Una cuenta se abrió en X el 7 de marzo de 2026 y
durante siete meses no publicó nada, no siguió a nadie y nadie la siguió, hasta que el 20 de octubre, a las 23:57, rompió su silencio con un único mensaje: "El día 24 se va a hacer blocus en Madrid para liarla, uniros al grupo de whatsapp", acompañado de un código QR que conducía a
un grupo de WhatsApp llamado "24M" y citaba a los jóvenes a las 17:00 en la Gran Vía (figura 1).
Figura 1. Una cuenta dormida que despierta. Perfil de @Blocus_madrid en X, creado en marzo de 2026 y sin seguidores, y su único mensaje, del 20 de octubre, con un código QR (aquí pixelado) que remite a un grupo de WhatsApp. Fuente: X; captura de Kartex.
Puede tratarse de la cuenta abandonada de un adolescente, rebautizada para la ocasión, o de una cuenta envejecida a propósito para esquivar los filtros con los que las plataformas vigilan los perfiles recién creados, y con datos abiertos no es posible saberlo, pero no es un caso aislado, ya que se han documentado
al menos diez perfiles de TikTok creados o renombrados entre el 18 y el 20 de octubre y
otras ocho cuentas creadas, recicladas o reactivadas en menos de dieciséis horas para promover la convocatoria de Barcelona.
En Francia,
blocus designa el bloqueo de un instituto por sus estudiantes, y desde el 21 de septiembre da nombre a un movimiento que ha recorrido el país, ha saltado con diferentes expresiones a Bélgica, Italia, Alemania y los Países Bajos y
el 24 de octubre desembocó en los disturbios de Barcelona, que según el último balance de los Mossos d'Esquadra se saldaron con
133 detenidos, 85 de ellos menores.
"'Blocus' designa el bloqueo de un instituto por sus estudiantes, y desde el 21 de septiembre da nombre a un movimiento que ha recorrido el país"
En la primera parte de esta serie analizamos los dos frentes que el otoño ha abierto en la calle, el de la derecha y la derecha radical
en torno a Ceuta y el de la izquierda en torno a la vivienda. Ahí advertíamos de que a ellos se sumaba una violencia metropolitana de nuevo tipo, objeto de este texto, para el que en Kartex
hemos analizado 14.900 publicaciones de 8.711 cuentas en X, TikTok, Telegram e Instagram entre el 26 de septiembre y el 27 de octubre de 2026, cruzadas con los
472 incidentes relevantes reportados por ACLED que se han registrado en España en el último mes y con la prensa local y nacional.
En términos teóricos y metodológicos,
este actor no tiene una estrategia reconocible, por lo que se descarta una motivación política clara. No obstante, las sospechas sobre la articulación de este grupo en redes, con cuentas preconstituidas y renombradas en diferentes plataformas, no dilucidan su origen exacto. Además,
su relevancia geopolítica reside en que los demás actores sí lo convierten en objeto de disputa. Sin pruebas claras, pendientes de investigación, la hipótesis principal es que Blocus es un conflicto transnacionalizado por las redes, que no viaja como organización, sino como repertorio; que su geografía dibuja un mapa de tensión metropolitana que se superpone a la conflictividad que ya registraba ACLED y al calendario político, y que su irrupción abre
un tercer frente con la irrupción de movimientos espontáneos de saqueo y expresión de rabia, lo que convierte el fenómeno en una forma de violencia política no formal.
