Jueves, 5 de noviembre de 2026
GEOPOLÍTICA DE LA DESINFORMACIÓN (I)

Cables, plataformas y poder: la arquitectura desigual del ciberespacio en español e iberoamericano

Madrid acoge los días 4 y 5 de noviembre la XXX Cumbre Iberoamericana con una "Alianza Digital Iberoamericana" entre sus prioridades. Pero el espacio digital en español descansa sobre cables, centros de datos y plataformas que se deciden fuera de la región. "Las infraestructuras no son neutras", sostiene Albert Borràs Rius, codirector de Kartex Risk y doctor en Geopolítica, que analiza cómo esta dependencia condiciona la capacidad de la región para defenderse de la desinformación.

Albert Borràs Rius Albert Borràs Rius 5 de noviembre de 2026
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La digitalización ha convertido el ciberespacio en un territorio de disputa geopolítica donde se despliegan amenazas informacionales y operaciones de injerencia. La visión inicial de internet como espacio de libertad democrática ha dado paso a una realidad más compleja, en la que el ciberespacio funciona hoy como extensión del territorio físico, donde estrategias de poder cristalizan sobre tres capas interdependientes —física (infraestructuras), lógica (plataformas) e informacional (narrativas)—. En este contexto, el espacio lingüístico del español, con 635 millones de hablantes potenciales, constituye un escenario estratégico para campañas de desinformación que explotan conexiones transnacionales entre comunidades hispanohablantes.

"El espacio lingüístico del español constituye un escenario estratégico para campañas de desinformación que explotan conexiones transnacionales entre comunidades hispanohablantes"
El cambio geopolítico acelerado por la segunda presidencia de Donald Trump, el cuestionamiento de las gobernanzas globales y la creciente multipolaridad configuran un entorno de tensión para el espacio iberoamericano. América Latina hace frente simultáneamente a crisis migratorias y climáticas, a la expansión del crimen transnacional y a la polarización política extrema, mientras potencias como China y Rusia intensifican su presencia en la región. Las Cumbres Iberoamericanas —particularmente la XXX Cumbre, que se celebra en Madrid los días 4 y 5 de noviembre de 2026— emergen como momentos críticos donde convergen estos desafíos.

Este artículo es el primero de una serie de tres que analiza los riesgos y oportunidades del espacio lingüístico español desde la óptica de la desinformación. Se ocupa de las capas física y lógica, es decir, de la dimensión geopolítica de las infraestructuras digitales y del dominio estadounidense de las plataformas. Los dos siguientes abordan las estrategias de desinformación de actores estatales y no estatales en el espacio iberoamericano —con especial atención a la injerencia rusa— y las respuestas institucionales, con recomendaciones para fortalecer la resiliencia narrativa ante la Cumbre de Madrid.

En cuanto a la metodología y el proceso de elaboración, la serie es el resultado de un proceso de investigación preliminar sobre la desinformación como fenómeno geopolítico. La investigación tiene como misión aumentar el conocimiento social sobre las amenazas de la desinformación en el ámbito español e iberoamericano y promover medidas de prevención, análisis y, por supuesto, respuesta.

"La serie es el resultado de un proceso de investigación preliminar sobre la desinformación como fenómeno geopolítico"
En un mundo cada vez más digital, la desinformación y los ciberataques se han convertido en una de las principales amenazas para la seguridad nacional e internacional. Las campañas de manipulación informativa afectan tanto a la política interior de los Estados como a sus relaciones exteriores, especialmente en el espacio iberoamericano. El español, además de ser un activo cultural y, por lo tanto, geopolítico, es un espacio vulnerable frente a campañas de injerencia, polarización política y operaciones de influencia extranjeras. Por ello, la serie introduce primero un concepto amplio de desinformación dentro de un enfoque metodológico de la geopolítica crítica y con apoyo de cartografía geopolítica clásica y algorítmica. Seguidamente, toma la lengua como enfoque específico para el análisis de la desinformación. Para darle mayor solidez analítica se aportan datos sobre tendencias e impacto en Twitter (hoy X) a través de la recolección con la API de Visibrain.

