
Las novedades de esta investidura
Los gobiernos en minoría no han sido ajenos al período democrático desde 1979 hasta la actualidad en España: al contrario, han sido prevalentes. Sin embargo, el segundo gobierno de Rajoy será muy peculiar en cuanto que dependerá de la confluencia de varios factores extremadamente novedosos, como son:
A pesar de estos factores, el PP y Rajoy contarán con dos factores estables en lo relativo a la formación de gobierno:
marcada por la crisis del PSOE
El revuelo generado por la posición del PSOE puede entenderse en relación con, al menos, dos cuestiones principales: (1) la emergencia de PODEMOS como competidor real en la izquierda y el centro-izquierda, así como en los territorios donde existen partidos nacionalistas; y (2) la evidencia de que existen mecanismos internos en los partidos para renovar el liderazgo de forma fulminante, toda vez éste se encuentre puesto en cuestión, como ha sido el caso con Pedro Sánchez (particularmente, justo después de los desastrosos resultados electorales del PSOE en las elecciones autonómicas de Galicia y País Vasco).
El primer factor no sólo es relevante en el ámbito nacional, sino por añadidura a las cuotas de poder que ha logrado PODEMOS en todos los ámbitos de gobierno multinivel de este país (los ámbitos regionales y municipales). Su posición, sea como partido bisagra o como coalición formalizada, está siendo una vuelta de tuerca más para las presiones internas del PSOE. Este hecho hace que el PSOE esté sumergido en una crisis de liderazgo, de apoyo social y electoral, e ideológica. Extensa agenda de trabajo que enfrenta el partido que más tiempo ha gobernado en España desde la transición.
El segundo factor ha sido sorpresivo para la sociedad española pero, en su forma, ha sido una ejecución correcta de mecanismos acordados en el PSOE (en sus Estatutos), por tanto, democrática. La fuente de esta ejecución es más dudosa, incluso más dudosamente democrática, en efecto: ¿Fueron las palabras de Felipe González desde la otra punta del planeta, en torno a su "decepción" de Pedro Sánchez, o fueron las divisiones ya previamente latentes en el partido las que impulsaron el uso del mecanismo de destitución y renovación del Secretario General?
y sus problemas para mantener la disciplina del grupo parlamentario
Finalmente, para abordar la importancia de la disciplina de partido especialmente en los partidos grandes, hay que remitirse a dos factores. En primer lugar, un aspecto empírico descubierto a partir de un estudio realizado entre 2009 y 2011 entre parlamentarios regionales españoles. Los miembros del PSOE respondían a la pregunta de "¿Cual sería su disciplina de voto en caso de desencuentro con la línea del partido?". Un 13%, votar con el partido; un 82%, hacer constar su opinión pero votar con el partido; un 3%, abstenerse; y un 1%, votar independientemente de la disciplina del partido. Si extrapolamos estos datos a los diputados del PSOE en la legislatura actual, tendríamos exactamente 2,5 diputados votando en contra y en torno a 80 Diputados votando en disciplina con el partido. En el Comité Federal que se celebró el 23 de Octubre pasado, convocado por la Comisión Gestora, se apeló claramente a la necesidad de mostrar a la sociedad española que el denominado Equipo del Cambio existe con una cohesión interna poderosa, tan poderosa como para ejercer la autoridad necesaria de legitimidad política así como de capacidad de uso de la amenaza de la penalización a aquéllos parlamentarios que no sigan la decisión colectiva: la abstención en bloque.
En segundo lugar, el Reglamento del Congreso de los Diputados, que establece diversas normas que fortalecen el papel del grupo parlamentario (que son los partidos, excepto en el caso del Grupo Mixto, que aúna, por su propia naturaleza, a Diputados de diversos partidos) por encima de la capacidad del diputado individual (que es prácticamente nula). Por ejemplo, las propuestas legislativas deben ser avaladas por el portavoz del grupo parlamentario; las votaciones en Pleno se suelen hacer en bloque, en las que el portavoz del grupo parlamentario ejerce de transmisor central de la posición del partido en su conjunto; la decisión del orden del día y de la agenda legislativa se acuerda entre la Mesa Directiva y la Junta de Portavoces; el mínimo de número de diputados necesarios para proponer una moción de censura, por ejemplo, está en línea con el tamaño de un grupo parlamentario grande o bien la coalición de todos los pequeños (35 Diputados mínimo); la distribución de puestos en las comisiones permanentes legislativas debería reflejar la proporcionalidad, pero en realidad refleja el poder relativo de cada grupo parlamentario (así, por ejemplo, Cs, con 32 escaños, actualmente YA preside dos comisiones, al igual que Unidos Podemos, con 67 escaños ). En este contexto institucional, el comportamiento en el Congreso de los Diputados para lograr cualquier acción política (sea una propuesta, una votación, una moción de censura, una presidencia de comisión, una intervención en Pleno, incluso ) debe ser apoyada por el grupo parlamentario en su conjunto, es decir, refuerza en todos los sentidos la importancia de la disciplina de partido.
Por supuesto, estos factores no son los que han aparecido en la discusión mediática sobre lo que va a hacer el PSOE en el voto de investidura. Esta discusión ha estado más bien orientada a enfatizar la crisis interna del partido, la falta de liderazgo, el poder de las personalidades por encima de los principios (particularmente tres barones regionales), e incluso la baja penalización que existe en el marco decisional para limitar la acción de los disidentes. De hecho, en este último aspecto el propio PSOE afronta un dilema obvio: la mejor señal de una penalización efectiva a los disidentes de la decisión de abstención del partido sería la expulsión. Aquí, una vez más, los números cuentan: si son finalmente 5 Diputados, por ejemplo, los que se oponen a Rajoy, el PSOE puede permitirse expulsarlos al Grupo Mixto. Pero si son 15 Diputados, el PSOE pierde excesivo capital humano para ejercer esa oposición efectiva que dice querer ejercer, y máxime con el número de Diputados que tiene Unidos Podemos (el PSOE quedaría prácticamente parejo en número de Diputados respecto a PODEMOS). En otras palabras, el PSOE le cedería todavía más poder del que ya ha logrado Unidos Podemos en todos los ámbitos (electoral, social, ideológico, e institucional).
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