York, Viena o Roma. En esta conversación con nuestro director, Marc López Plana, ponemos las luces largas para hablar del largo plazo y con un mensaje claro: "Si le va bien a Barcelona, también le va a ir bien a España".

Collboni accedió a la alcaldía de la ciudad hace poco más de un año. Desde entonces, el alcalde se ha convertido en el principal referente progresista municipal de su espacio político en nuestro país y en una de las voces progresistas más reconocidas de las grandes ciudades globales: "Soy un alcalde de una gran ciudad del mundo, pero sobre todo soy un alcalde de la gente de la ciudad de Barcelona, al que le importa cómo van a hacer los centros de asistencia primaria, cómo se va a financiar la vivienda o cómo se va a ampliar la red de Metro". La doctrina Collboni, un nuevo concepto que surge a partir de esta conversación, dice él que es "hacer efectivo el derecho a una ciudad habitable".

Sobre su modelo de ciudad y sociedad profundizamos en esta conversación. La vivienda, el turismo o el poder de las ciudades protagonizan buena parte de esta entrevista en la que nos alejamos del ruido. Collboni reivindica a las ciudades como el nuevo centro de poder del siglo XXI, así como la necesidad de que el Estado en España apoye también a Barcelona a partir del principio de neutralidad como la otra gran ciudad global. Una conversación fuera de los habituales temas que ocupan nuestra actualidad política y económica, porque Agenda Pública quiere contribuir a poner sobre la mesa aquellas cuestiones de fondo que, en el fondo, son las que más nos afectan.

 

Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


Más del 25% de los barceloneses han nacido fuera de España. 


Jaume Collboni (J. C.): Y el 51% de los barceloneses no han nacido en Barcelona. Por primera vez en la historia, los no nacidos en Barcelona son más que los nacidos en Barcelona. Esto forma parte de lo que significa ser una ciudad global y también genera sensación de pérdida de identidad a una parte de la ciudadanía. 

Un año después, ¿cómo le explica a un ciudadano de Sevilla que fue investido alcalde de Barcelona por su partido, por el PP y por los Comuns?

En primer lugar, se invistió a un alcalde del PSC con un programa progresista y todo el mundo sabía que era así. En segundo lugar, las motivaciones de cada uno de ellos eran diferentes, pero tenían un punto en común: no volver atrás con una candidatura alternativa autocalificada de frente independentista y que, además, representaba a otra generación. Los Comuns querían evitar un alcalde conservador y el PP quería evitar un alcalde independentista y coincidieron en que yo aunaba esos dos objetivos. Siendo conscientes —y en esto fuimos muy claros— de que íbamos a desarrollar nuestro programa sobre el que no hubo ningún acuerdo con los otros partidos que me invistieron.

¿Y en qué ha cambiado la ciudad un año después de su llegada a la alcaldía? 

Hay varios niveles de percepción de las cosas que han empezado a cambiar en la ciudad. Tenemos una ciudad más limpia, con un espacio público más cuidado, con un clima político de la ciudad más relajado y más tranquilo. Además, los ciudadanos ya saben y conocen mayoritariamente que hemos puesto en marcha planes de transformación de la ciudad a medio plazo, algo a lo que llamamos la agenda ciudadana.

"Tenemos una ciudad más limpia, con un espacio público más cuidado, con un clima político de la ciudad más relajado y más tranquilo"

 
En un año, con el Pla Viure hemos doblado el suelo disponible para vivienda pública y hemos adoptado medidas como la prohibición de pisos turísticos a partir de 2028 para liberar vivienda para su uso residencial. El Pla Clima recoge medidas contra el cambio climático y para la amortiguación de su efectos sobre la vida de la ciudad. El Pla Endreça, con el que arrancamos, está permitiendo poner orden en el espacio público, en el espacio compartido, desde todos los puntos de vista: seguridad, limpieza, ordenación... Y el Pla de Barris, que hemos relanzado, permite luchar contra las desigualdades. De hecho, justamente hoy [por el 22 de agosto], vengo de BAOBAB, uno de los proyectos de éxito de integración y de cohesión social en los barrios para niños que no tienen medios y que no pueden irse de vacaciones.
 

