Miércoles, 29 de julio de 2026

Podemos: cuestión de confianza y fin de Vistalegre II

Oscar Barberà Oscar Barberà 27 de mayo de 2018
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Pese a cierta incertidumbre respecto al nivel de participación, los resultados de la cuestión de confianza popular de Podemos podían darse por descontados casi desde el principio [Votaron 188.176 personas y el 68% a favor de la continuidad de Iglesias/Montero]. Aunque la consulta fue convocada por sorpresa y con un plazo de votación muy breve, la atención recibida en los medios nacionales, las declaraciones de Pablo Iglesias e Irene Montero condicionando su continuidad a una elevada participación y el abrupto giro dado por la política española a lo largo de la semana pasada ya anticipaban lo que los datos han confirmado con posterioridad. Todas estas razones y la aparente banalidad del proceso pueden llevar a pensar, seguramente con razón, que ésta es una muestra más de las dificultades del proceso de institucionalización iniciado por Podemos desde su acceso a la representación. Sin embargo, la consulta parece situarse en un nuevo giro organizativo y estratégico de Podemos al que los medios han prestado poca atención y resulta pertinente señalar. En primer lugar, el planteamiento aparentemente banal de la consulta oculta un trasfondo político mucho más trascendente. La compra de una casa de lujo por parte de Iglesias y Montero no parece un error garrafal de cálculo, como han pretendido señalar algunos medios de comunicación, sino la certificación palmaria del agotamiento de la retórica populista que dio origen a Podemos. Las aguas turbulentas en las que está instalada la política española están obligando a los partidos a quemar etapas y estrategias que en otros casos tardarían quizás años en producirse. La dirección podemita ha sido especialmente hábil en leer estos nuevos tiempos y desde el primer momento ha estado tratando de corregir, no sin contradicciones, su imagen populista inicial. El programa económico encargado a los profesores Navarro y Torres poco después de Vistalegre I ya fue una señal en esta dirección, y el cambio en el lenguaje (el olvido progresivo de las menciones a la casta) durante las campañas electorales de 2015 y 2016 abundó en ello. La compra del chalet puede leerse como un paso más en este giro hacia la moderación de planteamientos. Que la discusión haya sido sobre una casa y no sobre una ponencia política y que se haya organizado una consulta en vez de una Asamblea da cuenta de los tiempos que vivimos… y de la inteligencia mediática de la dirección de Podemos, a quien la reacción desmedida de los medios de comunicación más sensacionalistas les ha dado la munición necesaria para hacerla aceptable a sus bases sin plantearlo de modo explícito.

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El equívoco sobre el alcance político real de la consulta puede leerse también a través de diversos elementos contextuales que la acompañan: en primer lugar, cierto cuestionamiento de Pablo Iglesias por la estrategia de Podemos sobre Cataluña. De nuevo, la anécdota fue la involuntaria revelación de un plan urdido por el entorno de Carolina Bescansa. La categoría era, obviamente, la preocupación interna por el descenso en las perspectivas electorales del partido. En segundo término, el realineamiento interno producido a partir de la candidatura de Íñigo Errejon para la Comunidad de Madrid, acuerdo del que se excluyó el sector anticapitalista. No parece casualidad que el grupo que más abiertamente se ha significado en la consulta de estos días sean los anticapitalistas. En tercer lugar, los apoyos sin condiciones de Errejón, primero, y de Iglesias, después, a las respectivas mociones de censura del PSOE contra Cifuentes y Rajoy. Esto marca un giro narrativo más que notable frente a la política tribunicia adoptada por Podemos después de las elecciones generales de 2015, y redunda en esta nueva voluntad de hacer política desde las instituciones que ya se dejó entrever en Castilla-La Mancha con el acuerdo entre Podemos y el PSOE para gobernar en coalición. El realineamiento interno de fuerzas y la apuesta por la política institucional van contra la línea de flotación de los acuerdos de Vistalegre II y por sí solos podrían justificar una nueva Asamblea. De nuevo, los tiempos y los tempos que marcan la política española (¿cambio de presidente?, ¿cambio en el partido de gobierno?, ¿elecciones anticipadas?) han hecho confluir todas estas cuestiones en la votación de una cuestión de confianza que, por el interés de todas las partes en disputa, ha tratado de todo menos de los aspectos políticos sustantivos que la acompañan. En tercer lugar, la consulta ratifica la importancia de la figura de Pablo Iglesias al frente de Podemos, lo que sin duda plantea retos en el proceso de institucionalización del partido. Por ejemplo, una dirección muy personalista, reforzada por mecanismos de consulta plebiscitarios y con poderes disciplinarios y organizativos muy amplios deja en una posición muy complicada a las minorías internas. En este sentido, es muy ilustrativo que estos días se haya anunciado un pacto entre Podemos e IU en Andalucía que podría derivar en algo parecido a Catalunya en Comú. ¿Es éste el camino que les espera a aquellas direcciones territoriales que recelen de su autonomía o discrepen del modo en que se construye el partido? De ser así, cabría esperar que el personalismo que ha caracterizado a Podemos en el nivel nacional vaya acompañado por una gestión todavía más compleja de las relaciones entre éste y un creciente número de confluencias.
Oscar Barberà
Oscar Barberà
Profesor contratado doctor de la Universitat de València y ESPOL-Lab
Anteriormente ha sido profesor o investigador en varias universidades españolas y europeas. Su tesis doctoral obtuvo el premio de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Adminstración (2007) y ha sido publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas. Además es autor y coautor de varios libros, capítulos y artículos en publicaciones académicas españolas, francesas y anglosajonas.
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