"Da vergüenza. Han puesto las calles como las playas de Ceuta". Con esta frase, pronunciada el 15 de octubre a propósito de la acampada por la vivienda de la Puerta del Sol, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, unió en una sola imagen las dos crisis que han marcado el final del verano y el arranque del otoño. Por un lado, la movilización que la derecha y la derecha radical construyeron en torno a Ceuta bajo el lema "Ceuta no se vende, Ceuta se defiende", que
llevó la crisis migratoria de las gradas a la calle y
dio cobertura a un repertorio que aquí llamaremos brigadismo, la pretensión de grupos civiles de vigilar, patrullar y "defender" un territorio frente a un enemigo designado. Por otro, la acampada de Sol, levantada el 26 de septiembre tras el desahucio de una mujer de 87 años y replicada después en al menos dieciocho ciudades, que
ha forzado la implicación de otros agentes con la llamada a la huelga general, un esquema que persigue reactivar otros movimientos sociales como las mareas, asociadas a grandes servicios públicos como la sanidad (marea blanca) o la educación (marea verde). Este proceso
condensa el desplazamiento del conflicto político hacia la calle y el territorio, donde los extremos se movilizan y, cada vez con más frecuencia, chocan.
En una primera entrega, publicada en estas páginas, analizamos cómo la
crisis migratoria del 30 y 31 de julio se convirtió en un arma política. Este texto da un paso más y amplía el foco. En Kartex hemos usado
los eslóganes de la movilización como sonda para reconstruir la cartografía informacional sobre Ceuta en X entre el 15 de agosto y el 9 de septiembre (14.450 publicaciones y un grafo de 66.590 cuentas) y, para el movimiento por la vivienda,
el grafo de interacciones de Instagram entre mediados de agosto y el 13 de octubre (casi 85.000 cuentas), completado con otras 50.000 publicaciones de la semana siguiente. La derecha radical vive un ciclo largo de movilización que no empezó en Ceuta, la izquierda se reactiva con estrategias muy parecidas a las del 15M y las elecciones del 29 de noviembre, precedidas por la huelga general del 11, no enfriarán el conflicto, sino que actuarán como catalizador de una violencia política que ha dejado de ser episódica.
"Ceuta no se vende": el agravio territorial como estrategia de movilización
La noche del 27 de agosto, un grupo de vecinos de Ceuta bloqueó el paso del camión de la Cruz Roja que llevaba comida a los migrantes acampados en la playa del Trampolín. Seis días después, militantes de Núcleo Nacional hacían el saludo fascista y cantaban el
Cara al sol ante el Congreso al grito de "Ceuta no se vende", mientras la izquierda se concentraba a quinientos metros, en Callao, "contra el racismo". La crisis migratoria
constituyó un elemento dinamizador de la movilización callejera, con
violencia contra los migrantes (bloqueos, patrullas, agresiones y ataques) y una antagonización creciente entre derecha radical e izquierda radical.
Pase sobre el grafo para hacer zoom. Figura 1. Movilización de la derecha y la derecha radical y sus vínculos con el fútbol español. Flujos informacionales en X, 15 de agosto-9 de septiembre de 2026 (66.590 cuentas y 185.641 interacciones) | Fuente: Kartex.
El 15 de agosto, la afición del AD Ceuta (el Frente Sevillano, con apoyo del club) desplegó en Andorra la pancarta "Ceuta no se vende, Ceuta se defiende", expresión de un sentimiento de agravio territorial fruto de la crisis ceutí. El 22, las camisetas con el lema del AD Ceuta y de la UD Las Palmas sumaron 15.073 retuits en una sola noche, un impacto relevante.
Las gradas lanzaron la consigna, aunque fue Vox quien la politizó, con la profecía de Santiago Abascal sobre una Ceuta que anticipa "el mañana de muchas ciudades".
"Las elecciones del 29 de noviembre, precedidas por la huelga general del 11, no enfriarán el conflicto, sino que actuarán como catalizador de una violencia política que ha dejado de ser episódica"
Los clubes hicieron suyas las demandas, probablemente por la presión de unos aficionados entre los que hay nutridos grupos ultras.
