
(No es tan importante la calificación de qué acontecimientos cuentan ni mi juicio de percepción de a quién ha favorecido cada uno de ellos sino el enfoque sistemático sobre esta batalla mediática por la opinión de una audiencia tercera.)
¿Y por qué es TAN útil llevar a sus máximas consecuencias el análisis de esta "batalla por la opinión pública"? Porque enseguida nos viene a la cabeza cómo otras democracias más experimentadas en la resolución de graves conflictos institucionales entienden estas situaciones y las conclusiones que de ellas sacan. Así, por ejemplo, se hace en EE.UU. cuando existe un conflicto institucional grave entre el Presidente y la Cámara de Representantes por causa de una crisis presupuestaria (aquélla de 1995-1996 entre Clinton y un Congreso republicano viene a la mente).
En dichas crisis queda en suspenso el presupuesto estadounidense por un conflicto entre Presidente y Congreso, se ocasiona un gran caos al país durante un tiempo (se paraliza la actividad federal, se cierran departamentos e instituciones) y la duda de ambas partes reside en quién considera el electorado que es el culpable de esta situación. De ahí el concepto de "blame game". Y de ahí que durante estas crisis institucionales ambas partes se obsesionen por rápidos sondeos de opinión diarios de la dirección en la que se mueve la culpabilidad según el electorado en cada acontecimiento que conforman tal crisis.
Si los contendientes de esta batalla nuestra que nos ocupa buscasen extraer alguna lección de estos desarrollos en EE.UU. (por la única razón de que este país ya ha lidiado con lizas por la opinión pública de dimensión parecida) realizarían esas encuestas rápidas cada día y tendrían un cuadro de "eventos / acontecimientos críticos" <> "impacto opinión de esa outside audience" más desarrollado que el anterior.
Y quizá la conclusión práctica sería que, al igual que en EE.UU. los actores involucrados modifican su comportamiento por los resultados de ese par encuesta / cuadro, aquí también lo habrían hecho. No muchas encuestas (con entidad, científicas) se han realizado en las últimas semanas (sólo recuerdo El Periódico el domingo pasado). Y tengo para mi que alguna encuesta interna sí ha afectado decisiones de los actores (Carolina Bescansa y Podemos). Por otro lado pero en idéntica dirección, quizá podríamos colegir también que cualquier movimiento de salida de empresas de Cataluña (5, 6, 7 de Octubre) o las órdenes y contraórdenes del Govern (10 de Octubre) son culpados al independentismo por la audiencia que verdaderamente importa, ese conjunto de terceros actores. Y esa información y análisis modificaría la estrategia de ambas partes pues ambas tienen como fin último convencer a esa "outside audience" de lo elevado de su causa.
Soy consciente de lo problemático que supone sistematizar este conflicto y ponerle orden casi ingenieril de batalla de opinión pública cuando tantos sentimientos y pasiones están enfrentados. Como dice Eduardo Mendoza, "cuestionar los sentimientos de otras personas está mal y, además, es contraproducente". Pero sí creo que analizarlo bajo este prisma nos permite entender mejor que sí, "esto va de ganar" y que sí, lo hará quién articule una narrativa que mejor toque la cuerda resonante en la mente de esa "outside audience". La opinión, pues, de terceros.
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