La redefinición de las dinámicas de poder a partir del surgimiento del ciberespacio

Internet se percibió inicialmente como ámbito de comunicación libre más que como espacio de poder. Esta visión ha cambiado radicalmente. Estados Unidos consolidó una posición dominante al controlar los principales elementos tecnológicos para el desarrollo de internet: redes físicas, infraestructuras lógicas y plataformas de aplicación. Esta hegemonía le permite funcionar como nodo de la transferencia de datos del continente americano y de las conexiones con Europa, más concentrada en los aspectos regulatorios, lo que ha supuesto una cesión de su soberanía digital.

"Estados Unidos consolidó una posición dominante al controlar los principales elementos tecnológicos para el desarrollo de internet: redes físicas, infraestructuras lógicas y plataformas de aplicación"
El auge de las redes sociales entre 2010 y 2015 transformó los flujos informativos, "horizontalizándolos" y "transnacionalizándolos". Este fenómeno rompió las jerarquías tradicionales de la información y fue interpretado como una "democratización de la información". Su arquitectura abierta permitía que cualquiera conectara redes y lanzara servicios sin autorización centralizada. La gobernanza multiactor (técnicos, sector académico, empresas y sociedad civil) y la ausencia de regulación coordinada alimentaron la percepción de un entorno no jerárquico.

Esta aparente libertad tuvo efectos tangibles en los movimientos sociales. La masificación del teléfono inteligente en 2010, junto con el uso exponencial de Twitter (luego X) y Facebook, coincidió con la crisis económica de 2008 y facilitó la autoorganización en múltiples escalas geográficas. La Primavera Árabe (2010-2011), el movimiento de los indignados en España (2011), Occupy Wall Street (2011) y, más recientemente, las protestas cubanas de 2021 hicieron evidente el papel de las redes sociales en la articulación de contrapoderes transnacionales.

No obstante, este periodo de "libertad" parece haber llegado a una inflexión. Las campañas de desinformación y los ciberataques se han convertido en instrumentos estratégicos de actores estatales y no estatales, transformando el ciberespacio en terreno hostil. A pesar de haber diluido parcialmente las fronteras físicas, el comportamiento informacional genera patrones espaciales vinculados a conexiones lingüísticas, políticas e ideológicas y, por lo tanto, también territoriales. Por este motivo, el español —con 520 millones de hablantes nativos y oficial en 20 países— constituye un espacio muy vulnerable a campañas de injerencia informacional con repercusión transnacional y consecuencias específicas en la polarización de las sociedades.

"Las campañas de desinformación y los ciberataques se han convertido en instrumentos estratégicos de actores estatales y no estatales, transformando el ciberespacio en terreno hostil"
El enfoque predominante en la investigación sobre desinformación ha marginado la dimensión lingüística, limitando la comprensión del fenómeno y de las potencialidades informacionales del español. Desde una óptica geopolítica, el ciberespacio hispanohablante atraviesa un momento de pugna debido al interés múltiple que suscita América Latina para potencias establecidas como Estados Unidos o emergentes que impulsan la redefinición de alianzas globales a través de iniciativas como los BRICS. El ciberespacio no constituye una dimensión aislada del conflicto, sino una capa adicional donde se proyectan y cristalizan relaciones de poder entre potencias.

Infraestructuras digitales desiguales y centralizadas

La capa física del ciberespacio suele quedar fuera del debate sobre la desinformación, pero lo condiciona. Cables submarinos, centros de datos y redes de telecomunicaciones determinan por dónde circula la información, quién puede observarla o interrumpirla y bajo qué jurisdicción se almacena. Los cables transportan más del 95% del tráfico internacional de datos y, aunque los gestionan sobre todo consorcios privados, decidir qué rutas se construyen, quién las financia y con qué reglas equivale a fijar dependencias entre Estados. Son, además, infraestructuras expuestas al sabotaje y al espionaje. En contextos autoritarios, ese control se convierte directamente en instrumento de poder, como puede suceder en Cuba.

"Cables submarinos, centros de datos y redes de telecomunicaciones determinan por dónde circula la información, quién puede observarla o interrumpirla y bajo qué jurisdicción se almacena"
Un sistema con centro en Florida. Estados Unidos es el nodo central de esa arquitectura en el continente. Concentra el 23% del tráfico mundial de internet, y de los cerca de 68 cables submarinos que tenía el continente americano en 2020, un tercio partía de su territorio. El mapa de la figura 1 muestra el resultado. Las rutas se concentran en el Atlántico y convergen en el punto de intercambio NAP de las Américas, en Florida, desde donde se reparten hacia el Caribe, un espacio densamente interconectado que hace de puente entre el norte y el sur, mientras Panamá canaliza los sistemas de la costa del Pacífico. Las excepciones dibujan las vulnerabilidades. Cuba está casi desconectada de Estados Unidos por el embargo, y en Centroamérica El Salvador carece de amarres propios y Honduras y Nicaragua apenas cuentan con unos pocos, mientras Colombia y Venezuela están bien integradas en las redes regionales.
  Mapa de la geopolítica del ciberespacio en español e iberoamericano.

