En Alemania, los Estados federados orientales de Sajonia y Turingia han celebrado este domingo unas elecciones críticas: sus secuelas sobrepasarán el contexto local porque son la antesala de los comicios nacionales de 2025; con sus subsiguientes consecuencias para Europa. Los resultados han confirmado los pronósticos, donde destaca el ascenso de dos partidos radicales populistas a derecha e izquierda, la AfD y la BSW; a subrayar el primero, consagrado protagonista dado su segundo puesto en Sajonia y, sobre todo, su victoria histórica en Turingia. Estos resultados suponen un punto de inflexión a favor de la extrema derecha, un quebradero de cabeza —cada vez más habitual— para la costumbre alemana de coaliciones multipartidistas, el empuje de dos fuerzas populistas y el estrepitoso fracaso de otras tradicionales en el históricamente estable sistema de partidos alemán, y, por último, la potencial influencia de su agenda en otras políticas que, paradójicamente, no son competencia del nivel regional. Aportemos algunas claves y varios matices a los lugares comunes para explicar esta parte de la antigua Alemania Oriental.
El escenario. Sajonia y Turingia, como buena parte de los Bundesländer del este, se caracterizan por peores datos macroeconómicos que sus compatriotas occidentales. Además, presentan un serio
problema demográfico, con saldos migratorios y vegetativos negativos —algunas zonas de Turingia son las más envejecidas de Europa, junto con el noroeste español—, y ambas
están atrapadas en la “trampa del desarrollo” —aunque sus números de desempleo o productividad son mejores que los de las peores comunidades autónomas españolas, por comparar—. En general, casi cualquier mapa económico o sociodemográfico enseña, sin necesidad de leyenda, la vieja separación entre la RFA y la RDA.
La otra brecha es la política: en regiones con un elevado voto antisistema representado normalmente por la extrema izquierda y/o el abstencionismo, y un excepcional sentimiento de identificación regional de la población, la extrema derecha se ha hecho fuerte. Si bien, Turingia ha estado gobernada en la última década por Die Linke, mientras que la CDU lo ha hecho en la última legislatura en Sajonia. Sin embargo, la AfD pone en jaque esta configuración, convertida desde las últimas elecciones europeas, nacionales y regionales en primera fuerza en casi todos los distritos. Su victoria ha sido contundente, solo aguantando las grandes ciudades, pero atacando el otrora persistente clivaje urbano-rural.
Ahora las coaliciones alternativas no están tan claras, desde el mismo momento en que la gobernabilidad —un punto esencial en la cultura política alemana— quede en entredicho con una AfD por encima del 30% del voto. De hecho, en Turingia la calculadora solo da como posible —en el momento de escribir estas líneas— una bizarra coalición de CDU+Die Linke+BSW+SPD para evitar el gobierno de la derecha radical, mientras que en Sajonia sería la suma CDU+BSW+SPD. El tabú del voto a la ultraderecha se rompió hace años e irá más. Ha sido otra campaña electoral más marcada por el debate migratorio y de seguridad, especialmente tras el atentado Solingen. Su ascenso le lleva a conquistar legislativos, con la vista ya puesta —ahora o en el futuro— en los cargos de ministro-presidente y en la obtención de representación en el Senado alemán. Todo ello sin perder de vista el castigo infligido para los partidos de la coalición tripartita en la cancillería: los socialdemócratas del SPD, Los Verdes y los liberales del FDP.
"La AfD en Turingia representa el ala más extremista de un partido ya radical y confrontativo con muchos de los acuerdos institucionales de las élite alemanas"
Pero es que, además, la propia AfD tiene rasgos particulares allí: el partido en Turingia representa el ala más extremista de un partido ya radical y confrontativo con muchos de los acuerdos institucionales de las élite alemanas, y su líder, Björn Höcke, un tipo carismático y duro ante sus seguidores —que no duda en vaticinar “la desaparición del país” si no llegan ellos al poder—; la facción sajona también presenta posiciones más duras que la media de su partido, habiéndosele declarado como “organización extremista” y poniéndolo bajo vigilancia de los servicios de seguridad.
A ellos se une el partido de Sahra Wagenknecht, exlíder de Die Linke y quien, en la mejor moda hiper personalista europea, creó su Alianza Sahra Wagenknecht (BSW). Un fenómeno, por el momento, difícil de capturar, que huye de la izquierda postmaterialista en lo económico, disimula poco sus simpatías por la autoritaria RDA y abraza un duro y conservador discurso en lo social, siendo descrito periodísticamente como "rojipardo". Es una novedad que, de manera ineludible, habrá que seguir convertida en llave y habiendo agitado el tablero a la izquierda.
