
Me gustaría no ser el único que se sorprenda aquí: el feminismo es, con independencia de matices y formas, un proyecto político por la igualdad entre hombres y mujeres, nada más, ni nada menos que esto. Creer en esta igualdad debería hacer que las mujeres se sintieran feministas. Pero esto no es así, ni en España, ni en otros países (aquí para el caso Norteamericano, por ejemplo). Ser feminista tiene mala prensa.
En realidad, la situación es más extrema que lo que se deduce por la tabla. Cuando lo que se pregunta no es la simpatía por el movimiento feminista, sino el auto posicionamiento ideológico de las mujeres, el panorama no puede ser más llamativo. Lo vemos en el gráfico. Únicamente el 4 % de las mujeres españolas creen que el feminismo es la etiqueta ideológica que mejor las define. Aunque este porcentaje es mayor en el caso de las mujeres más jóvenes (particularmente en País Vasco, donde casi el 10% de las chicas menores de 24 años se ven como feministas), no dejan de ser preocupantes unos datos que pueden estar hablando de un estigma. El estigma que siempre ha perseguido a las mujeres que se significan, y que ha embarrado una etiqueta que está asociado a un proyecto político al que la sociedad le debe, al menos, gratitud.
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