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Con este panorama, no era difícil prever el resultado de la CM11, dado que las decisiones se adoptan por consenso de los 164 estados miembros, lo que pone de relieve uno de los problemas que afronta la institución. Pero a pesar de o quizá por este motivo, desde entonces los asuntos de política comercial están ganando cada vez más importancia en la escena internacional y en la agenda política de los dirigentes. Los últimos acontecimientos ponen en valor, más que nunca, el sistema multilateral de comercio basado en normas, con la OMC en el centro, tal y como defendieron casi todos los estados presentes en Buenos Aires. Esta institución ha permitido integrar la economía global, y el Órgano de Solución de Diferencias ha ayudado a proteger a los países de medidas restrictivas al comercio. Sin embargo, este órgano es otro de los problemas que afronta hoy la OMC, porque sus decisiones son vinculantes y no todos los países (como, por ejemplo, Estados Unidos) aceptan la superioridad de sus arbitrajes en sus relaciones comerciales con terceros. De hecho, el actual bloqueo del Órgano de Apelación es la cuestión más urgente que hay que resolver para gestionar las disputas entre las partes que se están poniendo ahora de relieve con más virulencia. Estos dos problemas estructurales de la OMC son el quid de la cuestión del actual enfrentamiento entre EE.UU. y China, evidenciado en la cuota de exportaciones mundiales que tienen ambos países (8,7% y 12,7%, respectivamente) en comparación al inicio de este siglo (12,1% y 3,9%). Adicionalmente, la Administración americana reclama abordar la cuestión del desarrollo en la OMC o, lo que es lo mismo, la falta de un mecanismo de transitoriedad y gradualidad del estatus de un país en el seno de la organización, que lleva aparejado un trato especial y diferenciado a favor de los países menos avanzados (PMAs), sin que exista una norma de revisión. Este hecho alude explícitamente a una revisión de los estatus de China e India, pues a pesar de ser hoy potencias mundiales, siguen teniendo la categoría de PMA que adquirieron en el momento de su adhesión. Estas cuestiones hacen muy compleja la búsqueda de soluciones adecuadas, dificultando las negociaciones comerciales y limitando la capacidad de discutir temas nuevos, en especial los referidos a la economía digital. Las iniciativas multilaterales lanzadas en Buenos Aires, así como el Diálogo Trilateral (EEUU, UE y Japón), pueden ayudar, a pesar de sus limitaciones, a avanzar en diferentes ámbitos, a los que se podrían ir incorporando nuevos miembros. Es preciso seguir identificando cuestiones no cubiertas por las normas o la mejor aplicación de las existentes, trabajar por mejorar la transparencia definiendo un level playing field en relación con la financiación de las exportaciones y permitir que los operadores económicos puedan competir en un marco de igualdad (subsidios, requisitos de contenido local, transferencias obligatorias de tecnología ). Un ejemplo de ello es el que se deriva del exceso de capacidad en algunos sectores, que da lugar a tensiones porque la oferta mundial de ciertos productos es muy superior a la demanda como consecuencia, en algunos casos, de determinadas políticas públicas de apoyo que distorsionan los mercados internacionales. En todo ello se basa la actual Administración americana para denostar el multilateralismo e iniciar acciones y negociaciones bilaterales con distintos suministradores. Estados Unidos aspira a reducir su déficit comercial haciendo peticiones desequilibradas y difíciles de satisfacer. Para empezar, ha impuesto aranceles al acero y aluminio a cada país suministrador, haciendo una interpretación heterodoxa de las normas de la OMC, que requieren la apertura de un panel específico cuando se detecta un daño. Esto lo ha hecho invocando el artículo 232 de su Ley de Expansión del Comercio Exterior, por motivos de seguridad nacional y negociando bilateralmente una exclusión de aranceles con algunos países, al margen de la OMC. Con China ha abierto rápidamente negociaciones ante la amenaza de que este país imponga medidas de retorsión (al margen de las normas OMC) y ha alcanzado un acuerdo por el que, al parecer, suspenden una amenazante guerra comercial, cesando la imposición de aranceles mutuos (aunque sin eliminar los que afectan al acero y aluminio) y comprometiéndose la potencia asiática a reducir sustancialmente el superávit de sus intercambios comerciales con Estados Unidos. El cambio de estrategia con China obedece a tres objetivos: la reducción del déficit comercial, la mejora de la protección de la propiedad intelectual y la mejora del acceso de la inversión en China. Considera que la falta de apertura económica de este país está generando distorsiones en el mercado. Sin embargo, con la Unión Europea, su tradicional aliado geoestratégico y comercial, esas negociaciones han dado una vuelta de tuerca al incorporar la posibilidad de extender la subida de aranceles a la importación de coches, camiones ligeros y sus componentes (amparándose también en el artículo 232) si no se produce una reducción de los aranceles a la importación de coches americanos en el territorio de la Unión. La UE intenta defender sus intereses haciendo valer los derechos que le confieren los acuerdos de la OMC. Es un sistema que ha costado décadas construir a base de pequeños avances, ronda a ronda, por lo que hay que evitar tentaciones de actuar unilateralmente de manera proteccionistapara afrontar determinados problemas y evitar así una escalada de tensiones. Dado que el sistema involucra a 164 miembros, una eventual ruptura pondría en riesgo el buen funcionamiento del comercio y la inversión internacionales.Recibe nuestro análisis diario en tu correo
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