Lunes, 17 de agosto de 2026
AMÉRICA LATINA

Paraguay, más de un siglo después de Rafael Barrett

Paraguay ha demostrado en distintos momentos que puede cambiar, pero su gran desafío sigue siendo institucional. Steven E. Hendrix, antiguo director adjunto de USAID Paraguay, parte del escritor Rafael Barrett para preguntarse si el país logrará dejar atrás "la distancia entre el Estado y su pueblo" y convertir su potencial en una democracia más transparente, moderna y confiable.

 Steven E. Hendrix Steven E. Hendrix 14 de junio de 2026
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El presidente de Paraguay, Santiago Peña, junto al secretario general de la ONU, António Guterres. | Bianca Otero / Zuma Press / Europa Press
El presidente de Paraguay, Santiago Peña, junto al secretario general de la ONU, António Guterres. | Bianca Otero / Zuma Press / Europa Press
"El Paraguay es una herida abierta". Con esas palabras, el escritor Rafael Barrett describió en El dolor paraguayo al país hace más de un siglo. No hablaba de debilidad, sino de una herida causada por el abuso de poder, la corrupción y la distancia entre el Estado y su pueblo.

Más de cien años después, Paraguay sigue enfrentando una pregunta que Barrett entendería perfectamente: ¿seguirá siendo un país de enorme potencial limitado por la debilidad de sus instituciones o consolidará finalmente una democracia plenamente funcional?

La Constitución Nacional de 1992 establece un principio fundamental: "La República del Paraguay es para siempre libre e independiente". Esa independencia se refiere al ámbito territorial, como no puede ser de otra manera, pero también abarca el plano institucional. Es decir, supone la capacidad del Estado de actuar en función del interés público y no de intereses particulares.

Paraguay ha demostrado en distintos momentos que tiene la capacidad de avanzar en esa dirección. Personalmente, he tenido el privilegio de trabajar junto a paraguayos comprometidos con ese futuro. Como director adjunto de USAID Paraguay, dirigí la Iniciativa Zona Norte, en coordinación con el Ministerio del Interior, el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Salud y la Presidencia de la República, para fortalecer la presencia del Estado en regiones históricamente abandonadas.

También integré el consejo del Fondo de Conservación de la Selva Tropical, apoyando la protección del Bosque Atlántico del Alto Paraná, uno de los ecosistemas más importantes de Sudamérica. Y colaboré con la Fundación Paraguaya en el desarrollo del Semáforo de Eliminación de la Pobreza, una innovación paraguaya que transformó la manera en que miles de familias entienden y enfrentan la pobreza.

Esas experiencias dejaron algo claro: Paraguay no carece de talento, recursos ni patriotismo. El desafío ha sido construir instituciones suficientemente sólidas, previsibles y confiables para sostener el desarrollo democrático y económico a largo plazo.

El escritor Augusto Roa Bastos advirtió alguna vez sobre los peligros de una sociedad que termina normalizando formas de dominación y dependencia política. Hoy día, su advertencia sigue vigente.

La corrupción tiene una dimensión moral y consecuencias concretas sobre la inversión, la confianza pública, la calidad de los servicios y la legitimidad democrática. También ayuda a explicar por qué Paraguay, pese a décadas de relativa estabilidad macroeconómica, no ha alcanzado todavía niveles más profundos de confianza institucional.

No es que el país esté condenado a repetir ese patrón. La transición democrática de 1989 demostró que Paraguay es capaz de transformaciones históricas importantes. Al mismo tiempo, la Constitución de 1992 representó otro momento decisivo: un intento de construir reglas más fuertes que las personas y las coyunturas políticas.

"Paraguay, pese a décadas de relativa estabilidad macroeconómica, no ha alcanzado todavía niveles más profundos de confianza institucional"
Hoy Paraguay afronta un punto de inflexión que marcará una tendencia en las próximas décadas. Este reto va más allá del crecimiento económico o la estabilidad política. Hablamos de consolidar plenamente el Estado de derecho, fortalecer la independencia institucional y garantizar que la ley se aplique con la misma fuerza para todos.

Las democracias se fortalecen a través de elecciones y también mediante instituciones capaces de generar confianza, limitar abusos de poder y sostener reglas claras en el tiempo. Paraguay tiene hoy una oportunidad importante. Cuenta con recursos, estabilidad relativa y una sociedad civil mucho más activa y consciente que en décadas anteriores.

¿Podrá traducir ese potencial en instituciones suficientemente fuertes como para consolidar una democracia más transparente, moderna y plenamente confiable? Esa decisión, como siempre, pertenece a los propios paraguayos.
 Steven E. Hendrix
Steven E. Hendrix
Abogado y ex alto funcionario del Gobierno de los Estados Unidos
Es abogado y ex alto funcionario del Gobierno de los Estados Unidos con décadas de experiencia en América Latina. En los años ochenta participó en la elaboración de marcos legales para operaciones de financiamiento en Perú mientras trabajaba en el Export-Import Bank de los Estados Unidos. Posteriormente, fue asesor principal para Sudamérica en la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y coordinador sénior de USAID para la asistencia exterior en el Departamento de Estado. Actualmente reside en Wisconsin.
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