Martes, 28 de julio de 2026
DEFENSA

¿Qué nos enseña la guerra en Ucrania sobre el rearme de Europa?

Ucrania lanza una advertencia a Europa: más presupuesto no basta; es clave modernizar la doctrina militar, coordinar capacidades y fortalecer la industria de defensa. Toni Timoner, economista de riesgo y consejero de Agenda Pública, analiza las lecciones del conflicto.

Toni Timoner Toni Timoner 13 de marzo de 2025
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Un artillero ucraniano junto a un obús M777 estadounidense en la dirección de Zaporiyia, sureste de Ucrania. | Dmytro Smolienko / Zuma Press / ContactoPhoto
Un artillero ucraniano junto a un obús M777 estadounidense en la dirección de Zaporiyia, sureste de Ucrania. | Dmytro Smolienko / Zuma Press / ContactoPhoto
En casi tres años, el conflicto en Ucrania ha atravesado múltiples fases que desafían los esquemas tradicionales de la guerra convencional. Desde la ofensiva inicial sobre Kiev hasta la consolidación del frente en el sur y el este, cada etapa ha puesto de relieve una extraordinaria capacidad de adaptación, improvisación y evolución tecnológica por parte de ambos bandos. En un lapso muy breve, se han registrado transformaciones que, en otros contextos, habrían requerido décadas para emerger.

"La rapidez con que Ucrania ha debido reorganizar sus recursos y modernizar su arsenal subraya la importancia de que Europa desarrolle una industria de defensa ágil"
Asimismo, la guerra ha impulsado una profunda reevaluación de las necesidades de material bélico, la logística de su producción y la capacidad de expansión de la industria militar. La rapidez con que Ucrania ha debido reorganizar sus recursos y modernizar su arsenal subraya la importancia de que Europa desarrolle una industria de defensa ágil, capaz de responder a demandas cambiantes y de sostener un flujo constante de suministros en conflictos prolongados.

Ante la posibilidad de que Estados Unidos reduzca su asistencia, crece la presión sobre los países europeos para reforzar su autonomía militar. La incertidumbre estratégica pone de manifiesto la necesidad de una industria de defensa no solo reactiva, sino también proactiva, que incorpore las lecciones extraídas del conflicto ucraniano.

Las fases de la guerra
 

¿Cómo se ha transformado la guerra en Ucrania desde su estallido?

Cada etapa refleja un replanteamiento de la estrategia y la tecnología, evidenciando la solidez o la fragilidad de doctrinas antiguas y modernas, y alterando ideas asentadas sobre la celeridad de la victoria y la firmeza de las defensas.

Tormenta relámpago sobre Kiev

Cuando, a finales de febrero de 2022, las tropas rusas avanzaron desde varios puntos hacia la capital ucraniana, se proyectó la idea de una guerra relámpago capaz de desmantelar el Gobierno de Kiev en apenas días. Sin embargo, la resistencia ucraniana —dotada de armamento anticarro y asesoría táctica de aliados— desbarató el plan.

Convoyes rusos se estancaron en carreteras estrechas, agotando sus suministros y quedando vulnerables a la acción de defensores ágiles y motivados, que supieron aprovechar tanto su conocimiento del terreno como la inteligencia disponible. Hacia abril, quedó claro que Rusia no lograría tomar Kiev, y la invasión se reorientó hacia el este y el sur.

Aun así, esta fase inicial dejó una estela de destrucción significativa y se convirtió en el periodo más letal para la población civil, como evidencia el cronograma de bajas civiles.





Donbás: la hoguera interminable de la artillería

Entre marzo y mayo de 2022, la atención se desplazó al Donbás, donde Rusia recurrió a bombardeos masivos para desgastar las líneas ucranianas. Esta estrategia, inspirada en las grandes batallas de artillería del siglo XX, se basa en la doctrina rusa de desgaste con fuego indirecto antes de cualquier maniobra de ocupación.

Sin embargo, se topó con un enemigo capaz de emplear inteligencia satelital, provisiones occidentales y artillería de precisión para frenar la embestida. Aunque Rusia logró avances limitados, el elevado consumo de municiones y el desgaste logístico revelaron las limitaciones de una aproximación basada en la fuerza bruta.

Por su parte, Ucrania se replegaba con cautela cuando la presión era insostenible, frustrando así la posibilidad de una victoria decisiva para Moscú.



