
En el caso de las deducciones autonómicas, en cambio, la distribución favorece más a las decilas de rentas medias. En alguna medida ello se debe al diseño de las mismas, que en muchos casos establecen umbrales de renta a partir de los cuales no son aplicables. Aún así, puede observarse que las decilas inferiores siguen sin obtener beneficios proporcionales a su peso, y que los pocos que obtienen son muy inferiores a los de las decilas superiores.
No tenemos aquí espacio para un análisis más pormenorizado a nivel de Comunidades Autónomas. Baste decir, no obstante, que existe una apreciable variabilidad entre las mismas en la distribución del gasto en bienestar fiscal, como también entre deducciones específicas dentro de cada comunidad. A grandes rasgos, y aunque en ninguna comunidad las deducciones tienen un impacto global favorable a las rentas más bajas, los datos permiten diferenciar entre aquellas comunidades que concentran más el gasto en las decilas de renta media (Andalucía, Asturias, Baleares, Cantabria, Cataluña, Extremadura, La Rioja y Madrid) y las que lo dirigen primordialmente hacia las decilas más altas (Aragón, Canarias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Galicia, Murcia y la Comunidad Valenciana). Esta tendencia en la distribución de un creciente volumen de bienestar fiscal permite sospechar que algunos gobiernos autonómicos, de diferente color político, han utilizado en numerosas ocasiones las deducciones para beneficiar a los contribuyentes de rentas medias y altas.
A título de ejemplo, el 55% de la deducción por gastos escolares en la Comunidad de Madrid en 2011 acabó en manos de las decilas 9 y 10 (las más ricas), y ello en una comunidad que no destaca por seguir ese patrón en el conjunto de su gasto en bienestar fiscal. Otros casos llamativos son, por mencionar sólo algunos, las deducciones por adopción internacional, que en Baleares y Madrid se concentran en un 100% en la decila 10, y en Aragón y Asturias en las decilas 9 y 10; la deducción por donación de primera vivienda a descendientes en Canarias, también apropiada en un 100% por la decila 10; o las deducciones por ayuda doméstica en Andalucía y Extremadura, donde las decilas 9 y 10 se benefician de más del 71% del gasto.
Una panorámica más amplia puede quizá obtenerse observando los dos siguientes gráficos. En el Gráfico 2, se representa la dispersión de las CCAA en torno a dos medias: la de recursos en bienestar fiscal que se embolsan las dos decilas más ricas (eje vertical), y la de recursos que van a parar a las dos decilas más pobres (eje horizontal). El gráfico permite diferenciar a grosso modo tres tipos de CCAA: las que, como Castilla La Mancha o Aragón, han tratado relativamente mucho mejor a las rentas más altas que a las más bajas; las que, como Asturias, Madrid o Cataluña, han hecho lo inverso (siempre en relación a la media, pues el patrón proporcionalmente más favorable a las rentas más altas es general); y aquellas que, como Extremadura, Murcia o Andalucía, están por debajo de la media de recursos destinados hacia ambos grupos de contribuyentes. Notoriamente, ninguna comunidad se sitúa en el cuadrante superior derecho del gráfico, donde los recursos estarían por encima de la media tanto para los declarantes con rentas más altas como para aquellos con las más bajas.

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