El alcalde de Barcelona muestra el dibujo que le hizo una niña en su visita al proyecto BAOBAB. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


En estos ámbitos la ciudadanía ha empezado a percibir los frutos. Y, en general, hemos conseguido normalizar la vida institucional. Defendemos un proyecto progresista, que aspira a articular mayorías progresistas dentro y fuera del Ayuntamiento, pero, sobre todo, somos un gobierno para todos. Soy el alcalde de todos los barceloneses y todas las barcelonesas y de todos los barrios de la ciudad. Eso que a veces se atribuía a la vieja política también se percibe por parte de mucha gente de la ciudad. Y también se ha traducido en una cierta normalización de las relaciones institucionales. Me he entrevistado con el presidente del Parlament, de Junts, con el señor Rull, o con el Rey de España con normalidad.

Es el alcalde de referencia para los progresistas en España. ¿Dónde situaría usted las diferencias con un alcalde conservador como el de Madrid? 

No sé si compararía lo que ocurre en Barcelona con otra ciudad. Los progresistas ponemos ante todo la garantía y el ejercicio de los derechos sociales, el acceso a la vivienda, a la salud o a la educación, el transporte como prioridad… y para ello utilizamos mecanismos de redistribución de la riqueza. Eso es lo que nos diferencia de la derecha. Nosotros queremos generar prosperidad, queremos ser una ciudad amiga de la actividad económica, donde sea fácil emprender y donde haya empresas, pero nuestra tarea es hacer que, a través de los impuestos, esa riqueza redunde en la garantía de los derechos sociales, que se puede resumir en el derecho a la ciudad y el derecho a tener una ciudad habitable. Este es el principio de la doctrina Collboni. Con habitable quiero decir que sea asequible para todo el mundo, especialmente para la clase media trabajadora, y hacerlo compatible con el gran reto que tenemos las grandes ciudades globales. Ser una ciudad abierta y global no solo es compatible, sino que puede beneficiar la defensa y la garantía de los derechos sociales de los ciudadanos de Barcelona.

"Ser una ciudad abierta y global no solo es compatible, sino que puede beneficiar la defensa y la garantía de los derechos sociales de los ciudadanos de Barcelona. Este es el principio de la doctrina Collboni"


Esa dicotomía que a veces han intentado establecer algunas opciones políticas, de que es incompatible y que hay que elegir, no es cierta. Barcelona ha demostrado históricamente que es posible ser una ciudad abierta, global, con inversiones, con grandes acontecimientos, y luego tener políticas de redistribución y de garantía de derechos a la vez. Y yo diría que gracias a ser también una ciudad abierta y global.

Somos una ciudad global, pero sobre todo somos una ciudad de escala humana, y esa doble dimensión de la ciudad global y la escala humana es lo que caracteriza un proyecto progresista. Recientemente he escuchado a algunos alcaldes conservadores de España hablar de la inevitabilidad del fenómeno de los pisos turísticos. Eso es lo opuesto a mi concepción de lo que es una ciudad que prioriza los derechos sociales y el derecho de acceso a la vivienda. 

El corresponsal en España de Financial Times dedicó una pieza informativa al turismo masivo en la ciudad de Barcelona, justo en el momento en el que usted anunciaba la batalla contra los pisos turísticos. ¿Cómo se combina ser una ciudad que quiere seguir recibiendo turismo con una ciudad que permite a sus ciudadanos tener una vivienda y con una ciudad que es habitable?

Hay una diferencia muy clara entre ser una ciudad con turismo o ser una ciudad turística. Nosotros no somos una ciudad turística ni lo queremos ser. Somos una ciudad que está al servicio de los ciudadanos y ciudadanas de Barcelona, por nacimiento o por elección, y que los pone en el centro. La industria del turismo tiene que ponerse al servicio de la ciudad y de la preservación de los derechos, como el derecho de acceso a la vivienda. El proyecto, fundamentalmente, es ese. Eso requiere intervención pública. Eso requiere fiscalidad sobre el turismo. 

Por ejemplo, la fiscalidad turística nos permite financiar los servicios que utilizan los turistas cuando nos visitan, pero también nos está facilitando hacer políticas de retorno social. Este verano hemos empezado la climatización de las escuelas de primaria públicas de la ciudad. Tenemos 160 colegios que vamos a climatizar con energía solar. Este proyecto es una buena práctica de lucha contra el cambio climático, que genera energía limpia, y se está desarrollando a cargo del impuesto turístico. Así hay un retorno social del impuesto turístico.