Los campos de fútbol tienen un efecto transversalizador de ideas políticas, y los grupos más activos tienen un gran impacto con sus consignas políticas sobre el conjunto de aficionados. En redes, los
influencers ultranacionalistas la radicalizaron sobre las imágenes de las marchas al Trampolín; la televisión, los agregadores y los sindicatos policiales (Jupol) vinculados a la derecha o a la derecha radical la nacionalizaron; y el PP la capitalizó el 2 de septiembre, europeizando el conflicto. Ningún actor condujo la conversación más de dos días seguidos (figura 2), pero
cada relevo dejó una capa que los siguientes reutilizaron para movilizar a la ciudadanía.
Figura 2. Quién conduce el debate: familia de actor que firma el mensaje más retuiteado de cada jornada (X, 15 de agosto-9 de septiembre de 2026) | Fuente: Kartex.
La convocatoria del 2 de septiembre nació en redes como iniciativa ciudadana, pero su asunción institucional fue relevante. La Federación Española de Municipios y Provincias la hizo suya y
más de 260 ayuntamientos la respaldaron, con más de 300 concentraciones ante las casas consistoriales. El PP la europeizó con una protesta ante el Parlamento Europeo bajo el lema "Ceuta es España, Ceuta es Europa", el mensaje institucional más viral del corpus y una normalización de guante blanco con la que disputaba a Vox el liderazgo del marco. Madrid mostró la otra cara. La concentración ante el Congreso, no autorizada, se desbordó,
la derecha radical organizada marchó dentro de ella sin necesidad de disimulo y las cargas policiales de la noche se convirtieron al día siguiente en prueba de "represión". Abascal desplazó entonces el objetivo de Ceuta al régimen político, con el "banquillo" para los "traidores" y la advertencia de que las próximas elecciones, que entonces se esperaban para 2027, podrían "no ser libres".
"El PP la europeizó con una protesta ante el Parlamento Europeo bajo el lema «Ceuta es España, Ceuta es Europa», el mensaje institucional más viral del corpus"
La cartografía de la conversación (figura 1) muestra un espacio dominado por las derechas. En la parte superior, la gran mancha azul de los clubes y los grupos ultras, junto al magenta del viral deportivo y la prensa local y al verde del entorno de LaLiga, forma la esfera mayor del grafo y la que aportó la masa,
el 22% de toda la difusión con solo el 7% de las publicaciones. En el centro, la prensa y el activismo conservador, de HazteOir y Jupol a
OKDiario o
El Español, aportaron validación e infraestructura de convocatoria, y a su izquierda el entorno del PP llegó tarde para capitalizar el día grande. Los
ultrainfluencers y el entorno de Vox, en el cuadrante inferior derecho, pusieron las narrativas radicalizadas, mientras que al otro lado de la doble línea discontinua quedan, aislados, los sectores de la izquierda y la izquierda radical activados (lo que evidencia su activación frente a la derecha radical). Tampoco hubo bots detrás del fenómeno.
Diez cuentas, con apenas 59 publicaciones propias, activaron al 34% de todas las cuentas que retuitearon algo en el grafo, y sus
ultrainfluencers comparten entre el 16% y el 26% de sus amplificadores con Abascal, Vox o HazteOir, es decir, movilizan a la misma base.
El Gobierno, por su parte, perdió la ventana narrativa, y cuando Pedro Sánchez respondió el 3 de septiembre con "Ceuta no es la frontera de España, Ceuta es España en la frontera" apenas obtuvo 329 retuits, frente a los 46.452 de las diez publicaciones más difundidas del bando movilizado.
Del cántico a la brigada
En otra entrega de Kartex, documentamos el
brigadismo vecinal que "blindó" barrios de Ceuta tras el cruce de julio, heredero del modelo ensayado en
Torre Pacheco en 2025, cuando
grupos como Deport Them Now alentaron las "cacerías" de migrantes, aunque ya se fueron configurando intentos de brigadas en otros territorios, como durante la crisis de la DANA, en Catalunya durante el
procés o contra migrantes en varios puntos más.
