Hace ahora dos años, justo después de las elecciones presidenciales de 2022, publicábamos un artículo sobre la sociología de la ciudad de París. En efecto, tal como señalábamos, los resultados de la primera vuelta de aquellos comicios dibujaban una ciudad “dividida” en dos. El color amarillo característico del macronismo teñía las secciones censales del oeste, mientras que el rojo melanchonista hacía lo propio en las del este. Las recientes elecciones europeas parecen haber dejado un escenario más complejo, y la ciudad se estructura ahora en una gradación de colores, tal como ha mostrado el politólogo
Daniel V. Guisado en sus redes.
Sin embargo, la gradación reflejada por las elecciones europeas sigue el mismo patrón que la dicotomía dibujada por las presidenciales. El este de la ciudad se caracteriza por votar, mayoritariamente, a opciones de izquierdas (la Francia Insumisa y el Partido Socialista, en este caso). El oeste representa un bastión de las fuerzas de centroderecha (Los Republicanos y Renacimiento). El nuevo mapa aporta, así, una complejidad que permite ahondar en algunas de las cuestiones que avanzábamos en 2022.
En primer lugar, llama la atención la ausencia de secciones censales en las que la extrema derecha del Reagrupamiento Nacional sea mayoritaria, contrariamente a lo que ocurre en numerosas regiones del país. Si bien esto contribuye a reforzar la (un tanto caricatural) oposición entre París y la llamada “provincia”, no habría de inferir de este hecho la ausencia de sectores profundamente conservadores en la capital. El voto mayoritario hacia Los Republicanos en algunas secciones del oeste muestra la fuerza de esta marca en determinados barrios, con un electorado diferenciado de los apoyos del macronismo.
"Los electores de Macron viven el en llamado 'eje de poder' de la capital".
Mientras que los electores de Macron ocupan posiciones en los nuevos sectores de las clases acomodadas (managers del sector privado, dirigentes de banca y similares), los de la derecha tradicional cuentan con personas vinculadas a la burguesía tradicional. Son estos grupos los que dominan el espacio residencial de los barrios del oeste de París, situándose, como apuntábamos hace un par de años, en el “eje de poder” de la capital. Este eje, bautizado por la pareja de sociólogos Pinçon-Charlot, se prolonga más allá de los límites de la ciudad e incluye, también, diversos municipios del extrarradio parisino conocidos por ser feudos históricos de la derecha, como Neully o Boulogne-Billancourt.
El macronismo (tanto su base electoral como algunas de las políticas llevadas a cabo por la mayoría presidencial) ha presentado, a menudo, una fuerte porosidad con el espacio de la derecha tradicional. Cabe recordar que numerosos ministros, así como dos jefes de gobierno, provenían de las filas de Los Republicanos. Desde la perspectiva de la política local parisina, no deja de ser significativo que uno de los últimos fichajes de Macron en la última remodelación gubernamental fuera Rachida Dati, exministra durante el mandato de Nicolas Sarkozy, y candidata a la alcaldía de París por parte de la derecha tradicional en las elecciones locales de 2020. Desde esos comicios, Dati ha ejercido como jefa de la oposición al gobierno municipal de la socialista Anne Hidalgo, fustigando especialmente las políticas de “mixicidad” social y de transformación verde de la ciudad.
Otro de los nombramientos más sonados en esa remodelación gubernamental fue el de Amélie Oudéa-Castéra como ministra de Educación. Al poco de ser designada para el puesto, el digital Mediapart destapó que sus hijos estaban escolarizados en el colegio Stanislas, un establecimiento privado y elitista situado en el distrito 6 de París. El colegio, de adscripción católica, promueve una educación basada en la separación por sexos. Oudéa-Castéra dimitió al cabo de unos días como responsable de Educación, pero mantuvo la cartera de Deportes. Más allá de la disonancia que representa el hecho de que la máxima responsable de “la escuela pública republicana” pueda escolarizar a sus hijos en un establecimiento privado y religioso, el comportamiento de la ministra y la polémica suscitada se inscriben en las dinámicas sociales y urbanas que analizamos en estas líneas. Es un ejemplo más de la porosidad entre el macronismo y la derecha tradicional que traduce, en este caso, las prácticas educativas y espaciales de las clases acomodadas. París es uno de los territorios de Francia que cuenta con más colegios privados (y católicos), con cerca de un 23% del alumnado escolarizado en este tipo de establecimientos (en algunos niveles educativos el porcentaje se acerca al 40%). La mayoría de ellos se concentra en los barrios del oeste, constituyendo un elemento esencial del paisaje urbano de los sectores acomodados.
"Los electores del Partido Socialista en París son socialmente similares a los votantes del macronismo aunque se concentran en sectores relacionados con los servicios públicos, la comunicación y la cultura."
En el lado izquierdo del tablero político, el resurgimiento del Partido Socialista en numerosas secciones censales no puede desligarse de la recomposición social de la capital. Más allá de las decisiones estratégicas de los votantes en las distintas convocatorias electorales, es importante señalar que los sectores en los que ha ganado el PS se caracterizan por situarse en los barrios en los que la gentrificación ha avanzado más fuertemente a lo largo de los últimos años. Se trata, a nivel general, de un electorado socialmente similar al del macronismo. Sin embargo, aunque pertenece también a las categorías de “cuadros dirigentes” y “profesiones intelectuales superiores”, se concentra en sectores relacionados con los servicios públicos, la comunicación y la cultura. Asimismo, se caracteriza por ser europeísta y sensible a las cuestiones ambientales, lo que explica su apoyo a las políticas locales del Partido Socialista (y de los Verdes) y su movilización electoral en favor de estas formaciones, cambiante de una elección a otra.