"La suma de "azules" y "rojipardos" alcanza más del 40% en Sajonia y casi un 50% en Turingia. Sí, la BSW de este Land ha afirmado que no apoyaría un gobierno de la AfD"
La suma de “azules” y "rojipardos" alcanza más del 40% en Sajonia y casi un 50% en Turingia. Sí, la BSW de este Land ha afirmado que no apoyaría un gobierno de la AfD —la misma Turingia donde la CDU quiso romper hace cuatro años el cordón sanitario contra la derecha radical, lo que le costó un enfrentamiento directo con la entonces canciller, Merkel… la crisis turingias no son nuevas—, pero lo verdad es que nos dirigimos a un territorio político de mayoría radical populista que puede obstaculizar activamente la búsqueda de consensos entre las demás fuerzas... Y arrastrarlas. Qué vetos se darán ahora —y por cuánto tiempo serán sostenibles— es el interrogante.
"El rumbo de la coalición tripartita (socialdemócratas, ecologistas y liberales) y de la CDU, junto con la incógnita de Die Linke es duda lógica el día después"
Los efectos de estos comicios regionales son sistémicos. El rumbo de la coalición tripartita (socialdemócratas, ecologistas y liberales) y de la CDU —también en unas regiones, Sajonia y Turingia, presidida por algunos de los sectores más conservadores dentro de la democracia cristiana—, junto con la incógnita de Die Linke —la misma Alemania Oriental donde había cosechado algunos de sus mejores resultados— es duda lógica el día después. Por tanto, surge la cuestión de los incentivos y hacia dónde se mueva el marco discursivo de cara a 2025; si sus “pares” en la derecha y en la izquierda podrían verse tentados por copiar su retórica y propuestas. En este sentido, los partidos radicales, pero singularmente la AfD, han ganado. La retórica de los azules se dirige directamente contra muchos de los consensos constitucionales que erigido la nueva república.
En seguridad y migraciones, por ejemplo: el canciller Scholz ya ha informado del endurecimiento de las políticas de asilo o refugio, mientras que el líder de la oposición, Merz, ha anunciado medidas en esta misma dirección… Ambos movidos a golpes de titular y no tras un debate genuino de sus respectivas formaciones. Igualmente, en asuntos económicos, donde tanto la AfD como la BSW persiguen agendas mucho más proteccionistas. O en política exterior, donde ambos defienden posiciones abiertamente euro escépticas, anti OTAN y complacientes sin ambages con Putin y displicentes con la política seguida por los aliados occidentales para ayudar a Ucrania. Hasta el punto de que Wagenknecht quiso convertir estas elecciones regionales en una suerte de plebiscito para temas federales de política exterior y de defensa, como el apoyo a Ucrania o el estacionamiento de armamento estadounidense en suelo alemán. Los debates sobre las políticas de competencia de los Bundesländer se movieron totalmente durante la campaña electoral a un segundo plano. Ciertamente los Estados federados tienen poco que decir en defensa y exteriores, pero la inquietud que sitúan en el horizonte electoral del otoño del 25 es preocupante, amén de cómo puedan influir en el estado de la opinión pública. Si el Zeitenwende arroja serias dudas, menos transformaciones se pueden esperar anticipando este panorama.
"Las explicaciones del "hecho diferencial" de la Alemania Oriental y de dos de sus regiones más importantes dado el éxito sobre todo de la extrema derecha, requieren más detalles, más preguntas como poco, que la recurrente
Ostalgie y el agravio"
La interpretación. Las explicaciones del "hecho diferencial" de la Alemania Oriental y de dos de sus regiones más importantes —con permiso de Berlín— dado el éxito de fuerzas radicales, y sobre todo de la extrema derecha, requieren más detalles, más preguntas como poco, que la recurrente Ostalgie y el agravio. Que para muchos ciudadanos alemanes del este la reunificación no resultó todo lo satisfactoria que esperaban o que hay recelos entre “occidentales” y “orientales” es cierto. “
Alemania Oriental” sigue siendo válida como categoría analítica, aunque su significado es mucho más diverso y menos lineal que el ofrecido de manera más habitual, como se explica en esta reciente obra coordinada por los colegas politólogos Lars Vogel, Astrid Lorenz y Rebecca Pates de la Universidad de Leipzig.