Transnacionalización del conflicto a través de las redes
El movimiento nació ante un liceo de Créteil, en la
banlieue sudeste de París,
con reivindicaciones concretas (más profesores, clases menos cargadas, edificios dignos), y en una semana alcanzó Lille, Lyon, Marsella o Burdeos, con
más de 5.000 detenciones, el 85% de ellas de menores, entre el 21 de septiembre y el 2 de octubre, según el Ministerio del Interior citado por Amnistía Internacional. La jornada nacional del 17 de octubre, que coincidía con el inicio de las vacaciones de Todos los Santos, funcionó como detonante europeo, probablemente porque las vacaciones vaciaron los liceos, el territorio original del movimiento, y desplazaron la protesta a la calle y a las redes. En Francia, los movimientos sociales suelen atraer grupos de saqueadores que aprovechan las movilizaciones, algo que en buena parte se explica como una expresión de un cierto rechazo al racismo y una identidad confrontada entre sus orígenes familiares y el encaje social en la sociedad francesa. Milán vivió ese fin de semana dos jornadas de saqueos, el 18 y el 19 aparecieron las primeras llamadas al 31 de octubre en Alemania y en los Países Bajos y el 26
Maldita.es contaba
convocatorias para Halloween en 46 ciudades de al menos nueve países. Para entonces, el movimiento se había dado ya un grito propio, "Bismillah c'est les ténèbres", que según
franceinfo nació de unos mensajes atribuidos a policías que intentaban infiltrarse en los grupos.
"La jornada nacional del 17 de octubre, que coincidía con el inicio de las vacaciones de Todos los Santos, funcionó como detonante europeo"
Tras un ensayo fallido en la Puerta del Sol a comienzos de octubre, la marca solo prendió en España después de la jornada francesa. En nuestro corpus, la primera plantilla en castellano aparece en TikTok el 18 de octubre a las 21:06, y a las 00:16 del día 19, una cuenta de diez seguidores publicaba la convocatoria fundacional de Barcelona ("Estamos hartos de los precios imposibles, de los sueldos precarios, de la falta de oportunidades […] No somos el futuro, somos el presente"), nueve horas antes del primer "RDV le 24" francés, de modo que
la fecha no se copió de Francia con retraso, sino que cristalizó a la vez en Francia, Italia y España en las horas que siguieron al 17. Ese registro reivindicativo era solo la cara pública de una movilización que, según la cronología de los Mossos,
se organizó en grupos de WhatsApp desde el 20 de octubre y que el 23
Newtral describía como una red de una veintena de perfiles de TikTok que reclutaban a jóvenes para replicar las protestas francesas en Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Bilbao, con instrucciones sobre ropa oscura, bombas de humo y ataques a comercios. La policía catalana conocía la convocatoria, pero no esperaba "esa respuesta tan violenta", y
la conversación española en redes, casi inexistente hasta el 24, superó a la francesa el día 26 (figura 2).
Figura 2. Publicaciones diarias sobre Blocus de ámbito francés y español (26 de septiembre-26 de octubre de 2026). Marcas: (1) 17 de octubre, jornada nacional francesa; (2) 19 de octubre, primera convocatoria en Barcelona; (3) 24 de octubre, disturbios de Barcelona. Fuente: Kartex.
A falta de mayores pruebas, lo que cruzó los Pirineos no fue una organización, sino un repertorio de acciones a copiar, y la cartografía informacional del movimiento lo muestra con claridad, dado que las infoesferas francesa y española apenas se tocan, por lo que parece más bien un contagio informacional. En el grafo de X,
solo 141 de 39.747 interacciones (el 0,35%) unen una cuenta francesa con una española, y
el principal puente no es un activista, sino Grok, el asistente de inteligencia artificial de la plataforma, que origina 42 de esos enlaces al responder en ambos idiomas (figura 3). La frontera que el repertorio atraviesa sin dificultad sigue intacta en la red, y lo que viajó fue una fecha, una palabra, una estética y un formato, con
18 de los 91 sonidos de los vídeos españoles tomados de vídeos franceses, un nombre, "Instituts Indignats", que traduce los "Lycées indignés", y carteles generados con inteligencia artificial que repiten fórmulas como "Inspirado en las movilizaciones de Francia".
