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SAYED HASSAN (GETTY IMAGES)

La gran transformación del comercio mundial

Juan Vázquez Rojo

6 mins - 4 de Marzo de 2024, 07:00

Desde el año 2020, las disrupciones en la cadena de suministro son una constante: la pandemia, el bloqueo del Canal de Suez, la guerra en Ucrania o las tensiones en el Mar Negro. Ahora, los problemas en el Mar Rojo y el canal de Panamá suponen un nuevo revés. Estos sucesos, más que incidentes aislados, son el reflejo de la gran transformación que vive el comercio mundial.

Los ataques de los hutíes a buques en el Mar Rojo han complicado el paso por el estrecho de Bab-el-Mandeb y el Canal de Suez, rutas clave para el 15% del comercio global y el 30% del transporte de contenedores. Aunque comenzaron afectando a navíos vinculados con Israel, estos ataques han derivado en un conflicto mayor, con la intervención de una coalición militar liderada por EE.UU. Tras intentos fallidos de Washington para mitigar la situación, incluyendo solicitudes a China para que presionara a Irán para frenar a los hutíes, la UE desplegará una misión naval para escoltar buques mercantes.

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La situación ha forzado a más de 500 portacontenedores —el 10% del total global — a desviarse por el Cabo de Buena Esperanza, con un descenso del tráfico marítimo por el Mar Rojo de un 42% y del 67% de los portacontenedores. El coste del transporte de un contenedor estándar de Shanghai a Rotterdam se ha más que triplicado, de 1.442 dólares a 4.984 dólares. Fabricantes como Tesla en Alemania, Volvo en Bélgica y Suzuki en Hungría han paralizado parte de la producción debido a retrasos en la entrega de componentes.

Este problema coincide con la sequía en el Canal de Panamá, que representa el 3% del comercio marítimo mundial y el 46% del transporte de contenedores desde el noreste de Asia hacia la costa este de EE. UU. La sequía ha mermado la capacidad del canal para manejar el tráfico, reduciendo el tránsito de buques. Ante esto, algunas compañías están pagando mayores tarifas para eludir demoras, mientras otras recurren a rutas alternativas, más largas y costosas. En 2023, sequías similares provocaron atascos en otras zonas comerciales clave, como el río Misisipi en EE. UU. y el Rin en Europa.

De forma general, las disrupciones en las cadenas de suministro generan escasez y retrasos en la entrega de productos y componentes, lo que provoca desequilibrios entre la oferta y la demanda e impacta en la actividad económica y en la inflación. Por ejemplo, durante la pandemia, las perturbaciones en las cadenas de suministro contribuyeron a un aumento de 1,2 puntos porcentuales en la inflación subyacente en la zona del euro y una disminución del 1,9% del PIB. En el contexto actual, la situación es menos grave y se estima que un cierre prolongado del Mar Rojo podría elevar la inflación anual entre 0,1 y 0,7 puntos en 2024. 

Más allá del impacto a corto plazo, los problemas en el Mar Rojo y el Canal de Panamá, impulsados por tensiones geopolíticas y el cambio climático, son ejemplos de la transformación que vive el comercio global.  

En los próximos años, el cambio climático generará un escenario de mayor volatilidad y riesgo para las cadenas de suministro, debido a que los eventos climáticos extremos se volverán más frecuentes y severos. Se prevé que fenómenos como las altas temperaturas y el deshielo del permafrost afectarán la infraestructura de transporte, dañando carreteras y ferrocarriles y provocando retrasos, así como la necesidad de adoptar rutas alternativas más costosas. Además, la reducción de fuentes de agua dulce limitará el transporte fluvial y las sequías e inundaciones ejercerán presión sobre la producción agrícola e industrial, incrementando los problemas logísticos en la cadena de producción.



En este contexto, la seguridad económica se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las grandes potencias, pues están reajustando sus cadenas de suministro y producción a través de políticas industriales y sanciones comerciales. 

China ha sido pionera con iniciativas como el “Made In China 2025” y “Standards 2035”, además de impulsar el desarrollo de tecnologías “limpias” como los vehículos eléctricos, la energía solar y las baterías, con el objetivo de lograr una mayor autonomía en la fabricación de componentes esenciales. Por su parte, EE. UU. ha adoptado un enfoque doble: por un lado, ha impuesto sanciones a China, centradas principalmente en el ámbito de los semiconductores, y por otro, ha lanzado medidas como el “Inflation Reduction Act” y el “Chips Act” para reforzar su propia industria.

La UE, en su esfuerzo por reforzar la autonomía estratégica, ha implementado programas como “Next Generation EU”, enfocado en la recuperación económica sostenible y la transformación digital y “REPowerEU”, dirigido a impulsar la autonomía energética tras romper los vínculos con Rusia. Además, la UE estudia un plan de seguridad económica, que incluirá controles de exportación más estrictos y la posibilidad de establecer aranceles a los vehículos importados desde China.

En la misma línea, las empresas adoptan estrategias para enfrentarse a los riesgos geopolíticos y climáticos. La tendencia hacia la diversificación de proveedores y el aumento de inventarios refleja un cambio estratégico de las compañías: se alejan del modelo "Just in Time", caracterizado por la minimización de inventarios para reducir costes, hacia el "Just in Case", que privilegia la acumulación de stock para garantizar la continuidad operativa ante imprevistos. Además, en la UE, las empresas están impulsando el "friend-shoring" y "near-shoring", lo que implica reubicar sus operaciones en países aliados y/o vecinos. 

Estas estrategias ponen de manifiesto la creciente prioridad que se le da a la seguridad y la resiliencia en las cadenas de suministro frente a factores tradicionales como el coste y la eficiencia. Además, es previsible que las tensiones comerciales y tecnológicas entre potencias mundiales se intensifiquen, con un aumento de las sanciones y los bloqueos. El problema está hoy en Suez y en Panamá, pero mañana podría estarlo en otro punto crítico, como el Estrecho de Malaca, el de Taiwán o el de Gibraltar. En definitiva, en esta nueva etapa en la que ha entrado el comercio mundial, la incertidumbre será una constante.
 
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