"Más del 30% de los nuevos votantes en Sajonia y Turingia se decantaron ayer por la AfD"
Ahora bien: nos encontramos con que la extrema derecha también encuentra un importantísimo —y creciente— número de votantes entre los jóvenes, para quienes la RDA es un tema de Historia en el instituto; más del 30% de los nuevos votantes en Sajonia y Turingia se decantaron ayer por la AfD. En Alemania Oriental también se observan actitudes más machistas, xenófobas y de desafección hacia la democracia y sus instituciones que en la parte occidental del país. Especialmente en Sajonia también se encuentran unos porcentajes de personas creyentes en conspiraciones y “antivacunas” absolutamente disparatados, ni siquiera en comparación con los otros Estados federados orientales. Se detecta un perfil de votante de la AfD marcado por el sentimiento antieuropeo, crítico con las elites y, sobre todo, descontento con la gestión de la COVID-19. Incluso la retórica de la derecha radical es la de la “revolución robada” —en referencia a la “Revolución pacífica” que acabaría con la caída del Muro—, a gritos en manifestaciones durante la pandemia en esa conjunción de conspiracionistas, ultraderechistas y personas insatisfechas con un “¡Nosotros somos el pueblo!” —otro afortunado lema del 1989—.
"El este —con la excepción de Berlín— es donde menos extranjeros viven de toda Alemania; al contrario, las zonas que menos votaban a la AfD eran precisamente donde más inmigrantes residían"
Otros analistas y políticos recurren al impacto a la inmigración y al terrorismo en el imaginario colectivo. Sin duda. Pero hablemos de polarización y percepciones. El este —con la excepción de Berlín— es donde menos extranjeros viven de toda Alemania; al contrario, las zonas que menos votaban a la AfD eran precisamente donde más inmigrantes residían. Si hablamos de ataques terroristas, casi todos se han producido en el oeste —Colonia, Frankfurt, Bonn, Hannover, Wurzburgo, Ansbach, Mannheim… Solo la excepción de Dresde—, aunque se declara ese mismo temor en el este.
Por su parte, el desempleo se sitúa en Alemania Oriental por debajo del 6% —algo impensable en España—, donde los carteles de “se necesita trabajador a tiempo parcial o completo” se repiten los centros de las ciudades; Sajonia y Turingia tiene los centros urbanos más dinámicos, con ciudades como Leipzig convertidas en núcleos atractivos. Con todo, muchos sajones y turingios piensan que hay muchos más extranjeros de los que realmente allí residen, y que estos viven sin trabajar de las ayudas sociales y el —ya desaparecido — “Hartz IV”. El extranjero de Schrödinger: copa los trabajos y al mismo tiempo vive de no trabajar.
"Hablando de economía, el éxito sin parangón de la AfD en el pobre este suscita nuevas preguntas cuando se repara en la segunda posición que alcanza el partido de derecha en muchas circunscripciones de las muy ricas y muy “occidentales” Baviera"
Las percepciones —la desinformación— juegan un papel esencial en la conformación de la opinión política. Y de los analistas: hablando de economía, el éxito sin parangón de la AfD en el pobre este suscita nuevas preguntas cuando se repara en la segunda posición que alcanza el partido de derecha en muchas circunscripciones de las muy ricas y muy "occidentales" Baviera —donde la CSU también se escora a la derecha mucho más que su aliado federal democristiano— y Baden-Wurtemberg. Por tanto, el crecimiento de la AfD es mucho más transversal que el retrato hecho sobre la Alemania oriental, hasta ahora su baluarte. Sobre esta región en particular, las aclaraciones sobre los efectos de la fenecida república "democrática" quizá no operen en la psique en el sentido que pretenden sus defensores; igual la hipótesis a plantear en esta segunda década del siglo XXI no es que la RDA resultara ser el paraíso perdido, sino el tipo de cultura política que indujese y cómo se han socializado las nuevas generaciones.
Ahora, una política absolutamente polarizada mueve al voto protesta radical en esas dos regiones de poco más de 6 millones de habitantes. Evidentemente, y al igual que en otros lugares, los factores culturales y materiales se entremezclan. Sajonia y Turingia reflejan aspectos muy característicos del este, pero también procesos sociales y políticos similares al resto de Alemania, al igual que con tendencias parecidas al resto de Europa. Entender su sociedad requiere más que volver cada cierto tiempo y tirar de argumentario rápido, según filias y fobias, aunque así las preguntas no se satisfagan fácilmente. De la incertidumbre que arrojan los resultados de este domingo —y lo que ocurra el 22 de septiembre en el Bundesland de Brandemburgo— van a depender mucho los pasos siguientes del resto del país y, con él, de los demás.