El contragolpe: precisión, sorpresa y reclamo de territorios

A partir del verano de 2022, Ucrania desplegó con éxito cohetes guiados y artillería de largo alcance, alterando el equilibrio en el campo de batalla. La ofensiva de septiembre en Járkiv, con la liberación de amplias zonas en cuestión de días, y la posterior retirada rusa de Jersón en noviembre (obligada por ataques certeros contra rutas logísticas), demostraron la efectividad de la guerra de precisión frente a la estrategia de desgaste.
El dominio de la información y la capacidad de golpear con exactitud resultaron más eficaces que la saturación indiscriminada de fuego.

La guerra de los drones: el cielo sin retaguardia

En 2023, los drones de reconocimiento y de ataque transformaron las operaciones militares. Aparatos ligeros—incluidas versiones comerciales modificadas—y drones kamikazes con capacidades furtivas pusieron en jaque instalaciones en la retaguardia: bases aéreas, depósitos de munición e infraestructuras energéticas se volvieron objetivos vulnerables, a un coste muy inferior al de la aviación tradicional.

"En 2023, los drones de reconocimiento y de ataque transformaron las operaciones militares"
Tanto Ucrania como Rusia —e incluso fuerzas mercenarias o extranjeras— han empleado estas tácticas para infligir un desgaste psicológico y logístico continuo en el adversario. Esta nueva artillería voladora ha obligado a redefinir los conceptos de seguridad y defensa en todo el territorio.

Viejas trincheras, nuevas doctrinas

En 2024, el conflicto adoptó un cariz más estático en ciertos sectores, con trincheras, campos minados y fortificaciones que remiten a la Primera Guerra Mundial. No obstante, la rigidez del frente propició una evolución táctica: pequeños grupos de asalto altamente móviles sustituyeron en gran medida a las ofensivas masivas.

Este enfoque ha posibilitado que Rusia explote puntos débiles en las líneas enemigas sin recurrir a ataques frontales muy costosos en recursos, pero a costa de bajas humanas en enfrentamiento armados, como muestra el cronograma de bajas según la acción militar.

Para contrarrestar las incursiones rusas, Kyiv ha flexibilizado su mando, descentralizando la toma de decisiones y potenciando el uso de contramedidas antidrones. Igualmente, Ucrania ha perfeccionado tácticas de guerra ambiental y sabotaje, como la inundación estratégica de zonas clave próximas a la capital, ralentizando los avances enemigos.



Las lecciones de la guerra
 

¿Qué aprendizajes estratégicos y operativos deja la guerra en Ucrania?

Nuevos métodos de combate, urgencias logísticas y la importancia de la moral han obligado a reformular tanto la preparación como la capacidad para sostener conflictos prolongados. Entre la asimetría de medios y la férrea resistencia de Ucrania, surgen modelos híbridos de guerra que reconfiguran el panorama bélico contemporáneo.

La dimensión económica: colapso del paradigma de la "guerra programada"

Tras la Guerra Fría, sobre todo en Estados Unidos, se impuso el hábito de organizar intervenciones con amplias fases de preparación diplomática y logística, disminuyendo las bajas propias y reduciendo la capacidad de sorpresa del rival. La intervención en Irak en 2003 ejemplificó este enfoque. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 trastocó dicho modelo, desencadenando un enfrentamiento de alta intensidad sin tiempo de preparación exhaustiva.

"La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 desencadenó un enfrentamiento de alta intensidad sin tiempo de preparación exhaustiva"
Así quedó patente la fragilidad de las cadenas globales de suministro y la enorme dependencia de recursos energéticos en Europa. El alza de los precios de combustibles y cereales confirmó que el impacto económico de la guerra no es controlable.

Europa y Rusia se vieron obligadas a reformular sus abastecimientos con urgencia, mientras Ucrania, con su capacidad de improvisación y el auxilio externo, demostró cuán decisiva puede ser la logística de emergencia cuando la planificación a largo plazo fracasa.

Movilización, sacrificio y el retorno de la guerra asimétrica

La ausencia de una victoria rápida llevó a Rusia, desde septiembre de 2022, a movilizar a gran escala, evocando las levas masivas del pasado. Sin embargo, la guerra moderna exige una formación técnica que no se asimila de inmediato.

