Miércoles, 29 de julio de 2026

Se ha evitado el Grexit, pero Europa no puede seguir así

Miguel Otero Iglesias Miguel Otero Iglesias 14 de julio de 2015
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El juego del gallina entre el coche griego, pilotado por Tsipras, y el alemán, conducido por Merkel, se ha resuelto. Estaba claro que quien convenciese al otro de que estaba dispuesto a lanzarse al precipicio del Grexit iba a ganar la carrera. Por un tiempo parecía que Tsipras tenía los nervios de acero. Hasta convocó y ganó un referéndum para asustar a Merkel. Pero al final los que se asustaron fueron los helenos. El copiloto Varoufakis, se lanzó del coche en marcha, y a Tsipras no le ha quedado otro remedio que tirar del freno de mano. Nos guste o no, el juego lo ha ganado Schäuble, el co-piloto de Merkel. En las últimas semanas ha convencido a todo el mundo de que está preparado para el Grexit. Prueba de ello es que el sábado en la negociación del eurogrupo insistió en que si Grecia no cumplía, tendría que salirse del euro por cinco años, reestructrar la deuda, reformar y después intentar volver. Su mensaje fue rotundo: "o haces reformas dentro del euro o fuera, pero si no las haces, no te queremos en el club". ¿Qué se puede hacer ante tal determinación? Muy poco. Es por eso que Tsipras ha tenido que claudicar y aceptar prácticamente todas las condiciones de los acreedores. La realidad es que las opciones de Syriza siempre fueron limitadas. Es muy difícil intentar cambiar las reglas del juego de toda una zona euro de 330 millones de personas desde un país de 11 millones de habitantes. Si además lo haces dando portazos, diciéndole a tus socios que tú sabes más que ellos, y al ver que no te hacen caso, los insultas, la tarea pasa de herculina a imposible. El error de Syriza fue plantear la disputa como una batalla entre la democracia griega y la tecnocracia autoritaria de la UE. En el eurogrupo y en las cumbres de la zona euro no se sientan tecnócratas, sino los representantes democráticos de todos los países de la unión monetaria. Es decir, los finlandeses, eslovacos y estonios (que simpatizan menos con Grecia que los españoles) tienen el mismo poder de voto que los griegos. Y su mensaje ha sido también claro: "Nosotros hemos hecho duras reformas para estar en este club, ahora os toca a vosotros". ¿Todo esto es una humillación para Tsipras? No necesariamente. Grecia tiene que realizar reformas. La mayoría de los griegos lo saben. Tsipras va a perder el ala dura de Syriza, pero todavía le queda mucho capital político. Tanto el pueblo como la oposición están con él. Algo inaudito. Solo un amplio consenso de los griegos puede hacer que las reformas se lleven a cabo. Y ahora que han visto de cerca  el precipicio del Grexit (y todos los políticos les han advertido de sus peligros), la motivación será alta. Eso sí, la UE no puede funcionar así. Los juegos del gallina estan prohibidos por algo. Llevan a la muerte. Esta experiencia nos demuestra que necesitamos estructuras democráticas europeas. No puede ser que Merkel decida siempre el futuro de la Unión. Ella es la legítima representante de los alemanes, pero no del resto de ciudadanos de la zona euro.
Miguel Otero Iglesias
Miguel Otero Iglesias
Investigador principal del Real Instituto Elcano.
También es investigador asociado del Instituto Unión Europea-Asia perteneciente a la Escuela de Negocios ESSCA de París y regularmente profesor visitante en el Instituto de Economía y Política Mundial de la Academia China de las Ciencias Sociales en Pequín. A su vez es profesor asociado de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE y de la Universidad del Instituto de Empresa. Es doctor por la Universidad de Oxford Brookes, fue investigador post-doctoral en la London School of Economics y profesor asociado en la Universidad de Oxford. Su campo de investigación es la economía política internacional, con particular interés en la política y la gobernanza monetaria europea e internacional. Es el autor de The Euro, the Dollar and the Global Financial Crisis (Routledge, Nueva York, 2014) y ha publicado en numerosos revistas científicas internacionales.
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