"La fiscalidad turística nos permite financiar los servicios que utilizan los turistas cuando nos visitan, pero también nos está facilitando hacer políticas de retorno social. Este verano hemos empezado la climatización de las escuelas de primaria públicas de la ciudad"


El enfoque es radicalmente diferente. Eso no quiere decir que no queramos turismo. El turismo es importante para nuestra economía. El turismo representa casi un 15% del PIB y más de 100.000 personas viven de él, pero hay que poner límites. Esa idea de límite, que es relativamente nueva, hoy todo el mundo la acepta. Los operadores turísticos —los que son más críticos con el turismo de masas— y, evidentemente, la gran parte de la ciudadanía están de acuerdo en que no se puede crecer ilimitadamente y en que hay que tomar medidas, algunas drásticas y diría que valientes. 

Aparte de la medida de los pisos turísticos, hemos empezado a poner en marcha las áreas de gran afluencia, los Espacios de Gran Afluencia (EGA), que son 14 áreas donde habrá inversión pública para reordenar, como la Sagrada Familia o el Parc Güell. También vamos a tocar el impuesto turístico, por ejemplo, para la llegada de los cruceristas de la ciudad, sobre todo los de menos de doce horas. Vamos a ir desplegando políticas para desmasificar el turismo y limitar el impacto negativo en la ciudad, en el espacio público o en la vivienda de esa masificación. No queremos turismo masificado y lo vamos a limitar.
 

Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


Alcalde, ¿son posibles dos ciudades globales en una España como la nuestra?

Es un hecho. En los principales foros de grandes ciudades del mundo, en C40, en Eurocities, en todas las grandes alianzas de ciudades que hay en el mundo y a las cuales Barcelona pertenece, muchas veces Barcelona es la única ciudad española que está. No de ahora, desde hace tiempo. Ejercemos de ciudad abierta y de ciudad global. Por ejemplo, en los temas climáticos hemos sido especialmente activos y lo vamos a seguir siendo. Entre otras cosas, porque las grandes ciudades globales del mundo, y las europeas en especial, son ciudades con alcaldes y alcaldesas progresistas. Eso es un hecho ya, pero evidentemente hay que tener al Estado a favor o, como mínimo, no tener al Estado en contra. Desde el punto de vista de la presencia de la ciudad en los foros internacionales, Barcelona sigue teniendo una reputación y una capacidad de prescripción de políticas públicas muy relevante. El tema de la climatización de escuelas es una de las buenas prácticas que vamos a explicar en la cumbre de Río en noviembre. 

"Las grandes ciudades globales del mundo, y las europeas en especial, son ciudades con alcaldes y alcaldesas progresistas"


Y, evidentemente, nuestro modelo de gestionar ese impacto de la globalización —el socialdemócrata, el progresista— ya se ve, por ejemplo, en la gestión del turismo, que es diferente de la que están teniendo las otras ciudades. Sin petulancia y con mucha humildad, creo que son políticas que están abriendo un camino y que son políticas que se van a acabar adoptando por todas las ciudades abiertas o globales. Cuando tú conoces los casos de París, de Roma o de Florencia y hablas de políticas públicas, o te explican las políticas públicas, ves que hay una similitud, una línea continua, que es no negar la globalización, no negar que somos ciudades abiertas y globales, sino afrontar cómo gestionar esa globalidad en favor de la ciudadanía a partir de la intervención pública.

¿Le gustaría a usted que el Estado se separara más de Madrid y ayudara más a Barcelona?

Cuando ha habido gobiernos socialistas, eso se ha percibido. Los grandes saltos que ha hecho Barcelona en la etapa democrática han sido porque ha tenido el apoyo del Estado y ha habido presidentes socialistas en Madrid. Y pongo dos ejemplos: uno son los Juegos Olímpicos y otro es el Mobile World Congress (MWC). 

El Mobile llega como apuesta estratégica a la ciudad, no solo como un gran acontecimiento. Es una cita que viene a transformar el modelo económico de la ciudad; al turismo masificado hay que ponerle coto y hay que diversificar la economía de la ciudad, que es lo que está haciendo Barcelona con éxito. En este momento se crean más empleos en el sector tecnológico del conocimiento que en el industrial, por ejemplo, porque hay una apuesta estratégica del Estado. El MWC sitúa a Barcelona en el mapa del mundo en las inversiones tecnológicas y a la vez ha permitido desarrollar pistas de aterrizaje para la inversión en tecnología, con el ejemplo del 22@, nuestro distrito de innovación. Esto ha pasado cuando ha habido entente con el Estado. 

