"La nueva legislatura europea podría ser una oportunidad para dar un salto cualitativo en materia de innovación". Europa lo necesita y
así lo creen los políticos y expertos que reunimos hace unas semanas en Agenda Pública*. La Comisión Europea ha priorizado la simplificación regulatoria, el refuerzo de la política industrial tecnológica y la seguridad económica de la Unión y nos encontramos ante un momento determinante para el futuro tecnológico del continente. Sobre todo ello hablamos en profundidad con una de las principales expertas españolas en la materia: Raquel Jorge, directora de Asuntos Europeos de Adigital e investigadora asociada en el Real Instituto Elcano.
¿Cómo entiendes tú la innovación y el desafío que tenemos por delante en Europa?
Hay dos temas con los que los asistentes se fueron después del evento. El primero es la relevancia que tiene la agenda tecnológica y digital de innovación como eje vertebral de la política pública de la Unión Europea. En segundo lugar, la demostración de que —con dos personas que pertenecen a dos partidos políticos, como son las dos eurodiputadas que participaron— es posible conseguir acuerdos.
"Hemos visto la importancia de la agenda tecnológica y digital y la puesta en valor del acuerdo político entre distintos grupos"
Este aspecto es fundamental porque demuestra que puede haber puntos de consenso dentro del disenso que es natural y democráticamente legítimo. Por tanto, hemos visto la importancia de la agenda tecnológica y digital y la puesta en valor del acuerdo político entre distintos grupos.
¿Por qué este debate sobre la innovación es tan importante para los próximos cinco años en Bruselas?
En los últimos años, existían percepciones de que la innovación iba separada de la agenda tecnológica y digital. Sin embargo, para mí siempre han sido tres elementos que han ido de la mano.
"En el ámbito de la inteligencia artificial, debemos considerar todo su ciclo de vida para hacer política pública"
Debemos considerar todo su ciclo de vida: desde el diseño conceptual, pasando por la investigación y el desarrollo, el testeo y la validación; hasta la creación del producto, su comercialización para hacerlo viable en el mercado, su posterior despliegue y, finalmente, los impactos sociales, económicos y políticos que conlleva.
En décadas anteriores, la innovación se veía principalmente como un elemento de esas primeras fases del I+D, mientras que las últimas fases se asociaban a la agenda tecnológica y digital. Sin embargo, esta visión fragmentada es errónea, pues ambas van necesariamente de la mano. Si el foco de la política pública, la financiación, los instrumentos existentes y el propio interés del tejido empresarial se centra solamente en una fase particular del proceso, el tejido productivo que opera dentro del suelo europeo puede cometer un error estratégico significativo. Es por eso que resulta fundamental que, desde las instituciones públicas hasta el tejido empresarial, nos centremos en comprender y gestionar todo ese ciclo de vida de la inteligencia artificial de manera integral y coherente.
Apuntas ahí al gran cambio que ha habido respecto al primer mandato de Von der Leyen, este cambio de visión en lo que puede suponer la inteligencia artificial para Europa. En el primer mandato sí había algunos mimbres con los que poder empezar a construir una cadena de semiconductores o inteligencia artificial como los IPCEI, pero en esta nueva legislatura ha cambiado completamente y se vio en París. De hecho, Von der Leyen declaró que "la carrera está lejos de acabar". ¿Cuál es tu visión respecto a este cambio desde la Comisión? Y te puedo preguntar, ¿eres eurooptimista y tecnooptimista con el posible desarrollo que viene?
En primera instancia, el debate sobre inteligencia artificial era enormemente tecnooptimista. Se veía la IA como una solución a muchos problemas económicos, sociales y políticos. Luego empezó a entrar el ámbito del tecnopesimismo, en el que aparecieron más entidades y muchas de carácter social en las que alertaban de los riesgos de la inteligencia artificial. Me parece que en el momento actual, y además es algo que siempre postulo, en el punto neutro se encuentra la virtud.