Ucrania, a su vez, reforzó sus defensas con un fuerte apoyo popular y un flujo continuo de armas y asesoría extranjera. Este entramado de determinación moral y suficiencia logística elevó su eficacia defensiva.

Resalta aquí el contraste entre la capacidad de matar y la disponibilidad a morir. Rusia, como régimen autoritario, parece tolerar mayores pérdidas humanas, llegando incluso —según reportes— a involucrar fuerzas norcoreanas. Ucrania, en cambio, al ser una democracia, muestra mayor sensibilidad hacia sus bajas y recurre a tácticas más flexibles, drones y estrategias de precisión para minimizar el coste humano. Así queda patente en el cronograma de bajas militares según el bando combatiente.



La era del middleware: drones, armas inteligentes y el vuelco de la industria militar

El conflicto en Ucrania pone de manifiesto que no basta con tener tanques y aviones modernos, como tampoco alcanza con dominar la ciberdefensa. El gran eje de transformación radica en el middleware: drones, cohetes guiados y sistemas ligeros que multiplican de forma imprevista la letalidad de la infantería.

Aun cuando carros de combate y aviación siguen siendo vitales, estos se ven amenazados por enjambres de aparatos no tripulados, cuyo coste de producción y reposición resulta mucho menor. La saturación del espacio aéreo combinada con municiones inteligentes obliga a repensar por completo la estructura defensiva.

El refuerzo militar europeo más allá del aporte económico

Ante la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la defensa de Ucrania, Europa debe reconfigurar su asistencia y orientarse de forma más decidida hacia lo militar. Si bien la asistencia total europea supera a la norteamericana, las estadísticas confirman que gran parte de la ayuda europea se concentra en el ámbito financiero y humanitario, mientras que Estados Unidos asume la provisión principal de armamento.

"Si Washington reduce su implicación, los países europeos deberán intensificar el entrenamiento, la transferencia de armas y el refuerzo de las capacidades estratégicas ucranianas"
No obstante, si Washington reduce su implicación, los países europeos deberán intensificar el entrenamiento, la transferencia de armas y el refuerzo de las capacidades estratégicas ucranianas. La acelerada reducción de existencias en varios arsenales europeos revela la necesidad de ejecutar, con premura, los planes de rearme aprobados en el seno de la UE y en colaboración con otros aliados de la OTAN.









Reflexión final: un nuevo horizonte de imprevisión
 

La invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022 desmanteló la noción de guerra programada, que había servido de base para intervenciones meticulosamente preparadas. Dicho paradigma, perfeccionado tras la Guerra Fría y ejemplificado en la malograda invasión de Irak, se enfrenta hoy a un escenario mucho más volátil, marcado por giros bruscos y necesidades logísticas urgentes. La imprevisión domina el tablero. En el plano táctico y estratégico, resulta evidente que la tecnología letal no suprime la importancia del factor humano: la moral, la cohesión y la disposición a afrontar pérdidas continúan siendo decisivas. Paralelamente, el protagonismo del middleware (drones, municiones guiadas y sistemas ligeros) reformula la distribución del poder militar.

"Ucrania deja una advertencia nítida para Europa: no basta con incrementar los presupuestos de defensa, sino que se requiere modernizar la doctrina militar, robustecer la coordinación de capacidades y contar con una industria de defensa capaz de sostener conflictos prolongados"
La guerra en Ucrania reafirma así un giro hacia combates más rápidos, impredecibles y cruentos, donde el azar, las alianzas inesperadas y la capacidad de improvisación pueden determinar el resultado final. Sobre todo, la experiencia deja una advertencia nítida para Europa: no basta con incrementar los presupuestos de defensa, sino que se requiere modernizar la doctrina militar, robustecer la coordinación de capacidades y contar con una industria de defensa capaz de sostener conflictos prolongados.

La guerra ha demostrado que la preparación ya no puede basarse en arsenales estáticos ni en largas ventanas de planificación. Es indispensable una respuesta inmediata, adaptable y, por encima de todo, sostenida en escenarios de alta intensidad.

Para Europa, el momento de asimilar estas lecciones y traducirlas en una arquitectura de defensa resiliente es ahora, si se busca resistir las turbulencias geopolíticas sin depender de la voluntad fluctuante de aliados externos.
Toni Timoner
Toni Timoner
Economista de riesgo global y consejero de Agenda Pública
Participación