Pase sobre el mapa para hacer zoom. Figura 1. Geopolítica del ciberespacio en español e iberoamericano, un espacio informacional en riesgo y en disputa. Elaboración de Kartex.


De las operadoras a las plataformas. La primera generación de cables la impulsaron consorcios de operadoras, y Telefónica fue durante dos décadas el principal vehículo de la presencia española. Su expansión por la región construyó una red que conectaba países, gobiernos y mercados, y la convirtió en nodo de relaciones diplomáticas, tecnológicas y culturales entre España y América Latina. Esa influencia se ha erosionado. El deterioro de márgenes, la inestabilidad regulatoria y las devaluaciones han llevado a la compañía a desprenderse de activos latinoamericanos, y su lugar lo ocupan Google, Meta y Microsoft, que controlan de extremo a extremo la cadena del dato, desde la plataforma hasta el centro de datos y el cable. Desde 2024, los proveedores de contenidos y servicios en la nube superan a las operadoras tradicionales como principales demandantes de capacidad en los enlaces entre Estados Unidos y América Latina, con crecimientos cercanos al 50% anual y más de 90 Tbps cursados ese año. La red se ha modernizado —18 nuevos sistemas de fibra en el último decenio y 157 Tbps de capacidad internacional en 2023, con un crecimiento medio del 34% anual—, pero lo ha hecho siguiendo la lógica de esas empresas, que deciden rutas y capacidades en función de dónde ubican sus centros de datos. Al menos siete cables más están en desarrollo, y el cable Humboldt, cuya entrada está prevista para 2028, unirá Chile con Asia-Pacífico con participación de Desarrollo País y Google.

"Desde 2024, los proveedores de contenidos y servicios en la nube superan a las operadoras tradicionales como principales demandantes de capacidad en los enlaces entre Estados Unidos y América Latina"
Rutas alternativas y el papel de España. Las conexiones entre Europa y América pasan sobre todo por Reino Unido y, en menor medida, por Francia y España. Telxius, la filial de infraestructuras de Telefónica, desarrolló con Microsoft y Meta el cable MAREA, que une Virginia Beach con Sopela (Bizkaia) y que al entrar en servicio en 2018 era el de mayor capacidad del Atlántico (hasta 200 Tbps), y opera BRUSA entre Estados Unidos y Brasil. EllaLink (2021) abrió la primera conexión directa entre Europa (Sines, Portugal) y América Latina (Fortaleza, Brasil) sin pasar por Estados Unidos, y el proyecto BELLA II, enmarcado en la Alianza Digital Unión Europea-CELAC, busca estrechar esos vínculos. En el eje Europa-África-América, España ejerce de bisagra. Canarias es zona de amarre de sistemas como Canalink, Pencan-9, ACE o SAT-3/WASC, su conexión directa con EllaLink ha recibido financiación del mecanismo Conectar Europa (CEF Digital) y el cable ACE garantiza el enlace con Guinea Ecuatorial.

Asimetrías de cómputo y de acceso. El desequilibrio es aún mayor en el procesamiento y el almacenamiento de datos. De los cerca de 10.000 centros de datos que operan en el mundo, América Latina y el Caribe alberga el 4,8%, frente al 38,5% de Estados Unidos; en capacidad hiperescalable, Estados Unidos concentra en torno al 49%, China cerca del 15% y América Latina y Canadá, conjuntamente, alrededor del 4%. La consecuencia es una dependencia estructural, con más latencia, mayores costes de tránsito, menor resiliencia y datos alojados fuera de las jurisdicciones nacionales, sometidos a marcos regulatorios ajenos. La inversión regional en centros de datos se duplicará previsiblemente, de 5.000 millones de dólares en 2023 a cerca de 10.000 millones en 2029. Ese crecimiento intensificará la competencia por los flujos de datos, sobre todo entre Estados Unidos y China, y exigirá energía y agua, porque un centro de datos consume entre 10 y 50 veces más electricidad que un edificio comercial y puede requerir millones de litros de agua al año para su refrigeración. En el acceso, la brecha persiste. La conexión fija llega al 77% de los hogares en Brasil y al 74% en Chile, pero solo al 25-31% en Guatemala y Nicaragua, como recoge también el mapa de la figura 1; la banda ancha móvil ha reducido esa distancia solo en parte.

