-
+
ALBERT GARCIA

Libro Blanco de las Telecomunicaciones en la UE: El eterno y largo despertar de la marmota

Emilio García

6 mins - 6 de Marzo de 2024, 07:00

Cada año, los días en que se celebra el Mobile World Congress (MWC) y los precedentes son una suerte de Día de la Marmota, en todas sus posibles interpretaciones, para el sector de las telecomunicaciones europeo. Siguiendo el más tradicional de sus significados, ligado a las costumbres rurales estadounidenses, sirve de indicador sobre las tendencias del sector para el año en curso. Acudiendo a la lectura cinematográfica, resulta ese momento en que uno percibe cómo se rescatan debates no resueltos una y otra vez. Ambas afecciones convergieron en 2022 y 2023, donde la reforma del sector europeo de las telecomunicaciones estuvo en el centro de anuncios y declaraciones de prensa alrededor del MWC por parte de operadores y poderes públicos. La historia se repite en 2024.

La Comisión Europea ha presentado el 21 de febrero un Libro Blanco del sector, un supuesto primer paso hacia una futura Ley de Redes Digitales (Digital Networks Act, DNA). El documento es la base de una consulta cuyos fines se diferencian poco de la abierta hace un año por estas fechas. Entonces, el objetivo era “recopilar opiniones sobre el cambiante panorama tecnológico y de mercado y cómo puede afectar al sector de las comunicaciones electrónicas” para que a partir de sus conclusiones la Comisión “considerará las acciones más adecuadas para el futuro del sector de las comunicaciones electrónicas”. Sigue siendo el mismo ahora, aunque añade una docena de escenarios sobre los que opinar.

[Recibe los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

El contexto es conocido, y en él incide en su comienzo el Libro Blanco. Necesidades de inversión crecientes (más de 200.000 millones antes de 2030) a las que tiene que hacer frente un sector en declive financiero (bajo ARPU, declive en ROCE y dramática reducción del valor bursátil). El Libro Blanco nace del fracaso de la consulta del año 2023, que giraba alrededor de imponer una contribución justa (fair share) a las grandes tecnológicas para facilitar el desarrollo de las redes de telecomunicaciones. La falta de unanimidad entre los Estados miembro hizo embarrancar la idea.

El concepto de “fair share” ha desaparecido del centro del debate, que el ejecutivo comunitario hace girar ahora alrededor de los tres pilares que enumeró como conclusiones de la consulta de 2023: Innovación, nueva regulación del mercado único de telecomunicaciones y securización de las redes. De la presentación realizada de estos pilares pueden desprenderse las opciones favoritas de la Comisión Europea, unas más acertadas que otras.

Alrededor de la innovación, sorprende positivamente la propuesta de impulsar el desarrollo de un ecosistema vibrante bajo la denominación “3C  Network - Connected Collaborative Computing”. Si bien las empresas europeas (en particular, Ericsson y Nokia) han mantenido sus porcentajes globales de ventas más por la campaña estadounidense contra las empresas chinas (principalmente, Huawei) que por las acciones comunitarias, la Comisión parece decidida a cambiar el rumbo. Entre los escenarios futuros, el ejecutivo de Bruselas considera la sinergia entre las iniciativas ya establecidas de apoyo a los sectores de semiconductores y de la nube con programas pilotos de infraestructuras de telecomunicaciones del futuro. Se sugiere, entre otras acciones, el impulso de un Proyecto Importante de Interés Común Europeo (IPCEI) como catalizador del polo tecnológico, hibridando infraestructuras de red y de la nube. 


Resulta más decepcionante algunas de las acciones regulatorias apuntadas en el segundo pilar, dedicado al mercado único de las telecomunicaciones. La Comisión sigue apostando por un imposible reforzamiento de sus competencias sobre el espectro radioeléctrico, en lugar de buscar opciones más aceptables para los Estados miembro. Una expansión competencial que igualmente dirige hacia las redes fijas aprovechando una supuesta centralización de las funcionalidades núcleo de las redes europeas. También recupera opciones rechazadas por las autoridades nacionales en 2013 dentro del debate sobre la propuesta de Reglamento del Mercado Único de las Telecomunicaciones, como productos comunes del mercado mayorista o la armonización del proceso de autorización. 

A pesar de los que quieren ver signos de cambio en la política de competencia, el Libro Blanco no pasa de una tímida declaración de intenciones en algún pasaje. Existe escasa autocrítica y propuestas de rectificación de la visión de la Comisión ante fusiones y adquisiciones. Las fusiones transfronterizas a las que aspira Bruselas son difíciles que  acontezcan sin previas consolidaciones nacionales, ante las que no existen indicios de flexibilización en el Libro Blanco.

Pero también existen aspectos novedosos entre las propuestas legislativas que son sugeridas en el Libro Blanco. Rechazado el concepto de “fair share”, se invita a ampliar la regulación de telecomunicaciones a infraestructuras digitales en manos de las grandes tecnológicas estadounidenses. En particular, ampliando el alcance normativo a las redes terrestres y submarinas construidas por los gigantes digitales para sus servicios y por las que transcurren buena parte de los datos de los europeos. También apunta la posibilidad de extender a estas empresas la responsabilidad de financiar el servicio universal. 

Es también innovador el capítulo de opciones regulatorias dirigidas hacia la sostenibilidad social y medioambiental de las infraestructuras. Todo ello gira alrededor de la sustitución de las redes de cobre por las de fibra, para cuyo fin marca por primera vez un objetivo (2030). La Comisión Europea pretende encomendar a las Autoridades Regulatorias Nacionales la obligación de que esta migración de redes no deje a nadie atrás, que no excluya a los entornos rurales de la transición digital.

El tercer y último pilar aborda asegurar la seguridad y resiliencia presente y futura de las hasta ahora no suficientemente consideradas redes de conectividad submarina del continente. La urgencia de acciones en este ámbito lo escenifica acompañando la presentación del Libro Blanco con una recomendación sobre la materia. Para ello, configura un grupo de expertos nacionales que tendrá encomendado, entre otras acciones, impulsar proyectos de conectividad submarina de interés común y desarrollar un análisis de riesgos para este tipo de redes similar al que ha desarrollado la Unión para 5G desde 2020.

Concluyendo, el Libro Blanco ofrece una mezcla de propuestas esperanzadoras en el ámbito industrial e ideas menos convincentes en lo referente a la regulación del mercado único. Será la Comisión Europea que nazca tras el proceso electoral de mayo la que analice las aportaciones recibidas en la consulta y madure un proyecto legislativo. Con todo ello, no es de esperar que hasta dentro de un año comiencen los debates sobre la nueva normativa para  un sector que hace ya bastante tiempo que necesita una reforma profunda. 

¿Qué te ha parecido el artículo?
Participación