Pase sobre el grafo para hacer zoom. Figura 3. Dos infoesferas nacionales. Grafo de interacciones sobre Blocus en X (núcleo de 7.153 cuentas en sus 25 comunidades principales, detectadas con el algoritmo de Louvain). El color indica el ámbito de cada cuenta y el tamaño, las interacciones recibidas; las líneas negras son los 105 enlaces entre cuentas francesas y españolas. Fuente: Kartex.
La difusión decisiva se produjo, además, en grupos cerrados, como muestra que la convocatoria fundacional,
con solo 3.303 visualizaciones en TikTok, se compartiera 225 veces, un 6,81% que la sitúa por encima del 99% de los vídeos franceses y que delata su reenvío por WhatsApp y Telegram. El grupo principal de Barcelona en esta última plataforma pasó de unos 690 a 1.376 miembros en veinte horas y superaba los 2.600 cuando fue cerrado, antes de que su sustituto rebasara los 2.000, y, cuando llegó la exposición pública,
sus administradores borraron unos 11.500 mensajes y sustituyeron las instrucciones de saqueo por un código ("tomar un matcha").
"A falta de mayores pruebas, lo que cruzó los Pirineos no fue una organización, sino un repertorio de acciones a copiar, y la cartografía informacional del movimiento lo muestra con claridad"
Las investigaciones recogidas por la prensa describen
una maquinaria en tres capas: la de
la captación en TikTok e Instagram, con carteles y códigos QR; la de
la coordinación en los grupos cerrados, donde se acuerdan vestimenta, objetivos y horarios y se ofrecen martillos de emergencia de autobús "pa petar cristal", y la de
la amplificación a cargo de perfiles virales. La policía ha centrado su estrategia en esos "nodos intermedios" y ha recurrido al CITCO del Ministerio del Interior para bloquear los nuevos grupos.
La transnacionalización del conflicto a través de las redes
no requiere, por tanto, una internacional que dirija la revuelta (aunque no resultaría inverosímil), sino
un formato que se pueda copiar partiendo de la base de una sociología particular interpelada por una misma simbología, identidad y problemas.
Baja politización, que no ausencia de demandas
El parecido entre ambos lados de los Pirineos es también de sujeto, pues en Francia el movimiento nació en la
banlieue y su grito más célebre es una invocación en árabe convertida en meme, señal del mundo cultural de los barrios populares y multiétnicos donde las expresiones de origen magrebí forman parte de la jerga adolescente, y en España los datos disponibles apuntan en la misma dirección. Los participantes en los disturbios de Barcelona eran jóvenes de entre 12 y 20 años, organizados en pequeños grupos y vestidos de negro, y
sus 85 menores detenidos quintuplican los 17 de las protestas por el encarcelamiento de Pablo Hasél en 2021. La jefa de los Mossos, Sílvia Catà, desmintió a Sílvia Orriols, que culpaba a los extranjeros, al recordar que los detenidos "son gente que vive en Catalunya", y habló de
un "fenómeno nuevo de violencia juvenil" que, matizó,
no constituye "una amenaza generalizada para la seguridad pública ni un fenómeno extenso en la juventud", y los chats que ha reconstruido
elDiario.es hablan la jerga de los institutos de las periferias urbanas, donde se mezclan las influencias latinoamericanas y magrebíes ("klk", "zbi").
Nuestra lectura es que el colectivo que más ha respondido a la llamada se parece mucho al francés, el de adolescentes y jóvenes, muchos de ellos hijos o nietos de la inmigración, magrebí en buena parte,
con una politización muy baja, que no ausencia de demandas, como muestran la convocatoria fundacional, que hablaba de precios, sueldos y oportunidades, los carteles de Granollers, que pedían "la qualitat de l'institut", o los del 30 de noviembre, con su "menos precios, más dignidad". Proceden, además, de un colectivo identitariamente delicado, sobre el que se proyectan a la vez la sospecha de la derecha radical y la invisibilidad política, en un país donde
el 33,9% de los menores de 16 años está en riesgo de pobreza o exclusión social, según la Encuesta de Condiciones de Vida, y donde
la tasa de riesgo de pobreza de los extranjeros no comunitarios duplica con creces la media. Nada de esto explica por sí solo un saqueo, pero describe el terreno social, atravesado por fracturas territoriales e identitarias, en el que una convocatoria de TikTok encontró eco.