"La consecuencia es una dependencia estructural, con más latencia, mayores costes de tránsito, menor resiliencia y datos alojados fuera de las jurisdicciones nacionales, sometidos a marcos regulatorios ajenos"
Redes móviles y pulso entre Washington y Pekín. El ecosistema móvil está concentrado en pocos grupos —América Móvil, Telefónica, Millicom y AT&T—, junto a operadoras estatales pioneras como Antel, que lanzó el primer 5G de la región en Uruguay (2019), o el ICE costarricense. Huawei, ZTE, Nokia y Ericsson suministran buena parte del equipamiento. Estados Unidos ha condicionado el avance chino en la región con argumentos de seguridad nacional, pero solo Costa Rica ha vetado la tecnología china en sus subastas, de modo que los fabricantes chinos y europeos compiten abiertamente. La preocupación es también atlántica. En enero de 2023, la OTAN y la Unión Europea crearon un grupo de trabajo conjunto para proteger infraestructuras críticas.

Balance. La región ha ampliado cables, capacidad y redes, pero su mapa digital sigue centralizado y desigual, con cuellos de botella en amarres, troncales y cómputo local. Las infraestructuras no son neutras, porque en ellas se definen jerarquías y formas de soberanía. América Latina permanece en una posición periférica, entre la hegemonía tecnológica de Estados Unidos y la expansión de China, y el reto no es solo ampliar la conectividad, sino hacerlo con criterios de soberanía, sostenibilidad y cooperación regional.

El dominio estadounidense de las plataformas digitales y sus implicaciones políticas

Con la llegada de la Administración Trump en 2025, las grandes plataformas de redes sociales reorientaron sus estrategias. Bajo fuertes presiones políticas y amenazas regulatorias, revisaron sus enfoques frente a la desinformación y la moderación de contenidos. La libertad de expresión se desplazó del equilibrio entre derechos y responsabilidades hacia un marco más desregulado. Esta relajación de salvaguardas busca moldear —y dominar— los espacios por los que transita buena parte de la comunicación humana. El efecto es evidente en el plano cognitivo y relacional, condicionando cómo nos informamos, organizamos y vinculamos.

"Esta relajación de salvaguardas busca moldear —y dominar— los espacios por los que transita buena parte de la comunicación humana"
Las plataformas digitales se consolidan así como instrumentos de poder estatal. Pocos Estados cuentan con un ecosistema tecnológico capaz de proyectar esa influencia; entre ellos, Estados Unidos y China, llamados a intensificar su competencia en el tablero global y en el contexto hispanohablante.

Recelos políticos por abusos digitales. Las empresas tecnológicas estadounidenses mantienen un dominio relevante en múltiples campos —Microsoft, Google— y en redes sociales, con Facebook (3.049 millones de usuarios), YouTube (2.491), Instagram (2.000), WhatsApp (2.000) y X (415). No obstante, ese dominio está cada vez más cuestionado y genera recelos políticos en determinados países por su incidencia en la soberanía digital. Además, la fragmentación social en el uso de plataformas se acentúa con la irrupción de competidoras de origen chino como TikTok (1.562) o WeChat (1.336), y de alternativas como Telegram (1.000).

Elon Musk, al adquirir y transformar Twitter en X, consolidó un modelo con elevado riesgo de manipulación partidista, particularmente por el rol político del empresario en la campaña y —durante unos meses— en el Gobierno del presidente Trump. Un estudio europeo de DigiHumanism detectó la aparición de una campaña de bots en X en apoyo a Alternative für Deutschland (AfD), lo que permite anticipar tendencias similares en un marco de desregulación. El caso de Cambridge Analytica —por el escándalo de sus actividades de 'microtargeting' durante campañas electorales, incluida la de Donald Trump en 2016, y su posterior operación en países hispanohablantes— tuvo gran efecto en las sociedades y subrayó la importancia de comprender el funcionamiento y papel de estas plataformas en procesos sociales. Unos años antes (2013-2015), las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje masivo llevado a cabo por las agencias de inteligencia estadounidenses marcaron profundamente a las sociedades.

