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FILIP SINGER (EFE)

Desafíos agrícolas en Europa: protestas, acuerdos comerciales y perspectivas futuras en el marco del acuerdo con el Mercosur

Gonzalo Fiore Viani

9 mins - 17 de Abril de 2024, 07:00

En Europa, las protestas de los agricultores han cobrado fuerza en medio de un año electoral crucial para el continente. Originadas en Francia y extendiéndose a otros países como España, Italia, Bélgica, y Alemania, estas manifestaciones se centran en una serie de preocupaciones compartidas. Los agricultores se enfrentan a una combinación de regulaciones ambientales, impuestos elevados, costos en aumento, importaciones masivas y acuerdos de libre comercio que amenazan su rentabilidad y la viabilidad de sus operaciones. El descontento se ha avivado especialmente por la competencia percibida como injusta de importaciones con estándares ambientales más bajos, como las provenientes de Ucrania y el potencial acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur. Las respuestas gubernamentales, como las anunciadas por Francia y Alemania para abordar las preocupaciones, buscan mitigar la crisis antes de las elecciones europeas, aunque persiste la incertidumbre sobre el impacto que estas medidas tendrán en el futuro del sector agrícola europeo.

Las protestas agrícolas que suceden a Europa en los últimos meses reflejan una creciente frustración entre los agricultores por una serie de desafíos sistémicos. Desde Francia hasta Alemania y más allá, los agricultores se enfrentan a presiones financieras y regulatorias cada vez mayores, exacerbadas por la competencia desleal percibida de importaciones baratas y acuerdos comerciales controvertidos. La respuesta gubernamental, aunque variada en cada país, refleja un intento de contener la crisis antes de las elecciones europeas. Sin embargo, la complejidad de los problemas, desde la rentabilidad hasta las preocupaciones ambientales, sugiere que las soluciones a largo plazo requerirán un enfoque más integral y colaborativo en toda la Unión Europea (UE) para garantizar la sostenibilidad y el bienestar del sector agrícola en la región.

Aunque decisiones a nivel nacional, como la eliminación de los subsidios al gasóleo agrícola en Alemania, han actuado como desencadenantes, la preocupación en el sector ha aumentado debido a problemas a nivel comunitario, como el exceso de normativas medioambientales y acuerdos comerciales que permiten la entrada de productos que no cumplen con las mismas normas que los europeos.

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Los agricultores expresan su descontento con los precios recibidos, que a menudo son inferiores a los costos de producción. En Alemania, las protestas se intensifican antes de una votación parlamentaria sobre recortes al diésel agrícola. A pesar de una propuesta de la coalición semáforo para mejorar la situación agrícola, los agricultores rechazan congelar sus demandas. Los gobiernos regionales respaldan a los agricultores, otorgando concesiones más amplias que el gobierno central. En Francia, los agricultores están descontentos con la falta de atención del gobierno a sus demandas y las medidas anunciadas generan respuestas mixtas, con algunos satisfechos y otros considerándolas insuficientes. La Coordinación Rural anuncia que sus tractores seguirán en las carreteras debido a la percepción de insuficiencia en las medidas.

Los agricultores europeos emitieron una advertencia el 31 de enero de 2024, destacando que impulsar el acuerdo comercial entre la UE y Mercosur en medio de las protestas generalizadas en varios Estados miembros sería considerado como «una nueva provocación». En una carta dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el Comité de Organizaciones Agrarias y Cooperativas Comunitarias (Copa-Cogeca) subrayó la necesidad de respuestas inmediatas a las preocupaciones expresadas por miles de agricultores que han manifestado su angustia durante varios meses.

Según un informe reciente de la Comisión Europea, se proyecta un aumento significativo en el valor de las exportaciones agrícolas de la Unión Europea para 2032, gracias a la potencial implementación de diez acuerdos comerciales. Estos acuerdos, que incluyen negociaciones con el Mercosur, podrían impulsar el valor de las exportaciones entre 3.100 y 4.400 millones de euros. La UE, ya líder mundial en exportaciones agroalimentarias con un superávit de 58.000 millones de euros en 2022, busca consolidar su posición aprovechando nuevos mercados.

Se espera que estos acuerdos abran oportunidades comerciales para productos específicos, como lácteos, vinos, bebidas y productos agroalimentarios transformados. Sin embargo, también se prevé un aumento en las importaciones, especialmente en sectores sensibles como carne de vacuno, aves de corral y arroz, lo que podría requerir medidas de protección. La CE subraya la importancia de diversificar tanto las exportaciones como las importaciones para mantener un equilibrio en la balanza comercial.