Necesitamos ser más bien tecnoresponsables. Poner en valor esa capacidad de consenso entre esas perspectivas tecnooptimistas y tecnopesimistas; encontrar puntos intermedios donde todas las partes se encuentran satisfechas. Y que esto se traduzca tanto en el desarrollo tecnológico por parte de las empresas, de los centros tecnológicos, de los laboratorios de investigación, de las pymes, de las
startups, pero también entendiendo los riesgos.
"Respecto a la inteligencia artificial, en el punto neutro se encuentra la virtud. Necesitamos ser más bien tecnoresponsables"
Este debate sobre la tecnoresponsabilidad es algo positivo porque demuestra que la agenda tecnológica tiene centralidad en la discusión política. Siempre recuerdo el debate que hubo hace unos veinte años en torno a la agenda climática. En primer lugar, hubo comunidades científicas y entidades empresariales que hablaban mucho de la agenda climática. Posteriormente, aparecieron las entidades sociales y, con los años, se convirtió en un tema de la agenda política. Lo cual es positivo porque demuestra que bajo los principios democráticos también podemos hablar de clima y tecnología.
¿Debería convertirse en una agenda de Estado más allá de lo político?
Me parece fundamental ir más allá y afirmar que la agenda tecnológica no puede ser solo una agenda política, sino que debe convertirse en una agenda de Estado que promueva una mayor capacitación del ámbito político y de quienes representan los intereses de la ciudadanía y la sociedad.
Esto es especialmente relevante en el contexto actual, donde, a finales de 2024 y principios de 2025, se ha intensificado la politización de áreas clave del sector digital, como la protección de menores, la moderación de contenidos en plataformas digitales y la viralización de mensajes —tanto alineados como no alineados con valores democráticos—.
¿Qué opinas sobre las recientes iniciativas europeas como el AI Action Summit?
La Comisión Europea ha propuesto recientemente un fondo llamado InvestAI por el cual se pretende movilizar hasta 200.000 millones de euros, pero de los que se espera que haya contribución de financiación ya pública existente desde la Comisión Europea, más contribuciones nacionales voluntarias, más contribución del sector privado.
Entonces, de la misma manera que se planteó ya con el Reglamento Europeo de Chips, va a ser clave que esa movilización de dinero realmente se haga y alcance ese nivel de ambición económico que es tan elevado y además que haya un equilibrio entre la financiación pública y la financiación privada.
Los parámetros de lo público y de las instituciones están quedando más claros; sin embargo, existen casos como los de las pequeñas empresas en España, que solo tienen el 8% de adopción de tecnologías de la inteligencia artificial. ¿Cuáles son los retos que están encontrando estas pequeñas empresas para poder implementar soluciones que potencialmente podrían hacerlas ir mucho mejor y podrían hacerlas expandirse?
Sí, es verdad que actualmente la situación de las empresas españolas es que la integración de la IA es todavía pequeña, como el dato del 8% que has comentado —basado en el
Informe sobre el estado de la Década Digital—.
Normalmente, las grandes empresas tienen mayor facilidad para integrar sistemas de IA debido a sus recursos. Existe una distinción importante: algunas pymes, aunque clasificadas como tales por su tamaño, tienen clientes internacionales, alta capitalización y financiación importante.
"La integración de la IA en las pymes se tiene que hacer de una manera seleccionada porque no es necesario que todos los procesos de un negocio local integren IA"
Para las pymes tradicionales —desde empresas de ascensores hasta librerías o peluquerías— la integración debe ser selectiva, enfocándose solo en aquellos procesos donde puede aportar una ventaja comparativa real o agilizar el desarrollo de sus productos y servicios.
¿Qué papel deberían jugar las instituciones públicas en este proceso?
Es fundamental contar con financiación significativa de inversores institucionales, especialmente de agencias como el CDTI del Ministerio de Ciencia e Innovación. También son clave la Nueva Sociedad Estatal de Transformaciones Tecnológicas y el Spanish Visual Hub.