Uno de los ejemplos más significativos de esta conjunción social, política y electoral se encuentra en el distrito 10. Este territorio constituye, junto a su vecino 11, uno de los sectores de la capital en el que la práctica totalidad de las secciones censales están teñidas del color rosa socialista. Hace unos meses, en el proceso participativo para regular la presencia de vehículos pesados (SUV) en la ciudad, fue el distrito que votó de manera más entusiasta a favor de las medidas de tinte ecologista propuestas por el Ayuntamiento. En este sentido,
los barrios del distrito 10 ejemplifican la transformación de la composición social del este parisino. En apenas 10 años, el territorio ha pasado de contar con una proporción de obreros y asalariados del 22% al 15% entre la población activa, inversamente proporcional al aumento de los cuadros dirigentes y profesiones intelectuales superiores que han pasado del 29% al 35%. Esta mutación sociodemográfica se ha acompañado de una transformación del espacio, guiada por los actuales paradigmas de las políticas urbanas basados en la peatonalización y la pacificación, pero también en la creación de nuevas centralidades culturales y comerciales.
"Las secciones censales en las que la Francia Insumisa es mayoritaria se corresponden con los sectores de la capital con más presencia de categorías populares."
Más allá de los distritos 10 y 11, y a medida que se avanza hacia el este de la ciudad y hacia sus límites, el rosa deja paso al rojo. Se dibuja así un voto más a la izquierda. Las secciones censales en las que la Francia Insumisa es mayoritaria se corresponden con los sectores de la capital con más presencia de categorías populares (obreros y asalariados, en la nomenclatura de la estadística oficial). La presencia de estos grupos en una ciudad global, marcada por los precios elevados en el sector inmobiliario y los grandes acontecimientos, se explica, principalmente, por el extenso (e histórico) parque de vivienda social, que supera el 20% del total en distritos como el 19 y el 20. Este parque también es significativo en los márgenes de algunos distritos más allá del este, como el 14, el 15 y el 17. En efecto, el anillo intermitente de color rojo que se dibuja en el mapa electoral parisino parece ser la traducción de un elemento urbano particular: los bloques de vivienda social construidos a principios del siglo XX resiguiendo los límites de la ciudad.
Es importante señalar que el voto mayoritario a los insumisos no se explica únicamente por la presencia de categorías populares en estos sectores (que presentan, por otra parte, índices de abstención superiores a los de otros grupos). Estos territorios no están al margen de la progresiva y persistente gentrificación de la capital. Sin embargo, el perfil de los gentrificadores de estos barrios difiere en algunos casos del que presentan los que instalan en los distritos más céntricos (como el 10 y el 11). Comparten con estos la distancia con las clases acomodadas tradicionales del oeste, pero se distinguen por ocupar posiciones menos bien dotadas en términos de recursos económicos.
En esta dinámica urbana y social cabe situar también una llamativa particularidad del último mapa electoral parisino. El distrito 17 es el único que presenta un número significativo de secciones censales de los cuatro colores. El azul y el amarillo se concentran en los sectores limítrofes con los acomodados y elitistas distritos 8 y 16. Sin embargo, las secciones que rozan con el 18 se tiñen de rosa y el rojo marca buena parte de la parte periférica del área, aunque con una entrada prominente hacia el centro. Más allá de la composición social diversa del distrito y de algunos elementos ya apuntados (como las viviendas sociales de principios del siglo XX), esto parece traducir electoralmente una importante transformación urbana de la zona. Una parte de los sectores pintados en rosa y en rojo se corresponden con el nuevo barrio de “Batignolles” y de “Epinettes”, un área de nueva construcción caracterizada como “barrio sostenible” con bloques de vivienda “mixtos”, con unidades destinadas a categorías populares e intermedias, y otras dirigidas a habitantes más acomodados.
Finalmente, cabe preguntarse cómo se trasladarán estos resultados de las europeas a las inminentes elecciones legislativas. En los pasados comicios, que tuvieron lugar después de las presidenciales de 2022, la izquierda consiguió 9 de los 18 diputados que elige la ciudad, mientras que la mitad restante correspondió a las filas macronistas. El modo de elección de los diputados (por circunscripción uninominal y a doble vuelta) hace difícil las predicciones, más aún si se tiene en cuenta que las circunscripciones no se corresponden con los límites de los distritos. La división entre el este y el oeste se reproducirá, pero es previsible que la unión de la izquierda y la movilización puedan incrementar el saldo para las fuerzas progresistas con hasta 2 diputados más. Por otra parte, el desvanecimiento macronista podría facilitar que la derecha tradicional recupere algún diputado en las circunscripciones del oeste. Sin embargo, la desunión y las cuitas en el seno de los Republicanos podrían dificultar la tarea y facilitar que, en su lugar, los votantes conservadores de la capital envíen, por primera vez, algún diputado de extrema derecha al hemiciclo.
Víctor Albert Blanco
Investigador postdoctoral "Juan de la Cierva" en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en el grupo Investigaciones en sociología de la religión (ISOR).
Es doctor en sociología por la Universidad Paris 8 (Saint Denis, Francia) También ha sido profesor de la Universidad Toulouse 2 y colaborador de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC, España). Previamente, se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad Pompeu Fabra (UPF, España) y cursó un máster en Relaciones Euro-mediterráneas en la Universidad Rovira i Virgili (URV, España). Sus líneas de investigación se centran en el debate público sobre el islam en Francia y España, especialmente sobre su regulación en el ámbito urbano, así como en los régímenes de gobernanza del hecho religioso en las ciudades.