"Nada de esto explica por sí solo un saqueo, pero describe el terreno social, atravesado por fracturas territoriales e identitarias, en el que una convocatoria de TikTok encontró eco"
Queda por establecer si se trata de violencia política; para ello utilizo la distinción que propone Eduardo González Calleja entre
una violencia social, espontánea, de tenue organización e ideologización y bajo nivel de proyecto, y una violencia política definida por su relación de apoyo o de desafío al poder establecido, así como los tres criterios que, siguiendo a Ekkart Zimmermann, permiten distinguirlas:
el número de personas implicadas, la intencionalidad de los actores y la reacción de la comunidad y del público, ya que los actos violentos cobran naturaleza política según el sentido que les atribuyen los testigos y los actores concernidos.
Por su intencionalidad,
Blocus se sitúa en la frontera de la violencia social: una de las juezas de guardia de Barcelona describió la concentración como "vacía de contenido" y como una "excusa" para saquear, y el director general de la policía catalana, Ferran López, afirmó que los participantes "no parecían perseguir otra finalidad que destrozar y robar". Sin embargo, el número de implicados, unos seiscientos jóvenes en la plaza de Catalunya, y sobre todo
la reacción de los actores políticos la están convirtiendo en violencia política, una violencia tumultuaria, en la taxonomía de González Calleja, cuyo significado político se construye en buena medida fuera de sí misma, en la disputa por su representación.
¿Injerencia extranjera y ataque híbrido, partidos políticos o estallido social?
El debate sobre el colectivo Blocus se ha ordenado en torno a tres hipótesis: la de una injerencia extranjera en forma de ataque híbrido, la de una instrumentalización partidista (Vox) y la de un estallido social, y cada una dice tanto del fenómeno como de las representaciones de quienes la defienden
. La de la injerencia se alimenta de indicios que no son pocos, de las cuentas dormidas o renombradas en pocas horas, como @Blocus_madrid en Twitter, creada en marzo, a los carteles generados con inteligencia artificial y
una simbología que extrañamente ningún convocante local combinaría, como la ikurriña junto a la rojigualda en Bilbao o
la bandera marroquí junto a la española en Reus, y de ahí que no falten quienes hablan de "
ataque híbrido" o que Catà haya señalado que la convocatoria del 31 de octubre es la única de las que
monitoriza la policía catalana dinamizada por un actor externo, sin precisar quién es ni si se trata de un actor extranjero.
Sin embargo, las pruebas no acompañan por ahora, ya que
los Mossos, que investigan junto a la Policía Nacional, la Guardia Civil y los servicios de inteligencia, descartan de momento la injerencia extranjera, el informe de inteligencia estratégica que plantea esa hipótesis admite que carece de las "pruebas independientes de recursos, contactos y propósitos trazables" que la sostendrían, y en nuestro corpus las redes pro-Kremlin de Telegram dedicaron
52 mensajes al movimiento francés y ninguno a Barcelona.
"El debate sobre el colectivo Blocus se ha ordenado en torno a tres hipótesis: la de una injerencia extranjera en forma de ataque híbrido, la de una instrumentalización partidista (Vox) y la de un estallido social"
La hipótesis partidista es la imagen especular de la anterior y ha crecido con la cercanía de las elecciones, porque una convocatoria nacional para el día siguiente al 29N y unos carteles que mezclan banderas con consignas contra el PP y Vox se prestan a cualquier sospecha de manipulación electoral.
Cada bando atribuye la autoría al adversario, la derecha radical al Gobierno y a la inmigración y una parte de la izquierda a una falsa bandera, la atribución más repetida en redes, en un debate que se reproduce casi en los mismos términos en Italia, donde
Giorgia Meloni advertía tras los saqueos de Milán de que "pasar a sangre y fuego nuestras ciudades" no es un derecho y
Elly Schlein acusaba al Gobierno de usar a los violentos "para tapar la voz de quienes protestan pacíficamente contra la carestía de la vida".