"Hoy Barcelona es la capital científica de España"


Después, siendo conscientes de que no somos la capital del Estado, sí que reclamamos protagonismo, sobre todo en el ámbito cultural y científico. En la etapa Zapatero surge el convenio de cocapitalidad cultural y científica, que hoy está vigente y que consiste en reconocer también económicamente que las instituciones y las programaciones culturales de Barcelona son de interés del conjunto de España, o que la potencia científica e investigadora que tiene Barcelona debe tener un reconocimiento también económico por parte del Estado. Hoy Barcelona es la capital científica de España. Tenemos proyectos de crecimiento como el Mercat del Peix, la Ciutadella del Conocimiento, el Nuevo Clínic o el Caixa Research Institute

Además, la llegada de AstraZeneca, con una inversión de más de 1500 millones de euros, demuestra que en health y ciencias de la vida Barcelona se está posicionando de una forma muy rápida. Para tener una inversión como esta, que estuvimos trabajando durante dos años, es evidente que el Estado tiene que acompañar como mínimo la estrategia.

"Si le va bien a Barcelona, también le va a ir bien a España"


Tampoco pedimos más. Queremos que se reconozca la diversidad nacional y el protagonismo de Barcelona, porque si le va bien a Barcelona, también le va a ir bien a España.
 

Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


¿Le falta espacio a Barcelona? Es decir, ¿cómo solucionaremos el problema de la vivienda teniendo en cuenta que las fronteras están muy claras? ¿Podemos solucionar el tema del aeropuerto en el mar?

Una primera idea: Barcelona no está acabada. Existe un tópico que es que la ciudad está entre los dos ríos, más montaña, y no puede crecer. No es cierto. En estos momentos, con el proyecto Barcelona 2035, nosotros estamos desarrollando tres áreas de crecimiento, sobre todo de vivienda y de espacios económicos, que es toda la operación Sagrera. La estación se acaba el año 27. Tenemos toda la nueva fase del 22@ Norte y de la Marina y Zona Franca. La suma de estos tres espacios de crecimiento son 50.000 viviendas, la mitad de las cuales serán de protección, y un millón de metros cuadrados de techo económico por construir todavía. No es verdad que no podamos hacer vivienda porque no hay espacio. Lo que se debe hacer es repensar los espacios disponibles y aprovechar el impulso de transformaciones como la de la Sagrera. Eso es la Barcelona 2035 que, por cierto, representará una inversión pública de 10.000 millones de euros, que es el equivalente en términos nominales a lo que se hizo en los Juegos Olímpicos. 

"Barcelona no está acabada. Existe un tópico que es que la ciudad está entre los dos ríos, más montaña, y no puede crecer. No es cierto"


Esa es la magnitud de la transformación, sin tener un gran acontecimiento solo, sino mirando de otra forma la ciudad. Y, evidentemente, con todos los criterios de sostenibilidad, transporte público, eficiencia energética, etcétera. Esa es la primera idea. 

"El espacio natural de la realidad metropolitana de Barcelona, en mi opinión, ya ni siquiera se limita a los tres millones del área metropolitana administrativa. Cuando voy a China y me preguntan cuántos habitantes tiene Barcelona, digo que cinco millones"


La segunda idea es que el espacio natural de la realidad metropolitana de Barcelona, en mi opinión, ya ni siquiera se limita a los tres millones del área metropolitana administrativa. La realidad metropolitana de Barcelona es la región metropolitana de cinco millones de habitantes de la primera corona más Vilanova, los Valleses y Maresme, y en el futuro va a requerir algún tipo de articulación de política pública porque es lo que nos da escala para resolver problemas como los de la vivienda. No habrá solución al tema de la vivienda sin conexiones ferroviarias buenas ni sin una política pública de vivienda en la región metropolitana. Eso también nos hará más competitivos internacionalmente. Cuando voy a China y me preguntan cuántos habitantes tiene Barcelona, digo que cinco millones. Con cinco millones empiezas a ser algo en el concierto global.

¿Necesitamos más aeropuerto?