El eslogan de los campos de fútbol y las redes le dio después un paraguas legitimador. Las marchas nocturnas al Trampolín y a Loma Colmenar, el bloqueo a la Cruz Roja, la manifestación del 26 de agosto en la que parte de los asistentes intentó llegar a los campamentos de migrantes y destrozó refugios o la "recuperación" de playas celebrada como un "honor"
presentaban la acción directa como defensa del territorio, y
en septiembre aparecieron los "justicieros", grupos a veces encapuchados que patrullan zonas de la ciudad. Núcleo Nacional, que ha ido absorbiendo el brigadismo del ciclo de Torre Pacheco, convocó además su propio bloque en Gijón bajo la etiqueta #Remigración, y el sindicato Solidaridad o la Falange sevillana se sumaron a las convocatorias con el lema como firma. Son presencias minoritarias, pero muestran que el eslogan sirve de interfaz entre la movilización respetable y el activismo de calle de la derecha radical, que puede marchar dentro de la manifestación general sin cambiar una palabra de su pancarta.
"El eslogan sirve de interfaz entre la movilización respetable y el activismo de calle de la derecha radical"
El balance de beneficiarios es claro.
El PP obtuvo la capitalización institucional y europea, los
ultrainfluencers audiencia y la hegemonía de la narrativa, y el brigadismo una bandera respetable bajo la que marchar.
La izquierda no supo responder al agravio territorial, y su único mensaje eficaz, el reproche del "patriotismo de pulsera" a quienes gritan el eslogan mientras sus comunidades rechazan acoger a menores migrantes, funcionó porque aceptaba el marco patriótico.
El lema, ya generalizado como "España no se vende, España se defiende", quedó disponible para la siguiente crisis, y la maquinaria montada en agosto encontró pronto un nuevo objetivo en la acampada por la vivienda de la Puerta del Sol.
Sol, quince años después
La izquierda encontró su propio acontecimiento el 23 de septiembre, cuando se ejecutó, tras varios aplazamientos,
el desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, pese a que el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas había pedido su suspensión. Ingresó ese mismo día en el hospital y murió el 7 de octubre. Entre ambas fechas se sucedieron la acampada de Sol, el rechazo en el Congreso de los decretos de vivienda con los votos de PP, Vox y Junts, las manifestaciones del 3 de octubre en una cincuentena de ciudades (más de 70.000 personas en Madrid según la Delegación del Gobierno y hasta 500.000 según los convocantes), el adelanto electoral del 5 de octubre,
dos nuevos decretos ley popularizados como "decreto Maricarmen" y la convocatoria por CCOO y UGT de
la primera huelga general en catorce años, que según una encuesta de Ateneo del Dato para
elDiario.es apoya el 60% de los encuestados.
La comparación con el 15M es pertinente.
Este movimiento fue, en definitiva, la cristalización de una acumulación de fuerzas, con una densa red de actores no estatales que llevaban años preparándose (entre 2007 y 2013 las asociaciones de carácter cultural e ideológico pasaron de 638 a 1.417) y con la PAH y el Observatori DESC en su centro. Hoy ocurre algo parecido, aunque
la problemática central ya no es la hipoteca, sino el alquiler, y el actor que vertebra la movilización es el Sindicato de Inquilinas y sus homólogos territoriales. El sujeto de 2011 era el propietario endeudado y el de 2026 es el inquilino precario de una generación que ha dejado de aspirar a la propiedad, mientras que
la representación que lo moviliza ha pasado de la estafa hipotecaria y la corrupción política al derecho a la vivienda frente al rentismo, por lo que se aprecia un menor potencial de agravio frente a la situación de 2011 en medio de la crisis económica.
Cartografía de la izquierda movilizada
El grafo de la vivienda (figura 3) dibuja un movimiento federado en una decena de comunidades territoriales (Madrid, Catalunya, Valencia, Andalucía, Canarias, Asturias, Galicia o Cantabria) que suman, con los medios que más lo amplifican, 6.357 cuentas y 19,3 millones de "me gusta". Es un movimiento federado, pero con un centro.