Casos como estos han condicionado fuertemente la confianza en las plataformas norteamericanas, y la diversificación de herramientas es cada vez más acusada, aunque el ecosistema siga dominado principalmente por Estados Unidos y China. El espacio del español continúa muy marcado por la hegemonía de plataformas estadounidenses. Aun así, en los últimos años se observa cierta tendencia a la diversificación, con el aumento del uso de plataformas chinas —TikTok, WeChat— y el crecimiento de Telegram, de origen ruso, no asociada al Kremlin, aunque convertida en una de las principales redes a través de las cuales se ejecutan campañas rusas de desinformación.

Gobiernos como el de Nicolás Maduro en Venezuela (2013-2026) —preocupado por el uso masivo de redes estadounidenses entre venezolanos— promovieron redes sociales como Telegram o WeChat para sustituir a WhatsApp o Instagram por considerarlas peligrosas, criminalizando su uso. La dinámica dominante apunta al refuerzo del control y a la "fronterización" del ciberespacio. Los cambios en la política digital —ya sea para sustituir gradualmente el dominio estadounidense o para profundizar la relación con Estados Unidos— dependerán de la evolución de los gobiernos locales.

"Los cambios en la política digital —ya sea para sustituir gradualmente el dominio estadounidense o para profundizar la relación con Estados Unidos— dependerán de la evolución de los gobiernos locales"
Pugnas y estrategias de poder en el ciberespacio iberoamericano. A pesar de limitaciones técnicas y disparidades en infraestructuras, los países latinoamericanos mantienen fuerte actividad en redes sociales. Según GlobalWebIndex en 2019, América Latina tiene una de las mayores tasas de consumo de redes sociales del mundo, por encima de 200 minutos al día. Destacan Brasil y Colombia con 225 y 216 minutos diarios de promedio, respectivamente, seguidos de Argentina y México. A diferencia de una tendencia a la baja de uso de pantalla en países desarrollados, la dinámica en América Latina es de aumento del consumo, haciendo de las plataformas espacios importantes para la información ciudadana. La media de latinoamericanos que acceden a redes sociales se sitúa en el 86,6%.

Dentro de estas, destaca el crecimiento de TikTok, con un incremento global del 11,8% en 2023 respecto a 2022, seguido de Instagram (+3,2%) y Snapchat (+1,2%), en detrimento de Twitter (-2,6%) y Facebook (-0,7%). En términos globales, Facebook mantiene la posición dominante entre las plataformas sociales del espacio iberoamericano, aunque su margen de liderazgo se reduce. En Brasil, las proyecciones apuntaban a que Instagram lo superaría en 2025, reflejando un cambio generacional en las preferencias de uso.

Twitter atraviesa una contracción estimada en 2,1 millones de usuarios bajo la dirección de Elon Musk, situación que ha favorecido la migración hacia plataformas emergentes como Koo o Bluesky. En contraste, TikTok se perfilaba como la red de mayor crecimiento en 2023, aunque deberá enfrentar la presión competitiva de Instagram y Kwai en el mercado brasileño. Otras plataformas como Odysee —creada en 2020 como alternativa descentralizada a YouTube— están emergiendo como nuevas y dinámicas plataformas donde se difunden contenidos prorrusos o conspiracionistas. El dominio estadounidense respecto a las plataformas se ve cada vez más cuestionado, fomentando particularidades regionales o nacionales que muestran cierta tendencia a la territorialización del ciberespacio.

El ciberespacio latinoamericano concentra un dinamismo y una heterogeneidad que resultan de interés para muchos actores, causando tensiones y conflictos. Por un lado, encontramos actuaciones judiciales como el bloqueo de plataformas. En España, un juez estuvo a punto de bloquear Telegram por una denuncia de vulneración de derechos de autor. Aunque estas actuaciones resultan casi anecdóticas, los sistemas judiciales pueden tomar decisiones complejas de bloqueo con claras consecuencias informacionales en los sistemas políticos y sociales. No obstante, es la acción de los gobiernos la que tiene consecuencias más directas para el control informacional, sobre todo si este control tiene como objetivo limitar libertades democráticas.

"El ciberespacio latinoamericano concentra un dinamismo y una heterogeneidad que resultan de interés para muchos actores, causando tensiones y conflictos"
Así, como vemos en el mapa (figura 1), diferentes gobiernos iberoamericanos han aplicado algún tipo de bloqueo temporal o perpetuo a determinadas plataformas de redes sociales. Países de la órbita bolivariana (Red ALBA) han utilizado bloqueos de plataformas para contener particularmente protestas surgidas con apoyo de las redes sociales.

