
Por otra parte, teniendo en cuenta que nuestro porcentaje de gasto en educación superior siempre estuvo muy por debajo de la media de los países de nuestro entorno, en realidad la expansión universitaria se ha cargado de un modo importante y no suficientemente reconocido sobre las espaldas de las familias, familias que en muchos casos no tenían tradición de enviar a estudios terciarios a sus hijos y que sin embargo lo han hecho de un modo muy decidido. Esto ha teñido siempre a los estudiantes de clases más bajas de un tono de hiperresponsabilidad que parece estar detrás de la mayor dependencia de los logros académicos. Quizá el aumento de los estudiantes que trabajan, sobre todo en aquellas carreras donde más alumnos de clases populares hay, tiene que ver con esta mayor autoexigencia de los estudiantes de clase obrera. Insisto ¿para quién es o ha sido alguna vez en este país tan fácil y tan barato estar en la universidad?
Nuestra universidad es más masiva que de masas, pues, si aludimos con esta expresión a la idea de una democratización nunca realmente alcanzada en nuestro país, como ya apuntábamos en el 2006 en el artículo: "A massive university or a university for the masses: Continuity and Change in Higher Education in Spain and England", (Langa y David, 2006). En este trabajo M. David contaba lo que había pasado en la universidad en Gran Bretaña a partir de la Higher Education Act, implantada en 2004: un giro importante en el sistema de financiación, que había incrementado las tasas, introduciendo un sistema de préstamos en lugar de becas, y cómo todo ello había no sólo aumentado las desigualdades entre universitarios sino profundizado la jerarquización entre universidades. Para el caso de nuestro país desde entonces las desigualdades que ya apuntábamos no han hecho sino agravarse hasta límites insospechados en una tendencia multiplicadora de las constricciones para buena parte de los estudiantes, los más vulnerables y dependientes de los logros académicos para su entrada y permanencia en el sistema. Desde la implementación de Bolonia y la subida de los precios de los masters, hasta el Real Decreto ley 14/2012, y en estos días el famoso 3+2 que de nuevo da lugar a fuertes protestas, etc. No es cuestión de hacer balance, pero
ahora precisamente nos vienen con declaraciones a favor de los préstamos.
En fin, que está claro, retomando el argumento inicial de Gomendio, sobre lo insostenible del sistema, que no es porque sobren universitarios. La apuesta es ideológica. Para determinada perspectiva sobran universitarios de unas determinadas clases sociales, las menos solventes. Frente a los procesos de deserción universitaria o autoexclusión que muchos jóvenes de orígenes populares pueden y de hecho sabemos están ya implementando, queda, desde una óptica diferente, el debate y la acción política en su sentido más amplio. La España de la que Gomendio dice que sobran universitarios no sólo está actualmente exportando a Europa y allende los mares mano de obra cualificada, también está protagonizando procesos muy originales y creativos de transformación sociopolítica (la famosa Spanish revolution) que tiene muy pendiente del devenir de estos procesos a gentes de todo el mundo. Y en ese sentido reclama una democratización social aún pendiente en nuestra universidad.
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