
El fenómeno Podemos, como a muchos profesores e investigadores que nos encontramos trabajando fuera de nuestro país, me pilló un tanto por sorpresa. Durante su génesis y crecimiento inicial yo estaba donde aún estoy: en Harvard. El interés fue creciendo y colegas del MIT, en el contexto de un curso puntero sobre cómo las nuevas tecnologías pueden transformar la política, me animaron a estudiar a Podemos. En Harvard, colegas vinculados al ámbito de la Ciencia Política me pidieron que explicara el fenómeno en sus seminarios. Y un día, el mejor estudiante de su promoción, que había obtenido la prestigiosa beca Frederick Sheldon Traveling Fellow de Harvard, para dedicarse un año a investigar sobre el tema que quisiera en el lugar del mundo que quisiera, me pidió que le dirigiera su investigación sobre Podemos.
A partir de ahí actué como normalmente se actúa por estos lares. En primer lugar, elegí el aspecto que me parecía más relevante dentro de mi ámbito de interés sobre Podemos: el modelo de participación ciudadana y sus efectos sobre la regeneración democrática. En segundo lugar, contacté con la que considero la mayor experta mundial en esta materia, Beth Noveck, Directora del prestigioso Governance Lab de la NYU e impulsora de la Open Government Initiative en la Casa Blanca. En tercer lugar, contacté con quienes podían facilitarnos la información relevante para nuestro objeto de estudio, a saber: los propios dirigentes de Podemos. Hasta ese momento yo no conocía ni a Beth Noveck ni a Pablo Iglesias. A día de hoy, los dos forman parte de un proyecto en el que ya llevamos trabajando más de un año. En él, Podemos abre sus entrañas organizativas a los académicos que, más allá de estudiarles, les aportamos nuestro conocimiento experto en base a recomendaciones que ellos implementan con una clara voluntad de mejora.
Dicho proyecto, por su naturaleza académica, se concibió y se desarrolla ajeno a las filias y fobias de la coyuntura política española. Cuando desde Agenda Pública se pusieron en contacto hace unos días y me pidieron que escribiera un artículo sobre este asunto, me pareció interesante compartir con los lectores algunas reflexiones sobre el modelo de participación ciudadana de Podemos y sus efectos sobre la desafección política y la regeneración democrática.
Primera reflexión: Podemos ha decidido apostar por el uso generalizado de las nuevas tecnologías y eso le permite superar las limitaciones tradicionales de la democracia directa en una sociedad contemporánea como la nuestra, aunque no sus riesgos, fomentando un modelo de participación más intensivo y extensivo.
Segunda reflexión: Podemos eleva el concepto de participación ciudadana de la deliberación a la acción. En un primer nivel participar es sinónimo de opinar, debatir y votar pero, en un segundo nivel, también es sinónimo de diseñar e implementar acciones, proyectos o iniciativas. En el primer caso no es necesario levantarse del sofá pero, en el segundo, sí. Podemos, a diferencia del resto de partidos, promueve un modelo de participación que se mueve en ambos planos.
Tercera reflexión: Podemos, a través de iniciativas como Impulsa, ha decidido no esperar a gobernar para predicar con el ejemplo apoyando económica y logísticamente iniciativas emprendedoras ciudadanas que busquen construir una sociedad más justa, igualitaria y democrática.
Cuarta reflexión: Podemos, a través de iniciativas como el Banco de Talentos, ha sido capaz de generar espacios de participación multimotivación que pueden interesar al ciudadano tanto en el plano personal como en el plano profesional y que favorecen una implicación más efectiva y sostenible de los mismos en el tiempo.
En definitiva, el modelo de participación ciudadana de Podemos ayuda a reducir la desafección política y favorece la regeneración democrática. Y lo hace porque el uso generalizado de las nuevas tecnologías permite fomentar una participación multimotivación más intensa y sostenible en el tiempo que conlleva tener que levantarse del sofá y que no pone como excusa no estar en el gobierno.
La radicalidad democrática no se improvisa. En Podemos creen de verdad en la fuerza del conocimiento colectivo (que ahora está de moda llamarlo crowdsourcing) y en que 1000 personas piensan mejor que 5. Pero lo que tampoco se improvisa es la gestión de esta radicalidad democrática y, en este sentido, el mayor reto que tiene Podemos sobre la mesa es diseñar un sistema que les permita procesar, de manera sistemática, el gran volumen de información que genera un modelo de participación tan exigente.
Para mejorar nuestra democracia hay que creer en la fuerza y sabiduría colectiva, pero también hay que tener la modestia y el coraje de aprender a promoverla, escucharla y respetarla. Y esto último no se aprende en las aulas.
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