La cuenta del Sindicato de Inquilinas de Madrid es el nodo más citado, enlaza con diez comunidades y por ella pasan
más de la mitad de los caminos más cortos de toda la red (una intermediación de 0,54), muy por delante de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas y del Sindicat de Llogateres. Sobre ese núcleo rojo se apoya la comunidad violeta de la parte superior, con los sindicatos de vivienda catalanes, la Acampada per l’Habitatge de Barcelona, el Sindicato de Estudiantes, Izquierda Revolucionaria,
La Izquierda Diario o la CGT.
Los partidos y los medios generalistas quedan más abajo y, en el extremo inferior derecho, desgajada del resto, aparece la comunidad amarilla de la derecha radical.
Pase sobre el grafo para hacer zoom. Figura 3. Movilización por la vivienda y contramovilización de la derecha radical. Flujos informacionales en Instagram, finales de agosto-13 de octubre de 2026 (tamaño, menciones recibidas; color, comunidad) | Fuente: Kartex.
La composición de la red revela una auténtica ingeniería de la movilización. Alrededor de
117 sindicatos y grupos de vivienda, de los sindicatos de inquilinas a las asambleas de barrio de Barcelona o las últimas PAH, se han agregado 79 cuentas de la educación y del movimiento estudiantil, 125 de sindicatos de clase, 59 de la izquierda radical y el antifascismo, 117 de partidos de izquierda, 35 de la solidaridad con Palestina y 15 acampadas.
La izquierda radical tiene una visibilidad desproporcionada, ya que sus 59 cuentas suman más "me gusta" que los 117 grupos de vivienda, y en su comunidad la cuenta más popular es
Spanish Revolution, un medio nacido en las plazas de 2011.
"El sujeto de 2011 era el propietario endeudado y el de 2026 es el inquilino precario de una generación que ha dejado de aspirar a la propiedad"
El Sindicato de Estudiantes, que conecta siete comunidades, actúa como bisagra, y la huelga general, convocada por CCOO y UGT, descansa en la red sobre los sindicatos alternativos, porque las 54 cuentas de la CGT reciben más citas que las 118 de CCOO, cuyas cuentas gravitan sobre todo en la órbita de los medios generalistas.
Las centrales mayoritarias ponen la convocatoria y los sindicatos alternativos el tejido, y la red de solidaridad con Palestina de 2025 aparece incrustada en las comunidades de la vivienda, como una misma militancia que ha cambiado de causa sin cambiar de red.
De la plaza a la huelga general y las mareas
La izquierda reproduce la lógica del 15M. La acampada de Sol, que a mediados de octubre se acercaba ya a los 28 días que duró la de 2011,
se replicó en al menos dieciocho ciudades, de la plaza de Catalunya a las Setas de Sevilla o la plaza del Ayuntamiento de València, y saltó a Portugal, donde las acampadas de Lisboa y Oporto, inspiradas en la de Madrid, fueron desalojadas con decenas de heridos y detenidos. La plaza funciona como territorio simbólico y como vector de movilización, y la huelga general como el paraguas que convierte un malestar sectorial en una impugnación general, como ocurrió en 2012 con las dos huelgas del ciclo de las plazas. Entre el 13 y el 21 de octubre de 2026, la huelga del 11 de noviembre fue el primer marco del ecosistema de la izquierda organizada, con
el 27,8% de sus publicaciones, por delante de las acampadas y del propio derecho a la vivienda (figura 4).
Figura 4. Marcos narrativos de la izquierda organizada y de la derecha radical en Instagram, en porcentaje de publicaciones (13-21 de octubre de 2026) | Fuente: Kartex.
La tercera pieza son las mareas. Entre 2011 y 2012, el ciclo del 15M desembocó en distintas mareas, como la marea verde de la educación y la marea blanca de la sanidad (entre otras), tomando el relevo del movimiento de las plazas, muy difícil de sostener en el tiempo.