El corpus documenta, sin embargo, a quienes explotan la marca, de saqueadores y provocadores a los promotores de una
memecoin llamada $BLOCUS, canales ultras y propagandistas de todos los signos, pero no a quienes la dirigen, y
ni la investigación policial ni la judicial han identificado, al menos públicamente, a un actor organizado detrás de las convocatorias.
El primer presunto organizador detenido es un menor de 17 años, arrestado por la Policía Nacional el 28 de octubre en Valencia e imputado por conspiración para cometer desórdenes públicos y delitos contra el patrimonio y por pertenencia a grupo organizado, al que se atribuye la creación de dos grupos de mensajería, "Blocus Vlc", uno de ellos con más de 400 integrantes, desde los que se convocaba a saquear comercios la noche de Halloween, un perfil que apunta más a la imitación local que a una dirección exterior, aunque la investigación sigue abierta para determinar la posible implicación de otras personas. Una siembra inicial por un tercero, extranjero o nacional, resulta por ello indistinguible, con datos abiertos, de la imitación espontánea, y
solo los datos que guardan las plataformas, como la dirección IP o el teléfono asociados a la creación de cuentas como la de Madrid, que hoy únicamente pueden reclamar los jueces, permitirán deshacer ese hilo.
"Una siembra inicial por un tercero, extranjero o nacional, resulta por ello indistinguible, con datos abiertos, de la imitación espontánea"
La hipótesis del estallido social es, a mi juicio,
la que mejor encaja con los datos disponibles y la que permite afirmar que el fenómeno está aquí para quedarse, porque, sea o no articulado a través de una injerencia exterior o de una manipulación partidista interna,
el colectivo que ha respondido a la llamada se parece mucho al de otras áreas metropolitanas europeas. En Francia, el movimiento nació en los liceos de la
banlieue y acumuló más de 5.000 detenciones, el 85% de menores, en dos semanas; en Milán, solo el domingo 18 de octubre la policía condujo a la
questura a 271 jóvenes, 220 de ellos menores, en su mayoría italianos o de segunda generación, que acudieron en pequeños grupos tras invitaciones difundidas en TikTok y saquearon tiendas de deporte y de moda, y en Barcelona los detenidos fueron 133, 85 de ellos menores. Comparten los mismos referentes simbólicos, de la invocación en árabe convertida en meme, que circulaba en Italia antes de llegar a España, a la música
trap, el chándal y las zapatillas de marca, el botín de lujo o de deporte y
una misma crisis identitaria, la de unas segundas generaciones migrantes y unas clases populares que ven
un difícil acceso al ascensor social, particularmente muy agravado por ese imaginario del lujo fácil tan propio del capitalismo de las redes.
Las principales ciudades del Estado, bajo tensión
El mapa que hemos elaborado en Kartex (figura 4) sitúa la expansión de Blocus en su contexto territorial y
está construido como un diátopo: la superposición de conjuntos espaciales a distintas escalas, europea, estatal, regional y urbana, cuya relación explica el fenómeno.
Pase sobre el mapa para hacer zoom. Figura 4. Violencia política en España: las principales ciudades del Estado, bajo tensión ante el proceso electoral. Incidentes registrados por ACLED en el último mes por comunidad autónoma, convocatorias de Blocus por ciudad entre el 24 de octubre y el 30 de noviembre, disturbios de Barcelona y Bilbao, jornada europea del 31 de octubre y calendario político. Una convocatoria no implica movilización efectiva. Fuente: Kartex, a partir de ACLED, Maldita.es, Newtral, Mossos d'Esquadra, Ertzaintza y prensa (hasta el 28 de octubre de 2026).