Estas inversiones deben ser selectivas y bien orientadas para garantizar un retorno efectivo en el tejido empresarial español. Además, es imprescindible reforzar la capacitación de trabajadores mediante financiación pública estatal, autonómica y local.
Lo esencial es que existan facilitadores desde las instituciones públicas y asociaciones que permitan a las pymes acceder a estas herramientas, ya que muchas no pueden ni necesitan invertir directamente en IA.
Von der Leyen acaba de comenzar su mandato presentando un paquete de medidas para reducir la burocracia. ¿Tú notas que esta legislatura por fin va a ser la de la acción?
Sí, la Comisión Europea ha anunciado que va a lanzar un paquete ómnibus sobre simplificación regulatoria. En él se propone reducir la carga administrativa: hasta un 25% para grandes empresas y hasta un 35% para pymes, y para lo que próximamente se definiría como small mid-caps. Desde España se han hecho propuestas para dar mayor certidumbre jurídica a este tipo de empresas —aquellas cuyo crecimiento anual es superior al 20% en capitalización y que ya no son pymes pero tampoco grandes empresas—, una situación muy paradigmática del tejido empresarial español.
"Desde España se suele promover una perspectiva de mejor regulación, mientras que desde otros países, sobre todo escandinavos del norte de Europa, se propone una desregulación"
En el ámbito de la simplificación regulatoria existe un debate entre desregulación y una regulación más inteligente, lo que se conoce como
Better Regulations o
Smart Regulations. Hay perspectivas distintas entre los países: tanto desde los gobiernos como desde las asociaciones empresariales. Desde España se suele promover una perspectiva de mejor regulación, mientras que desde otros países, sobre todo escandinavos del norte de Europa, se propone una desregulación.
¿Cuál es la posición española en este debate y qué pasos se prevén a continuación?
El planteamiento español busca, por un lado, reducir la cantidad de requerimientos burocráticos a las empresas cada vez que tienen que cumplir con un expediente legislativo o que se benefician de un fondo público; y, por otro lado, que las regulaciones se flexibilicen y sean más ágiles, pero que en ningún caso se desregule. Este es un debate de gran calado en el que todavía habrá importantes discusiones.
El siguiente paso será la comunicación de la Comisión Europea sobre el paquete ómnibus. Después habrá ámbitos en los que se tendrá que decidir en el ámbito del Consejo de la Unión Europea cómo los veintisiete Estados miembros se ponen de acuerdo en algunas precisiones más de carácter técnico y regulatorio. Desde el ámbito español sería interesante profundizar en ese debate para entender las necesidades de los distintos sectores —no solo el de la innovación y digital, sino también el sector energético, el de la construcción, el de materias primas y otros— para realmente impulsar una agenda unificada desde el tejido español público y privado.
Si tuvieras que señalar un solo cambio clave que Europa debe hacer para mejorar su industria innovadora, ¿cuál sería?
Un aspecto clave sería la financiación, la financiación traducida en tres elementos. El primero es el aumento de la financiación pública. En segundo lugar, la diversificación de esa financiación pública que sea capaz de abordar la realidad de distintos sectores desde el ámbito de las startups. Y en tercer lugar, la agilidad y flexibilización del acceso a esa financiación pública en la que no sea necesario esperar un tiempo muy prolongado de meses para poder instalar una fábrica, por ejemplo, en suelo europeo o en suelo español.
Muchas gracias, Raquel.
* Agenda Pública reunió a figuras clave del panorama político y empresarial para debatir sobre los retos de la innovación en Europa. Las eurodiputadas Lina Gálvez (PSOE) y Pilar del Castillo (PP), junto a directivos de empresas tecnológicas y representantes institucionales, analizaron las estrategias necesarias para impulsar una industria europea competitiva en el ámbito de la innovación. En esta conversación de Mathew Melero con Raquel Jorge se profundiza en las conclusiones de la jornada, explorando las claves que permitirán a Europa avanzar en el camino de la innovación y la competitividad tecnológica.