Martes, 28 de julio de 2026
TRANSICIÓN VERDE

El reto de la eficiencia energética en España: una transformación pendiente en vivienda

¿Por qué es importante para España renovar su parque de viviendas para ganar en eficiencia energética? 'Agenda Pública' analiza junto a la urbanista Alexandra Delgado Jiménez cómo este reto puede traducirse en ahorro, sostenibilidad y, sobre todo, una economía más competitiva. Una transformación necesaria que nos afecta individualmente y también como país.

Agenda Pública Corp Agenda Pública Corp 20 de marzo de 2025
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Las viviendas plurifamiliares forman parte del paisaje urbano de España. | Unsplash / Victoriano Izquierdo
Las viviendas plurifamiliares forman parte del paisaje urbano de España. | Unsplash / Victoriano Izquierdo
En cada rincón de España, grandes bloques de edificios residenciales han pasado a formar parte del paisaje urbano. Sin embargo, tras sus fachadas se esconde un desafío urgente: estas construcciones están entre las menos eficientes energéticamente de Europa. Con el aumento del precio de la energía y la creciente preocupación por el clima, nuestro país afronta la enorme tarea de modernizar su vasto parque de viviendas. El reto es tanto social y económico como técnico.

"España tiene uno de los parques de edificios con peor desempeño energético de Europa"
Dra. Alexandra Delgado Jiménez - Investigadora principal en Arquitectura de la Universidad Nebrija
El sector de la edificación en España presenta una serie de particularidades que dificultan su transición hacia la eficiencia energética. "España tiene uno de los parques de edificios con peor desempeño energético de Europa", explica la doctora Alexandra Delgado Jiménez, investigadora principal en Arquitectura de la Universidad Nebrija. No obstante, señala que este bajo rendimiento se debe en parte a que España aplica una metodología de medición más estricta que la de otros países europeos, una discrepancia que se resolverá cuando la UE implemente un sistema unificado de certificación energética en mayo de 2026.



El mercado de la vivienda en España es muy distinto al de sus vecinos del norte de Europa. Mientras que países como Alemania y los Países Bajos cuentan con amplios sectores de alquiler público donde la vivienda se valora por su uso, España pertenece a lo que la doctora Delgado denomina "el modelo del sur de Europa", en el que la vivienda se considera principalmente un activo para la compraventa. Esta diferencia fundamental influye en cómo se abordan y financian las mejoras en eficiencia energética.

Las cifras son reveladoras. Aproximadamente el 80% de los españoles son propietarios de sus viviendas, que en su mayoría se encuentran en edificios plurifamiliares, un marcado contraste con las viviendas unifamiliares predominantes en el norte de Europa. Cada año, unas 500.000 viviendas se someten a renovación, mientras que la nueva construcción se sitúa en torno a las 90.000 unidades de media anualmente, indica de forma orientativa la investigadora. Esto representa tanto un desafío como una oportunidad: cada reforma es una ocasión para mejorar la eficiencia energética, pero coordinar mejoras en edificios con múltiples propietarios requiere negociaciones complejas y consenso.

"Quienes más sufren las consecuencias de una baja eficiencia energética suelen ser los que menos acceso tienen a la información sobre subvenciones y carecen del capital inicial para acometer mejoras"
Uno de los principales obstáculos para mejorar la eficiencia energética en España es la falta de visibilidad tanto del ahorro económico como del impacto ambiental, enfatiza la doctora Delgado. Hasta hace poco, cuando el precio de la energía se disparó, muchos españoles no eran conscientes del consumo energético de sus hogares. Esta falta de percepción ha contribuido a la desventaja competitiva del país, ya que sus ciudadanos gastan más en calefacción y refrigeración que sus vecinos europeos, una situación especialmente grave para las poblaciones vulnerables.

Esta inseguridad se agrava si consideramos que los certificados de eficiencia energética clasifican las viviendas de la A, la mejor calificación, con un consumo al menos un 55% inferior a la media, hasta la G, la peor, con más de un 125 % por encima. En términos prácticos, una vivienda con etiqueta G consume al menos el doble de energía primaria no renovable y genera el doble de emisiones de gases de efecto invernadero que una con etiqueta A, duplicando su impacto en el cambio climático.


Quienes más sufren las consecuencias de una baja eficiencia energética suelen ser los que menos acceso tienen a la información sobre subvenciones y carecen del capital inicial para acometer mejoras. En una cruel paradoja, los hogares más pobres suelen habitar las viviendas menos eficientes, generando lo que la doctora Delgado describe como un "círculo vicioso de pobreza energética". 

Esta situación afecta con especial dureza a los jóvenes, quienes encuentran una doble barrera: no solo luchan por acceder a una primera vivienda en un mercado cada vez más restrictivo, sino que cuando lo consiguen, heredan inmuebles que mayoritariamente no cumplirán los criterios de sostenibilidad exigidos por la agenda regulatoria hacia 2050. Estos jóvenes se verán obligados a realizar costosas reformas de aislamiento, suministro energético y eficiencia, en un contexto donde podría escasear la mano de obra cualificada.