"La plaza funciona como territorio simbólico y como vector de movilización, y la huelga general como el paraguas que convierte un malestar sectorial en una impugnación general"
La huelga indefinida de la educación pública madrileña arrancó el 14 de octubre tras un encierro en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, y su primera jornada terminó con cargas policiales y estudiantes detenidos. Las cuentas de la educación y del movimiento estudiantil firmaron
el 28% de las publicaciones de la izquierda organizada esa semana, y desde Sol una portavoz estudiantil describía una jornada en la que "se une la lucha por la pública y la lucha por la vivienda". Llama la atención, por último, que
el movimiento apenas invoque el 15M (un 0,4% de sus publicaciones), lo que apunta a una continuidad de repertorio e infraestructura más que de memoria.
Del caso Gürtel al caso Maricarmen: el litigio estratégico
Durante el movimiento de los indignados, el Observatori DESC tuvo un
paper muy relevante para configurar el marco de preparación del conflicto para la izquierda y, con ello, para el auge de la PAH como movimiento y los comunes y Podemos (entre otras fuerzas) como expresión política. Una de sus herramientas,
el litigio estratégico, que el propio Observatori definía como la "judicialización de un caso emblemático de vulneración de derechos humanos" para, a través de un caso representativo, "modificar las leyes, los reglamentos o las prácticas administrativas", es una de las más efectivas. Así ocurrió con el caso Gürtel, cuando en febrero de 2013 sus juristas, junto con Izquierda Unida, denunciaron la pasividad en el tratamiento del escándalo,
una judicialización que contribuyó a situar la corrupción en el centro del relato sobre el sistema político.
El
caso Maricarmen sigue ese patrón. El Sindicato de Inquilinas la acompañó durante siete años, su defensa llevó el caso ante el Comité DESC de la ONU, que dictó medidas cautelares, y
el desahucio ejecutado pese a ellas convirtió un drama individual en un incumplimiento internacional del Estado, que el relator de Naciones Unidas Koldo Casla señaló públicamente. Tras su muerte, el Sindicato prepara una querella por homicidio imprudente contra la empresa propietaria, y el caso ha dado nombre a un decreto ley. Si en 2011-2013 el litigio estratégico sirvió para situar la corrupción en el centro del sistema, hoy sirve para situar en ese lugar el rentismo, así como para movilizar a la izquierda. Tras conocerse que la pareja de la portavoz socialista, Montse Mínguez, dirige una sociedad con al menos treinta viviendas en alquiler,
el Sindicato calificó al PSOE de "partido rentista" y orientó contra él la huelga general, en una impugnación que recuerda al "no nos representan" de 2011. La derecha radical ha respondido con el mismo instrumento a la inversa, y
el 13 de octubre Vox presentó una querella contra el delegado del Gobierno en Madrid y contra portavoces del Sindicato por la acampada, a los que acusa de omisión del deber de perseguir delitos y de prevaricación.
La plaza disputada
La gran diferencia con 2011 es que la plaza ya no pertenece solo a quien la ocupa. El 15M no tuvo enfrente un contramovimiento organizado en la calle, y Vox ni siquiera existía, mientras que hoy
la derecha radical disputa el mismo territorio y hasta el mismo léxico. El 3 de octubre, unas 400 personas, en su mayoría hombres jóvenes, convocadas por una plataforma llamada "Indignados por España" y respaldada por Núcleo Nacional y Democracia Nacional, intentaron marchar sobre Sol para reclamar una política de vivienda "social y nacional", hasta que unos 500 antidisturbios lo impidieron.
La apropiación del término "indignados" busca disputar la herencia simbólica del 15M y reconducir el malestar por la vivienda hacia la "prioridad nacional", el mismo puente que une Sol con Ceuta. El 12 de octubre, tras el desfile de la Fiesta Nacional, grupos de ultraderechistas, muchos de ellos menores, se presentaron en la acampada con banderas falangistas y cruces de Borgoña, saludos nazis y gritos como "rojo que veo, rojo que pateo", en una jornada que
se saldó con un policía herido y cinco detenidos. Días después, el altar de Maricarmen apareció destrozado.