El recuadro europeo sitúa el origen del movimiento en Francia y la jornada del 31 de octubre en 46 ciudades de al menos nueve países, y recuerda que
la escala del fenómeno no es la estatal. Sobre el territorio español, la gama de malvas de ACLED muestra que seis comunidades, Galicia (64 incidentes), Andalucía (55), Madrid (47), Catalunya (44), el País Vasco (39) y la Comunidad Valenciana (37),
concentran seis de cada diez acontecimientos.
Los acontecimientos no miden su dimensión real; en Ceuta, por ejemplo, las tensiones políticas fueron muy importantes con la constitución de brigadas de derecha radical.
Los círculos de las convocatorias, cuyos sectores indican la fecha de cada cita, dibujan
una geografía litoral y metropolitana de 29 localidades en nueve comunidades, a las que se suma una protesta pacífica de la generación Z en Palma, alineadas a lo largo del corredor mediterráneo, de Girona a Alicante, del arco andaluz que une Almería con la Costa del Sol y el Estrecho y de las capitales del norte, mientras buena parte del interior peninsular, de las dos Castillas a Extremadura, y también Canarias, Ceuta y Melilla quedan vacíos.
Catalunya concentra doce de esas localidades, que el recuadro inferior detalla, y la convocatoria nacional del 30 de noviembre suma a las seis mayores ciudades del país seis capitales del norte (Bilbao, Vitoria-Gasteiz, Donostia, Pamplona, Santander y A Coruña), un sesgo septentrional que deja fuera a Murcia, Palma o Las Palmas de Gran Canaria.
Las estrellas de los disturbios solo aparecen en Barcelona y en Bilbao, y
las cinco comunidades donde el fenómeno pesa más, por orden de relevancia —Catalunya, Andalucía, el País Vasco, la Comunidad Valenciana y Madrid—, coinciden con los principales entornos urbanos del país, lo que dibuja
un fenómeno de colectivos marginales que se suma a la creciente polarización social de las grandes áreas metropolitanas. Como una convocatoria no implica movilización y las nuevas citas tenían un alcance limitado, no se trata de un mapa de la movilización, sino de la tensión, sobre el que se superponen tres geografías: la del escaparate, la de las periferias y la del calendario político.
"No se trata de un mapa de la movilización, sino de la tensión, sobre el que se superponen tres geografías: la del escaparate, la de las periferias y la del calendario político"
La geografía de los disturbios y saqueos es la de unos objetivos que
no son las sedes del poder político, sino las del consumo, del Passeig de Gràcia y del cuadrilátero entre la plaza de Universitat, Urquinaona, el Portal de l'Àngel y la Rambla, donde el 24 de octubre se levantaron barricadas desde las 18:30 y
23 comercios resultaron afectados, a la Gran Vía madrileña, Puerto Banús, el puerto deportivo de Fuengirola, el centro comercial de Montigalà en Badalona o la Rambla Nova de Tarragona.
Cada cartel generado en minutos obliga a desplegar decenas de agentes, a alertar a los comercios y a ocupar los informativos, y, sea o no deliberada,
esa asimetría de costes convierte la convocatoria fantasma en un instrumento de saturación policial. Su geografía es la de los municipios metropolitanos y del interior catalán con
un peso notable de población de origen migrante, de Badalona a Terrassa, Tarragona, Vic o Salt, y en Andalucía dibuja un arco costero de Almería a Marbella y hasta Algeciras y La Línea, frente a Gibraltar y a Ceuta, en la misma frontera sur que protagonizaba la primera parte de esta serie.