En respuesta a las protestas masivas de julio de 2021, las autoridades cubanas recurrieron a una estrategia de control del ciberespacio que incluyó la restricción de conectividad a internet, el bloqueo de redes sociales, plataformas de comunicación y sistemas VPN, así como la interrupción selectiva de conexiones móviles y fijas de activistas y disidentes. Aunque las plataformas desempeñaron un papel clave en el inicio y sostenimiento de las manifestaciones, la represión gubernamental limitó significativamente los intentos de organización posteriores.

El marco legal se endureció. El Decreto-Ley 35, en vigor desde agosto de 2021, otorgó a los proveedores amplias obligaciones de censura sin supervisión judicial, mientras que el nuevo Código Penal cubano aprobado en mayo de 2022 introdujo sanciones más severas para delitos cometidos en entornos digitales. Estas medidas derivaron en detenciones, multas y amenazas, con casos emblemáticos como el de un manifestante condenado inicialmente a seis años de prisión por retransmitir en directo una protesta en Facebook, pena reducida en apelación tras dos meses de encarcelamiento.

Plataformas ajenas, datos cedidos

La filtración de los documentos internos de "la Compañía" —la red rusa de consultoría política heredera de la estructura de Yevgueni Prigozhin, que se analiza en el segundo artículo de esta serie— ilustra la paradoja de esta arquitectura. Las operaciones rusas documentadas en América Latina en 2024 no necesitaron infraestructura propia, porque se apoyaron en plataformas estadounidenses. Según esos documentos y las investigaciones que los acompañan, la red encargó cuentas de Facebook, pagó entre 100 y 650 dólares por publicación en páginas de memes de Instagram en Argentina, utilizó los comentarios de las cien mayores páginas públicas bolivianas como termómetro de sus campañas y pagó con criptomonedas el alojamiento y los dominios de sus sitios web. El adversario no disputa la hegemonía tecnológica estadounidense, sino que la aprovecha, especialmente allí donde la moderación en español es más débil.

"El adversario no disputa la hegemonía tecnológica estadounidense, sino que la aprovecha, especialmente allí donde la moderación en español es más débil"
El caso boliviano añade una dimensión menos visible de la soberanía digital. Entre los entregables de agosto y septiembre de 2024, los informes de la red recogen que el Ministerio de la Presidencia de Bolivia le proporcionó sus propios análisis sobre las redes sociales del país y los temas clave de la agenda política. La soberanía digital no se pierde solo por la localización de cables y centros de datos. También se cede cuando un Gobierno entrega a un actor extranjero el conocimiento sobre su propia esfera pública.

Una alianza digital sin soberanía informacional

La Secretaría Pro Tempore española ha situado la "Alianza Digital Iberoamericana" —transformación digital e inteligencia artificial al servicio de las personas, reducción de brechas y protección de la infancia y de las personas vulnerables— entre las prioridades de la Cumbre de Madrid, y ha convocado el Foro Digital Iberoamericano el 3 de noviembre con gobiernos, sector privado, banca multilateral, organismos internacionales y universidades. Es una oportunidad para tratar las infraestructuras y las plataformas como la base material del espacio informacional en español.

Una alianza digital que se limite a la conectividad y a la inteligencia artificial, sin incorporar la integridad de la información, la transparencia de las plataformas y la protección de los datos públicos, dejaría intacta la vulnerabilidad que este artículo describe, la de un espacio lingüístico de cientos de millones de hablantes cuyos cables, centros de datos y redes sociales se deciden, en su mayor parte, fuera de la región. Las prioridades oficiales de la Cumbre no mencionan la desinformación. La arquitectura descrita en estas páginas explica por qué debería figurar entre ellas.
Albert Borràs Rius
Albert Borràs Rius
Codirector de Kartex Risk
Doctor en Geopolítica por la Universidad Carlos III de Madrid y Kartex Risk, consultora especializada en análisis de riesgo geopolítico e inteligencia estratégica. Experto en conflictos violentos, procesos disruptivos y el ciberespacio hispanohablante. Es docente externo en la UC3M e investigador asociado en IFG Lab de París (Instituto Francés de Geopolítica - UP8).
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