"Si en 2011-2013 el litigio estratégico sirvió para situar la corrupción en el centro del sistema, hoy sirve para situar en ese lugar el rentismo, así como para movilizar a la izquierda"
No toda la violencia procede del mismo lado, ya que un reportero de televisión denunció haber sido agredido por un acampado en pleno directo, pero la asimetría también se aprecia en las redes. En el grafo de la vivienda, la comunidad de la derecha radical, con cuentas como las de Vox, Revuelta o Desokupa y una constelación de perfiles "patrióticos",
reúne apenas 905 cuentas, siete veces menos que el movimiento, aunque
cada una generó de media 2,4 veces más interacciones y su actividad siguió casi día a día el pulso de la movilización (figura 5). El 2 de octubre, víspera de las manifestaciones y de la contramarcha, registró más interacciones que la comunidad del propio Sindicato de Inquilinas, y en la semana posterior al ataque del 12 de octubre sus publicaciones generaron
2,7 veces más comentarios que las de la izquierda organizada. Se trata de una contramovilización reactiva, menos numerosa, pero más intensa y conflictiva.
Figura 5. Interacciones diarias emitidas por el movimiento por la vivienda, la izquierda radical y estudiantil y la derecha radical en Instagram (22 de septiembre-12 de octubre de 2026) | Fuente: Kartex.
Los dos espacios tampoco hablan de lo mismo (figura 4). Mientras la izquierda organizada habla de la huelga, de las plazas, del derecho a la vivienda y de las mareas,
la derecha radical apenas menciona la huelga (0,5% de sus publicaciones) y construye su contrarrelato sobre la hipocresía de la izquierda (16,2%), alimentada por el caso de la portavoz socialista, sobre la apropiación del marco de los desahucios, vuelto contra el PSOE, sobre la inmigración y la "prioridad nacional", y sobre la caricatura de los acampados como okupas o perroflautas en una plaza sucia, el mismo marco con el que la Comunidad de Madrid justificó el cierre de la estación de metro de Sol. El caso de la portavoz socialista alimenta así a la vez el "partido rentista" del Sindicato y la "hipocresía" de la derecha,
una pinza sobre el PSOE desde los dos extremos. Y como ya ocurría con Ceuta, ambos espacios apenas se hablan en la red, porque
menos del 1,5% de las interacciones de la comunidad ultra se dirigen al movimiento y apenas el 0,5% en sentido contrario, aunque chocan en la calle.
Hacia el 29N: el ciclo largo de la derecha radical
Mi hipótesis es que la derecha radical española no se ha movilizado por Ceuta, sino que lleva casi una década movilizándose, y
Ceuta es el último peldaño de una cadena de acontecimientos que le han permitido acumular fuerzas. En la escala española, el primero fue el procés. El otoño de 2017, con el "a por ellos", los balcones con banderas, la gran manifestación unionista de octubre en Barcelona y el brigadismo quitalazos, se abrió la ventana por la que Vox entró en el Parlamento andaluz en 2018 y en el Congreso en 2019, con las protestas de Ferraz contra la amnistía, en 2023, como epílogo. Después llegó la COVID, que unificó audiencias transnacionales conspirativas y de derecha radical bajo el escenario de la presidencia de Trump y el auge de los populismos de derechas.
La DANA de Valencia, en 2024, convirtió el fallo del Estado en el argumento central del "solo el pueblo salva al pueblo";
Torre Pacheco, en 2025, situó al migrante como enemigo y la cacería como respuesta; y Ceuta combina todo lo anterior con la frontera, el ejército en la calle y las brigadas.
"Mi hipótesis es que la derecha radical española no se ha movilizado por Ceuta, sino que lleva casi una década movilizándose"
La pandemia tuvo el efecto contrario sobre la izquierda, al paralizar un ciclo que había resurgido con las huelgas feministas del 8M de 2018 y 2019 y con el movimiento de pensionistas.