Necesitamos más conectividad transcontinental para no tener que ir a Madrid, a París o a Londres cuando queramos volar a Asia o a Estados Unidos. Lo digo así de crudo para que todo el mundo entienda. Si Barcelona quiere mantener esa condición de ciudad que aprovecha las oportunidades de ser una ciudad global en beneficio de la ciudad y de sus ciudadanos, uno de los elementos que nos da competitividad es la conectividad directa transcontinental. 

Nosotros hemos trabajado mucho como Ayuntamiento porque la conexión directa transcontinental es lo determinante para que venga talento, para que vengan inversiones, para que venga todo el mundo de calidad… Es lo que hizo Boston. Liderada por el sistema universitario, la ciudad propuso la ampliación del aeropuerto. De hecho, el presidente del aeropuerto de Boston era un catedrático de universidad, era el representante del sector universitario, porque para ser competitivos, para tener los mejores profesores y los mejores alumnos, necesitaban conectividad directa.

"Necesitamos más conectividad transcontinental para no tener que ir a Madrid, a París o a Londres cuando queramos volar a Asia o a Estados Unidos"


Ese es mi modelo. Yo no soy quién, ni tengo por qué serlo, para definir cómo tiene que ser la pista o la ampliación. Diría que ha de ser la más eficiente económicamente y la que tenga menos impacto desde el punto de vista medioambiental. 

Recordemos que la aviación es la gran puerta de entrada de la conectividad mundial y se tiene que descarbonizar para 2050. Si Barcelona y Catalunya no hacen esa ampliación, ¿para qué hemos desarrollado el 22@? ¿Para qué vamos a hacer la nueva Fira Montjuic? ¿Para qué nos explicamos al mundo como una ciudad de ferias y congresos, si luego la puerta de entrada no está bien conectada a nivel global? Es un contrasentido hacer una cosa y no hacer lo otro. En fin, yo confío en que el president Illa va a tener la determinación de desbloquear ese asunto.
 

Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


El procés expulsó a los principales bancos de Barcelona y ahora otro banco quiere comprar un banco con sede en Madrid que, en circunstancias normales, tendría su sede en Barcelona. ¿Qué tiene que decir el alcalde de Barcelona sobre esto? 

El alcalde de Barcelona dice que, para garantizar su futuro y su prosperidad, Barcelona y Catalunya tienen que tener músculo financiero y centralidad financiera a partir de las grandes entidades financieras que son de matriz catalana. El alcalde tiene que decir que hemos de recuperar la centralidad del sistema financiero en Catalunya, porque forma parte del poder real que tiene un territorio para desarrollarse y para progresar. 

Aparte de ser un símbolo del desarrollo económico de Catalunya, estos bancos tienen empleados en Catalunya y, sobre todo, prestan un servicio muy importante de financiación de la pequeña y la mediana economía de Catalunya, con decisiones que se toman en Catalunya. Es relevante el lugar donde se toman las decisiones, aunque luego se diga que la dinámica es global o que son grupos bancarios globalizados o europeos. 

"El alcalde tiene que decir que hemos de recuperar la centralidad del sistema financiero en Catalunya, porque forma parte del poder real que tiene un territorio para desarrollarse y para progresar"


Por lo tanto, el alcalde de Barcelona dice que debemos hacer todo lo posible para crear las condiciones para mantener las sedes de las entidades financieras en Catalunya o recuperarlas, y para preservar bancos y entidades financieras que sean de matriz catalana y que luego operen en España y en Europa o en el mundo. No es sencillo de acometer, pero estoy seguro de que en esta nueva etapa que ahora se abre en Catalunya vamos a poder empezar a crear las condiciones para que eso pase.

¿Necesita más poder el alcalde de Barcelona? ¿Debe tener la posibilidad de participar en la gobernanza de una decisión de estas características porque afecta a la capacidad de ser una ciudad global?

