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FLORENCE LO (REUTERS)

China ante el fin de ciclo

Águeda Parra Pérez

5 mins - 12 de Marzo de 2024, 07:00

La caída de la inversión extranjera directa (IED) en China a mínimos de hace tres décadas marca un importante punto de inflexión en el esquema de desarrollo económico de la segunda potencia mundial. A esto se suma una confianza empresarial que pasó en China por sus peores momentos hasta el encuentro entre Biden y Xi el pasado mes de octubre, cuando se tendieron puentes para la recuperación de cierta agilidad en las conversaciones entre ambas partes. Para entonces entraron en vigor las últimas sanciones estadounidenses a la exportación de maquinaria para fabricación de chips, generando todo ello un cambio de esquema que anticipaba el fin de un ciclo para China.

La caída de la IED no ha sido leve, más bien drástica, cayendo un 80% respecto al año anterior, alcanzando apenas 33.000 millones de dólares, muy lejos del pico histórico de 344.000 millones de dólares en 2021. Extraordinario fue también el primer déficit trimestral de la IED en el tercer trimestre de 2023, la primera vez que los flujos de inversión salientes superaban los entrantes. Y, sin embargo, China desplazaba a Japón como mayor exportador mundial de coches en 2023, principalmente por su aportación a la manufactura de coches eléctricos.

En la nueva globalización, las capacidades adquiridas en el desarrollo de renovables, movilidad sostenible y fabricación de chips avanzados van a generar ventajas competitivas aportando esa dosis de autonomía estratégica que tanto ansían las grandes potencias. Equilibrar la balanza geopolítica resultará complejo en un juego de poder en el que China actualmente lidera el empuje hacia la transición energética y el suministro de muchas de las materias primas necesarias en este proceso. Elementos que también resultan imprescindibles para la industria de los semiconductores, con restricciones que Pekín ya ha empezado a aplicar para contrarrestar las impuestas por Washington.

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En este fin de ciclo, la IED se aleja de China, principalmente la relacionada con chips, cayendo al 1% en 2022 desde el 48% que representaba en 2018, según Rhodium Group. En ese mismo período, Estados Unidos capturaba parte de este espíritu inversor para recuperar la manufactura de chips en territorio nacional, partiendo del 0% y alcanzando el 37%, mientras otros países como India, Singapur y Malasia se han beneficiado de la deslocalización de la producción en China en el conocido como nearshoring.

El fin de ciclo está a punto de completarse, imprimiendo mayor velocidad a una carrera por el tiempo en la que China ha acelerado su proceso de décadas de reducir la dependencia de la tecnología extranjera, siendo el mayor desafío ahora alcanzar la producción propia de chips avanzados. La incorporación de chips de 7nm en los smartphones de Huawei a finales del año pasado, desarrollados conjuntamente con Semiconductor Manufacturing International Corp (SMIC), el mayor fabricante de chips chino, marcaba un punto de inflexión en las capacidades del gigante asiático. Todo apunta a que las inversiones chinas podrían propiciar la producción en masa de chips de 7nm durante 2024, mientras que los 10.600 millones de dólares invertidos para generar acopio de máquinas de litografía antes de que fueran efectivas las restricciones estarían orientadas a abordar el desarrollo de chips de 5nm.



De resultar efectivo, la producción en masa de chips de 5nm situaría a China de nuevo en la carrera por la inteligencia artificial, y de su aplicación a la tecnología militar, posicionándose Huawei como el único competidor de la estadounidense Nvidia, cuya presentación de resultados despertaba euforia al superar las expectativas del mercado, principalmente por sus ventas a China. Como los grandes ganadores del empuje de la IA, Nvidia ya ha iniciado la adaptación de sus chips para cumplir con las restricciones, pero de ser exitoso el paso a 5nm, China estaría más cerca de la autosuficiencia tecnológica.

Completado este fin de ciclo, las sanciones habrían resultado ser realmente transformadoras, generando cambios en la agenda de autosuficiencia tecnológica de China que le habría impulsado a desarrollar capacidades para producir chips que se situarían a sólo una generación de los más avanzados. Todo tiene un coste, y en este caso es bastante elevado.

China afronta no pocos desafíos para competir en la revolución de los chips de IA. Adquirir capacidades en masa de 5nm y 7nm a un ritmo más acelerado estaría suponiendo para el gigante asiático un gasto que sería alrededor del doble que TSMC, la tecnológica taiwanesa líder del mercado. Además, alcanzar la producción en masa requiere también mejorar un proceso de fabricación que actualmente sólo genera menos de un tercio de los chips comercialmente viables.

En este fin de ciclo, Estados Unidos ha concedido a GlobalFoundries 1.500 millones de dólares en la mayor asignación de la Ley CHIPS, el tercer mayor fabricante de chips del mundo, mientras en Europa la tecnológica europea más valiosa, la holandesa ASML, líder mundial de máquinas litográficas de chips avanzados, afronta un contexto geopolítico con nuevos competidores. Un fin de ciclo también para Europa sin consolidar avances en autonomía estratégica.
 
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