La izquierda movilizada ha tardado años en recuperar la calle, con las grandes manifestaciones por la vivienda de 2024 y 2025, las movilizaciones por Palestina de 2025 y ahora las acampadas, en parte como reacción a la derecha radical, y no se trata de un fenómeno solo español. Desde 2025 se suceden las protestas de la llamada generación Z, de Nepal a Marruecos o Madagascar; Francia vivió el "Bloquons tout"; Italia y España conocieron paros generales por Gaza y este octubre las protestas contra el coste de la vida se extienden por Francia, Italia, Bélgica y Portugal. Aun así,
en intensidad, organización y conexión transnacional, la activación de la derecha radical sigue claramente por encima.
El inicio de un periodo convulso
Las cartografías de Ceuta y de Sol muestran dos movilizaciones distintas que comparten el mismo desplazamiento del conflicto político hacia la calle y el territorio. En la derecha y la derecha radical, la representación movilizadora fue el agravio territorial, condensado en un eslogan nacido en las gradas. Clubes,
influencers, Vox y el PP lo hicieron suyo hasta llevarlo a más de trescientas concentraciones municipales y al Parlamento Europeo.
El fútbol aportó la masa y la transversalidad, los ultrainfluencers la radicalización del relato y el PP la capitalización institucional. Bajo ese mismo lema,
el brigadismo encontró una cobertura respetable para la acción directa contra los migrantes. El Gobierno llegó tarde y con un contraeslogan sin recorrido, y dejó la ventana informativa en manos de sus adversarios.
En la izquierda,
la representación central es el derecho a la vivienda frente al rentismo, y su estrategia reproduce la lógica del 15M. La plaza funciona como territorio simbólico de acumulación de fuerzas, la huelga general como paraguas para agregar otros malestares y las mareas de la educación como relevo para sostener la movilización en el tiempo. El movimiento tiene un centro claro en el Sindicato de Inquilinas y una izquierda radical con una visibilidad muy superior a su peso organizativo.
Los sindicatos alternativos aportan el tejido a una huelga que convocan las centrales mayoritarias. El litigio estratégico, que en el ciclo anterior situó la corrupción en el centro del relato, coloca hoy en ese lugar el rentismo a partir del caso Maricarmen.
Su principal límite es un potencial de agravio menor que el de 2011, en plena crisis económica. Su capacidad de crecer dependerá de que consiga sumar a otros sectores sociales y no quede encerrado en un espacio militante.
"Su capacidad de crecer dependerá de que consiga sumar a otros sectores sociales y no quede encerrado en un espacio militante"
La gran diferencia con aquel ciclo es la rivalidad por el mismo territorio.
La derecha radical ya no se moviliza solo por sus propias causas; también disputa la plaza, el léxico de los indignados y hasta los tribunales. Lo hace con una contramovilización menos numerosa que el movimiento, pero más intensa y conflictiva.
Los dos espacios apenas se comunican en la red, encerrados en
cámaras de eco que los algoritmos refuerzan, y solo se encuentran en la calle, donde el conflicto se vuelve físico, como mostraron las patrullas de Ceuta o el ataque del 12 de octubre a la acampada de Sol.
A escala española, la activación de la derecha radical responde a un ciclo largo que arranca con el
procés, se amplía con la pandemia y se acelera con la DANA, Torre Pacheco y Ceuta. La izquierda se reactiva más tarde, en parte como reacción y en sintonía con las protestas que recorren Europa y otras regiones, pero todavía por debajo en intensidad y en conexión transnacional. Esa asimetría,
la multipolarización de las redes y una violencia metropolitana de nuevo tipo como la de Blocus dibujan un otoño de alta tensión. Habrá una huelga general el 11 de noviembre,
elecciones el 29 y una nueva convocatoria de Blocus para el día siguiente.
Las urnas actuarán como acelerador de este ciclo de movilización, y la capacidad de las instituciones, los partidos y las plataformas para contener la violencia política será la variable decisiva de los próximos meses.
Seguiremos en una segunda parte de esta serie, en la que analizaremos Blocus y la violencia en las grandes áreas metropolitanas