El informe también examina el impacto de los acuerdos comerciales del Reino Unido con Australia, Nueva Zelanda y los países del CPTPP en la agricultura de la UE. Aunque se esperan algunas pérdidas en ciertos sectores, la CE insiste en que los beneficios globales de los acuerdos compensarán estas pérdidas, destacando la necesidad de diversificar los mercados tanto de exportación como de importación para garantizar la estabilidad económica.

Los agricultores recalcaron que el acuerdo con Mercosur es inaceptable para la mayoría de los productores de la UE y advirtieron que cualquier impulso continuo para su implementación sería percibido como una nueva provocación, aumentando el rechazo de la comunidad agrícola a las decisiones de la Comisión Europea.

Además, los agricultores solicitan la introducción de umbrales de importación para productos agrícolas sujetos a liberalización comercial, basados en los promedios anuales o trimestrales de 2021 y 2022. Esta advertencia se produce en medio de las protestas de agricultores en varios países de la UE, incluyendo Alemania, Polonia, Rumania, Bélgica, España y, especialmente, Francia, que exigen cambios en la política agrícola.

En el caso particular de Francia, el 30 de enero pasado, el primer ministro más joven de la historia del país, Gabriel Attal, ofreció un discurso ante la Asamblea Nacional delineando las líneas generales de sus políticas. En su intervención, abogó por la implementación de una «excepción agrícola» para salvaguardar el sector agrícola, sin proporcionar detalles específicos sobre este mecanismo. Este anuncio se produce en medio de un marcado descontento por parte de los trabajadores agrícolas, quienes han estado bloqueando importantes vías en el país durante más de una semana. La propuesta inicial de retirar las subvenciones al combustible, que posteriormente fue revertida por París, generó la indignación de los agricultores y se sumó a otras quejas. Attal enfatizó la importancia del trabajo, los servicios públicos, la autoridad y el medio ambiente como temas prioritarios en su agenda durante su exposición.

Curiosamente, el novelista francés más leído y controvertido del siglo XXI, Michel Houellebecq, anticipó esta situación en su novela de 2019, Serotonina. El protagonista de la historia es Florent-Claude Labrouste, un consultor del ministerio de Agricultura cuya personalidad evoca a la de Houellebecq, un antiguo ingeniero agrícola con profundo conocimiento del ámbito rural. En esta narrativa, el autor examina la incomodidad experimentada por agricultores y ganaderos, empleando datos precisos para ofrecer una visión detallada de una profesión que se enfrenta a múltiples desafíos. Se destaca especialmente un fragmento que aborda las exportaciones de Argentina, una temática relevante en momentos en que agricultores de toda Francia expresan su rechazo al acuerdo entre la UE y los países del Mercosur. Estos manifestantes acusan a estos últimos de distorsionar la competencia e imponer productos de calidad inferior. El narrador dice: «En pocas palabras, lo que está ocurriendo ahora con la agricultura en Francia, es un enorme plan social, el plan social más grande del momento, pero es un plan social secreto e invisible, en el que la gente desaparece individualmente, en su rincón”.

Esta situación se relaciona con los agricultores sudamericanos en varios aspectos. En primer lugar, el acuerdo comercial entre la UE y Mercosur afectaría directamente a los productores agrícolas en países sudamericanos, al abrir sus mercados a la competencia europea. Los agricultores sudamericanos podrían enfrentar una competencia desigual debido a las diferencias en las normativas y estándares de calidad entre ambas regiones, lo que podría perjudicar su competitividad y sostenibilidad. Además, la protesta de los agricultores europeos por la entrada de productos que no cumplen con las mismas normas que los europeos refleja una preocupación común entre los agricultores sudamericanos, quienes a menudo se enfrentan a barreras comerciales y restricciones impuestas por los estándares europeos.

Las revueltas agropecuarias en Europa han alcanzado un punto critico, con agricultores de diversas naciones de la UE expresando su descontento y protestando contra decisiones gubernamentales y políticas comunitarias. Los ruralistas incluso llegaron a bloquear el Parlamento Europeo, en Bruselas, tirando excrementos, huevos, quemando vehículos rurales y mostrando su repudio a las políticas europeas al respecto. El malestar se intensifica por preocupaciones que van más allá de las cuestiones nacionales, abarcando el exceso de normativas medioambientales y los acuerdos comerciales que afectan la competitividad del sector. La advertencia emitida por los agricultores europeos respecto al acuerdo comercial entre la UE y Mercosur refleja la magnitud de la tensión, subrayando la necesidad urgente de abordar las preocupaciones del sector agrícola. A medida que los gobiernos responden a las demandas, queda claro que la implementación de soluciones efectivas es crucial para evitar un deterioro continuo de la situación y asegurar la sostenibilidad y competitividad del sector agrícola en Europa.

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