En la edición del 24 de septiembre de
Le Monde, el editorial y la columna de Solenn de Royer condenan severamente la formación del gobierno de Michel Barnier. El título del editorial es elocuente: "El gobierno de Michel Barnier, una alianza de perdedores a contracorriente del Frente Republicano". El gobierno Barnier se formó "en desafío al Frente Republicano, que había propulsado al Nuevo Frente Popular (NFP) a la cabeza de la segunda vuelta de las elecciones".
El lector ingenuo se pregunta: ¿cuál podría haber sido una alianza de ganadores tras las elecciones legislativas? Desde luego, no el NFP. Un gobierno resultante de esta alianza habría sido inmediatamente censurado. Al igual que un gobierno de Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés), el partido de Marine Le Pen.
"El lector ingenuo se pregunta: ¿cuál podría haber sido una alianza de ganadores tras las elecciones legislativas?"
El mismo sesgo aparece en el artículo de Solenn de Royer, que presenta al Frente Republicano como el "gran vencedor de las elecciones" y señala: "mientras que dos tercios [de los electores] han votado a un candidato que decía ser del Frente Republicano, el nuevo equipo se encuentra bajo la estrecha vigilancia de Marine Le Pen, que se convierte en el árbitro de las acciones y de las posibles censuras futuras".
Una vez más, ¿qué significa esta "victoria" del Frente Republicano? ¿Quién, en la izquierda o en el centro, quería formar parte de un gobierno de este Frente Republicano? Ningún partido, y ese fue el hecho ineludible que condujo al nombramiento de Michel Barnier. La izquierda rechazaba al centro, que se consideraba cada vez más de derechas. El centro no quería gobernar con La Francia Insumisa (LFI). En cuanto al Partido Socialista (PS), se quedó con el partido de Jean-Luc Mélenchon. No tiene sentido político decir que ganó el Frente Republicano. El electorado se movilizó por un voto en contra —que funcionó bien— pero no constituyó la base electoral de un futuro gobierno.
Así que, es necesario poner las cosas en perspectiva. Si es cierto que RN tiene hoy en su mano el destino de un gobierno sin mayoría, es sobre todo porque los socialistas, prefiriendo a Mélenchon antes que a Macron, han proclamado que votarían con LFI la censura de cualquier gobierno que no fuera un gobierno nacido del NFP y nada más que del NFP.
Decir que este gobierno está en manos de RN, lo cual es cierto, debe completarse con la siguiente frase: "ya que la izquierda lo someterá a una moción de censura de todos modos". En realidad, solo está en manos de RN porque el NFP votará la censura con él. Una simple negativa de los socialistas a censurar al nuevo gobierno desde el principio privaría ipso facto a la RN de su posición de "árbitro de posibles censuras futuras".
"Decir que este gobierno está en manos de RN, lo cual es cierto, debe completarse con la siguiente frase: "ya que la izquierda lo someterá a una moción de censura de todos modos"
Solenn de Royer, tras denunciar a este "gobierno de perdedores", admite, no obstante, que "el resultado del 7 de julio carecía de claridad, constituyendo una Asamblea Nacional sin mayoría, dividida en tres (...) En cuanto a la izquierda, que finge ahora lamentar el regreso de la derecha, ha saboteado la posibilidad de recuperar la vía del poder. Al explicar a las ocho de la tarde del domingo 7 de julio que el NFP había ganado las elecciones y que aplicaría 'todo su programa, y nada más que su programa', el 'rebelde' Jean-Luc Mélenchon, que espera sacar provecho del caos, ha torpedeado las posibilidades de la coalición de izquierdas de hacerse con Matignon". La columnista añade que "el PS ha puesto en aprietos al antiguo primer ministro de François Hollande, Bernard Cazeneuve".
En estas circunstancias, debería haber empezado por señalar la responsabilidad de la izquierda antes de exponer las consecuencias, es decir, el control de RN sobre el nuevo Gobierno. Una RN que, escribe con razón, "podrá subir la apuesta de la inmigración a su antojo".
Al leer estos análisis, que describen claramente la situación actual del gobierno, su fragilidad y su débil base electoral y parlamentaria, nos gustaría saber si los artículos son o no favorables a esta alianza con el NFP, no como acuerdo electoral, sino como posible coalición de gobierno. Es decir, la llegada al poder de los "insumisos", que denuncian la formación del gobierno Barnier como "una especie de robo organizado", y cuyo líder, Jean-Luc Mélenchon, considera que "hay que deshacerse de ellos lo antes posible", sin explicar por que medios.
