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CARLOS BARBA (EFE)

Vox y la Unión Europea: ¿quién defiende los intereses nacionales?

Guillermo Iñiguez

7 mins - 12 de Julio de 2023, 11:00

Entre las propuestas contenidas en el programa electoral de Vox hay un bloque que llama poderosamente la atención: el capítulo 15, dedicado a la Unión Europea. Comienza proclamando que “toda la dureza que el Gobierno de Sánchez ha demostrado contra los españoles honrados y trabajadores ha desaparecido cada vez que el presidente tenía que defender los intereses nacionales en Bruselas.” A continuación, carga contra las “instituciones europeas” y los “lobbies ecologistas e ideológicos radicales”, antes de declararse el gran defensor de “las naciones europeas y de sus ciudadanos”. 

Entre propuestas ilegales (imponer “controles fronterizos para todos los productos de terceros países que lleguen a nuestro mercado” atentaría contra la libre circulación de mercancías en el mercado interior, y por lo tanto contra la esencia misma de la Unión Europea), negacionismo climático (reducir “cualquier iniciativa europea que suponga más obligaciones ‘verdes’”) y demagogia anti política (“reducción del gasto político superfluo en las instituciones comunitarias”), llega la propuesta estrella: “defender la primacía de la Constitución sobre el Derecho europeo”, desaplicando las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) cuando sean contrarias a los supuestos intereses de nuestro país. 

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El desacatamiento de las sentencias del TJUE es una causa abanderada, en distintos momentos, por partidos como Fidesz (Hungría), Ley y Justicia (Polonia) y los sectores más duros de los tories británicos. El último en unirse a esta lista es Vox, un partido que ya gobierna en numerosas Comunidades Autónomas y que muy probablemente determinará quién lidere el próximo ejecutivo nacional. Llevada hasta sus últimas consecuencias, dicha propuesta podría abocar a España a una retirada de la Unión Europea. Por ello, y pese al lenguaje de Vox, tan obsesionado con el “patriotismo” propio y el “antiespañolismo” ajeno, no hay medida más dañina para los intereses de los españoles que acabar con la primacía del Derecho de la Unión. En otras palabras, y usando su propio vocabulario, el de Vox es un programa antiespañol.

Es antiespañol, en primer lugar, porque conllevaría un choque frontal con las instituciones europeas. Ello tendría, ante todo, dos consecuencias. Por una parte, expondría a España a una cascada de procedimientos de infracción y de sentencias condenatorias por parte del TJUE, que podrían suponer importantes multas económicas. Ese fue el caso de Polonia, cuyas reformas judiciales le abocaron a pagar una multa diaria de un millón de euros durante casi un año y medio. También podría exponer a España a una retención de sus fondos europeos, tal y como le sucedió a Hungría el pasado mes de diciembre. En este caso, las cuantías serían aún mayores: la suspensión de Hungría supuso la congelación de más de seis mil millones de euros. Basándonos en los precedentes de Hungría y Polonia, el ejercicio de “españolismo” de Vox parece cada vez menos patriótico: podría suponer, entre otras cosas, una pérdida de ingresos para las universidades españolas (fondos Erasmus, Horizon o Copernicus), para nuestros agricultores (Política Agrícola Común), para nuestras regiones menos desarrolladas (Fondos de Cohesión) o para la transición ecológica o la digitalización (Plan de Recuperación). 

Más allá de estos cálculos económicos, el programa de Vox también atentaría directamente contra los intereses políticos de España en Bruselas. Una cruzada política y jurídica contra la Unión Europea –y, como indica su programa, contra el Consejo de Europa– nos aislaría del mainstream político europeo: pasaríamos de aliarnos con Francia, Alemania o Italia a ingresar en un selecto club formado por Polonia y Hungría en los foros de la Unión; y por Rusia y Bielorrusia, los únicos dos países europeos que no pertenecen al Consejo de Europa. Ante tamaño acto de patriotismo, cabe preguntarse dos cosas. En primer lugar, ¿denotaría “españolismo” perder influencia en Bruselas, el foro en el que se determinan gran parte de nuestras leyes y en el que más se puede trabajar por los intereses de los españoles? En segundo lugar, ¿llevaría Vox sus nuevas alianzas Frankenstein hasta sus últimas consecuencias – posicionándose, por ejemplo, a favor de la Rusia de Putin, como hace la Hungría de Orbán? Sorprendentemente, su programa electoral, tan preocupado por mostrar su patriotismo, no da pistas al respecto.



Igualmente falaz es su lógica victimista, según el cual posicionarse contra la Unión Europea no es más que una respuesta a las numerosas humillaciones que (aparentemente) ha sufrido España en los últimos años. Al fin y al cabo, es precisamente el Derecho de la Unión el que ha protegido los intereses de España en los casos que denuncia Vox. Lo ha hecho, recientemente, en su respuesta al procés, desautorizando a los tribunales belgas que se negaban a ejecutar las euroórdenes emitidas por España y avalando la retirada de la inmunidad parlamentaria a Carles Puigdemont. También, como apunta Ignacio Molina, fueron ciertas instituciones europeas – en concreto, el “Whatever it takes” de Mario Draghi – las que más nos protegieron frente al programa de austeridad liderado por el Gobierno de Angela Merkel. Una retirada española del orden jurídico de la Unión no daría más fuerza a España, más bien al contrario: nos dejaría indefensos ante semejantes situaciones.

Cabe plantarse, por último, qué entiende Vox por una política europea “patriótica”. Según la RAE, es patriota aquel “que tiene amor a su patria y procura todo su bien”. Analizando las principales crisis de los últimos años, es difícil cuadrar esta definición con las aspiraciones del partido de abandonar, de facto o de jure, la Unión Europea. ¿Una retirada de la Unión hubiera facilitado la vacunación de millones de españoles contra la Covid-19? ¿Nos hubiera permitido participar en el fondo de recuperación, frenando el hundimiento de nuestra economía tras la pandemia? ¿Hubiera conllevado una respuesta más eficaz frente las consecuencias económicas y energéticas de la guerra de Ucrania, conteniendo la inflación y la escala de precios de la energía? Si el programa de Vox –victimista, falaz, demagógico– omite estas cuestiones, es por un motivo evidente: pese a su retórica, el partido es perfectamente consciente de que su programa ni demuestra amor a su patria, ni muestra el más mínimo interés por procurar su bien o el de sus ciudadanos.

Ante todo, el programa de Vox es antipatriota porque desconoce la realidad de su propio país. En los últimos meses, el partido ha adoptado una retórica cada vez más dura contra los “burócratas de Bruselas”, ese supuesto cuerpo de funcionarios grises y maquiavélicos, alejados de los intereses de los españoles y defensores de un régimen globalista (régimen globalista, todo sea dicho, al que sus propios eurodiputados no tienen ningún problema en pertenecer). Y sin embargo, nada podría estar más alejado la opinión pública española, una de las poblaciones que más decididamente apoya la integración europea. Una salida española de la UE supondría abandonar una unión política, social y económica que, desde hace cuatro décadas, ha contribuido de manera decisiva a la modernización y la transformación de España, ese país cuyos intereses tanto dicen defender. Supondría, además, hacerlo contra el criterio de la inmensa mayoría de los españoles. Paradojas del patriotismo. 
 
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