Si la respuesta es binaria, la respuesta sería sí. No en todos los casos de la misma manera, evidentemente. El marco regulatorio del sistema bancario es del Estado y de la Unión Europea, por lo que es el ejemplo quizá menos practicable. Pero hay varios alcaldes progresistas (París, Roma, Londres o Varsovia) que trabajamos en red, y lo pongo como ejemplo del salto cualitativo que queremos dar las grandes ciudades europeas. Nosotros somos la última milla de muchas políticas públicas que impulsan la Unión Europea y los Estados. Las grandes ciudades somos la última milla de las políticas medioambientales, de cohesión social, de la revolución digital... Es una anomalía institucional que las grandes ciudades no tengamos, a veces, ni foros ni acceso directo a fondos, ni participemos en la regulación de algunas de estas políticas que vamos a tener que acabar aplicando porque van dirigidas a las grandes áreas urbanas, que es donde vive la mayor parte de la gente en el mundo y en Europa. 

"Es una anomalía institucional que las grandes ciudades no tengamos, a veces, ni foros ni acceso directo a fondos, ni participemos en la regulación de algunas de las políticas que vamos a tener que acabar aplicando porque van dirigidas a las grandes áreas urbanas"


En ese sentido, nosotros lanzamos un manifiesto reclamando la capacidad de influir una vez se decida la ampliación de la Unión Europea, cuando se reformen los tratados, para crear niveles de interlocución, consulta y participación de las grandes ciudades en algunas de estas decisiones. Si no, no funcionarán. Serán inaplicables. O, como les pasa a algunos compañeros alcaldes de otros Estados, habrá políticas de transformación digital o ecológica que se querrán aplicar y fracasarán porque los estados defienden tesis contrarias y los fondos no llegan. 

Este es el gran movimiento que vamos a presentar ante la nueva Comisión Europea para convencerlos. En el nuevo mapa político europeo, las grandes ciudades somos los bastiones del europeísmo, de la defensa de los derechos humanos, de la democracia, de los derechos sociales, de la cohesión, de la lucha contra el cambio climático. Somos las grandes aliadas de esas políticas públicas, pero tener estados o organismos paraestatales que filtran esas políticas hace que no se puedan ejecutar. En el caso de Barcelona, tenemos que tener mucha más capacidad decisoria en el puerto y en el aeropuerto.

"Nuestra capacidad de decisión actual en el puerto es simbólica y en el aeropuerto es inexistente, y eso es una anomalía"


Es un caso evidente. Nuestra capacidad de decisión actual en el puerto es simbólica y en el aeropuerto es inexistente, y eso es una anomalía.
 

Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


¿Necesita Barcelona una ley estatal de sectores estratégicos que le permita regular en áreas como puertos, aeropuertos y transportes, banca y finanzas, energía, telecomunicaciones, biotecnología o ciclo del agua?

El sentido de la pregunta lo comparto. Si los Estados o las comunidades autónomas quieren que se implementen algunas de las políticas en estos ámbitos, o se escucha y se cuenta con las grandes ciudades o las áreas metropolitanas, o no se hará. Por ejemplo, la implantación de la energía renovable, de placas solares, en las ciudades nos está costando mucho porque el marco regulatorio no ha sido consultado a las ciudades. Los fondos llegan de forma indirecta, tarde y mal. Y vamos a velocidad de tortuga. La electrificación en la ciudad de Barcelona para facilitar la penetración del vehículo eléctrico (tenemos 1000 puntos de carga de una empresa pública y 3.000 en previsión) la ha hecho la ciudad a pulmón, por decisión propia. Porque, si tengo que esperar a que una directiva europea determinada llegue, no podremos cumplir con la electrificación y el despliegue de las zonas de bajas emisiones y las empresas automovilísticas me dicen: "O electrificas la ciudad o mi índice de penetración en el mercado no podrá subir". Eso en Barcelona lo hemos tenido que pagar a pulmón, como política pública. Pero no en L'Hospitalet, pero no en Sant Cugat, porque o no han tenido recursos o han tenido otras prioridades. Me parece que no tiene ningún sentido. 

"La implantación de la energía renovable, de placas solares, en las ciudades nos está costando mucho porque el marco regulatorio no ha sido consultado a las ciudades. Los fondos llegan de forma indirecta, tarde y mal"


Creo que hay que ir caso a caso. Por ejemplo, en las decisiones del puerto y del aeropuerto. El puerto forma parte de la ciudad. No puede ser que tengamos solo un asiento y que tengamos que depender de si nos entendemos o no, como ha sido el caso con Damià Calvet y Lluís Salvador, con el presidente de turno del Puerto de Barcelona. Y lo mismo con el aeropuerto. A veces me atribuyen a mí la ampliación o no del aeropuerto; ya me gustaría estar en la mesa donde eso se va a debatir porque va a afectar a mi ciudad. 