La incomprensión de la lógica parlamentaria
Estos análisis se ven obstaculizados por el apego de sus autores a viejas ideas sobre el funcionamiento de nuestro sistema político. "¿Qué dijeron los franceses durante las elecciones legislativas del 30 de junio y del 7 de julio?", se pregunta Solenn de Royer.
"Que querían alternancia y que no querían a RN, que quedó relegado al tercer puesto la noche de la votación". ¿Qué significa la palabra "alternancia" en el contexto actual? Sí, los franceses querían un cambio, pero la alternancia significaba antes la sustitución de un bando por otro, cuando la izquierda y la derecha se alternaban en el poder. Hemos visto que esta "alternancia" no podía significar la llegada al poder del Frente Republicano, que tiene una consistencia electoral pero no partidista, sobre todo porque esta agrupación habría incluido a los macronistas.
"Lo grave de la situación actual, sin embargo, es que la mayoría relativa de escaños que apoya a este gobierno es débil y frágil"
En la situación actual, ya no es una mayoría electoral la que sustituye a otra, como cuando el bando vencedor era capaz de traducir una mayoría electoral en una coalición gubernamental con mayoría absoluta (o próxima a ella) en la Asamblea Nacional.
Ahora, son los partidos políticos representados por sus grupos parlamentarios los que construyen coaliciones dentro de la Asamblea Nacional. Puede ser lamentable que un partido con un grupo pequeño pueda liderar un gobierno pero, según la lógica parlamentaria, si ha sido capaz de reunir una mayoría de diputados, esto no plantea ningún problema constitucional.
Lo grave de la situación actual, sin embargo, es que la mayoría relativa de escaños que apoya a este gobierno es débil y frágil.
Solenn de Royer parece lamentar el papel desempeñado por los partidos políticos en la formación del Gobierno, aunque en otro lugar critica al presidente que, "dirigiendo personalmente las operaciones en lugar de desempeñar su papel de árbitro por encima de la contienda", se negó a designar al candidato del NFP, el cual se autoproclamó vencedor de las elecciones, según la columnista. "Los partidos vuelven a la carga. Han rodeado literalmente al nuevo primer ministro para negociar su influencia. A falta de un pacto formal de coalición", añade.
"El nuevo ejecutivo solo está vinculado por algunos compromisos vagos. Queda a merced de los líderes de los partidos". Pero en la lógica parlamentaria, son los partidos los que negocian para formar gobierno. Y son ellos los que han aceptado o rechazado participar en el nuevo gobierno. Es cierto que el Presidente ha estado activo, pero esto dista mucho de la visión y la práctica gaullistas. No olvidemos que, aunque haya perdido las elecciones, Emmanuel Macron sigue siendo el presidente electo y a quien la Constitución otorga el derecho de nombrar al primer ministro.
"En este sistema parlamentario sin mayorías absolutas, no gana la coalición que obtiene más escaños, sino la que puede gobernar sin ser censurada"
En este sistema parlamentario sin mayorías absolutas, no gana la coalición que obtiene más escaños, sino la que puede gobernar sin ser censurada. Es cierto, que el presidente podría haber nombrado a la candidata del NFP a Matignon y esperar a que su gobierno fuera censurado antes de intentar encontrar una coalición que no pudiera ser censurada desde el principio. Sin embargo, no hizo nada inconstitucional. Solenn de Royer considera que este nuevo gobierno refleja "una relación de fuerzas políticas muy alejada de lo que el pueblo francés expresó en las urnas en julio". Pero, dados los rechazos a priori expresados por la izquierda, que cerró inmediatamente el juego de las alianzas, ¿qué fórmula de gobierno viable habría reflejado mejor lo que el pueblo francés expresó en su voto?
Solenn de Royer cita a Henri Guaino: "Es la primera vez en la historia de nuestra República que un gobierno no tiene legitimidad democrática. En otras palabras, no ha recibido ningún mandato para aplicar programa alguno". ¿Comparte su opinión?
Es cierto que la situación es excepcional y que los franceses descubrirán un programa de gobierno elaborado en condiciones insatisfactorias. Pero ¿era necesario dejar al país sin gobierno y agravar así la crisis política? Si los parlamentarios no tienen legitimidad democrática para apoyar o censurar a un gobierno, entonces es el propio sistema parlamentario el que es ilegítimo.
© Telos, Paris, 2024