La geografía más inquietante es la del calendario político, que la línea de tiempo del mapa superpone a las convocatorias. En Madrid, la cita del 24 en la Puerta del Sol, escenario de la acampada por la vivienda, fue frenada por un fuerte despliegue de la Policía Nacional, y la de Halloween acabó desconvocada con el argumento de que había agentes infiltrados en los grupos. En Valencia, la convocatoria del 31 de octubre a las 17:30 en la plaza de toros coincide con la manifestación de las 18:00 por el segundo aniversario de la DANA, con el lema "Mazón a presó", y con la concentración de las 17:00 que el ex inspector jefe de la Policía Nacional Ricardo Ferris ha convocado en el Mercado de Colón para "defender Valencia",
tres citas separadas por apenas un kilómetro. En Bilbao, la jornada del 26 terminó con 17 detenidos cuando un centenar de encapuchados se sumó a la protesta que Ikasle Antolakunde Sozialista, la organización estudiantil del Movimiento Socialista, había convocado contra el agitador ultraderechista Vito Quiles en Deusto, al final de una gira por universidades que antes había pasado por Pamplona, la Autònoma de Barcelona y Zaragoza, y el consejero vasco de Seguridad, Bingen Zupiria, describió a los detenidos como jóvenes que "no han conocido ni la violencia de ETA ni la kale borroka". Salt tiene convocatoria el 11 de noviembre, día de la huelga general, los grupos anuncian una "jornada europea" el 20 y la convocatoria nacional está fijada para el 30, el día siguiente a las elecciones, de modo que
Blocus no tiene programa, pero se ha dado un calendario, y ese calendario es el del ciclo político.
Ceuta, Sol y Blocus: el tercer frente
En la primera parte de esta serie analizamos los dos frentes abiertos este otoño:
el de la derecha y la derecha radical, que convirtieron la crisis migratoria de Ceuta en un ciclo de movilización callejera ya bien establecido y dieron cobertura al brigadismo, la pretensión de grupos civiles de vigilar, patrullar y "defender" un territorio frente a un enemigo designado, y
el de una izquierda que se reactiva en torno a la vivienda con la gramática del 15M,
dos frentes que ya chocaron en la acampada de Sol el 3 y el 12 de octubre.
Blocus abre un tercer frente que no pertenece a ninguno de los dos, sin ideología reconocible ni organización, pero también
responde al auge de la derecha radical y al aumento del racismo que esta derecha radical normaliza en la sociedad estigmatizando y señalando todavía más al colectivo. Este fenómeno
servirá tanto para la radicalización por el lado de la derecha radical, que ve cómo se legitima su discurso,
como para castigar a la izquierda, que ve cómo la violencia "gratuita" termina por ocultar un análisis más conciso sobre el fenómeno.
"Blocus abre un tercer frente que no pertenece a ninguno de los dos, sin ideología reconocible ni organización"
El debate en redes confirma una disputa por el relato (figura 5), ya que
uno de cada cinco mensajes españoles sobre Blocus señala a un culpable sin que ninguno domine, y la derecha radical o la falsa bandera (30,4%), Israel (29,3%), la izquierda radical (23,1%), la inmigración (22%) y la injerencia extranjera en general (19,1%) se reparten la conversación, mientras que Rusia apenas aparece (4,9%). Cada comunidad del grafo elige a su enemigo preferido, en la misma multipolarización que medimos en Ceuta y en Sol, y es en esa batalla informacional donde se cumple el tercer criterio de González Calleja, ya que
la violencia de Blocus se vuelve política en la medida en que los actores la incorporan a sus representaciones del adversario.
Figura 5. A quién culpa el debate español. Atribuciones explícitas en los 451 mensajes que señalan a un responsable de los disturbios, sobre 2.328 mensajes de ámbito español. Un mensaje puede señalar a varios responsables, y mencionar una atribución no implica suscribirla. Fuente: Kartex.