En este sentido, estamos ya inmersos en la reforma de la Carta Municipal de Barcelona. La reforma afecta a la ley de grandes ciudades del Estado, en primer lugar, y la tramitación debe hacerse en el Parlament de Catalunya. Con el paso de los años, cuando ha habido conflicto de competencias, la jurisprudencia ha tendido a minusvalorar la Carta Municipal en detrimento de otras leyes que se han ido haciendo los últimos 15 años. Hemos hecho ya una revisión de los últimos 15 años para que, por ejemplo, la presencia del Ayuntamiento en el puerto de Barcelona aumente y para que participemos de la gestión del aeropuerto. 

Un pacto del PSC, Esquerra Republicana y los Comuns ha permitido investir a Salvador Illa sobre la base de lo que se ha llamado un concierto solidario o una financiación singular. ¿Ha calculado a qué podría aspirar Barcelona con una financiación de estas características?

La gran consecución, el gran logro de esta investidura del Govern, es superar la etapa del procés por la vía de romper los bloques. Eso tiene un altísimo valor político para Catalunya y para España. Y esto lo amortizamos mediáticamente demasiado rápido. Insisto. Porque la ciudadanía lo ha querido democráticamente, se ha conseguido romper los bloques que tenían paralizada la política catalana, que tenían dividida la sociedad catalana y que nos han hecho perder muchas oportunidades, por decirlo de una forma elegante, en los últimos diez años. Eso se acabó, también en Barcelona. 

"Se ha conseguido romper los bloques que tenían paralizada la política catalana, que tenían dividida la sociedad catalana y que nos han hecho perder muchas oportunidades, por decirlo de una forma elegante, en los últimos diez años"


No he hecho las cuentas; no hemos hecho números desde el punto de vista de cuánto podría representar la parte alícuota para la ciudad. Lo que sí le puedo decir es que en estos momentos tenemos nueve centros de asistencia primaria en la ciudad de Barcelona que hay que hacer nuevos o que hay que ampliar. Le puedo decir que la Generalitat tiene que financiarnos 1.700 viviendas públicas de la ciudad para las que ya hemos cedido el suelo. Le puedo decir que hay un plan de crecimiento del Metro de Barcelona, de doce nuevas paradas de aquí al 2030, que hay que hacer.

Como alcalde de Barcelona y como presidente del Área Metropolitana de Barcelona, le digo que tiene que haber dinero para eso y tengo plena confianza en el president Illa. Durante algunos años no ha habido dinero para eso: por la crisis económica, por prioridades políticas diferentes o porque sencillamente no se gobernaba Catalunya. Ahora vamos a tener un Govern —y ya lo había empezado a hacer Aragonès para ser honestos— que no es frentista, que quiere unir y que quiere hacer unas políticas progresistas para todos, y un Govern que va a gobernar.

"Soy un alcalde de una gran ciudad del mundo, pero sobre todo soy un alcalde de la gente de la ciudad de Barcelona, al que le importa cómo van a hacer los centros de asistencia primaria, cómo se va a financiar la vivienda o cómo se va a ampliar la red de Metro. Eso es lo que le voy a volver a plantear al president Illa"


En el primer encuentro con Aragonès, en la recepción tras su toma de posesión, no fue muy elegante. Luego, en la primera reunión institucional, supongo que por mi tradición sindical, mi objetivo era llevar algo para mi ciudad. Fui a la reunión con una lista de once solares. Entonces, el president me dijo: "Bueno, pero esto ya lo hablaremos". Yo le dije: "No, president, te voy a dejar aquí la carpeta". “Si los hace el Incasol te cedo el suelo y lo acordamos en dos meses”. Es decir, al final las políticas públicas se han de traducir en tener una ciudad asequible para una clase media trabajadora que garantice los derechos sociales. Soy un alcalde de una gran ciudad del mundo, pero sobre todo soy un alcalde de la gente de la ciudad de Barcelona, al que le importa cómo van a hacer los centros de asistencia primaria, cómo se va a financiar la vivienda o cómo se va a ampliar la red de Metro. Eso es lo que para mí es relevante y eso es lo que le voy a volver a plantear al president Illa.
 

Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


Muchas gracias, alcalde.
Participación