El parque edificatorio roza los veintisiete millones de viviendas. Aproximadamente el 55% del parque edificado en España es anterior al año 1980. Esta antigüedad impacta directamente sobre la problemática energética, puesto que casi el 58% de nuestros edificios se construyó con anterioridad a la primera normativa que introdujo en España unos criterios mínimos de eficiencia. "Tenemos un parque de edificios muy antiguo, a menudo sin aislamiento alguno", señala la doctora Delgado.

Como nota positiva, existen condiciones climáticas menos extremas, en términos generales, que en el centro y norte de Europa. Si bien es cierto que las diversas zonas climáticas de España, que van desde el clima continental hasta el mediterráneo, requieren enfoques diferenciados para mejorar la eficiencia energética.

"Aproximadamente el 55% del parque edificado en España es anterior al año 1980"
Esta infraestructura envejecida se combina con los patrones arquitectónicos característicos de España. La prevalencia de edificios plurifamiliares implica que cualquier mejora en eficiencia energética debe superar las dificultades de la toma de decisiones en comunidad. Los bancos, además, suelen encontrar dificultades para financiar reformas a nivel comunitario, considerándolas más arriesgadas que las mejoras en viviendas individuales.


A pesar de estos retos, están surgiendo enfoques innovadores. La doctora Delgado destaca el modelo británico de "calor como servicio" como una posible solución. Bajo este sistema, los residentes pagan una cuota mensual fija por una temperatura confortable garantizada —tanto en verano como en invierno—, mientras que los proveedores de servicios tienen incentivos para mejorar la eficiencia energética y así aumentar sus márgenes de beneficio.

Algunas ciudades españolas ya están explorando mecanismos creativos de financiación. Barcelona, por ejemplo, destina parte de la recaudación de la tasa turística a la instalación de paneles solares y sistemas de climatización en escuelas públicas. Este enfoque, señala la doctora Delgado, cumple una doble función: mejorar la eficiencia energética y educar a las nuevas generaciones en prácticas sostenibles.
 

"La eficiencia energética no debe verse solo como una obligación impuesta por Europa o un deber moral debido a la crisis climática", sostiene la doctora Delgado. "Es una oportunidad". Argumenta que las inversiones en eficiencia energética generan empleo, mejoran la competitividad a largo plazo y reducen los gastos mensuales de los hogares. Además, debido a la alta dependencia de España (común en el resto de la Unión Europea también) de la energía importada, reducir el consumo mediante mejoras en eficiencia podría fortalecer significativamente la resiliencia económica general del país.

"La eficiencia energética no debe verse solo como una obligación impuesta por Europa o un deber moral debido a la crisis climática, sino como una oportunidad"
Dra. Alexandra Delgado Jiménez - Investigadora principal en Arquitectura de la Universidad Nebrija
Para perseguir estas reformas con éxito —que se implementarán en los edificios pero acabarán por transformar la economía del país— será necesario un enfoque multifacético. El modelo italiano Ecobonus, con subvenciones de hasta el 110%, ofrece un precedente valioso. La aplicación de tipos impositivos escalonados según la eficiencia energética —siguiendo la lógica fiscal ya aplicada a vehículos por emisiones— combinada con financiación preferente para renovaciones, catalizaría la transición energética del parque inmobiliario español.

Un caso particularmente prometedor es la adaptación del programa estadounidense PACE (Property Assessed Clean Energy). Este mecanismo innovador permite financiar mejoras energéticas sin desembolsos iniciales significativos, con el distintivo de vincular la deuda al inmueble y no al propietario, facilitando inversiones incluso ante cambios de titularidad. Su implementación podría movilizar capital privado a gran escala, complementando los fondos públicos disponibles. Estas políticas no solo reducirían el consumo energético y las emisiones, sino que también dinamizarían el mercado laboral, aprovechando que la rehabilitación requiere considerablemente más mano de obra que la construcción nueva.


En el marco de la Misión Contrato Social: Transición verde en el mercado inmobiliario, la doctora Alexandra Delgado ha discutido y trabajado estas ideas junto a una treintena de líderes políticos y empresariales de España. Su investigación sobre la transición energética y sus procesos sociales sugiere que el desafío va más allá de las soluciones técnicas. "Esto no es una cuestión de ideología política", insiste. "Los eventos climáticos afectan a todos, independientemente de sus creencias". La verdadera tarea es hacer que las mejoras en eficiencia energética sean accesibles y atractivas para la diversa población de propietarios en España.

Para un país que está en proceso de revolucionar su red energética con las energías renovables en las últimas décadas, transformar su parque de viviendas podría ser el siguiente paso natural. Sin embargo, este reto es, sin duda, más complejo, ya que requiere millones de decisiones individuales en lugar de unos pocos grandes proyectos de infraestructura. En gran medida, dependerá de hacer visible lo invisible: demostrar a los españoles que la eficiencia energética no es solo un imperativo ambiental, sino una oportunidad económica que no pueden permitirse ignorar.
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