Un ciclo de violencia política inaudito
Mi hipótesis es que nos encontramos ante un ciclo de auge de la violencia política que puede ser inaudito en nuestra democracia, no tanto por su intensidad, todavía lejos de la de otras épocas de violencia terrorista, como por
la confluencia de tres dinámicas que hasta ahora habían corrido por separado: la del ciclo largo de movilización de la derecha y la derecha radical, que arrancó en España con el procés y la COVID-19, y encontró en la DANA, en
Torre Pacheco y en Ceuta sus argumentos, la de una izquierda que la pandemia dejó aturdida y que hoy se reactiva con la vivienda, Palestina y la primera huelga general en catorce años, y la de
la revuelta juvenil transnacional de la generación Z, que desde 2025 ha recorrido Nepal, Marruecos o Madagascar, tomó en Francia la forma del "Bloquons tout" y de los
blocus y llega a España con menor intensidad, pero preocupante dado que con toda probabilidad se asentará en determinadas ciudades como en Barcelona. Su sujeto, el de los adolescentes de barrios populares, muchos de ellos de origen migrante, es además uno al que
ni la derecha radical ni la izquierda organizada interpelan, salvo como amenaza la primera y como víctimas la segunda.
"Nos encontramos ante un ciclo de auge de la violencia política que puede ser inaudito en nuestra democracia"
La España democrática ha concentrado dos etapas de violencia política, la del terrorismo, de ETA a Terra Lliure o los GRAPO, y la que abrió la crisis de 2008, en la que la violencia directa perdió intensidad y la "no violencia" y la desobediencia civil, del 15M al procés, se convirtieron en estrategia de los movimientos, hasta desembocar en Catalunya en un conflicto civil de baja intensidad, que los cuerpos de seguridad supieron frenar y en el que hubo riesgos de desborde y escalada de violencia (aunque no terminó por materializarse a un nivel terrorista a pesar de destellos).
Blocus apunta quizá a una tercera etapa, la de una
violencia tumultuaria sin proyecto, convocada por algoritmos, territorializada en los espacios metropolitanos, que responde a dinámicas de encaje social deficitario, problema identitario y de señalamiento de la derecha radical y que puede activarse conjuntamente a rebufo de otras movilizaciones, como sucede en Francia.
Las estrategias con las que esos actores afrontan la huelga del 11 de noviembre y la
campaña del 29N ya se dibujan sobre este fondo.
El discurso de la ley y el orden ha entrado de lleno en la campaña, con un PP que presenta por Barcelona a Xavier García Albiol, alcalde de una Badalona con su propia convocatoria de Blocus, y que disputa a Vox un marco de la seguridad que este funde con el de la inmigración y la frontera, mientras el Govern, personado como acusación particular, y
los Mossos apuestan por una contención apoyada en la vía judicial, que ha prohibido a varios detenidos asistir a manifestaciones, y en la persecución de los nodos intermedios.
Para la izquierda, el riesgo es que la huelga general quede asociada a los disturbios, porque bastaría una convocatoria de Blocus como la de Salt el mismo 11 de noviembre o un piquete desbordado para que la derecha confirmara su relato de una izquierda que, en palabras de Feijóo, quiere incendiar la calle que ha perdido.
En un calendario de alto voltaje, que encadena Halloween, la marcha por la DANA, la huelga general, la "jornada europea", las elecciones y la convocatoria nacional de Blocus en apenas un mes,
los riesgos van de la saturación policial, que las convocatorias fantasma ya ponen a prueba, a
un brigadismo que encuentre un nuevo enemigo en los adolescentes de los barrios populares, con la posible implicación de unas gradas ultras que en la primera parte describíamos como un espacio transversalizador que presta al radicalizado la multitud, la estética y la coartada, y a ellos se suma
la contaminación de la campaña.
En definitiva, estamos presenciando
un proceso de multipolarización social, con una fuerte traducción de estrategias en las calles y ciclos altos de movilización, en especial de la derecha radical, pero también de la izquierda radical y de movimientos nuevos como el de Blocus con fuertes disturbios, que
normalizarán cada vez más la violencia como praxis normal, como los sectores radicales (disidentes) de la izquierda abertzale o incluso los radicales independentistas, como vimos durante el aniversario del 1 de octubre.
Viene un periodo de activación mutua, antagonización creciente y alta movilización en las calles con un pronóstico preocupante en términos de estabilidad.